55. ALEJANDRO CASONA

 

Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona, nació en Besullo-Cangas del Narcea, Asturias, el 23 de marzo de 1903, fue dramaturgo y poeta perteneciente a la Generación del 27. Besullo, fundamentalmente, era una aldea de labradores y pastores. Su abuelo era herrero. Era de una familia pobre que poseía una vieja casa solariega que, por ser la más grande de la aldea, era llamada por todos "la casona". Sus habitantes fueron siempre los Casona.

Fue hijo de padre y madre maestros, que llevaban una vida muy modesta, muy modesta. Lo difícil es que en las circunstancias en que vivían, no podían tener una escuela en el mismo sitio juntos. Tenían que vivir obligadamente separados y entonces los chicos tenían que estar unas veces con papá y otras veces con mamá, como si fuera un matrimonio divorciado. Pasó sus primeros cinco años de vida en el pueblo asturiano de Besullo donde nació, después en Luarca, Miranda, Villaviciosa y Gijón. En el Instituto Jovellanos de esta última ciudad, comienza sus estudios de Bachillerato y allí termina los dos primeros años.

Fue cuando vió teatro por primera vez. Y eso le intranquilizó de un modo terrible, hasta el extremo de que no pudo dormir. Había descubierto algo sensacional, un mundo maravilloso, no en el sentido de que pudiera pensar que nunca pertenecería a ese mundo, sino que aquello le parecía mejor que ningún libro de cuentos, mejor que ninguna novela, mejor que nada de lo que había visto en su vida, hasta aquel momento.

Vivió en Levante cinco años, la mocedad de los quince hasta los veinte. Allí estaba el viejo Teatro Romea. Y en ese viejo teatro, se instaló por entonces, hacia el año 1917, el Conservatorio de Música y Declamación. Un amigo suyo actor, Antonio Martínez Ferrero, le dijo: <<¿Por qué no vienes por el Conservatorio? Estudia Teatro, que te va a gustar>>. El teatro empezó a tentarle como actor. Entonces no pensó en escribir para el teatro, aunque escribía algunas cosas; pero cosas muy pequeñas. La afición a representar sí fue muy fuerte, muy grande, hasta el punto que con Martínez Ferrero, decidió escaparse un día para dedicarse los dos al teatro, a ser cómicos. Ya sabían que no les iban a autorizar en casa, y no hubo más remedio que saltar por la ventana. Se escaparon juntos, una noche, hacía San Pedro del Pinatar, donde había una compañía. ¡Horrenda compañía! Necesitaban dos muchachos para hacer dos papeles, y les contrataron. Luego les dejaron por allí, abandonados, pasando hambre, un hambre feroz. Tuvieron que volver andando a casa; pero esa afición a representar, la afición de actor le quedó siempre. Alejandro le parecía que era muy mal actor. Dirigía bien, daba bien la réplica a los actores cuando les estaba enseñando a hacer una comedia, pero de eso a interpretarla él…

Alejandro Casona


Foto Web Alejandro Casona. Docuteca


Sus padres fueron destinados de maestros a Palencia y a Murcia, donde termina el Bachillerato en 1920 y, finalmente, a León, al pueblo de su madre. En 1920 Alejandro R. Álvarez, publica su primer romance histórico "La empresa del Ave María", premiado en unos juegos florales de Zamora y aparecido en Murcia en la revista "Polytechnicum". En Murcia, en los últimos cursos del Instituto, durante el preparatorio en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Conservatorio de Música y Declamación, empieza a perfilarse un nuevo y para él definitivo ambiente. Sus nacientes aficiones literarias encuentran allí maestros que le aconsejan y orientan -Andrés Sobejano, Dionisio Sierra, Jara Carrillo...- y amigos que le contagian su entusiasmo loco por el teatro: Antonio Martínez, Pellicer, Prior, Julio Reyes, Pepe Martínez Gilabert... Casona decía: <<Todos ellos -los maestros- y vosotros -los amigos-, cada uno un poco, habéis tenido la culpa de que yo tomara este camino del teatro>>.

