Margarita Xirgu

 

 

 

 

3. MATRIMONIOS DE MARGARITA XIRGU

 

Mientras interpretaba unos personajes tan dudosos, tan complicados, la Xirgu vivía el idilio más inocente con un muchacho llamado Josep Arnall i Melero que, aunque muy aficionado al teatro, por timidez no había pisado nunca el escenario ante el público. Amor tierno y de futuro incierto, ya que el muchacho en cuestión era de muy buena familia, hijo de unos tintoreros acomodados y se hacía difícil pensar que lo dejaran casar con una comedianta. Se habían conocido una noche de carnaval. El hermano mayor de José, que trabajaba en una sociedad de aficionados de teatro en la que Xirgu hacía de primera actriz, quería asistir, después de la función, el baile de disfraces y pidió a José que le llevara un sombrero de copa porque así, del teatro estando, podría salir ya bien mudado. El teatro de aficionados, su hermano mayor le presentó Margarita. La joven pareja estuvo hablando, a solas, un buen rato. A partir de ese día, José visitó a menudo el teatro y hasta pidió de ingresar en la sociedad, a fin de no perder ningún momento de estar cerca de su enamorada. Actuaron juntos en un diálogo de Antonio Ferrer y Codina "Un golpe de telas" el 28 de junio de 1905 en el Ateneo Obrero del distrito segundo, en la calle Mercaderes, 38 y seguían muy enamorados. Y, en efecto, su tutor (porqué para darle a la cosa un aire más teatral, el muchacho tenía tutor-, con objeto de distraerlo de su enamoramiento, lo envió a estudiar a Lyon. Mala estrategia!. Contrariar a Margarita Xirgu era siempre invitarla a saltar con determinación los obstáculos. Además, la obligada separación, por reacción natural, le hizo comprender que la ternura que su prometido le inspiraba era un amor verdadero. Mientras él residía en Lyon, ella no dejó de escribirle un solo día. Al volver, estaban más enamorados que nunca. El tutor, sensatamente, renunció a hacer de tutor de melodrama y, con la solemnidad propia de la época, pidió la mano de la actriz para su pupilo. Al cabo de cinco años de haberse conocido -ella tenía veintidós- se casaban; era el 22 de septiembre de 1910 en la iglesia de Santa Anna de Barcelona.

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boda de Margarita Xirgu y Josep Arnall i Melero, el 22 de setiembre de 1910

Archivo fotográfico de Barcelona.


Primera boda de Margarida Xirgu.

encontrada por Marçal Font i Espí.

De mutuo acuerdo convinieron que ella seguiría con entera libertad su insobornable vocación y que mantendrían el hogar totalmente separado de los escenarios. Y cumplieron el acuerdo. Aunque el mismo mes en que se casaron Margarita estrenó una obra suya, la comedia en un acto y seis cuadros (clavados en la pared) "En el cuarto de la dama" una obrita que si no estuviera mal escrita reuniría condiciones literarias.

Él, no sólo no se interfería en las actividades propiamente artísticas de su mujer, sino que en público no se dejó nunca retratar con ella (en aquella época era más fácil defenderse de los reporteros). Aunque este comentario de Domènec Guansé, extraído de la biografía de Margarita Xirgu, no es del todo exacto como lo demuestra el artículo adjunto de la revista "La Esfera", firmado por el "Caballero Audaz" y publicado en1913, en el que aparece una foto de ambos, conseguida tras mucho esfuerzo por los periodistas.


 

La entrevista "Nuestras visitas: Margarita Xirgu" decía:

