Margarita Xirgu

 

46. BENITO PÉREZ GALDÓS

 

 

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843; era el décimo hijo de Sebastián Pérez, teniente coronel del ejército y de Dolores Galdós, una mujer de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre le inculcó el gusto por las narraciones históricas, contandole asiduamente historias de la guerra de la Independencia, en la que había participado. Desde niño fue aficionado a la música, al dibujo, a la pintura y a la literatura. Su imaginación era desbordante ya desde muy joven. Se le considera, en opinión general, el mayor novelista español después de Cervantes.
En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que comenzaban a divulgarse en España las polémicas teorías darwinistas, situación de la que se hace eco en obras suyas como por ejemplo en
"Doña perfecta".

 

Benito Pérez Galdós

 

Galdós obtuvo el título de Bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna, y comenzó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. Con la llegada de una prima a su casa, el joven Galdós sufrió una transformación emocional y sus padres decidieron que se marchara a la capital a estudiar la carrera de derecho. Llegó a Madrid en septiembre de 1862 con diecinueve años, y se matriculó en la universidad. Allí conocería a Francisco Giner de los Rios, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien lo animó a escribir y lo orientó hacia el krausismo. No obstante, de momento, se limitó a frecuentar los teatros y a crear junto a otros escritores paisanos suyos la "Tertulia canaria" en Madrid, mientras acudía al Ateneo a leer los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia de Leopoldo Alas "Clarín", travó amistad con el famoso crítico y novelista asturiano.

Era un asiduo de los teatros. Este mismo año comenzó a escribir como redactor meritorio en los diarios "La Nación" y "El Debate", así como en la "Revista del Movimiento Intelectual de Europa". Llevaba una vida cómoda, albergado primero por dos de sus hermanas y después en casa de su sobrino Hurtado de Mendoza. Era desaliñado en el vestir y se conformaba siempre con llevar tonos oscuros para pasar desapercibido. En invierno llevaba anudada al cuello una bufanda de lana blanca con un cabo cayendo sobre el pecho y el otro sobre la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, cuando estaba sentado, tenía siempre a sus pies su perro alsaciano. Se cortaba el cabello al cero y sufría horribles migrañas. Era proverbial su timidez, que le hacía ser parco en palabras, y su aspecto manifestaba una modestia increible, hasta tal punto que le hacía sufrir al hablar en público. Entre sus dotes se contaba el poseer una memòria visual portentosa y una retentiva increible que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez, veinticinco años antes. De ahí nació igualmente su gran facilidad por el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista: el poder de observación.

 

retrato de Sorolla a Benito Pérez Galdós

 

En 1865 publica la obra teatral "La expulsión de los moriscos". En 1867 hace su primer viaje al extranjero como corresponsal en París para informar de la Exposición Universal. Regresó con obras de Balzac y de Dikens y tradujo de éste, a partir de una traducción francesa, su obra más cervantina "Los papeles póstumos del club Pickwick". Toda esta actividad supuso la no asistencia a las clases de Derecho, lo que supuso que le borraran definitivamente de la matrícula en 1868. En este mismo año se produjo la conocida "revolución de 1868", en la que cae la reina Isabel II. Galdós marcha con su familia desde el puerto de Barcelona a las Canarias para evitar la revolución pero, ansioso por asistir a la misma, se baja del vapor en Alicante y regresa a Madrid a tiempo de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva constitución.

En 1870 publicó su primera novela, "La fontana de oro", escrita entre 1867 y 1868, en parte durante uno de sus viajes a Francia, gracias al dinero de su tía. En realitad, en aquella época la publicación de un llibro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos o de las revistas, o corría a cuenta del autor. Esta obra, con los defectos de toda obra precoz, esboza la situación ideológica de España durante el trienio constitucional de 1820 a 1823. Publica "La sombra" en noviembre de 1870, en "La Revista de España"; cabe la posibilidad de que fuera redactada uno o dos años antes de "La fontana de oro". En 1871 publica "El audaz" que, como las anteriores novelas, revela todavía una influencia del Romanticismo.