Estudió Filosofía y Letras en las universidades de Oviedo y Murcia. En 1922 entra en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y se gradúa en la misma. Alejandro se hará maestro como todos sus hermanos y llevará ya para siempre metida en la sangre esa vena pedagógica. En 1926 publica el libro de poemas "El peregrino de la barba florida", siendo su trabajo de fin de estudios este mismo año "El diablo en la literatura y en el arte". En Madrid se hace Inspector después de cuatro años de estudios, en los que no abandona su creación literaria. Aparte de algunos ensayos incipientes, da cima probablemente antes de concluir sus estudios en la capital, a "Otra vez el Diablo", obra que queda finalista en el concurso para escritores jóvenes convocado por el ABC en 1928. Sigue un año de prácticas en Madrid durante 1927 y en 1928 es destinado al Valle de Arán, a Les, por el Ministerio de Instrucción Pública, como Inspector de Enseñanza Primaria. Allí fundó, con los chicos de la escuela, el teatro infantil "El Pájaro Pinto", realizado a base de repertorio primitivo y comedia del arte Este lugar, para una persona madura y hecha, era muy difícil; pero cuando se tienen veinticuatro años no hay dificultades de ningún género. ¿Qué más quería él?. Salía en esquí por la ventana. Aquella vida, obligadamente en silencio constante, le hizo rodearse de libros, permanecer sentado junto a la chimenea con fuego. La casa era confortable y en ella tuvo algo tan importante para el estudio, como lo es la intimidad.




Dibujo Web Alejandro Casona. Docuteca

 

Algo constante en su carácter va a ser su inagotable altruismo, fuente de energía para dedicar su atención y su poder moral, oficial y económico, a trabajar por acciones de solidaridad humana y social.

Se enamoró muy joven y quiso casarse. El sueldo que tenía entonces era muy chico, insuficiente. Estaba establecida entonces, una remuneración especial para los maestros españoles que desempeñasen su magisterio en sitios lejanos, como Canarias, o difíciles de vivir, como el Valle de Arán. En octubre de 1928 contrae matrimonio en San Sebastián con Rosalía Martín Bravo, condiscípula suya de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid.

En el Valle de Arán permanece Alejandro tres años, en los que escribe entre otras cosas, "La sirena varada" y "El crimen de Lord Arturo", primera ésta de sus obras representada en público, en Zaragoza en 1929, como una adaptación de Oscar Wilde. Traduce también piezas breves de August Strindberg. En 1930 nace su hija Marta y desde la publicación de su libro de poemas "La flauta del sapo" en este año, utiliza en su vida artística y de relación, el seudónimo Casona.

Después de unos meses de estancia en su Asturias natal y en León, Alejandro Casona obtiene en 1931, por oposición, una plaza en la Inspección Provincial de Madrid, donde fija su residencia hasta el comienzo de la Guerra Civil. Ese mismo año se proclama la II República y se funda el 29 de mayo el Patronato de Misiones Pedagógicas. En 1932 Casona ganó el Premio Nacional de Literatura por su libro de prosas infantiles "Flor de leyendas". Ya había cultivado la lírica dentro del Posmodernismo con "El peregrino de la barba florida" en 1926 y "La flauta del sapo" en 1930.

