Margarita Xirgu

 

 

 

2. Medea

 

Margarita Xirgu en el teatro romano de Mérida representando Medea

 

Durante un viaje de la Xirgu hacia Badajoz, donde tenía que actuar, su amor por las piedras viejas la hizo pararse en Mèrida. Paseaba solitaria por la ciudad cubierta de polvo y silenciosa y, de repente, al salir a las afueras por una callejuela, se quedó extasiada: frente a ella, casi intacto, se levantaba el famoso teatro romano. Su emoción no fue menor que la de José Ramón Mélida y la de Maximiliano Macías, descubridores del teatro Emérita Augusta cuando, en la investigación de restos arqueológicos dispersas, con un golpe de pico arañaron la piedra de un peldaño bajo las graderías de las "Siete Sillas", revelando el tesoro yacente bajo tierra desde hacía siglos. La Xirgu se acercó lentamente hasta tocar las piedras desgastadas. Se recostó pensativa. Ante aquel noble recinto abierto al sol y al aire, rememoraba la mezquindad de los escenarios cerrados, el convencionalismo y la banalidad de las bambalinas. Medio cerrando los ojos soñaba todo lo que allí podía hacerse. Se le removía el antiguo entusiasmo por las tragedias griegas y renacía en ella el deleite contagiado en las plazas de toros, de ser delirantemente ovacionada por un público transportado por la belleza ...

 

Foto sacada del libro de Antonina Rodrigo: Margarita Xirgu y su teatro


 

Antes que Margarita otra actriz, María Guerrero, había intentado ofrecer también representaciones en el teatro romano de Mèrida. El propósito se frustró porque María Guerrero pretendía montar el espectáculo incluso con decorados de cartón y el conservador del teatro, a quien estremecía la sola idea de ver pisadas aquellas piedras venerables, se opuso tenazmente

 

Fons Margarida Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.

 

El sueño de Margarita murió en flor. No consiguió interesar de momento a ningún potentado en sus vagos proyectos de hacer teatro al aire libre aprovechando aquel recinto. Pero los sueños dejan alguna semilla en nuestras vidas, que a veces fructifica. Y he aquí que, más adelante, a raíz del estreno "Del Otro" de Miguel de Unamuno, en la tertulia del saloncito del Teatro Español, la Xirgu recuerda una representación que hizo de "Elektra", la heroina de Sófocles revivida para Hofmannsthal, en las ruinas de Chapultepec y expresa el deseo de montar alguna pieza clásica de ascendencia española. Uno de los contertulianos, Fernando de los Ríos, reivindica Séneca como autor dramático, diciendo <<que las tragedias españolas de Séneca son tan bellas como las griegasY no es cierto que no sean teatrales. Si en su época no se representaron, fue porque las representaciones teatrales estaban en decadencia. Y es una pura injusticia que en España no se hayan representado nunca: una injusticia que haría falta reparar.

 


Foto sacada del libro de Domènec Guansé: Margarida Xirgu

Otro contertuliano, Unamuno, suelta que si la Xirgu quiere representar una tragedia del escritor latino, él está dispuesto a traducirla. Lo hizo con tanto desinterés qué no quería cobrar los derechos de autor. A las dos semanas el rector de la universidad de Salamanca entregaba la versión castellana a la actriz.

 


Margarita escoge Medea y propone que se estrene en el teatro romano de Mérida. Rivas Cherif, con su dinamismo y fértil ingenio, obvió los tropiezos. En principio el conservador y descubridor del teatro, el señor Mèlida (así con "ele"; la Xirgu encuentra que es una lástima, que por la pequeña diferencia de una sola letra, no se le hubiera podido llamar cómo se merecía: el señor Mèrida) también se muestra hostil a los proyectos de la Xirgu. Lo que lo hizo variar radicalmente de actitud fue la respuesta de la actriz cuando él le preguntó qué pensaba montar en el teatro para la representación:

--Nada!
-Nada? repitió él con sorpresa, incrédulo. ¿Ni instalaciones eléctricas?
-No! ¡Y si fuera posible que nos sacaran todos los hilos eléctricos de los alrededores aun saldriamos ganando!