<<¿Su apellido de usted es Xirgu ó Xirgú?... ¿Con acento ó sin acento?...
-Sin acento; Xirgu- se apresuró a contestar Margarita-. Todo el mundo ha dado en llamarme Xirgú, y ¡me da un coraje!...
-Es un apellido muy original y que se presta mucho para la celebridad- comenté.
-Sí ¿verdad?... La cruz de la equis -y la genial artista hacía una cruz con los dedos índices- le hace muy bien y llama mucho la atención... Además el nombre de Margarita combina perfectamente. Al principio de aparecer yo en el teatro se creyó que era un seudónimo; pero ¡no hay tal! Es mi nombre.
Calló Margarita, bajó los ojos, y con gesto hechiceramente ingenuo, posó la mirada en sus pulidas manos que, una sobre otra, estaban aquietadas en sus rodillas.
¿Es bella Margarita?... No sé qué deciros. Yo, sentado frente a ella, la contemplaba de hito en hito y me hacía la misma pregunta... ¿Es bella esta mujer?... Mientras permanece en silencio parece una mujer algo extraña y un poco dura de facciones; pero cuando se siente mirada y sobre todo cuando habla de arte, de luchas pasadas, de triunfos, de ilusiones pretéritas, entonces se transfigura de tal forma, que se muestra como una belleza extraordinaria.
Charla mucho, y la charla en sus labios -que no ha podido todavía eliminar el acento catalán- tiene algo de misterio, de risa y de dolor, al mismo tiempo; ese algo es lo que subyuga y va poco a poco adueñándose de la admiración del que la escucha.
Muy morena, tan morena, que su piel tiene trechos -las ojeras, la barbilla, el cuello- por donde broncea. Sus ojos, muy grandes y muy negros, brillan a veces con un fulgor siniestro, como los de una tigresa... Nunca están quietos. Van delante de su palabra para daros la perfecta sensación de la alegría, del dolor, de la tristeza, del placer.
La nariz, casi perfecta, de levísimas aletas, respinga un poco por la punta. Su boca, grande, inmensamente grande, siempre rie, dejando asomar entre sus sangrientos y finos labios, los dientes también grandes pero blanquísimos. Como la endrina es su cabellera, que se desborda sobre su nuca, ondulada, brillante, copiosa.
Aquella tarde su gentil figura, más bien alta, estaba ataviada con una sencillez elegante. Un vestido de seda, color naranja, ceñíale perfectamente las firmes redondeces de su cuerpo. Permanecía sentada en una panzuda butaquita con una pierna cruzada sobre la otra y bajo la fimbria de la falda de inflados panniers, asomaba el hechizo de sus diminutos piececitos, calzados con zapato de raso negro, que contrastaba lindamente con la media de seda blanca.
En la habitación paredeña, que era una alcoba, un caballero daba paseos de un lado a otro.
Campúa contemplaba a la Xirgu con deleite. Yo proseguí:
-Y dígame usted, Margarita, ¿cuánto tiempo hace que apareció usted en el teatro?...
-Ocho años...
-¿Siempre de primera actriz?...
Margarita rió mi inocencia.
-¡Oh, no!... Verá usted: Yo, desde pequeña, desde que tenía cinco años, sentía una indomable vocación por el teatro... Recuerdo que en mi casa, en Barcelona, me pasaba la vida declamando, y como a otras niñas, cuando van visitas a sus casas, se les dice: <<Anda, fulanita, baila>>, <<canta>>, <<toca el piano>>, a mí ya se sabía, mi gracia infantil era recitar versos ó trozos de obras delante de todas las amistades de mis padres. A los quince años tomé parte en varias funciones de aficionados. Alguien adivinó en mí condiciones de actriz y me aconsejó que me dedicara de lleno al teatro. Seguí aquellos consejos y accedí a contratarme como damita joven en el teatro Romea, con ocho pesetas diarias. Allí hice "Mar y cielo", de Guimerà, "Noche de amor", "Los pobres menestrales" y "Teresa Raquin"; pero llegó un momento en que llegué a desempeñar papeles de primera actriz y el empresario, aunque encantado de mi concurso, no me aumentaba el sueldo; seguía, pues, con las ocho pesetas.
-Y usted ¿por qué no protestó?
-¡Bah! A mí me daba mucha vergüenza. Pero verá usted: a la temporada siguiente me hicieron proposiciones Novedades y Principal. Novedades me daba veinticinco pesetas y Principal quince. Yo, que más que el dinero deseaba crear, tener un éxito mío, contesté que donde se estrenara "Juventud de príncipe" allí iba yo. En el Principal se quedaron con esta obra y en efecto, yo la estrené. Fue un éxito ruidoso. Después estrené "Salomé", otro éxito delirante; pero las autoridades encontraron en "Salomé" algo pecaminoso y nos cerraron el teatro. A la temporada siguiente, que ganaba cuarenta pesetas diarias, fue cuando me contrató Da Rosa para una tournée por España y América.
-¡Qué contrato llevaba ested?...
-Me ofreció veinte duros diarios en España y cincuenta en oro en América y un beneficio al veinticinco por ciento en cada sitio donde diéramos más de cuatro funciones.
-¿Estaba ya contratado Thuillier?...
-No, señor. A Thuillier lo contrató por mi indicación. Da Rosa no lo veía con buenos ojos. Pero yo necesitaba un director de escena para compartir la responsabilidad y hacer frente a la compañía... Figúrese usted: yo era muy joven y no me consideraba con fuerzas suficientes para llevar sobre mí todo el peso de la tournée; entonces pensé en un director. Mi ideal hubiera sido Díaz de Mendoza; pero como se trataba de un imposible, dí el nombre de Thuillier...
-¿Y cómo es que no han continuado en compañía?...