Galdós comenzó cultivando una novela de tesis en que los personajes aparecen cortados por un patrón maniqueo que los dividía entre reaccionarios y liberales. Posteriormente comenzó a interesarse port aspectos más costumbristas y por facetas más espirituales, e intentó describir la burguesía española de su época y buscar sus orígenes en la historia más reciente, a través del uso de la novela histórica. Tambien ensayó otras fórmulas narrativas como la novela dialogada. Galdós poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; sabía hacer hablar al pueblo. Consciente de esta gran virtud, solía utilizar a menudo el diálogo e incluso llegaba a ensayar novelas absolutamente dialogadas. Su estilo busca la naturalidad y rehuye cualquier artificio retórico con el fin de obtener, según postulados estéticos realistas, la visión más directa posible de aquello que pretende expresar. Cuando narra su estilo es transparente, académico, pero siempre castizo; a pesar de ello se adivinan el humor y la ironía. En los diálogos el lenguaje se impregna frecuentemente de temes corrientes e incluso vulgares. Es frecuente en él un humor piadosamente irónico y de corte cervantino.

En 1873 comenzó a publicar la que se considera su obra maestra, los "Episodios nacionales", donde se refleja la vida íntima de los españoles del siuglo XIX y su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, excepto la última, que quedó inconclusa. Arrancan en la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración Borbónica en España.
La primera serie (1873-1875) trata de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, que se dió a conocer como ladronzuelo de playa y acabó su existencia histórica como caballeroso y valiente oficial del ejército español.

La segunda serie (1875-1879) trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833. Su protagonista es el liberal Gabriel Monsalud, que encarna, en gran parte, las ideas de Galdós y en quien prevalece sobre lo heroico lo político, signo característico de aquellos turbados tiempos.
En una ocasión Gabino Pérez, su editor, quiso comprarle en firme los derechos literarios de las dos primeras series de los "Episodios nacionales" por quinientas pesetas, una fortuna en aquel tiempo. Pérez Galdós replicó: "Don Gabino, ¿vendería usted a un hijo?". A pesar de ello, don Benito no sólo no disponía nunca de un duro, sino que además había contraído deudas enormes. Las flaquezas en el pecado del amor son pesadas cargas. Pero éste no era el único agujero por donde el diablo le aligeraba los caudales sino, además, su dadivosidad irrefrenable. En sus momentos de apuro ya habituales acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca llechera de todos los usureros y usureras de Madrid, a quienes, como puede suponerse, había estudiado sobradamente y conocía en la propia salsa y entorno típico, con todos sus engaños y sórdida voracidad. ¡Qué admirable cáncer social para un novelista! Cuando uno de los quejosos prestadores la presentaba para ser firmado uno de los recibos diabólicos, don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraída se le comían casi totalmente todo el dinero que don Benito había de recibir por liquidaciones mensuales por la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte de don Benito un periodista descubrió su precaria situación económica y la hizo pública, lo que suscitó un movimiento general de verguenza, simpatía y piedad. A primeros de mes acudian a casa de don Benito, o bien le aguardaban en las calles habituales, cortándole el paso, una copiosa y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Diós; pertenecían a ambos sexos y a las más diversas edades, muchos de ellos de aspecto sospechoso; todos de vida calamitosa, ya en lo físico ya en lo moral; personajes de los que no dejaba de escuchar evangélicamente sus rogativas. Don Benito llevaba sin parar su mano izquierda al bolsillo interior de su chaqueta, sacaba estos papelitos mágicos denominados billetes de banco, que para él no tenían ningún otro valor que este único fin, y los iba regalando.

En 1876 se publicó "Doña perfecta", una novela contra la intolerancia ideológica, ubicada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, anclada en una tradición inmobilista. Al llegar al pueblo el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para casarse con la hija de la mujer que da título al libro, doña Perfecta, dan comienzo una serie de intrigas que progressivamente van desacreditando al ingeniero ante el sector reaccionario y el clero de la ciudad. La obra acaba trágicamente. Galdós se muestra anticlerical a la manera de la época y refleja un impactante panorama de hostilidad provinciana conservadora hacia un recién llegado de ideas progresistas. En 1877 publica la novela "Gloria". En 1878 publica "La familia de León Roch" y "Marianela", donde construye una sólida narración entorno al pobre personaje huérfano que le da el título, deforme y enamorada del joven burgués ciego al que sirve de lazarillo y al que la ciencia le hace recobrar la vista, en el ambiente de un pueblo minero. Al final de la obra es, tambien aquí, trágico.