 

Fondo Margarida Xirgu del Institut del Teatre de la Diputación de Barcelona


El conservador del teatro comprendió qué pretendía la actriz: animar aquellas piedras muertas con un hàlito de vida, renovar el culto a la belleza para el cual fueron creadas. Y se convirtió en su más entusiasta colaborador.

 

Rivas Cherif, Borràs y la Xirgu rodeados de alumnos de arquitectura de Madrid, en Mérida en 1933.

Foto: Archivo General de la Administración.


El estreno tuvo lugar el 18 de junio de 1.933. La Xirgu interpretó al personaje de Medea i Borràs, el de Jasón. << Yo no he hecho nada más -escribe Unamuno- que hacer hablar a Séneca en castellano. Séneca no hizo nada más que explicar la historia de Medea. Pero Margarita Xirgu ha hecho Medea. Ha convertido a este personaje, imaginario o real, en un ser vivo que se apodera de nosotros en cuerpo y alma>>.

 

Margarida Xirgu, Isabel Pradas i altres intèrprets de Medea, Mérida 1933

Foto treta del llibre d'Antonina Rodrigo: Margarita Xirgu y su teatro

 

A Mérida llega el presidente de la República, algunos de sus ministros, entre ellos el de Instrucción Pública, el director de Bellas Artes, el alcalde de Madrid, el embajador de Italia, que entrega una corona como regalo de Roma a Mérida, y destacadas personalidades de la intelectualidad y del arte. El teatro reune a más de 3.000 espectadores llegados de todas partes. Con todo su séquito, Azaña se instala en el primer rellano de la gradería y, igual que un procónsul, se dispone a entregarse al espectáculo. La majestuosidad del lugar, reavivado con la presencia de la multitud, es impresionante. La tarde, suave y luminosa, cae hacia poniente.

 

Margarida Xirgu y Enric Borràs en Medea

 

Apenas ver aparecer Medea, el silencio es maravilloso. La Xirgu saca fuerzas de la su constitucional flaqueza física. Lo favorecen las excelentes condiciones acústicas del teatro. Los espectadores quedan atrapados por la furia de Medea. Cuando ya oscurece, el resplandor del incendio con que acaba la obra atrae a unas cigüeñas que habían hecho nido en el puente romano no muy distante del teatro y sobrevuelan el espacio escénico, como si fueran atraídas por los hechizos de Medea. La Xirgu se da cuenta que el vuelo circular de los enormes pájaros encima de ella aumenta la belleza del espectáculo y se esfuerza en dirigir los círculos que trazan armonizándolos con las propias actitudes. El mejor momento es el efecto fulminante de la escena final: el carro de fuego empujado por dragones simbólicos, los ramos iluminando la noche y los actores deambulando por el espacio antiguo ... El público revienta en aplausos clamorosos.

 

Más de 3.000 personas asistieron a la representación de 'Medea' en 1933

Fons Margarida Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.

 

El reparto de actores fue:

La Nodriza: Amalia Sánchez Ariño.
Creonte: Alberto Contreras.
Jasón: Enric Borrás..
El Missatjer: Pedro López Lagar.
Primer Coreuta: Enrique Álvarez Diosdado.
Segundo Coreuta: Enric Guitart.
Medea: Margarida Xirgu.

Y los actores: Luis Torner, José Cañizares, Fernando Porredón y Ricardo Merino y 120 figurantes. Con el director: Cipriano de Rivas Cherif; los directores del conjunto escénico: Laura Bové, Pilar Muñoz, Eloísa Vigo, María Arias, Amanda Nalda, Panchuli Meller, Fernando Aguirre y Miquel Ortín.


Margarida Xirgu el 1933 en Mérida.

Foto diari "Hoy"

La Xirgu con Cipriano Rivas Cherif, Enric Borràs y Matilde Muñoz redactora diario Crónica, 2 de julio de 1933 en el parador de Mérida.

foto festival de Mérida


La Orquesta Filarmónica dirigida por Bartolomé Pérez Casas, aumentada con un corazón de sopranos, tenores y barítonos, interpretó la mùsica de escena, la adaptación de Gluck, oberturas de Ifigenia de Aulis y de Alcestes y trozos escogidos de Orfeo. Los figurines del vestuario utilizados eran de Miquel Xirgu, hermano de la actriz. Los detalles ornamentales, de Sígfrido Burmann y Piti Bartolozzi. El asesor literario y artístico, Rivas Cherif.