A Casona se le encarga de dirigir el Teatro del Pueblo en 1933. Era un teatro ambulante, marco excelente para la realización de sus ideales, tanto artísticos como pedagógicos, humanos y españoles. El teatro del Pueblo -teatro y coro- lo formaban unos cincuenta muchachos y muchachas, estudiantes de las distintas universidades, facultades y escuelas. No cobraban nada, y además, se llevaban la comida de casa. Hubo mucha gente que creía que iban a divertirse. Las "Misiones Pedagógicas" fueron una fundación del maestro Manuel Bartolomé Cossío, cuyo libro sobre El Greco era bien conocido. Casona dijo de él: <<Era un hombre muy viejo, de setenta y muchos años, cuando yo le traté. Estaba tendido sobre una tabla, con el cuerpo escayolado. Debía de padecer alguna enfermedad de columna vertebral. Estaba como en un potro de tortura; pero que él llevaba con una sonrisa maravillosa, como si no existiera en su cuerpo ni el dolor. Vivió siete u ocho años más. Una de sus creaciones fue el teatro popular. Había millares de aldeas en España que no conocían el teatro, porque no lo habían visto nunca. Don Manuel me decía: "¿Tú no dices que te sacudió el teatro la primera vez que lo viste?" "¿No me contaste que aquella anoche en que viste la primera representación teatral no pudiste dormir?" "A los campesinos debe producirles algo igual. Hay que hacerlo." Y lo hicimos... "La Barraca" iba a poblaciones castellanas que tenían un teatro un poco decente, un poco sin cultivar, o de malos repertorios. Allí daban Lope bien presentado, modernamente hecho. Nosotros íbamos a llevar el teatro a los campesinos analfabetos que no sabían lo que el teatro era y que, por tanto, lo veían por primera vez. Por esa razón nuestro repertorio tenía que ser forzosamente más simple, piezas cortas con música y pequeñas danzas. Lo difícil era crear este repertorio, que no existía. Así pusimos en escena los "Juicios de Sancho Panza en la ínsula Barataria", y otras cosas que estábamos seguros que iban a merecer una atención del pueblo, del pueblo auténtico, del pueblo aldeano, del pueblo sin libros, del pueblo virgen al que le llegaba por primera vez el teatro... Durante los cinco años en que tuve la fortuna de dirigir aquella muchachada estudiantil, más de trescientos pueblos en aspa desde Sanabria a La Mancha y desde Aragón a Extremadura con su centro en la paramera castellana, nos vieron llegar a sus ejidos, sus plazas o sus porches, levantar nuestros bártulos al aire libre y representar el sazonado repertorio ante el feliz asombro de la aldea.>>. El Teatro del Pueblo creaba a su paso bibliotecas en las escuelas o lugares a propósito, se distribuían fonógrafos y colecciones de discos de música clásica y popular. En sesenta pueblos se exhibió un museo ambulante, formado por reproducciones de obras maestras de la pintura de todas las épocas, procedentes en su mayoría del Museo del Prado. El Teatro fue dirigido por Alejandro Casona y el Coro por Eduardo Martínez Torner. Los encargados llevaban un tabladillo de fácil montaje, de cuatro por seis metros, que rápidamente era ensamblado por los propios actores.

Cuando terminó "La sirena varada" Alejandro Casona vino del Valle de Arán a Madrid varias veces, a ver a un empresario y a otro. Era inútil. Ninguno había oído su nombre, ninguno le conocía. Nadie quería ni leer la obra. "No sirve para nada" le decían. Aquel panorama le hizo renunciar un poco a la idea de estrenarla. Entonces se le ocurrió enviar la comedia a un catalán que tenía el Teatro Intimo de Barcelona llamado Adrià Gual, un hombre muy inteligente, muy preocupado de la temperatura del teatro en Europa y en España. Este hombre le escribió inmediatamente y su carta le deslumbró. Le decía en ella que había que estrenar la comedia fuera como fuera. Cual sería su sorpresa cuando, poco tiempo después recibió una carta de Margarita Xirgu, que conservó siempre como un tesoro. ¡Ya era bonito recibir una carta de aquella actriz ilustre, nada menos que en el Valle de Arán! Le decía que había leído la obra y que ella se comprometía a estrenar esa comedia. No sabía cuándo. Le anticipaba, no obstante, que cuando hubiera una coyuntura favorable, y que posiblemente sería en el Teatro Español de Madrid.