Galdós asistía con regularidad al viejo ateneo de la calle de la Montera donde trabó amistad con personajes de ideología nada afín a la suya, ya que era hombre poco inclinado a fanatismos ideológicos. De este forma se hizo buen amigo de José María de Pereda, de Antonio Cánovas del Castillo, de Francisco Silvela y de Marcelino Menéndez Pelayo. Tambien frecuentaba las tertulias del "Café Inglés", de la "Iberia" y del viejo "Café de Levante". Realizó viajes por Francia, Inglaterra e Italia en diversas ocasiones; de todas formas, debido a su amistad con Pereda se aficionó a Santander, tomando la costumbre de veranear en el Sardinero en su compañía y la de Menéndez Pelayo. Allí se hizo construir su célebre casa de San Quintín. Tambien le gustaba visitar Toledo, ciudad por la que sentía una gran predilección y a la que hizo escenario de algunas de sus novelas como "Ángel Guerra" y "Tristana".

Abre el camino al naturalismo con "La desheredada", en 1881; la primera de sus novelas contemporáneas a la que seguirán "El amigo manso", en 1882, una de sus creaciones más originales, "El doctor centeno" en el 1883 , "Tormento", relato del conflicto entre la imaginación y la realidad, entre la libertad de escoger el propio destino y las resistencias del entorno a permitirlo, "La de Bringas" en 1884, y "Lo prohibido" en 1884-85. En 1884 viajó a Portugal en compañía de su amigo Pereda. Por influencias de amistad, le regalaron el acta de diputado por Puerto Rico en 1885 y asistió a las Cortes en la legislatura del año siguiente sin despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio desde el cual analizar la sociedad española como materia novelable, que sería el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Acadèmia en 1889, a pesar de la oposición que suscitó su nombramiento entre los neocatólicos. Desde 1886 a 1890 se comprometió poco activamente en política, ya que era diputado por el partido de Sagasta por Guayama.
Publica "Fortunata y Jacinta" entre 1886-87, un vasto mural donde la historia, la sociedad y el perfil urbano de Madrid sirven de fondo a un argumento que presenta a dos jóvenes enamoradas del mismo hombre, Juan Santa Cruz, prototipo del hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril, acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido había tenido con Fortunata, mujer de baja condición. Uno de los personajes secundarios de esta novela, el usurero Torquemada, protagonizó otras cuatro obras: "Torquemada en la hoguera", "Torquemada en la cruz", "Torquemada en el purgatorio" y "Torquemada y San Pedro". En 1887 publica la novela "Celín, Trompiquillos y Theros".
Al final de la década, publica" Miau" en 1888, que representa la pequeña epopeya del cesante, del funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial, se alimenta de la esperanza mientras, detrás de él, su inconsciente familia trata de mantener las apariencias de la gente bien. En el mismo año publica "La incognita", "Torquemada en la hoguera", y en 1889 "Realidad", resaltando en ésta última un tipo de amor más libre como en "Tristana"; aunque se oponía a las costumbres demasiado licenciosas. Acusó a los escritores contemporáneos de incapaces de describir la vida de su tiempo. Urgía a los escritores a tomar las grandes conclusiones de los problemas sexuales y espirituales de la clase media urbana de su época, como principal fuente de inspiración.
En 1891 tuvo una hija ilegítima, María, de una madre, Elena Cobián, que se suicidó posteriormente, y tuvo amoríos con la novelista Emilia Pardo Bazán y con la actriz Concha Morell. El caso es que permaneció soltero, si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios. Así pues, nunca se casó pero plasmó su tipo ideal de compañera en una mujer ya mayor: Teodosia Gandarias, en el drama "Pedro Minio" en 1908.
Con el fin de conocer bien España se dedicó a recorrerla en vagones de ferrocarril de tercera clase, alternando con miserables y alojándose en posadas y hostales de mala muerte. Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Despues, salía a pasear por Madrid a espiar conversas ajenas (de aquí el enorme frescor y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin parar cigarros puros. A primera hora de la tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurìpides, a los que conocía con todo detalle. En su madurez comenzó a frecuentar a León Tolstoy. Despues de leer, regresaba a sus paseos cuando no hubiera un concierto, ja que adoraba la música y durante mucho tiempo escribió crítica musical. Se metía en la cama a la hora de las gallinas y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un nuevo volumen de trescientas páginas.
En 1891 publica "Ángel Guerra", donde experimenta una nueva forma de novelar. El 15 de marzo de 1891, la actriz María Guerrero estrenó "Realidad", en el papel de Augusta. El buen éxito de la obra y la insistencia de María Guerrero, le movió a estrenar al año siguiente "La loca de la casa", pero fue necesario reducir su extensión puesto que era muy larga, y variar el final, entre otras modificaciones; para llevarlas a término se contó con la ayuda de José Echegaray. En 1892 publica "Tristana", y el 25 de enero de 1893 se estrena "La de San Quintín", el éxito más resonante que hasta entonces había obtenido Galdós en el teatro, menteniéndose en cartel cincuenta noches. Tambien, en 1893 publica la obra teatral "Gerona".

