Benito
Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de
mayo de 1843; era el décimo hijo de Sebastián Pérez, teniente
coronel del ejército y de Dolores Galdós, una mujer de fuerte carácter
e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre le inculcó
el gusto por las narraciones históricas, contandole asiduamente historias
de la guerra de la Independencia, en la que había participado. Desde niño
fue aficionado a la música, al dibujo, a la pintura y a la literatura.
Su imaginación era desbordante ya desde muy joven. Se le considera, en
opinión general, el mayor novelista español después de Cervantes. En
1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía
activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que
comenzaban a divulgarse en España las polémicas teorías darwinistas,
situación de la que se hace eco en obras suyas como por ejemplo en "Doña
perfecta".
Benito
Pérez Galdós
Galdós obtuvo
el título de Bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna,
y comenzó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas,
ensayos y algunos cuentos. Con la llegada de una prima a su casa, el joven Galdós
sufrió una transformación emocional y sus padres decidieron que
se marchara a la capital a estudiar la carrera de derecho. Llegó a Madrid
en septiembre de 1862 con diecinueve años, y se matriculó en la
universidad. Allí conocería a Francisco Giner de los Rios, fundador
de la Institución Libre de Enseñanza, quien lo animó a escribir
y lo orientó hacia el krausismo. No obstante, de momento, se limitó
a frecuentar los teatros y a crear junto a otros escritores paisanos suyos la
"Tertulia canaria" en Madrid, mientras acudía al Ateneo a leer
los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí,
durante una conferencia de Leopoldo Alas "Clarín", travó
amistad con el famoso crítico y novelista asturiano.
Era
un asiduo de los teatros. Este mismo año comenzó a escribir como
redactor meritorio en los diarios "La Nación" y "El Debate",
así como en la "Revista del Movimiento Intelectual de Europa".
Llevaba una vida cómoda, albergado primero por dos de sus hermanas y después
en casa de su sobrino Hurtado de Mendoza. Era desaliñado en el vestir y
se conformaba siempre con llevar tonos oscuros para pasar desapercibido. En invierno
llevaba anudada al cuello una bufanda de lana blanca con un cabo cayendo sobre
el pecho y el otro sobre la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, cuando
estaba sentado, tenía siempre a sus pies su perro alsaciano. Se cortaba
el cabello al cero y sufría horribles migrañas. Era proverbial su
timidez, que le hacía ser parco en palabras, y su aspecto manifestaba una
modestia increible, hasta tal punto que le hacía sufrir al hablar en público.
Entre sus dotes se contaba el poseer una memòria visual portentosa y una
retentiva increible que le permitía recordar capítulos enteros del
Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez, veinticinco
años antes. De ahí nació igualmente su gran facilidad por
el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades
más importantes en un novelista: el poder de observación.
retrato
de Sorolla a Benito Pérez Galdós
En
1865 publica la obra teatral "La expulsión de los moriscos".
En 1867 hace su primer viaje al extranjero como corresponsal en París para
informar de la Exposición Universal. Regresó con obras de Balzac
y de Dikens y tradujo de éste, a partir de una traducción francesa,
su obra más cervantina "Los papeles póstumos del club Pickwick".
Toda esta actividad supuso la no asistencia a las clases de Derecho, lo que supuso
que le borraran definitivamente de la matrícula en 1868. En este mismo
año se produjo la conocida "revolución de 1868", en la
que cae la reina Isabel II. Galdós marcha con su familia desde el puerto
de Barcelona a las Canarias para evitar la revolución pero, ansioso por
asistir a la misma, se baja del vapor en Alicante y regresa a Madrid a tiempo
de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se
encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración
de la nueva constitución.
En 1870 publicó
su primera novela, "La fontana de oro", escrita entre 1867 y 1868, en
parte durante uno de sus viajes a Francia, gracias al dinero de su tía.
En realitad, en aquella época la publicación de un llibro se hacía
gracias a la ayuda de los periódicos o de las revistas, o corría
a cuenta del autor. Esta obra, con los defectos de toda obra precoz, esboza la
situación ideológica de España durante el trienio constitucional
de 1820 a 1823. Publica "La sombra" en noviembre de 1870, en "La
Revista de España"; cabe la posibilidad de que fuera redactada uno
o dos años antes de "La fontana de oro". En 1871 publica "El
audaz" que, como las anteriores novelas, revela todavía una influencia
del Romanticismo.
Galdós comenzó
cultivando una novela de tesis en que los personajes aparecen cortados por un
patrón maniqueo que los dividía entre reaccionarios y liberales.