Margarita hizo un gracioso mohín levantando sus cejas arqueadas y finas y surcando la tersa frente con tres arrugas.
-De eso, mejor es no hablar... Thuillier se equivocó.
Hizo unos instantes de silencio; después sonriendo cruelmente, prosiguió.
-Todos los que me ven siempre tan risueña, tan chiquilla y tan alegre, creen que yo soy fácil de manejar y se equivocan. Yo soy una mujer ó muy fácil para todo lo de la vida ó imposible; muy fácil, porque con razones logra cualquiera persona convencerme de que debo hacer una cosa; ahora bien: si no me convence con razones, por imposición y por fuerza soy indomable.
-?Y cuando Da Rosa la contrató sabía usted el castellano?...
-Ni una palabra. Yo siempre hablé el catalán y mi teatro fue catalán. El castellano lo aprendí en poco tiempo, en menos de un año; pero figúrese usted ¡con qué miedo trabajaría las primeras veces!... ¡Horroroso!...
-¿Cuántas funciones va usted a dar en la Princesa?...
-Hasta el 24 de este mes.
-¿Cuál es la obra preferida por usted?...
-¡"Salomé"!, hasta ahora.
-¿Y de la Princesa a dónde va usted?...
-Haré una corta tournée por provincias y después al "Gran Casino" de San Sebastián. Donde estaré del 10 de Agosto al 18 de Septiembre.
-¿Qué obras lleva usted?...
-Llevo seis del repertorio de Benavente. Entre ellas "La princesa bebé", "La malquerida", "Los buhos", "La señorita se aburre", "Los ojos de los muertos", de Valle-Inclán estrenaré "El yermo de las almas" y otras... ¡y ya veremos!...
-¿Las obras de qué autor se adaptan más a su temperamento artístico?...
Dudó unos momentos.
-No sé cual decirle a usted. Nuestros autores predilectos son aquellos que nos hacen obras a propósito para nuestro temperamento, ¿no es eso?... Pero en mí no ocurre esto, porque hasta ahora, yo soy la que ha ido a los autores; no los autores a mí. Echegaray, Benavente, los Quintero y otros hicieron teatro pensando en la Guerrero ó en la Pino, y esto es muy principal: veremos el día que yo estrene obras al corte y a medida de mi temperamento.
-¿Está usted satisfecha de su debut en Madrid?...
Sonrió con inefable alegría.
-¡Oh! ¡muy satisfecha!, ¡satisfechísima!... Yo temía al público de Madrid como al de ninguna parte. Era el tribunal, que, con su fallo, iba a decidir mi causa artística... ¿De qué me hubiera servido mi espléndida tornée por América y provincias, si no gusto aquí?... De nada; pero se alzó el telón, y cuando yo en las primeras escenas levanté los ojos y observé, con qué respeto, con qué atención, se adelantaban las cabezas para escucharme, como si se hubiese tratado de una artista ya consagrada, respiré satisfecha.
Y Margarita daba un profundo suspiro de triunfo.
-Y la temporada próxima ¿trabajará usted en Madrid?
-Veremos. Depende de que tenga teatro: hasta ahora no lo tengo.
Se detuvo; después, entornando los ojos con deleite, continuó:
-¡Mi ilusión es hacer aquí toda la temporada!
-¿Es usted casada, Margarita?...- inquirí.
-Sí, señor; mi marido está aquí.
Y me indicó la alcoba donde paseaba el caballero.
-¿Podríamos hacerle una fotografía con su esposo?- propuso Campúa cejijunto, mirando de soslayo a la alcoba.
-Con mucho gusto- accedió ella;- y, dirigiéndose al marido, continuó: -Pepito, Pepito, ¿quieres que nos retratemos juntos?...
-¡No!, déjame a mí de retratos- contestó desde la alcoba una voz desabrida, tintada de acento catalán.
-Anda, Pepito; si ahora es moda. ¿No has visto a Azorín con su esposa?.. Sí, Pepito, para que mamá nos vea juntos... Anda, Pepito...
Su voz era suplicante y mimosa, como la de una chicuela.
-Te he dicho que me dejes de tonterías- rechazó de nuevo y más agriamente el marido.
No desistió la esposa. Alzóse y fue a la alcoba. A los pocos instantes volvió acompañada de él... Es un joven alto, seco, barbilampiño, de rostro encogido por una perpetua expresión de sorpresa. Seguramente creyó que desde su altura social no debía descender para pequeñeces y... no nos saludó, ni con un movimiento de cabeza. Campúa y yo nos miramos asombrados...
-¿Dónde nos ponemos? -preguntó ella.
-Donde ustedes quieran- contestó Campúa. -En ese sofá mismo.
-Pues ven, Pepito; sentémonos aquí.
El marido se dejó llevar. Cuando estuvieron sentados, Margarita, entre risa sana, risa de juventud, risa de triunfo, agregó, burlonamente:
-Supongamos que estamos representando la escena de "el sofá" de "Don Juan Tenorio", y tú, todo rendido, me estás diciendo: <<¿No es verdad, paloma mía...>>
Su voz tierna, dulce como las notas melódicas de un arpa, no arrancó ni una leve sonrisa al marido, que, con malestar de espíritu, completamente divorciado de aquel ambiente, se concentraba a darle chupadas, con cierto énfasis, a un cigarro de veinte céntimos.
-Al verme retratado van a decir que todos los maridos son más viejos que yo.
-No te quejes por ser joven, hombre- le consoló la esposa. -¡Ya llegarás a viejo!... Es algo mayor que yo y no lo parece- agregó dirigiéndose a nosotros.
-¿Pues qué edad tiene usted Margarita?...- le pregunté.
-Veinticinco años.
En sus labios frescos, las palabras veinticinco años, fueron un soplo de juventud.
Campúa hizo sus fotografías y yo dí por terminadas mis sencillas preguntas.
Después ofrendamos a la genial artista un apretón de manos y salimos.
Ya en la escalera me dijo Campúa, al oido:
-Chico ¿has visto?... ¡Qué mujer!...
-¡Qué mujer!...- repetí yo.
-¡Qué lástima!...
-¡Qué lástima!...