 

Margarita Xirgu interpretando"Medea".

Fons Margarida Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.

Fons Margarida Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.

 

Miguel de Unamuno escribe en "El Sol": <<En este teatro romano de Mérida, desenterrado al sol, se ha representado la tragedia Medea, del cordobés Lucio Anneo Séneca. La desenterré de un latín barroco para ponerla, sin cortes ni glosas, en prosa de paladino romance castellano, lo que ha sido también restaurar ruinas. Pretendí con mi versión hacer resonar bajo el cielo hispánico de Mérida el cielo mismo de Córdoba, los arranques conceptistas y culteranos de Séneca, pero en la lengua brotada de las ruinas de la suya. El suceso mayor se ha debido a la maravillosa y apasionante interpretación escénica de Margarita Xirgu, que en este atardecer ha llegado al colmo de su arte. Sobre el escenario de piedras seculares, bajo el cielo de ocaso, se cernía pausadamente una cigüeña, la misma de hace veinte siglos>>

 

Cartel de Manuel Muntanyola (Barcelona 1.935)


Las palabras de Rivas Cherif sobre la “Medea” que dirigió en 1933, figuran en un texto publicado a imasdmasc.blogspot.com, el blog del extint Centro de Investigación y Documentación del Festival de Mérida:


Testimonio oral de Cipriano de Rivas Cherif sobre la representación de la tragedia ‘Medea’, de Séneca, traducida al castellano por Miguel de Unamuno, el 18 de junio de 1933, con Margarita Xirgu como protagonista y con la intervención de prodigios naturales enviados por los dioses del Olimpo. Es transcripción fiel del relato oral en boca de Cipriano de Rivas Cherif, grabado en 1950, rigurosamente inédito hasta que fue leído en público por su hijo, Enrique de Rivas, en la conferencia que pronunció en Mérida, el 14 de mayo de 2008, dentro del ciclo 'Margarita Xirgu y su tiempo’, del Programa 75 Aniversario Xirgu 33:


Gluck, en el siglo XVII, se había propuesto resucitar en la ópera, con sus Orfeos, sus Alcestes, y sus Armidas, la tragedia clásica. No era del todo un disparate en la ventura de poner la Medea al cabo de los tiempos y las generaciones, ante un público popular en cuya fisonomía general advertían simplemente a los mismos rasgos característicos de tantos bustos romanos del mismo Museo de Mérida, el añadirle con fondo de la acción trágica y en los intermedios para la entrada y salida del coro en la orquestra o proscenio, una de aquellas músicas, con tal cual aria desconsoladora de Gluck al par desesperada y noble, como ya tenía escrito el poeta Enrique Díez Canedo.


Dicho y hecho, un buen día de junio de 1933, y ante el éxtasis del arqueólogo descubridor del monumento, temeroso hasta entonces de que unos cómicos presumidos pudieran profanar la dignidad magnífica de aquel lugar augusto, las primeras notas del Orfeo de Gluck por la orquesta Filarmónica de Madrid que dirigía su veterano fundador Pérez Casas, hendieron el aire de la tarde haciendo volar a las palomas anidadas en la ruina ilustrísima dando comienzo al ensayo de la Medea. (En la grabación se oyen las notas del Orfeo de Gluck).


Y empezaron a cumplirse los prodigios que de los cielos esperaba yo: fue el primero que Margarita se viera de pronto acometida del furioso enjambre de abejas salidas del pedestal de una de las estatuas que adornaban el fondo de la escena, las cuales, reproducidas en yeso de las primitivas llevadas al Museo de Mérida para su mejor conservación, rompían la armonía de los antiguos mármoles en la luz crepuscular (Símbolos del alma y el verbo, en Eleusis y Éfeso las sacerdotisas tenían nombres de abejas. Aparecen en las tumbas como símbolo de inmortalidad, de resurrección, y finalmente, para Platón y Píndaro, simbolizan la elocuencia, la poesía la inteligencia). Don Ramón Mélida, hasta entonces resistente a cualquier trastorno en la apariencia actual del monumento a su cuidado, tan ganado estaba ya en virtud de la representación misma, que se precipitó a dar las órdenes pertinentes a que en un carro de bueyes, muy luego proveído, fueron sacadas de allí las replicas en cuestión y con ellas el enjambre de abejas que hubo quien quiso abrasar después de dispersas que fueron con humo de hogueras como es uso de campesinos a la sazón.