Posteriormente comenzó a interesarse port aspectos más costumbristas
y por facetas más espirituales, e intentó describir la burguesía
española de su época y buscar sus orígenes en la historia
más reciente, a través del uso de la novela histórica. Tambien
ensayó otras fórmulas narrativas como la novela dialogada. Galdós
poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; sabía
hacer hablar al pueblo. Consciente de esta gran virtud, solía utilizar
a menudo el diálogo e incluso llegaba a ensayar novelas absolutamente dialogadas.
Su estilo busca la naturalidad y rehuye cualquier artificio retórico con
el fin de obtener, según postulados estéticos realistas, la visión
más directa posible de aquello que pretende expresar. Cuando narra su estilo
es transparente, académico, pero siempre castizo; a pesar de ello se adivinan
el humor y la ironía. En los diálogos el lenguaje se impregna frecuentemente
de temes corrientes e incluso vulgares. Es frecuente en él un humor piadosamente
irónico y de corte cervantino.
En 1873
comenzó a publicar la que se considera su obra maestra, los "Episodios
nacionales", donde se refleja la vida íntima de los españoles
del siuglo XIX y su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron
el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series
de diez novelas cada una, excepto la última, que quedó inconclusa.
Arrancan en la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración Borbónica
en España. La primera serie (1873-1875) trata de la Guerra de la Independencia
(1808-1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, que se dió a conocer
como ladronzuelo de playa y acabó su existencia histórica como caballeroso
y valiente oficial del ejército español.
La
segunda serie (1875-1879) trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta
la muerte de Fernando VII en 1833. Su protagonista es el liberal Gabriel Monsalud,
que encarna, en gran parte, las ideas de Galdós y en quien prevalece sobre
lo heroico lo político, signo característico de aquellos turbados
tiempos. En una ocasión Gabino Pérez, su editor, quiso comprarle
en firme los derechos literarios de las dos primeras series de los "Episodios
nacionales" por quinientas pesetas, una fortuna en aquel tiempo. Pérez
Galdós replicó: "Don Gabino, ¿vendería usted
a un hijo?". A pesar de ello, don Benito no sólo no disponía
nunca de un duro, sino que además había contraído deudas
enormes. Las flaquezas en el pecado del amor son pesadas cargas. Pero éste
no era el único agujero por donde el diablo le aligeraba los caudales sino,
además, su dadivosidad irrefrenable. En sus momentos de apuro ya habituales
acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca
llechera de todos los usureros y usureras de Madrid, a quienes, como puede suponerse,
había estudiado sobradamente y conocía en la propia salsa y entorno
típico, con todos sus engaños y sórdida voracidad. ¡Qué
admirable cáncer social para un novelista! Cuando uno de los quejosos prestadores
la presentaba para ser firmado uno de los recibos diabólicos, don Benito
tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente.
Los intereses de la deuda ficticia así contraída se le comían
casi totalmente todo el dinero que don Benito había de recibir por liquidaciones
mensuales por la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte
de don Benito un periodista descubrió su precaria situación económica
y la hizo pública, lo que suscitó un movimiento general de verguenza,
simpatía y piedad. A primeros de mes acudian a casa de don Benito, o bien
le aguardaban en las calles habituales, cortándole el paso, una copiosa
y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Diós;
pertenecían a ambos sexos y a las más diversas edades, muchos de
ellos de aspecto sospechoso; todos de vida calamitosa, ya en lo físico
ya en lo moral; personajes de los que no dejaba de escuchar evangélicamente
sus rogativas. Don Benito llevaba sin parar su mano izquierda al bolsillo interior
de su chaqueta, sacaba estos papelitos mágicos denominados billetes de
banco, que para él no tenían ningún otro valor que este único
fin, y los iba regalando.
En 1876 se publicó
"Doña perfecta", una novela contra la intolerancia ideológica,
ubicada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, anclada en una tradición
inmobilista. Al llegar al pueblo el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para
casarse con la hija de la mujer que da título al libro, doña Perfecta,
dan comienzo una serie de intrigas que progressivamente van desacreditando al
ingeniero ante el sector reaccionario y el clero de la ciudad. La obra acaba trágicamente.
Galdós se muestra anticlerical a la manera de la época y refleja
un impactante panorama de hostilidad provinciana conservadora hacia un recién
llegado de ideas progresistas. En 1877 publica la novela "Gloria". En
1878 publica "La familia de León Roch" y "Marianela",
donde construye una sólida narración entorno al pobre personaje
huérfano que le da el título, deforme y enamorada del joven burgués
ciego al que sirve de lazarillo y al que la ciencia le hace recobrar la vista,
en el ambiente de un pueblo minero. Al final de la obra es, tambien aquí,
trágico.