EL CABALLERO AUDAZ

Josep Arnall no impide, por otro lado, que lo fotografíen en familia, como se puede comprobar en la foto que a continuación se presenta, en la cual la Xirgu está sentada sobre su cuñada Pepeta Rico y detrás se encuentra en Josep Arnall, el tío Pepitu para la familia.

 

foto original archivo familiar( Xavier Rius),

 

Tampoco evita ser fotografiado en uno de los 4 viajes-giras aAmérica que Margarita hizo:

1913: Argentina, Chile y Uruguay.

1921: Cuba y México.

1923: Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Venezuela, Puerto Rico y Cuba.

1936: Cuarto viaje de la Xirgu, con la previsión -no cumplida- de durar dos años y después volver a España y retirarse.


La Habana 1923

foto original archivo familiar( Xavier Rius)

 


Margarita escribe a su madre Pepeta Subirày Polls, en el reverso de la siguiente foto:

Mí querida madre: Esta postal da fe de que Pepitu sigue tan bien como siempre. No escribe porqué ha perdido la costumbre de escribir. Cuando esté en Barcelona irá al colegio con las niñas de casa. La quiere muchísimo su hija, Margarita

 

foto original archivo familiar( Xavier Rius)

 

Margarita escribe a su familia, en la foto siguiente realizada en el Hotel Alfonso XIII de Tetuán:

Aqui teneis a Pepitu que no cabe en la silla de gordo que está.