En 1933 "la sirena varada" quedó finalista del Premio Lope de Vega, la otra comedia finalista era de Camón Aznar. Se titulaba "Alejandro Magno" y era un drama histórico. "La sirena varada" era una comedia moderna. La comedia de Camón Aznar era grandilocuente; una comedia de época. Camón Aznar, profesor universitario importante, culto, hacía pensar de antemano que el premio iba a ser para él. "Alejandro Magno" no era lo que había que hacer en el teatro. Pero el "espía" de Alejandro Casona le dijo que el premio se había concedido a Camón Aznar. Era angustioso estar nadando y nadando para acabar ahogándose en la orilla. Alejandro Casona lloró y dijo: <<¡Créanme que me sacudió mucho aquello! Claro que me conformé, diciendo: "¡Qué se le va a hacer!" Estaba cayendo la tarde ya y tomé un tranvía para ir a mi trabajo. De pronto veo al vendedor de periódicos con un ejemplar de "La Voz". Un señor delante de mí, lo compra". Alargo el cuello y veo cómo pasa una página, cómo pasa otra, y al doblar así, veo en letras muy grandes: "Premio Lope de Vega: 'La sirena varada' de Alejandro Casona". Agarré el periódico, diciendo al señor: "Perdóneme un momento." Ni que decir tiene que el señor creyó que yo estaba loco. No sé cómo me vino la información anterior, ignoro el error que pudo haber, porque en ningún momento se dio el premio a Camón Aznar. El premio me lo habían dado a mí, allí estaba. La comedia tuvo mucha repercusión fuera de España, porque no habían transcurrido dos meses cuando ya se había estrenado en París y en Roma. De modo que después de tanta angustia, de tanta espera, el teatro se abrió para mí de la noche a la mañana, en un minuto y de par en par. En el término de dos meses el resultado era el siguiente: estreno en el teatro Español de Madrid, París, Roma… ¡Qué más podía esperar!>>. En 1933 Alejandro Casona recibió del Ayuntamiento de Madrid el premio Lope de Vega por su comedia "La sirena varada". El Premio Lope de Vega significaba entonces, una pequeña fortuna, pues su cuantía en metálico era de 10.000 pesetas.

El 1934 es, seguramente, un año clave en la vida de Alejandro Casona. "La sirena varada", comedia dramática en tres actos, es estrenada triunfalmente en el Teatro Español el 17 de marzo por la compañía Xirgu-Borrás. Todos los periódicos saludan la aparición de un destacado valor, que viene a inocular savia nueva al decaído teatro español. Transcurre la obra en un ambiente de esnobismo y buen humor. Ricardo, el snob, viajero y soñador, cansado de enfrentarse con la realidad, quiere fundar una república de seres extravagantes, pues encuentra "que la vida es aburrida y estúpida por falta de imaginación. Demasiada razón, demasiada disciplina en todo". Y ha pensado que, en cualquier rincón, hay media docena de hombres interesantes, con fantasía y sin sentido, que se están pudriendo entre los demás. "Pues bien, yo voy a reunirlos en mi casa, libres y disparatados. A inventar una vida nueva, a soñar imposibles. Y todos conmigo, en esta casa: un asilo de huérfanos del sentido común". Así piensa Ricardo. Se aisla en una casa de campo, en compañía de un criado muy familiarizado con sus caprichos; con un fantasma que por las noches desempeña su cometido; un pintor que lleva los ojos vendados para olvidar los colores e inventar otros, y un viejo payaso, el padre de Sirena. Sirena es un personaje no previsto en la farsa del señorito. Una noche aparece por una ventana y asegura que llega de la profundidad del mar y viene en busca de su amor: Ricardo. El excéntrico, que no la conoce, queda fascinado por su belleza y por la fantasía de su locura marina. El ágil, poético, intenso diálogo; la novedad del andamiaje artístico, su misterio, la intriga, el encanto de sus personajes, consagraron a Casona como un innovador de la escena española. El decorado de Burmann, muy a tono con la intriga de la obra, contribuyó al doble éxito: el de los personajes y el del autor. El reparto de la obra fue: Sirena (Margarida Xirgu), Samy (Enric Borràs), Ricardo (Pedro López Lagar), Don Florín (Alberto Contreras), El fantasma Don Joaquín (Fernando Aguirre), Daniel (Enrique Guitart), Pipo (Enrique Álvarez Diosdado) y Pedrote (Fernando Porredón). Margarida Xirgu fue la sirena soñada por su autor, el maestro dramaturgo, a la que éste dedicó su obra: <<A Margarita Xirgu, sirena de mar y tierra>>.