Galdós asistía con regularidad al viejo
ateneo de la calle de la Montera donde trabó amistad con personajes de
ideología nada afín a la suya, ya que era hombre poco inclinado
a fanatismos ideológicos. De este forma se hizo buen amigo de José
María de Pereda, de Antonio Cánovas del Castillo, de Francisco Silvela
y de Marcelino Menéndez Pelayo. Tambien frecuentaba las tertulias del "Café
Inglés", de la "Iberia" y del viejo "Café de
Levante". Realizó viajes por Francia, Inglaterra e Italia en diversas
ocasiones; de todas formas, debido a su amistad con Pereda se aficionó
a Santander, tomando la costumbre de veranear en el Sardinero en su compañía
y la de Menéndez Pelayo. Allí se hizo construir su célebre
casa de San Quintín. Tambien le gustaba visitar Toledo, ciudad por la que
sentía una gran predilección y a la que hizo escenario de algunas
de sus novelas como "Ángel Guerra" y "Tristana".
Abre
el camino al naturalismo con "La desheredada", en 1881; la primera de
sus novelas contemporáneas a la que seguirán "El amigo manso",
en 1882, una de sus creaciones más originales, "El doctor centeno"
en el 1883 , "Tormento", relato del conflicto entre la imaginación
y la realidad, entre la libertad de escoger el propio destino y las resistencias
del entorno a permitirlo, "La de Bringas" en 1884, y "Lo prohibido"
en 1884-85. En 1884 viajó a Portugal en compañía de su amigo
Pereda. Por influencias de amistad, le regalaron el acta de diputado por Puerto
Rico en 1885 y asistió a las Cortes en la legislatura del año siguiente
sin despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio
desde el cual analizar la sociedad española como materia novelable, que
sería el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Acadèmia
en 1889, a pesar de la oposición que suscitó su nombramiento entre
los neocatólicos. Desde 1886 a 1890 se comprometió poco activamente
en política, ya que era diputado por el partido de Sagasta por Guayama. Publica
"Fortunata y Jacinta" entre 1886-87, un vasto mural donde la historia,
la sociedad y el perfil urbano de Madrid sirven de fondo a un argumento que presenta
a dos jóvenes enamoradas del mismo hombre, Juan Santa Cruz, prototipo del
hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril,
acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido había
tenido con Fortunata, mujer de baja condición. Uno de los personajes secundarios
de esta novela, el usurero Torquemada, protagonizó otras cuatro obras:
"Torquemada en la hoguera", "Torquemada en la cruz", "Torquemada
en el purgatorio" y "Torquemada y San Pedro". En 1887 publica la
novela "Celín, Trompiquillos y Theros". Al final de la década,
publica" Miau" en 1888, que representa la pequeña epopeya del
cesante, del funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial,
se alimenta de la esperanza mientras, detrás de él, su inconsciente
familia trata de mantener las apariencias de la gente bien. En el mismo año
publica "La incognita", "Torquemada en la hoguera", y en 1889
"Realidad", resaltando en ésta última un tipo de amor
más libre como en "Tristana"; aunque se oponía a las costumbres
demasiado licenciosas. Acusó a los escritores contemporáneos de
incapaces de describir la vida de su tiempo. Urgía a los escritores a tomar
las grandes conclusiones de los problemas sexuales y espirituales de la clase
media urbana de su época, como principal fuente de inspiración. En
1891 tuvo una hija ilegítima, María, de una madre, Elena Cobián,
que se suicidó posteriormente, y tuvo amoríos con la novelista Emilia
Pardo Bazán y con la actriz Concha Morell. El caso es que permaneció
soltero, si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios. Así pues, nunca
se casó pero plasmó su tipo ideal de compañera en una mujer
ya mayor: Teodosia Gandarias, en el drama "Pedro Minio" en 1908. Con
el fin de conocer bien España se dedicó a recorrerla en vagones
de ferrocarril de tercera clase, alternando con miserables y alojándose
en posadas y hostales de mala muerte. Se levantaba con el sol y escribía
regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma
le hacía perder el tiempo. Despues, salía a pasear por Madrid a
espiar conversas ajenas (de aquí el enorme frescor y variedad de sus diálogos)
y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin parar
cigarros puros. A primera hora de la tarde leía en español, inglés
o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y
griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurìpides,
a los que conocía con todo detalle. En su madurez comenzó a frecuentar
a León Tolstoy. Despues de leer, regresaba a sus paseos cuando no hubiera
un concierto, ja que adoraba la música y durante mucho tiempo escribió
crítica musical. Se metía en la cama a la hora de las gallinas y
casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un nuevo volumen de trescientas
páginas. En 1891 publica "Ángel Guerra", donde experimenta
una nueva forma de novelar. El 15 de marzo de 1891, la actriz María Guerrero
estrenó "Realidad", en el papel de Augusta. El buen éxito
de la obra y la insistencia de María Guerrero, le movió a estrenar
al año siguiente "La loca de la casa", pero fue necesario reducir
su extensión puesto que era muy larga, y variar el final, entre otras modificaciones;
para llevarlas a término se contó con la ayuda de José Echegaray.