Y no solo se llevaron las estatuas, sino que nos trajeron sendas piedras sepulcrales con que disimular al apuntador que don Enrique Borrás había menester en diversos lugares de aquella escena inmensa de 60 metros de boca. Por otra parte, la prueba de la acústica del local había resultado perfecta con colocar en el centro del escenario un despertador cuyo tic tac se oía desde la última fila de la cávea o gradería superior. De entonces sé la ventaja de las representaciones dramáticas sin que haya menester altavoces en locales o lugares abiertos, como el teatro griego del parque de Montjuich en Barcelona, sumidos en una cavidad del terreno.


La representación colmó nuestras esperanzas con el cumplimiento de mis espiraciones. Pocas veces he experimentado un sentimiento tan azarosamente placentero como cuando a los últimos acordes de la orquesta del Orfeo, Margarita Xirgu apareció, brazos en alto, entre las altísimas columnas de la puerta central, vestida de una túnica de fuego y declamó al grito herido que la tragedia pide, la magnífica imprecación con que se abre la Medea de Séneca:


“Dioses conyugales, y tú Lucina, guardiana del lecho nupcial, y tú, duro señor del mar de fondo, Titán, que repartes el claro día al orbe y tú, Hécate triforme que das de testigo tu resplandor a los callados sacrificios… simas de la noche eterna, regiones contrarias a los Altísimos, ánimas en pena, soberano del reino triste y soberana a que arrebató su mejor fiel, con voz malhadada os invoco. Acá, acá, acá, acorredme, diosas vengadoras de agravios… Cíñete pues de rabia y prepárate con todo furor al exterminio… Como surgió por crimen, por crimen hay que abandonar esta casa."


Una ovación cerrada en un bando de palomas fugitivas coronando la figura de la actriz selló la primera escena, después de la cual suspendido el aliento de los espectadores, dimos la tragedia de un solo tirón, sin otro respiro que el señalado por la intervención del entreverado de actores y soldados andaluces de la guarnición de Badajoz, a quienes bastó dos ensayos para componer graciosamente frisos improvisados a su aire natural que el ministro de Instrucción (Francisco Barnés) atribuía a mi paciente estudio de no sé qué vasos y frontones, reproducidos, creía él, que no inspirados como lo fueron, en la sola gracia -personalísima, repito- de aquellos andaluces intuitivos, no más que enseñados de un día para otro, a no mirar al público, y sí sólo a cada personaje que hablara, volviendo hacia él la cabeza sin descomponer el cuerpo, girando sobre los talones que en efecto, les hacía componer armoniosas figuras adecuando todo el movimiento de las manos a la euritmia no acompasada de la música con que entraban y salían.


Pero si la representación entera, encuadrada por las líneas del monumento, adquirió la presentación de un conjunto sin tacha, Margarita Xirgu, excelente como verdadera protagonista entre todos los demás personajes, alcanzó aquella tarde ese límite apenas asequible y desde luego insuperable en que el arte de un intérprete colabora con la eternidad del poeta dramático. Transfigurada, arrebatada de voz y de acento, arrebató al público clamoroso al final (arrojándole a Jasón los cadáveres de sus dos hijos): “Me mandas que me ablande (mata al segundo hijo). Bien está, se acabó ya. Ya no me queda rencor, nada más que brindarte. Alza los ojos, Jasón. ¿Reconoces a tu mujer? Así es como suelo escaparme. Se me abre el camino del cielo. Dos dragones rinden sus escamosos cuellos al yugo. Toma tus hijos, tú, su padre. Yo me iré por los aires en el alado carro” (Recipe iam natos, parens; ego inter auras aliti curru vehar).