 

Margarida Xirgu, Pedro López Lagar y Enric Borràs interpretando "La sirena varada"

Decorados de "la sirena varada" realizados por Sigfrido Burmann.

Fotos Institut del Teatre de Barcelona

Margarida Xirgu y Pedro López Lagar interpretando"La sirena varada"


De izquierda a derecha: Ángel Lázaro, Enric Borràs, Jacinto Benavente, Margarida Xirgu, Cipriano Rivas Cherif, Manuel Machado, Manuel Abril y Alejandro Casona en la noche del estreno de "La sirena varada".

encontrada por Marçal Font i Espí

Foto biografía F. Foguet

 

En 1935 Álejandro Casona estrena "Nuestra Natacha" en Barcelona y fue un éxito sensacional, no de pureza literaria y poética como "La sirena varada", sino un escándalo público, de grandes ovaciones, de aplausos, de interés, porque venía a renovar una estudiantina, que venía a ser en su momento la estudiantina que había sido en el suyo "La casa de la Troya". Claro que las cosas habían cambiado. Aquello era una residencia de estudiantes, no una pensión. La comedia estaba hecha de otra manera, pero tenía ese mismo tipo de cosa, de vida estudiantil, muy auténtica y tocando una llaga de la pedagogía española, que era evidente que estaba al alcance de todo el mundo y nadie lo había tocado. Con el compromiso de ayuda a Natacha durante todo un año, Mario, Fina, Somolinos, Rivera, Encarna, Aguilar, Flora, Francisco y Lalo construirán el sueño planteado por Natacha, aislados en una finca abandonada, que Lalo enamorado de ésta presta al grupo. A lo largo de la obra, hay alusiones a revueltas estudiantiles ante la Facultad de Medicina de San Carlos; manifestaciones de rechazo a los uniformes y a la jerarquía de clases; una chica desamparada que es violada por un señorito borracho irresponsable y decadente; desdichados reclusos en un reformatorio extremadamente sórdido; un adolescente que utiliza la violencia física como arma desesperada ante las injusticias y penas que le ha deparado su triste infancia; un sinfín de sentencias en contra de cualquier clase de represión y a favor de una idea apologista de la libertad ontológica y social, a veces a modo de discurso político: "Los hombres libres no toman nada ni por la fuerza ni por limosna. Que aprendan a conseguirlo todo por el trabajo". Su difusión, en tan sólo dos años, superó las quinientas representaciones. Fue su triunfo más popular, el que hizo más ruido.

El 2 de febrero de 1935 los amigos entrañables de Margarita Xirgu emplazaron a una representación de "Yerma" a los amigos y simpatizantes de la actriz, en lugar de un banquete y de un homenaje en su honor, para no envenenar más el enrarecido ambiente reinado desde el estreno de "el irreverente" drama. Alejandro Casona firmaba entre los convocantes del acto, en el que Manuel Azaña le impuso a la Xirgu la insignia del Orden de la República. Los convocantes entre otros fueron: Pura Ucelay, la Argentinita, Ramón María del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Victorio Macho, Adolfo Salazar, Díez-Canedo,...