 


libro archivo familiar Xavier Rius Xirgu

 

En 1895 publica otras obras teatrales como"Los condenados" y "Voluntad".

 

libro archivo familiar Jordi Rius Xirgu

El trabajo de Benito Pérez Galdós, fue el de transformar el panorama novelístico español de aquella época. Dejó a un lado el Romanticismo y avivó el Realismo español, dotándolo tanto de una gran expresividad en su narrativa como de nuevas formas aptas para la comprensión del muindo y de la obra. El sentido humano del autor triunfa plenamente en todo lo que puede ser un convencionalismo. La ley del espíritu y la ley de la carne son las únicas leyes a las que se sujeta Galdós. Mucho más a la primera que a la segunda. Y nadie lo ha superado en traducir al teatro los temas más arduos de la vida a un lenguaje universal que penetra decididamente por los sentidos más nobles en el alma del espectador.
En 1895 publica "Nazarín", donde se advierte que no hay en él irreligiosidad sino, al contrario, un profundo sentir cristiano no conforme a los compromisos temporales y sociales de los hombres de la Iglesia. Junto a "Misericordia" que publicó en 1897, son dos novelas que parecen recordar a Dostoievski. "Misericordia" nos sumerge en los estratos más bajos del Madrid de laquellos tiempos, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos. En ella encontramos uns espléndida pareja de figuras: el moro ciego Almudena y la criada Benina, que representa la exaltación de la caridad. Su intensidad psicológica ha sido igualada pocas veces.
Entre las características más definidas de Galdós se cuentan un estilo personal vigoroso y muy marcado, un gran conocimiento de la esquizofrenia y la locura (no hay que olvidar su interés por el Quijote) raramente preciso; un efectivo y sistemático manejo del simbolismo (evocador de su propia desilusión por la debilidad de España), y una conmovedora lástima por la gente que pretende elevarse de la bondad a la santidad.
En 1895 publica "Halma", en 1896 adapta para el teatro "Doña perfecta" y, en el mismo año, publica la obra teatral "La fiera".
Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara. Galdós abrió una casa editorial con el nombre de "Obras de Pérez Galdós" en la calle Hortaleza. Ansioso de recuperar el terreno perdido, comenzó a anunciar sus ediciones de "Doña perfecta" y "El abuelo", que publicó en 1904 y adaptó al teatro con éxito de público y de crítica. Continuó esta actividad editorial hasta 1904 año que, cansado, firmó un contrato de edición con la Editorial Hernando.
Después de un paréntesis de casi veinte años vuelve a escribir la tercera serie (1898 -1900) de los "Episodios nacionales" una vez recuperados los derechos sobre sus obras que poseía su editor con quien había pleiteado interminablemente. Esta serie cubre la Primera Guerra Carlista. La cuarta serie (1902-1907) se desarolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868.
Publica las obras teatrales "Alma y vida" en 1902 y "Mariucha" en 1903.
Las obras dramáticas de Galdós fueron frecuentemente criticadas por tener un carácter esencialmente novelístico. Adaptó al teatro "Electra", por motivos políticos o, en todo caso, extraliterarios y constituyó un acontecimiento nacional. En sus últimos años, la oposición creciente se vió reflejada en la candidatura rechazada y, poco después, aceptada de la Real Acadèmia. Le dolió que la Generación del 98 no lo considerara su mentor. La concesión del premio Nobel de Literatura en 1904 a Echegaray (autor muy inferior y de escasa valía) lo consideró como un mazazo a la mejor literatura española de su tiempo.

En 1905 publica las obras teatrales "Amor y ciencia" y "Bárbara".
Escribe la quinta serie de "Episodios nacionales" (1907-1912); únicamente aparecieron seis volúmenes, quedando así incompleta, y acaba con la Restauración de Alfonso XII. Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es variado y multiforme, y se inicia desde la perspectiva de un joven muchacho que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie, hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalitzación política y la agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

En 1907 encabezó la lista a la candidatura de la Conjunción Republicano-Socialista. Madrid lo eligió representante a Cortes en 1907. En 1909 fue cabeza de cartel, al lado de Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero él, que no se sentía político se apartó de inmediato de las luchas por el acta y la farsa, y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro. En 1908 publica la obra teatral "Zaragoza".
Durante sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro, completando como mínimo 25 obras, algunas de las cuales, adaptaciones de sus novelas, la evolución de las cuales requería paulatinamente la forma dialogada. En esta época comienza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, al interesarse por León Tolstoy.