En 1892 publica "Tristana", y el 25 de enero de 1893 se estrena "La
de San Quintín", el éxito más resonante que hasta entonces
había obtenido Galdós en el teatro, menteniéndose en cartel
cincuenta noches. Tambien, en 1893 publica la obra teatral "Gerona".
libro archivo familiar Xavier Rius Xirgu
En 1895 publica
otras obras teatrales como"Los condenados" y "Voluntad".
libro
archivo familiar Jordi Rius Xirgu
El trabajo de Benito
Pérez Galdós, fue el de transformar el panorama novelístico
español de aquella época. Dejó a un lado el Romanticismo
y avivó el Realismo español, dotándolo tanto de una gran
expresividad en su narrativa como de nuevas formas aptas para la comprensión
del muindo y de la obra. El sentido humano del autor triunfa plenamente en todo
lo que puede ser un convencionalismo. La ley del espíritu y la ley de la
carne son las únicas leyes a las que se sujeta Galdós. Mucho más
a la primera que a la segunda. Y nadie lo ha superado en traducir al teatro los
temas más arduos de la vida a un lenguaje universal que penetra decididamente
por los sentidos más nobles en el alma del espectador. En 1895 publica
"Nazarín", donde se advierte que no hay en él irreligiosidad
sino, al contrario, un profundo sentir cristiano no conforme a los compromisos
temporales y sociales de los hombres de la Iglesia. Junto a "Misericordia"
que publicó en 1897, son dos novelas que parecen recordar a Dostoievski.
"Misericordia" nos sumerge en los estratos más bajos del Madrid
de laquellos tiempos, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos.
En ella encontramos uns espléndida pareja de figuras: el moro ciego Almudena
y la criada Benina, que representa la exaltación de la caridad. Su intensidad
psicológica ha sido igualada pocas veces. Entre las características
más definidas de Galdós se cuentan un estilo personal vigoroso y
muy marcado, un gran conocimiento de la esquizofrenia y la locura (no hay que
olvidar su interés por el Quijote) raramente preciso; un efectivo y sistemático
manejo del simbolismo (evocador de su propia desilusión por la debilidad
de España), y una conmovedora lástima por la gente que pretende
elevarse de la bondad a la santidad. En 1895 publica "Halma", en
1896 adapta para el teatro "Doña perfecta" y, en el mismo año,
publica la obra teatral "La fiera". Un laudo arbitral de 1897 independizó
a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara. Galdós
abrió una casa editorial con el nombre de "Obras de Pérez Galdós"
en la calle Hortaleza. Ansioso de recuperar el terreno perdido, comenzó
a anunciar sus ediciones de "Doña perfecta" y "El abuelo",
que publicó en 1904 y adaptó al teatro con éxito de público
y de crítica. Continuó esta actividad editorial hasta 1904 año
que, cansado, firmó un contrato de edición con la Editorial Hernando. Después
de un paréntesis de casi veinte años vuelve a escribir la tercera
serie (1898 -1900) de los "Episodios nacionales" una vez recuperados
los derechos sobre sus obras que poseía su editor con quien había
pleiteado interminablemente. Esta serie cubre la Primera Guerra Carlista. La cuarta
serie (1902-1907) se desarolla entre la Revolución de 1848 y la caída
de Isabel II en 1868. Publica las obras teatrales "Alma y vida" en
1902 y "Mariucha" en 1903. Las obras dramáticas de Galdós
fueron frecuentemente criticadas por tener un carácter esencialmente novelístico.
Adaptó al teatro "Electra", por motivos políticos o, en
todo caso, extraliterarios y constituyó un acontecimiento nacional. En
sus últimos años, la oposición creciente se vió reflejada
en la candidatura rechazada y, poco después, aceptada de la Real Acadèmia.
Le dolió que la Generación del 98 no lo considerara su mentor. La
concesión del premio Nobel de Literatura en 1904 a Echegaray (autor muy
inferior y de escasa valía) lo consideró como un mazazo a la mejor
literatura española de su tiempo.
En
1905 publica las obras teatrales "Amor y ciencia" y "Bárbara". Escribe
la quinta serie de "Episodios nacionales" (1907-1912); únicamente
aparecieron seis volúmenes, quedando así incompleta, y acaba con
la Restauración de Alfonso XII. Este conjunto novelístico constituye
una de las obras más importantes de la literatura española de todos
los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela
histórica española. El punto de vista adoptado es variado y multiforme,
y se inicia desde la perspectiva de un joven muchacho que se ve envuelto en los
hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada.