El 25 de abril de 1935 la compañía Xirgu-Borràs estrenaba "Otra vez el Diablo" de Alejandro Casona en el Teatro Español de Madrid. El autor subtituló su obra: Cuento de miedo en tres jornadas y un amanecer. Son sus personajes la Infantina, la Dueña, el Rey, el Bufón, el Estudiante, el Diablo, un Pedagogo, unos Bandoleros,... El Diablo es, por ingeniosa paradoja, la Filosofía; el Estudiante, la Humanidad; la Infantina, el Amor; el Rey, la Necesidad irrisoria; el Pedagogo, la Pedantería... El Diablo se erige en protector del Estudiante y decide allanarle el camino de la aventura y del triunfo. Como el Estudiante está enamorado de la Infantina, por la que es correspondido, le procura la ocasión de seducirla, pero el muchacho logra vencer la tentación, atándose las manos, y triunfa de la bestia que todo ser lleva dentro de sí. El estudiante puede solicitar el reino que el monarca ofreció a quien matara al Diablo: "Yo lo ahogué Lo ahogué aquí dentro". Su noble actitud le depara amor y fortuna. Alejandro Casona decía que a diferencia de otras literaturas, en la nuestra se había tratado mal al diablo como personaje, remarcando que éste disponía de cuatro evangelistas: Dante, con "Vida nueva", Milton con "El paraíso perdido", Lord Byron con "Caín" y Goethe con "Fausto". Margarida Xirgu interpretó al galán, del que Casona dijo: <<¿Quién lo habría hecho mejor que ella? Se trata de un tipo iluminado por las luces nuevas de ternura, de poesía y de humor, un galán de poema. Insisto: ¿Quién habría superado la delicadísima labor de Margarita?>>. El cuento de miedo fue montado lujosamente, con decorados de Burmann y figurines de Victorina Durán.

 


Figurines de "Otra vez el Diablo" de Victorina Durán. Arxivo Jordi Rius Xirgu



En 1935 Casona estrena también "El misterio de María Celeste", escrita en colaboración con A. Hernández Catá, en Valencia y de nuevo en Madrid "El mancebo que casó con mujer brava". En 1936 se estrena "Nuestra Natacha" en Madrid. Su teatro rompió los moldes estilísticos establecidos en el teatro predominante naturalista de la época, e introdujo materiales nuevos para conformar sus personajes, tales como la investigación psicológica y la fantasía. La gran preocupación de Alejandro Casona fue dotar en todo momento de una gran dimensión poética a su teatro.



Fotp epdlp

 

Alejandro Casona se convierte, pues, en uno de los autores más alabados de la España republicana. Triunfa también gracias al apoyo de la actriz Margarida Xirgu, en esos momentos la de más renombre en el país, quien logrará su consagración con el estreno de sus primeras obras en Madrid. Aunque, como ya sabemos, España entra en guerra, y con este acontecimiento llega el exilio de muchos autores, incluyendo a Casona. Fue algo evidente, pues él, como tantos otros, era un artista abanderado de la República. Ya en 1936, ayudado por amigos y compañeros, el improvisado itinerario de huida lo lleva desde León a Gijón y desde allí a Santander, San Sebastián e Irún, ciudad a través de la cual entra a Francia, donde contacta con la compañía de comedias de Josefina Díaz de Artigas y Manuel Collado, una de las más célebres de la España de preguerra. Con esta compañía, en la que trabaja como director artístico, inicia una gira por América que durará desde 1937 hasta 1939. Recorren Méjico, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Perú, Chile y Argentina. Simultáneamente, se dedica a dar numerosas conferencias en multitud de congresos e instituciones, celebradas alrededor de todo el continente americano; es galardonado incesantemente por distintas entidades; pronuncia lecturas y realiza toda clase de actividades dramáticas. En México estrena en 1937 "Prohibido suicidarse en primavera" y en Caracas "Romance en tres noches" en 1938.