En 1909 publica las novelas "El caballero encantado" y "La razón de la sinrazón". En 1910 publica la obra teatral "Casandra".

 


libro archivo familiar Xavier Rius Xirgu

 

En 1912 sus ojos tienen ya una limitada visión y en 1914 le invade la ceguera, aunque no por este hecho sufrió menos la insolvencia en sus últimos años. Galdós fue uno de los más serios candidatos al Premio Nobel de Literatura de 1912, pero una campaña orquestada por sus enemigos políticos disuadió a la Academia Sueca de galardonarlo. Vino después, como era de esperar, la contraofensiva de sus amigos y partidarios, que organizaron un acto de desagravio, homenajeándole públicamente. Se decidió que los fondos serían destinados a la construcción de un monumento que, posteriormente, se instaló en el Retiro de Madrid y al que, después de muerto Galdós, Margarita Xirgu llevaba flores una vez a la semana.

 



Margarita Xirgu y Benito Pérez Galdós.

Foto Agencia Efe

 

Finalmente publica las obras teatrales "Alceste" en 1914, "Sor Simona" en 1915, "El tacaño Salomón" en 1916, "Santa Juana de Castilla" tambien en 1916, y "Antón Caballero" en 1921, quedando inédita la obra teatral "Un joven de provecho", así como la novela "El crimen de la calle de Fuencarral. El crimen del cura Galeote", publicada recientemente en el 2003.
Durante el verano de 1914 Margarita Xirgu fue a visitar a Benito Pérez Galdós a su finca "San Quintín" en el Sardinero de Santander. Allí, el dramaturg le ofreció el estreno de su obra "Santa Juana de Castilla", en la que todavía estaba trabajando. De su mutua admiración nació una entrañable amistad entre el escritor y la actriz. De forma que es normal que , cuando la Xirgu llegó a Madrid, en una de sus primeras visitas, fuera a visitar a don Benito. Por aquellos días Victorio Macho trabajaba en una escultura del maestro. Margarita recordaba emocionada su primer encuentro: "... como una escultura. Con su silencio, con sus grandes manos... Había quien lo encontraba vulgar... No! Su sola presencia era algo extraordinario... Daba la sensación de una gran fuerza en reposo... Como una montaña... Yo iba con frecuencia a verlo, me incorporé a su tertulia. El tomaba mi mano, la retenía mucho tiempo entre las suyas, acariciando mis dedos, en silenci... Perqué el hablaba poco o nada".



Pérez Galdós en su finca "San Quintin" en Santander, con Margarita Xirgu.

Foto Archivo Familiar Laura Prats Prat

 

Pérez Galdós en su finca "San Quintin" en Santander, con Margarita Xirgu y el periodista José Estániz.

Foto Archivo Más.

 