La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el
aliento épico de la primera serie, hasta el amargo escepticismo final,
pasando por la radicalitzación política y la agresividad socialista-anarquista
de las series tercera y cuarta.
En 1907 encabezó
la lista a la candidatura de la Conjunción Republicano-Socialista. Madrid
lo eligió representante a Cortes en 1907. En 1909 fue cabeza de cartel,
al lado de Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero
él, que no se sentía político se apartó de inmediato
de las luchas por el acta y la farsa, y se dedicó de nuevo a la novela
y al teatro. En 1908 publica la obra teatral "Zaragoza". Durante
sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro,
completando como mínimo 25 obras, algunas de las cuales, adaptaciones de
sus novelas, la evolución de las cuales requería paulatinamente
la forma dialogada. En esta época comienza a aparecer el espiritualismo
europeo en su obra, al interesarse por León Tolstoy.
En
1909 publica las novelas "El caballero encantado" y "La razón
de la sinrazón". En 1910 publica la obra teatral "Casandra".
libro archivo familiar Xavier Rius Xirgu
En
1912 sus ojos tienen ya una limitada visión y en 1914 le invade la ceguera,
aunque no por este hecho sufrió menos la insolvencia en sus últimos
años. Galdós fue uno de los más serios candidatos al Premio
Nobel de Literatura de 1912, pero una campaña orquestada por sus enemigos
políticos disuadió a la Academia Sueca de galardonarlo. Vino después,
como era de esperar, la contraofensiva de sus amigos y partidarios, que organizaron
un acto de desagravio, homenajeándole públicamente. Se decidió
que los fondos serían destinados a la construcción de un monumento
que, posteriormente, se instaló en el Retiro de Madrid y al que, después
de muerto Galdós, Margarita Xirgu llevaba flores una vez a la semana.
Margarita Xirgu y Benito Pérez Galdós.
Foto Agencia Efe
Finalmente publica las obras
teatrales "Alceste" en 1914, "Sor Simona" en 1915, "El
tacaño Salomón" en 1916, "Santa Juana de Castilla"
tambien en 1916, y "Antón Caballero" en 1921, quedando inédita
la obra teatral "Un joven de provecho", así como la novela "El
crimen de la calle de Fuencarral. El crimen del cura Galeote", publicada
recientemente en el 2003. Durante el verano de 1914 Margarita Xirgu fue a visitar
a Benito Pérez Galdós a su finca "San Quintín"
en el Sardinero de Santander. Allí, el dramaturg le ofreció el estreno
de su obra "Santa Juana de Castilla", en la que todavía estaba
trabajando. De su mutua admiración nació una entrañable amistad
entre el escritor y la actriz. De forma que es normal que , cuando la Xirgu llegó
a Madrid, en una de sus primeras visitas, fuera a visitar a don Benito. Por aquellos
días Victorio Macho trabajaba en una escultura del maestro. Margarita recordaba
emocionada su primer encuentro: "... como una escultura. Con su silencio,
con sus grandes manos... Había quien lo encontraba vulgar... No! Su sola
presencia era algo extraordinario... Daba la sensación de una gran fuerza
en reposo... Como una montaña... Yo iba con frecuencia a verlo, me incorporé
a su tertulia. El tomaba mi mano, la retenía mucho tiempo entre las suyas,
acariciando mis dedos, en silenci... Perqué el hablaba poco o nada".
Pérez Galdós en su finca "San Quintin"
en Santander, con Margarita Xirgu.
Foto
Archivo Familiar Laura Prats Prat
Pérez Galdós en su finca "San Quintin"
en Santander, con Margarita Xirgu y el periodista José Estániz.
Foto Archivo Más.