En un artículo que relata las aventuras y desventuras de Margarida Xirgu en los últimos meses de la España republicana, podemos leer: << El exilio alejó definitivamente a Margarita Xirgu de su patria. En los primeros tiempos de la dictadura franquista su nombre y su labor artística, como en los casos de Casona o García Lorca, fueron silenciados o reprendidos públicamente por un sector de la crítica. Casona era un perfecto candidato al exilio. Había sido Director de la Sección Teatral en las Misiones Pedagógicas de la República, entre otras tantas cosas, que lo ligaban directamente con esta forma de gobierno. Sin embargo, este autor va a ser motivo de un proceso de mitificación por parte de un sector del público joven, de ideas republicanas, que crece durante la dictadura franquista, y que necesita identificar, por encima de todo, a un escritor con el tesoro de la moral izquierdista. Los deseos de esta juventud rebelde señalan a Casona como el ejemplo de escritor comprometido socialmente, y así, éstos lo imaginan como el autor que alimenta su nostalgia republicana. ¿Cuál es la causa de este mito? Sin duda, se debe al estreno y al éxito obtenido por "Nuestra Natacha" en el periodo de la anteguerra>>

En julio de 1939 establece su residencia, contratado por una empresa, en Buenos Aires, centro cultural de la América del Sur, donde continúa divulgando su extremada pasión por la literatura y el teatro en diversos artículos y estudios, donde colabora a menudo con revistas y periódicos europeos y americanos, donde se atreve a producir películas, donde adapta muchos guiones -propios y ajenos- para la industria cinematográfica y teatral hispanoamericana, donde mantiene una vehemente actividad de radio-teatro, donde es director de obras de: Tirso, Lope, Cervantes, Shakespeare, Galdós, Ibsen, Bocaccio, Calderón, Wilde, etc... Además de llevar a cabo todas estas tareas, Alejandro Casona tiene tiempo para viajar, con cierta frecuencia, por los países americanos vecinos, incluyendo grandes escapadas a la vieja Europa, donde es recibido con expectación por el estreno de sus comedias. Toda América miraba mucho a lo que se llamaba el meridiano de Madrid. El último estreno de Madrid era comentado en Buenos Aires, de modo que cuando llegó Casona, le conocía todo el mundo, era un autor popular. Todas sus comedias estaban representadas. Era como si hubiera vivido allí, como si hubiera estrenado siempre en Buenos Aires. "Nuestra Natacha" se estrenó en Madrid, y a los ocho días se estrenaba en Buenos Aires.

Pero lo más importante para su carrera como dramaturgo es que va a ser aquí, en América, tras años de incansable trabajo, donde comienza a publicar el grueso de sus mejores obras y, por supuesto, a estrenarse con un éxito arrollador: "Sinfonía inacabada" en Montevideo y "Pinocho y la infantina Blancaflor" en Buenos Aires en 1940 y "Las tres perfectas casadas" en Buenos Aires en 1941.

El 3 de noviembre de 1944 se estrenó "La dama del alba" en Buenos Aires en el Teatro Avenida por la compañía de Margarida Xirgu, que se calificó como la obra más completa, excelsa y paradigmática de Alejandro Casona. La Xirgu encarnó la figura simbólica de la dama del alba con un sentido perfecto de su labor, manteniendo al extraño personaje de la Peregrina con singular relieve. A su lado figuraron los compañeros habituales de Margarida, formando una comunidad artística incomparable en aquella época por tierras de habla castellana. La escenografía estuvo a cargo de Santiago Ontañón.


Margarida Xirgu, Isabel Pradas, Amelia de la Torre, Teresa León, Susana Canales, Francisco López Silva, Alberto Closas, Gustavo Bertot, el escenógrafo Manuel Fontanals y otros actores saludan al público junto a Alejandro Casona, en el estreno de "La dama del alba".

Foto biografía A. Rodrigo.

 

 

Alejandro Casona estrena en Buenos Aires: en 1945 "La barca sin pescador" y "La molinera de Arcos", en 1947 "Sancho Panza en la Ínsula", en 1949 "Los árboles mueren de pie", representada durante tres temporadas consecutivas en un mismo escenario porteño y en otro parisino. En Buenos Aires era relativamente fácil pasar de las cien representaciones. El éxito empezaba a partir de las doscientas o trescientas.