Actuando Margarita Xirgu en Sevilla en la primavera de 1916, una tarde aparecieron los hermanos Álvarez Quintero por el camerino de la actriz. Los "niños sevillanos", como los nombraba, tenían una obra para ella. Se trataba de la adaptación de la novela galdosiana "Marianela". Don Benito, por fin, vería realizado uno de sus sueños: la escenificación de su novela publicada en 1878. Este mismo año había intentado su adaptación pero había desistido ante los problemas de tipo técnico que le planteaba. Siete años antes había conseguido interesar en el proyecto a Valle-Inclán, quien se comprometió a adaptarla al teatro. Pero, a pesar de sus buenos propósitos, tampoco consiguió superar las dificultades surgidas, hasta que el 30 de octubre de 1906 renunció definitivamente al proyecto Es en 1914 cuando Galdós ofrece la adaptación a los hermanos Álvarez Quintero. La emoción de Margarita por su nuevo personaje no tuvo límites, como lo demuestra la siguiente carta:
7 de septiembre de 1916
Sr. Benito Pérez Galdós
Mi ilustre amigo:
Recibo su carta con la más grata satisfacción. Estoy contentísima de poder estrenar su "Marianela"; crea usted que me proporciona una de las alegrías más grandes de mi vida.
El sábado, los hermanos Quintero leerán a la compañía la obra y empezaremos los ensayos. El 1 de octubre llegaremos a Madrid donde espero tener el gusto de saludarle. Por los Quintero supongo tendrá usted noticias del reparto y de los detalles referentes al decorado.
Le saluda muy afectuosamente su amiga y entusiasta admiradora,
Margarita Xirgu
El sábado, 15 d'octubre de 1916, tuvo lugar el encuentro de don Benito con los personajes escénicos de su "Marianela". A don Benito le habían colocado una butaca en el escenario, al lado de la batería, para que siguiera la representación de cerca, ya que en aquella época su ceguera era total. Los Quintero dispusieron que el ensayo se efectuase sin interrupción, para que en ningún momento decayera la emotividad de la acción. Feu tal el impacto que causó en él, que al preguntarle un periodista si volvería al día siguiente a los ensayos contestó: "No. He recibido una impresión muy fuerte, una de las más duraderas de mi vida. ¡Hacía tanto tiempo que no veia a esos hijos! Necesito descansar, tranquilizarme, antes de volver..." Tan pronto como empezaron a hablar los personajes se arrasaron en lágrimas los ojos de don Benito; habló Marianela en aquella portentosa encarnación que tenía en la Xirgu y Galdós rompió en sollozos.
En las escenas culminantes, o por ventura en aquellos momentos que despertaban un recuerdo remoto de los lejanos años que ebocaba su corazón en "Marianela" suspiraba profundamente, temblaba. Cuando finalizó el primer acto y, calmada parcialmente su tumultuosa emoción, don Benito pudo hablar, preguntó con interés a los hermanos Quintero: "¿Y les queda materia a ustedes para dos actos? Yo no me acuerdo bien..." Al terminar el ensayo, Pérez Galdós abrazó a la Xirgu. El autor, conmovido, le dedicó encendidos elogios, llevando su admiración hasta el punto de manifestarle que había hecho una Marianela mejor que la que él había inventado.
Marianela es una de las muchas obras que muestran la grandeza del espíritu del género humano. Marianela, joven huérfana y de pobres atributos físicos, sirve de Lazarillo de Pablo, joven ciego y de cómoda posición social, de quien se enamora. Pablo, que únicamente conocía el mundo a través de las descripciones que de él le hacía Nela, y de las abundantes lecturas que le hacía su padre y que Pablo recibía con avidez, jura a Nela que sus sentimientos hacia ella eran los mismos. Bajo la promesa de una vida juntos, Nela se libra a la construcción de las más cándidas fantasías de vivir a su lado. Golfín, médico de mundo que llega a las minas para visitar a su hermano, se presenta a la vista del padre de Pablo como la encarnación de la providencia. Golfín es la única esperanza de recuperar la vista que posee Pablo. Después de diversas vicisitudes, Golfín otorga a Pablo el don de la vista y con ello la esperanza de conocer un mundo lleno de maravillas Recuperada la capacidad de visión, Pablo cree haber encontrado en la belleza de su prima a la mujer a quien prometíó amor eterno. Nela, incapaz de reponerse al sobresalto que le produjo el inevitable desencanto de su joven amigo se libra a la muerte al saberse desposeída del amor de quien era para ella la única razón para sentirse viva.
El estreno de "Marianela" tuvo lugar el 18 d'octubre de 1916, en el Teatro de la Princesa de Madrid. Galdós permaneció en el diván del saloncito del teatro, resistiendo la emoción de aceracrse al escenarioi. Fue el actor Paco Fuentes quien consiguió conducirlo hasta el proscenio, en el instante que terminaba el primer acto y se levantaba el telón, bajo una cálida ovación. La Xirgu y els Quintero tendieron sus brazos para ofrecerse de lazarillos. Pero tanto la actriz como los adaptadores dejaron solo a Galdós en medio de la escena, para expresar con este mutis que aquellos clamorosos aplausos eran únicamente para el dramaturgo. La Xirgu descalza le tiró los brazos al cuello y la voz que antes humedecía sus lágrimas le susurraba con gozo: "¡Qué alegría más grande, don Benito, qué alegría más grande!".

 

Margarida Xirgu interpretando Marianela.

Foto Museo Nacional del Teatro de Almagro


Galdós con la Xirgu, los Quintero , el actor Paco Fuentes y demás actores de "Marianela".