Actuando
Margarita Xirgu en Sevilla en la primavera de 1916, una tarde aparecieron los
hermanos Álvarez Quintero por el camerino de la actriz. Los "niños
sevillanos", como los nombraba, tenían una obra para ella. Se trataba
de la adaptación de la novela galdosiana "Marianela". Don Benito,
por fin, vería realizado uno de sus sueños: la escenificación
de su novela publicada en 1878. Este mismo año había intentado su
adaptación pero había desistido ante los problemas de tipo técnico
que le planteaba. Siete años antes había conseguido interesar en
el proyecto a Valle-Inclán, quien se comprometió a adaptarla al
teatro. Pero, a pesar de sus buenos propósitos, tampoco consiguió
superar las dificultades surgidas, hasta que el 30 de octubre de 1906 renunció
definitivamente al proyecto Es en 1914 cuando Galdós ofrece la adaptación
a los hermanos Álvarez Quintero. La emoción de Margarita por su
nuevo personaje no tuvo límites, como lo demuestra la siguiente carta:
7 de septiembre de 1916 Sr. Benito Pérez Galdós Mi ilustre
amigo: Recibo su carta con la más grata satisfacción. Estoy contentísima
de poder estrenar su "Marianela"; crea usted que me proporciona una
de las alegrías más grandes de mi vida. El sábado, los
hermanos Quintero leerán a la compañía la obra y empezaremos
los ensayos. El 1 de octubre llegaremos a Madrid donde espero tener el gusto de
saludarle. Por los Quintero supongo tendrá usted noticias del reparto y
de los detalles referentes al decorado. Le saluda muy afectuosamente su amiga
y entusiasta admiradora, Margarita Xirgu El sábado, 15 d'octubre
de 1916, tuvo lugar el encuentro de don Benito con los personajes escénicos
de su "Marianela". A don Benito le habían colocado una butaca
en el escenario, al lado de la batería, para que siguiera la representación
de cerca, ya que en aquella época su ceguera era total. Los Quintero dispusieron
que el ensayo se efectuase sin interrupción, para que en ningún
momento decayera la emotividad de la acción. Feu tal el impacto que causó
en él, que al preguntarle un periodista si volvería al día
siguiente a los ensayos contestó: "No. He recibido una impresión
muy fuerte, una de las más duraderas de mi vida. ¡Hacía tanto
tiempo que no veia a esos hijos! Necesito descansar, tranquilizarme, antes de
volver..." Tan pronto como empezaron a hablar los personajes se arrasaron
en lágrimas los ojos de don Benito; habló Marianela en aquella portentosa
encarnación que tenía en la Xirgu y Galdós rompió
en sollozos. En las escenas culminantes, o por ventura en aquellos momentos
que despertaban un recuerdo remoto de los lejanos años que ebocaba su corazón
en "Marianela" suspiraba profundamente, temblaba. Cuando finalizó
el primer acto y, calmada parcialmente su tumultuosa emoción, don Benito
pudo hablar, preguntó con interés a los hermanos Quintero: "¿Y
les queda materia a ustedes para dos actos? Yo no me acuerdo bien..." Al
terminar el ensayo, Pérez Galdós abrazó a la Xirgu. El autor,
conmovido, le dedicó encendidos elogios, llevando su admiración
hasta el punto de manifestarle que había hecho una Marianela mejor que
la que él había inventado. Marianela es una de las muchas obras
que muestran la grandeza del espíritu del género humano. Marianela,
joven huérfana y de pobres atributos físicos, sirve de Lazarillo
de Pablo, joven ciego y de cómoda posición social, de quien se enamora.
Pablo, que únicamente conocía el mundo a través de las descripciones
que de él le hacía Nela, y de las abundantes lecturas que le hacía
su padre y que Pablo recibía con avidez, jura a Nela que sus sentimientos
hacia ella eran los mismos. Bajo la promesa de una vida juntos, Nela se libra
a la construcción de las más cándidas fantasías de
vivir a su lado. Golfín, médico de mundo que llega a las minas para
visitar a su hermano, se presenta a la vista del padre de Pablo como la encarnación
de la providencia. Golfín es la única esperanza de recuperar la
vista que posee Pablo. Después de diversas vicisitudes, Golfín otorga
a Pablo el don de la vista y con ello la esperanza de conocer un mundo lleno de
maravillas Recuperada la capacidad de visión, Pablo cree haber encontrado
en la belleza de su prima a la mujer a quien prometíó amor eterno.
Nela, incapaz de reponerse al sobresalto que le produjo el inevitable desencanto
de su joven amigo se libra a la muerte al saberse desposeída del amor de
quien era para ella la única razón para sentirse viva. El estreno
de "Marianela" tuvo lugar el 18 d'octubre de 1916, en el Teatro de la
Princesa de Madrid. Galdós permaneció en el diván del saloncito
del teatro, resistiendo la emoción de aceracrse al escenarioi. Fue el actor
Paco Fuentes quien consiguió conducirlo hasta el proscenio, en el instante
que terminaba el primer acto y se levantaba el telón, bajo una cálida
ovación. La Xirgu y els Quintero tendieron sus brazos para ofrecerse de
lazarillos. Pero tanto la actriz como los adaptadores dejaron solo a Galdós
en medio de la escena, para expresar con este mutis que aquellos clamorosos aplausos
eran únicamente para el dramaturgo. La Xirgu descalza le tiró los
brazos al cuello y la voz que antes humedecía sus lágrimas le susurraba
con gozo: "¡Qué alegría más grande, don Benito,
qué alegría más grande!".