Saludos,

Margarita

Josep Arnall llevaba siempre una deficiente alimentación y enfermó.

 

foto original archivo familiar( Xavier Rius)

 

En la foto también aparece al último por la derecha, el que más tarde seria el segundo marido de la Xirgu, Miquel Ortín, actor y después administrador de la compañía.

En la foto también aparece, el último por la derecha, el que más tarde seria el segundo marido de la Xirgu, Miquel Ortín, actor y después administrador de la compañía. Margarita Xirgu escribió en ella: <<Aquí tenéis a Pepito que no cabe en la silla de lo gordo que está. Saludos, Margarita en el Hotel Alfonso XIII de Tetuán>>.

 


Dedicatoria de Margarita Xirgu a Natalia Valenzuela: <<Para Natalia, mocita de Chiclana>> i parlant de nou del seu marit: <<No deja el puro más que para roncar>>.

archivo familiar Xavier Rius


Miquel Ortín nació en Zaragoza el 1890. Sus padres, inmigrantes, se instalaron en el Pueblo Nuevo, en la carretera de Mataró. El niño Miguel cursó estudios primarios y apenas entrado en la adolescencia empezó a trabajar, como ocurría con la casi totalidad de los hijos de las familias modestas. No tardó en incorporarse al elenco de Hace falta Enric, que dirigiríadirigía el actor profesional Joan Pons. Estaba formado por jóvenes obreros que ensayaban por la noche, tras su dura jornada de trabajo en las fábricas y los talleres de Pueblo Nuevo y de Santo Martí, ofreciendo un programa distinto cada sábado y domingo. Los únicos que percibían un sueldo era el director y alguna actriz semiprofessional, gritada a reforzar el cuadro artístico. Las primeras obras que representó fueron: “Otelo”, “Don Álvaro o la fuerza del sino”, “Margarita de Borgoña”, “La portera de la fábrica”, “La huérfana de Bruselas”. Su amor al teatro, su afabilidad y *companyerisme le abrió paso en las tertulias de actores que tenían su sede en el Café de Oriente, en las Ramblas barcelonesas. Se había adaptado en Catalunya y hablaba el catalán con más propiedad que muchos actores catalanes.

El 1908, Olivares, primer actor y director de su propia compañía, le ofrece un contrato para actuar en Girona durante la Cuaresma. Después lo solicita otro actor-director, Francesc Tressol, para trabajar en Vilanova i la Geltrú, en plan de cooperativa. Pero la gran oportunidad no le llega hasta la temporada 1908-1909. Apenas cumplidos los 18 años se incorpora a lo mejor compañía de Catalunya, que dirigiríadirigía el prestigioso actor Enric Giménez, para reemplazar a Víctor Codina que había estrenado "Joventut de príncep" en el papel del “Príncipe Carles Enric”. Allí tiene por compañeros en Maria Morera, Margarita Xirgu, Angelina Balestroni, JosepSantpere, Fernando Bozzo y Enric Guitart padre.

Margarita Xirgu y Miguel Ortín se conocen el día que empiezan los ensayos de Juventud “de príncipe”. Ya nunca jamás se separarían artísticamente, excepto una breve temporada que Margarita estuvo en París preparando la gira, y debut, en Sur América. Miguel Ortín firma entonces contrato con la compañía de Carles Soldevila-Emília Varón, en la cual figura otro gran nombre de la escena, Rafael Bardem, padre del cineasta Juan Antonio Bardem. Y acabadas estas actuaciones, hace otras en el Centro Cultural de Vilafranca del Penedès, junto a la actriz Consuelo Badillo, madre de Manuel Dicenta.

Al regreso de América a finales de 1913, desprendido de su primera gira, la Xirgu decide formar compañía y nombra a Miguel Ortín representando y administrador, sin que por esto abandone la escena. Miguel Ortín había hecho cine con Margarita Xirgu, en aquellos heroicos tiempos del naciente cine mudo catalán. Junto a ella protagonizó algunas obras en catalán, como “La dama de las camèlies”, y estaría siempre en nómina de actores, en este segundo y difícil primer plan, en todos los estrenos y representaciones de la Xirgu.