Foto Museo Nacional del Teatro de Almagro

Margarida Xirgu y Paco Fuentes interpretando “Marianela” de Benito Pérez Galdós

Foto Museo Nacional del Teatro de Almagro



El 31 de marzo de 1917 la compañía de Margarita Xirgu reaparecía en el barcelonés Teatre Novetats. Galdós se instaló en Barcelona, donde pasaría cerca de un mes, para asistir al estreno de "Marianela". En la estación le esperaban Margarita y un grupo de amigos vinculados al teatro. La Xirgu explicó: "El dramaturgo pidió que no acudieran a recibirlo, temiendo sin duda las manifestaciones de homenaje que se le tributaban. Sus íntimos pensaron que aquella advertencia no iba con ellos y no dudamos de ir a la estación. El tren, como era habitual, llegó con retraso, pero cual sería nuestra sorpresa al ver que don Benito bajaba del vagón acompañado de una señora, ya de cierta edad, pero aún hermosa, y no nos hacía ningún caso. Se le veía feliz al lado de su compañera de viaje como si no necesitara nada más. Nos daba de lado, no atendía a lo que le decíamos, mostrándonos bien a las claras que allí estábamos molestando. Y nosotros optamos por seguirle a distancia, haciéndonos los distraídos. Cuando llegó al hotel Continental, la única cosa que le preocupaba fue que le cambiaran la habitación de una persona que le habíamos reservado por una de matrimonio". A nadie fue presentada aquella señora, ni nunca más volvimos a verla. Galdós, como Lope de Vega, fue fecundo en obras y en amores. Junto al escritor se concregaron viejos amigos, literatos, pintores, periodistas,... En el camerino de la Xirgu, una tarde, departieron animadamente de los más diversos temas Galdós i Guimerà. A las ocho de la tarde cenaba Galdós y después se trasladaba al saloncito del Teatre Novetats, donde proseguía la tertulia durante la velada. La reunión tomaba un aire alegre, de irresponsable entusiasmo, en la que llevaban la batuta Santiago Rusiñol, Alejandro Soler Rovirosa, Verdaguer... A don Benito le hacían mucha gracia las ocurrencias de Rusiñol y se divertía con las parodias de Soler y de Verdaguer. Cantaban al unísono canciones catalanas, en las que tomaba parte el propio Galdós.
En aquellos días Pérez Galdós dictaba a su secretario un poema dramático, "Santa Juana de Castilla", dedicado a Margarita. Acabada la temporada en Barcelona, la Xirgu acompañada de Galdós inició una gira por Andalucía con una sola obra en cartel: "Marianela". Margarita explicó: "Fue un viaje triunfal. Las gentes de los pueblos acudían en masa a las estaciones para recibir a don Benito. Pero aquello no tenía nada que ver con las manifestaciones que suelen hacerse a los ilustres huéspedes, con charangas, discursos y griteríos. Era otra cosa. Se advertía en aquellas multitudes una mezcla de respeto y ternura. Era conmovedor... Sobretodo lo que ocurrió en Utrera, el pueblo de los Quintero. A la hora que llegamos llovía torrencialmente, lo que no impidió que en la estación hubiera esperando un gentío enorme. Como viajábamos en un tren especial se pensó en seguir hasta el siguiente pueblo marcado en nuestro itinerario, con el fin de evitar a don Benito las molestias de bajar con aquel chaparrón. Pero al percatarse de ello las gentes que estaban esperando levantaron un verdadero clamor, oponiéndose a que el tren siguiera adelante. Sin que se supiera de donde la habían sacado, apareció de golpe en el andén una silla de manos cubierta con un capote a manera de dosel. y en aquella especie de solio sentaron a don Benito, al abrigo de la lluvia llevándolo en volandas hasta el hotel, como una imagen sagrada, en una manifestación impresionante".

 


Margarita y don Benito

foto Colección Biblioteca Española de Música y Teatro Contemporáneos de la Fundación Juan March