Galdós con la Xirgu, los Quintero y actores de "Marianela".
Foto Museo Nacional del Teatro de Almagro
El 31 de marzo de 1917 la compañía de Margarita
Xirgu reaparecía en el barcelonés Teatre Novetats. Galdós
se instaló en Barcelona, donde pasaría cerca de un mes, para asistir
al estreno de "Marianela". En la estación le esperaban Margarita
y un grupo de amigos vinculados al teatro. La Xirgu explicó: "El dramaturgo
pidió que no acudieran a recibirlo, temiendo sin duda las manifestaciones
de homenaje que se le tributaban. Sus íntimos pensaron que aquella advertencia
no iba con ellos y no dudamos de ir a la estación. El tren, como era habitual,
llegó con retraso, pero cual sería nuestra sorpresa al ver que don
Benito bajaba del vagón acompañado de una señora, ya de cierta
edad, pero aún hermosa, y no nos hacía ningún caso. Se le
veía feliz al lado de su compañera de viaje como si no necesitara
nada más. Nos daba de lado, no atendía a lo que le decíamos,
mostrándonos bien a las claras que allí estábamos molestando.
Y nosotros optamos por seguirle a distancia, haciéndonos los distraídos.
Cuando llegó al hotel Continental, la única cosa que le preocupaba
fue que le cambiaran la habitación de una persona que le habíamos
reservado por una de matrimonio". A nadie fue presentada aquella señora,
ni nunca más volvimos a verla. Galdós, como Lope de Vega, fue fecundo
en obras y en amores. Junto al escritor se concregaron viejos amigos, literatos,
pintores, periodistas,... En el camerino de la Xirgu, una tarde, departieron animadamente
de los más diversos temas Galdós i Guimerà. A las ocho de
la tarde cenaba Galdós y después se trasladaba al saloncito del
Teatre Novetats, donde proseguía la tertulia durante la velada. La reunión
tomaba un aire alegre, de irresponsable entusiasmo, en la que llevaban la batuta
Santiago Rusiñol, Alejandro Soler Rovirosa, Verdaguer... A don Benito le
hacían mucha gracia las ocurrencias de Rusiñol y se divertía
con las parodias de Soler y de Verdaguer. Cantaban al unísono canciones
catalanas, en las que tomaba parte el propio Galdós. En aquellos días
Pérez Galdós dictaba a su secretario un poema dramático,
"Santa Juana de Castilla", dedicado a Margarita. Acabada la temporada
en Barcelona, la Xirgu acompañada de Galdós inició una gira
por Andalucía con una sola obra en cartel: "Marianela". Margarita
explicó: "Fue un viaje triunfal. Las gentes de los pueblos acudían
en masa a las estaciones para recibir a don Benito. Pero aquello no tenía
nada que ver con las manifestaciones que suelen hacerse a los ilustres huéspedes,
con charangas, discursos y griteríos. Era otra cosa. Se advertía
en aquellas multitudes una mezcla de respeto y ternura. Era conmovedor... Sobretodo
lo que ocurrió en Utrera, el pueblo de los Quintero. A la hora que llegamos
llovía torrencialmente, lo que no impidió que en la estación
hubiera esperando un gentío enorme. Como viajábamos en un tren especial
se pensó en seguir hasta el siguiente pueblo marcado en nuestro itinerario,
con el fin de evitar a don Benito las molestias de bajar con aquel chaparrón.
Pero al percatarse de ello las gentes que estaban esperando levantaron un verdadero
clamor, oponiéndose a que el tren siguiera adelante. Sin que se supiera
de donde la habían sacado, apareció de golpe en el andén
una silla de manos cubierta con un capote a manera de dosel. y en aquella especie
de solio sentaron a don Benito, al abrigo de la lluvia llevándolo en volandas
hasta el hotel, como una imagen sagrada, en una manifestación impresionante".
Margarita y don Benito
foto
Colección Biblioteca Española de Música y Teatro Contemporáneos
de la Fundación Juan March
En el mismo
año de 1916, se realizó la preparación y la puesta en escena
de "Santa Juana de Castilla". La colaboración fue estrecha y
entusiasta por parte de Galdós y de la Xirgu. Los dos estaban obstinados
en que la escenografía y los figurines - realizados por el hermano de la
actriz, Miquel Xirgu - reunieran fidelidad histórica y se inspiraran en
gravados de la época para conseguir una auténtica ambientación.