Y Jasón que responde: “Vete por los hondos espacios del alto firmamento a atestiguar por donde pases que no hay dioses” (Per alta vade spatia sublimi aethernis testare nullos esse qua veheris deos -a atestiguar que no hay dioses por donde tú pasas-). Fue al final, la más romana ovación que jamás he visto en el teatro, y que mi fortuna me llevaba a compartir de la mano de ella, y Unamuno al otro lado, y el viejecito arqueólogo llorando como yo le había visto sólo la tarde antes en el ensayo general ante la realización de aquel sueño de piedra que nunca se había atrevido a prometerse. Y digo que los dioses participaron en el holocausto porque entre dos luces ya, de la tarde agonizante y la primera estrella de la noche a punto de salir, como los versos anuncian y cumplidos rigurosamente ateniéndonos a la hora de comenzar el espectáculo, cuando Medea, en la mano el traje de boda de Areusa, su rival por quien Jasón la repudia como esposa, procede al sortilegio que ha de hechizar a la novia, un bando de cigüeñas, ave la más parecida al Iris sagrado, voló muy bajo sobre el escenario, repetidamente, coronando como augurio trágico, la cabeza de la actriz (La cigüeña era emblema o símbolo de la diosa Pietas, la Piedad, y la piedad siendo la que presidía la relación entre los padres y los hijos, y una vieja tradición romana enseñaba que las cigüeñas tenían la costumbre de alimentar a sus padres ancianos. Era también símbolo de la concepción).


Y se hundió el sol, y salió la luna a su tiempo también para lo que habíamos acomodado la representación a la letra del texto, pensando como así era y es, que a su vez el texto se acomodaba al uso de las representaciones, a determinadas horas de la tarde y en teatros como el de Mérida orientados conforme a tal necesidad. Prueba más que concluyente sobre todas las Academias por los siglos, de que Séneca no escribió sus tragedias para ser leídas, y que si leídas fueron y no representadas, fue porque, muy superior al público medio de su tiempo, las guardaba, falto de ocasión más propia, para los Ateneos que en Roma había, sin competencia posible en los teatros, con los toros, el fútbol y sobre todo el boxeo, que constituían las diversiones agotadoras de la Roma decadente.
Cuando Medea-Margarita, en un carro dorado tirado por veinte hombres, desnudo el torso y confundidos sin humanidad aparente con un monstruo de brazos y piernas disformemente entrelazados, cruzó el escenario arrebatada a los infiernos entre la turbamulta de 400 comparsas con antorchas, y la voz magnífica de Borrás clamó “Que no hay dioses por donde tú pases”, el Olimpo dio una nueva señal de su presencia: la dama joven, que había de ser la última en correr tras el carro infernal, tropezó levemente en la túnica, y dejó caer la antorcha. No la recogió, claro, en natural experiencia escénica, y la llama fue a extinguirse en el último acorde de la orquesta.


“Gracias, gracias”, me dijo Margarita, jadeante todavía ante el público clamoroso. “Me ha dado usted el mejor momento de mi vida”.


“Te ha salido bien” me dijo por única vez mi hermano político Manuel Azaña. Nunca más como entonces, ni en la repetición del año siguiente, con la Electra de Hoffmansthal, ni en otras Medeas en la Plaza de la Armería de Palacio de Madrid, en Barcelona, ni en Salamanca, ni mucho menos en teatros modernos por mucho y más monumentales que sean como el de Bellas Artes de México, la Medea de Séneca de Unamuno tuvo en mi ánimo la complacencia única de mis bodas con el éxito.

Como conclusión del enorme éxito de esta representación, conozcamos el último testimonio de aquello que hizo Rivas Cherif en la prensa, y que se refería al futuro:
“En vista del éxito de Medea, instituiremos definitivamente una serie de festivales clásicos en el Teatro Romano de Mérida, durante la primera quincena de junio de cada año. Queremos hacer de aquellas ruinas un Salzburgo o una Siracusa.” El destino o la fatalidad quisieron otra cosa. Pero la primera piedra de los Festivales de Mérida había sido puesta".

 

El ayuntamiento de Mérida nombra a Margarita Xirgu y a Enric Borràs, hijos adoptivos de la ciudad.

 

Nomenament oficial de fill adoptiu de Mérida a Enric Borràs.

Foto: Museu de Badalona. Arxiu d'Imatges. Fondo Enric Borràs i Oriol

Teatro romano de Mérida

foto Albert Prats Prat

 

El éxito de Medea en Mèrida no se apagó como la llama de un momento. Margarita Xirgu la representó, aunque con no tanta espectacularidad, en el teatro griego de Montjüic, en la plaza de la Armería del Palacio Real madrileño, en el pórtico del palacio Anaya de Salamanca y, después, en muchos otros lugares en versión escenográfica de cámara a cargo de S. Burmann, como en el teatro Español de Madrid el 28 de octubre de 1.933.