En el mismo año de 1916, se realizó la preparación y la puesta en escena de "Santa Juana de Castilla". La colaboración fue estrecha y entusiasta por parte de Galdós y de la Xirgu. Los dos estaban obstinados en que la escenografía y los figurines - realizados por el hermano de la actriz, Miquel Xirgu - reunieran fidelidad histórica y se inspiraran en gravados de la época para conseguir una auténtica ambientación. Margarita le recordaba per carta al autor: "El marqués de Premio Real me dijo que usted le había dicho que tenía algunos grabados y datos para los trajes; si puede, envíemelos también cuanto antes. Yo encantada, y más si es a gusto de usted. Amalio Fernández indicó al marqués que convendría que hablara con usted y que diera precio por las dos decoraciones y fecha en que puede terminarlas. Como es escenógrafo de gran reputación, y yo no tengo idea de lo que puede cobrar, me permito hacerle esta indicación". Más adelante volvía a escribir:
"Mi querido amigo:
Aquí recibí su estimada carta del 16 de los corrientes, la que me ha proporcionado una gran alegría, pues veo que se acuerda de mí y que me prepara muchas obras; crea usted que yo me acuerdo mucho del chiquitín de la casa... En todas partes, aunque esté muy hecha, doy "Marianela" con éxito inmenso".
La noche del 8 de mayo de 1918 se estrenó en el madrileño Teatro de la Princesa, "Santa Juana de Castilla". Del retiro forzoso de doña Juana en Tordesillas, la reina apodada La Loca, Galdós trazó un magistral cuadro de la vida castellana. Gentiles hombres y villanos claman contra los atropellos de los flamencos. Los leales vasallos tratan de que la cautiva recobre los fueros de sus gobiernos, contando con la intervención de las Comunidades, en franca rebeldía contra la dinastía imperial. Doña Juana, en un supremo esfuerzo de sus débiles fuerzas, hace una escapada por el altiplano castellano para escuchar la voz de su pueblo, de su pobre y hambrienta España, en contraste con la grandeza imperial.
Don Benito, por aquella época, salía ya muy pocas veces a la calle, pero no dejó de ir al teatro ni un solo día mientras estaban representando la obra. Aparecía, invariablemenmte, a la media hora acompañado de Paco, el criado que le hacía de lazarillo La Xirgu dijo refiriéndose a esto: "Durante la representación, don Benito premanecía sentado entre cajas, y al final de los actos, cuando el público reclamaba su presencia, iba yo en su búsqueda y le encontraba ya de pie preparado para salir a escena y, al tomarlo de la mano, decía invariablemente: "Vamos allá..." Las palabras no eran nada, pero yo no sé que extraño significado tenían..., con su silencio".

 

Margarita Xirgu protagonitzant “Santa Juana de Castilla” de Benito Pérez Galdós, el 1918

Figurín de Santa Juana escena primera, hecho por Miquel Xirgu.

Arxivo familiar germans Xirgu

Figurín del caminante, de la obra "Santa Juana de Castilla" hecho per Miquel Xirgu.

Archivo Familiar Xavier Rius Xirgu



Figurín de Pascual, de la obra "Santa Juana de Castilla" hecho por Miquel Xirgu.

Archivo Familiar Xavier Rius Xirgu


En 1919 se le dedicó una escultura reconociendo su éxito en vida. A pesar de su ceguera, pidió ser levantado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Carregado de laureles, el gran novelista español del seglo XIX murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid, el 4 de enero de 1920. Cuando Margarita Xirgu llegó a la casa del dramaturgo, el cuerpo inerte del gran escritor y amigo estaba envuelto en una bandera española. La impresión transtornó la frágil salud de Margarita, que tuvo que guardar cama, lo que le impidió unirse, con gran sentimento de la actriz, a la manifestación de duelo que el pueblo de Madrid tributó al gran novelista; unos 20.000 madrileños acompañaran su féretro hacia el cementerio de la Almudena. Al acercarse la carroza fúnebre a la esquina de la calle de Alcalá, después de cruzar la Puerta del Sol, se abrió un balcón del Hotel París, el único que hasta aquel momento había permanecido cerrado y apareció en él una mujer envuelta en pieles, el rostro pálido, de una palidez que se acentuaba aun más bajo la cabellera ennegrecida. Una sacudida recorrió las filas del cortejo y un nombre corrió de boca en boca: "La Xirgu...! La Xirgu...! La Xirgu...! I todas las miradas se volvieron hacia ella que, después de lanzar un ramo de flores sobre el féretro, se dobló en un lloro convulsivo y era retirada hacia el interior, casi a la fuerza, por las personas que la rodeaban.

En 1922 Margarita Xirgu representaba "La loca de la casa", en 1930 estrenaba "Fortunata y Jacinta" en el Teatro Español de Madrid, y en 1932 estrenaba en el Español "El abuelo". Su amigo Galdós no pudo asistir.

 


Decorados de "Fortunata y Jacinta" Acto III quadros 1º i 2º.

Archivo Familiar Jordi Rius Xirgu


 

Algunos textos han estado extraídos de la biografia:"Margarita Xirgu y su teatro" y "Margarita Xirgu.Una biografía"de Antonina Rodrigo y de Viquipèdia


XAVIER RIUS XIRGU

 

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