Desgraciadamente, pocos días después de la llegada a La Habana en febrero de 1.936, principio del cuarto viaje-gira, el estado de salud de Josep Arnall se agrava. La compañía Xirgu se plantea, incluso, regresar a la Península. Sin embargo, la Xirgu debe cumplir su contrato con el teatro de la Comedia. No duerme, ni come. Es la desasosiego por el deber. Es una sagrada obligación que le impone su vocación indomable. Humanamente, al fin, no puede continuar. La joven actriz Amelia de la Torre sustituye a Margarita durante estos días de angustia.

Poco a poco, a pesar de una cierta mejora, su marido se extingue y deja de existir. Han estado casados 26 años. Es un primer golpe duro. El embajador español quiere colocar la capilla ardiente en una de las salas de la embajada. La actriz se niega en redondo. Es una trampa ignominiosa: el embajador, poco amante de la República, quiere evitar conmemorar el 14 de abril.

Siempre hay mentes innobles que aprovechan el dolor de los débiles. A los dos días del sepelio, el espíritu de la Xirgu reacciona. Hace falta trabajar: mantener la compañía en pie de batalla para la vida. Cuando Rivas Cherif le insinúa que hay que tomar una decisión, ella reacciona con celeridad: "Puesto que un día u otro será necesario tomarla, que sea ahora mismo". Y así reaparece en el escenario.

 

Retrato de Miquel Ortín.

Foto La Escena Catalana

foto original archivo familiar( Xavier Rius)

Escena con Miguel Ortín en1905, quien en años venideros llegaría a ser su segundo esposo.


En abril del 1941 se casa con su amigo Miquel Ortín, que ha participado en la odisea teatral de la actriz desde los ensayos de "Juventut de Príncep", de Wihelm Meyer Forster, en el teatro Principal de Barcelona.

 

Margarita Xirgu y Miguel Ortín el día de su boda en Santiago de Chile, en abril de 1941

Margarita Xirgu, Miguel Ortín y los invitados de su boda

 

En la anterior foto se puede ver el nuevo matrimonio con Amelia de la Torre.

Foto original archivo familiar Xavier Rius

Foto original archivo familiar Xavier Rius

 

Esta foto está fechada el 1948. Tras haber tenido casa en Chile harán giras también por Argentina y Uruguay.

 

Margarida Xirgu i Miquel Ortín al juny de 1956.

foto MAE

arxivo familiar Laura Prats

Margarita Xirgu y Miquel Ortín en junio de 1956.

fotos arxivo familiar Xavier Rius

Punta Ballena 1957 o 58

 

Punta Ballena, un lugar solitario, boscoso y poco habitado del municipio de Maldonado (Punta del Este), a 128 Km de Montevideo, Uruguay, es el último refugio de Margarita Xirgu.

 

Foto original archivo familiar Xavier Rius

 


En el reverso de esta foto del 29 de abril de 1968, Miquel Ortín dice a sus sobrinos Vicenç y Roser Xirgu:


Como tia Margarita contacta con vuestro hijo Xavier, te mando estas líneas en la foto que tomó un amigo.
Siempre celebramos vuestras noticias y nos alegramos de que todos esteis bien. Nosotros, felizmente por ahora, con buena salud. Esperamos a ver que nos deparará el invierno. La agitación estudiantil es en todas partes y lo importante es no actuar, para librarse de cosas desagradables.

Abrazos de vuestros tios,

Margarita y Miguel

 

Foto original archivo familiar Xavier Rius

 

Esta foto de 1969 es la última de los dos juntos. Margarita Xirgu muere el 25 de abril de este año en Montevideo, tras 28 años de matrimonio en segundas nupcias.

 

Los textos han sido seleccionados de las biografías <Margarida Xirgu>, de Domènec Guansé, y <Margarida Xirgu. Una vocación indomable>, de Francesc Foguet y Boreu.


XAVIER RIUS XIRGU

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