 

Escenario y público en la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, antes de la representación de Medea con escenografía de Sigfrido Burmann.

Foto Colección Archivo General de la Administración.

Margarida Xirgu durante la representación de Medea en el Teatre Grec de Barcelona, en setiembre de 1933.

Foto Colección Institut del Teatre de Barcelona.

Antoni Capdevila, Margarida Xirgu, el Presidente de la Generalitat de Catalunya Francesc Macià, Enric Borràs, los concejales de Cultura Ventura Gassol i de Finanzas Carles Pi i Sunyer, y Cipriano Rivas Cherif, entre otros, después de la representación de Medea el 14 de setiembre de 1933, 3 meses y 10 días antes de la muerte de Francesc Macià.

Foto Colección Archivo General de la Administración.

"Medea"de Séneca en versión de Unamuno. Margarita Xirgu y Enric Borràs en la Plaza de la Armería de Madrid, en 1933.

Fuente: ADE, nº77, octubre de 1999.

"Medea"de Séneca en versión de Unamuno, estrenada en el Teatro Romano de Mérida. El maestro Capdevilla, Enric Borràs y Margarita Xirgu, el 14 de setiembre de 1933, en el Teatre Grec de Barcelona

Fuente: ADE, nº77, octubre de 1999.

Teatre Grec de Barcelona

Colección Institut del Teatre de Barcelona.

Medea Teatre Grec. Barcelona. Séneca

foto MAE

‘Medea’ en Hispanoamérica

Margarida Xirgu i Miguel de Unamuno

Xirgu- Unamuno- Borràs

Archivo casa museo Unamuno Salamanca

Homenaje a Margarita Xirgu de las clases obreras emeritenses (18-7-1933)

Frase firmada por Margarta Xirgu.

 

La 2ª edición del Festival, la Semana Romana, tuvo lugar en Mérida del 3 al 9 de septiembre de 1934 y siendo el director del festival: Cipriano de Rivas Cherif, con el siguiente programa:

3 y 7 de septiembre: “Medea”, de Séneca, traducción de Miguel de Unamuno y director: Cipriano de Rivas Cherif. Intérpretes: Margarita Xirgu, Enric Borrás, Pilar Muñoz, Eloísa Vigo, Amalia Sánchez Ariño, Enrique Guitart, Fernando Aguirre, Pedro López Lagar y Enrique Álvarez Diosdado.

5 y 8 de septiembre: “Electra”, de Hugo von Hoffmansthal, traducción de Eduardo Marquina y asesor literario y artístico: Cipriano de Rivas Cherif. Intérpretes: Margarita Xirgu, Enric Borrás, Pilar Muñoz, Eloisa Vigo, Amalia Sánchez Ariño, Enrique Guitart, Fernando Aguirre, Pedro López Lagar y Enrique Álvarez Diosdado.

8 de septiembre: Homenaje a José Ramón Mélida con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora

4, 6 y 9 de septiembre: Conciertos sinfónicos y danzas clásicas por la Banda Republicana dirigida per Emilio Vega, con la primera bailarina Josefina Cirera y música: ‘Preludio nº 6’, de Chopin, y ‘Marcha fúnebre’, de Chopin, entre otras.

 

"Aplicar las formas antiguas al pensamiento moderno es arte noble y delicado". Margarita Xirgu

Foto festival de Mérida

 

Estatua de Margarita Xirgu en el teatro romano de Mérida. Dedicada por "El festival de Mérida" en julio de 1989.

 


Los textos han sido copiados de las biografías "Margarida Xirgu"de Domènec Guansé, "Margarida Xirgu. Una vocación indomable"de Francesc Foguet i Boreu, "Margarita Xirgu y su teatro"y "Margarita Xirgu. Una biografía"de Antonina Rodrigo.

 

XAVIER RIUS XIRGU

álbum de fotos

 

Libro sobre Medea a raiz del festival de Mérida 28 de abril 2008

Libro sobre Medea

 

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