Margarita le recordaba per carta al autor: "El marqués de Premio Real
me dijo que usted le había dicho que tenía algunos grabados y datos
para los trajes; si puede, envíemelos también cuanto antes. Yo encantada,
y más si es a gusto de usted. Amalio Fernández indicó al
marqués que convendría que hablara con usted y que diera precio
por las dos decoraciones y fecha en que puede terminarlas. Como es escenógrafo
de gran reputación, y yo no tengo idea de lo que puede cobrar, me permito
hacerle esta indicación". Más adelante volvía a escribir: "Mi
querido amigo: Aquí recibí su estimada carta del 16 de los corrientes,
la que me ha proporcionado una gran alegría, pues veo que se acuerda de
mí y que me prepara muchas obras; crea usted que yo me acuerdo mucho del
chiquitín de la casa... En todas partes, aunque esté muy hecha,
doy "Marianela" con éxito inmenso". La noche del 8 de
mayo de 1918 se estrenó en el madrileño Teatro de la Princesa, "Santa
Juana de Castilla". Del retiro forzoso de doña Juana en Tordesillas,
la reina apodada La Loca, Galdós trazó un magistral cuadro de la
vida castellana. Gentiles hombres y villanos claman contra los atropellos de los
flamencos. Los leales vasallos tratan de que la cautiva recobre los fueros de
sus gobiernos, contando con la intervención de las Comunidades, en franca
rebeldía contra la dinastía imperial. Doña Juana, en un supremo
esfuerzo de sus débiles fuerzas, hace una escapada por el altiplano castellano
para escuchar la voz de su pueblo, de su pobre y hambrienta España, en
contraste con la grandeza imperial. Don Benito, por aquella época, salía
ya muy pocas veces a la calle, pero no dejó de ir al teatro ni un solo
día mientras estaban representando la obra. Aparecía, invariablemenmte,
a la media hora acompañado de Paco, el criado que le hacía de lazarillo
La Xirgu dijo refiriéndose a esto: "Durante la representación,
don Benito premanecía sentado entre cajas, y al final de los actos, cuando
el público reclamaba su presencia, iba yo en su búsqueda y le encontraba
ya de pie preparado para salir a escena y, al tomarlo de la mano, decía
invariablemente: "Vamos allá..." Las palabras no eran nada, pero
yo no sé que extraño significado tenían..., con su silencio".
Figurín de Santa Juana escena primera, hecho por Miquel Xirgu.
Arxivo
familiar germans Xirgu
Figurín del caminante, de la obra "Santa Juana
de Castilla" hecho per Miquel Xirgu.
Archivo
Familiar Xavier Rius Xirgu
Figurín
de Pascual, de la obra "Santa Juana de Castilla" hecho por Miquel Xirgu.
Archivo Familiar Xavier Rius Xirgu
En
1919 se le dedicó una escultura reconociendo su éxito en vida. A
pesar de su ceguera, pidió ser levantado para palpar la obra y lloró
emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Carregado de laureles, el
gran novelista español del seglo XIX murió en su casa de la calle
Hilarión Eslava de Madrid, el 4 de enero de 1920. Cuando Margarita Xirgu
llegó a la casa del dramaturgo, el cuerpo inerte del gran escritor y amigo
estaba envuelto en una bandera española. La impresión transtornó
la frágil salud de Margarita, que tuvo que guardar cama, lo que le impidió
unirse, con gran sentimento de la actriz, a la manifestación de duelo que
el pueblo de Madrid tributó al gran novelista; unos 20.000 madrileños
acompañaran su féretro hacia el cementerio de la Almudena. Al acercarse
la carroza fúnebre a la esquina de la calle de Alcalá, después
de cruzar la Puerta del Sol, se abrió un balcón del Hotel París,
el único que hasta aquel momento había permanecido cerrado y apareció
en él una mujer envuelta en pieles, el rostro pálido, de una palidez
que se acentuaba aun más bajo la cabellera ennegrecida. Una sacudida recorrió
las filas del cortejo y un nombre corrió de boca en boca: "La Xirgu...!
La Xirgu...! La Xirgu...! I todas las miradas se volvieron hacia ella que, después
de lanzar un ramo de flores sobre el féretro, se dobló en un lloro
convulsivo y era retirada hacia el interior, casi a la fuerza, por las personas
que la rodeaban.
En 1922 Margarita Xirgu representaba "La loca de
la casa", en 1930 estrenaba "Fortunata y Jacinta" en el Teatro
Español de Madrid, y en 1932 estrenaba en el Español "El abuelo".
Su amigo Galdós no pudo asistir.
Decorados
de "Fortunata y Jacinta" Acto III quadros 1º i 2º.
Archivo Familiar Jordi Rius Xirgu
Algunos textos han estado
extraídos de la biografia:"Margarita Xirgu y su teatro" y "Margarita
Xirgu.Una biografía"de Antonina Rodrigo y de Viquipèdia