 

 



Casona estrena "La llave en el desván" en Buenos Aires y "A Belén pastores" en Montevideo en 1951. Este mismo año le entrevista Eduardo Zamacois en su casa de la calle de Arenales. Con su ingenio añejo y su desenfadado característico, nos describe así la imagen física del dramaturgo: <<...hombre cuarentón, ni alto ni bajo, enjuto y cetrino, de mirar malicioso y penetrante, de trato cordial y sonrisa burlona, cuya frente se pierde en la nobleza de una calvicie prematura... Aunque esté callada, su persona -toda ella- no cesa de hablar. Y es porque hay en sus ojillos astutos, negros y buidos, de campesino castellano, en la ironía de sus sonrisas, a las que el contraste entre el blancor de los dientes y el cobre de las mejillas infunde relieve, como también en la apacibilidad de su voz y la pulida mesura de los ademanes, ese algo misterioso -lejano- inseparable de los aristócratas de espíritu>>.

 


Dedicatoria a Margarita Xirgu y Miquel Ortín. Archivo Germans Xirgu


Foto Web Alejandro Casona. Docuteca

 

Casona estrena en Buenos Aires: "Siete gritos en el mar" en 1952, "La tercera palabra" en 1953, "Corona de amor y muerte" en 1955, versión personal de la antigua leyenda de doña Inés de Castro, "La casa de los siete balcones" y "Carta de una desconocida" en Porto Alegre en 1957, adaptación teatral, esta última de una novela del austríaco Stefan Zweig, "Tres diamantes y una mujer" en Buenos Aires en 1961 y "Carta de amor de una monja portuguesa" también en Buenos Aires en 1962.

En mayo de 1956 la Agrupación de Intelectuales Demócratas Españoles, organizó un homenaje a Margarida Xirgu al celebrar sus bodas de oro con el teatro, al que asistió medio millar de personas, integradas en todas las entidades culturales y artísticas de Argentina y Uruguay, entre las que destacaban: la Comunidad Gallega, la Asociación de Promotores Teatrales Argentinos y la Comisión de Teatros de Montevideo. Ofreció el homenaje Alejandro Casona, el cual, tras glosar la vida escénica de la Xirgu, desde que arrancó de Cataluña con su bandera de poesía y conmovió al mundo de habla castellana, dijo: <<A Margarita no se le puede encuadrar en una bandería ni en una nacionalidad determinada. Eso sería encerrarla en los estrechos límites de un partido o de una geografía. Catalana, española, americana, sólo puede pertenecer al mundo ancho de la cultura, de la libertad y de la democracia, porque en arte lo verdaderamente patriótico es ensanchar su nombre fuera de las fronteras nacionales. El arte teatral es un arte mayor, es siempre un arte para el pueblo, y lo milagroso es hacerse escuchar por todo un pueblo, como Shakespeare, Molière y Cervantes, y esto lo ha conseguido Margarita>>. Al terminar Casona su ofrenda, Rafael Alberti recitó tres poemas, tras advertir que no iban dedicados a la actriz, sino a los tres grandes amigos de Margarida: Machado, García Lorca y el pueblo español. Luego, Claudio Sánchez Albornoz, ex rector de la Universidad Central, a su vez, glosó aquel pareado que dice que: <<Importa vivir de tal suerte, que hasta es la vida la muerte>>.

Como vemos, Casona debe agradecer al continente americano tanto la oportunidad de entregarse, como el gozo de recoger una cosecha de éxitos continua que, poco a poco, se irá extendiendo por toda Europa y el mundo, siendo representado en Milán, París, Río de Janeiro, Lisboa, Burdeos, Munich, Florencia, Dublín, Amsterdam, Bruselas, Johannesburgo, Zurich, Berlín, Tel-Aviv, Jerusalén, Amberes, Gante, Lovaina, Los Angeles, Atenas, Norrköping, Lucerna, Montecarlo, Viena, La Haya, Breda, Gales, Moscú, Berna, Helsinki, Roma, Nápoles, Venecia, Rotterdam, Ginebra, Belgrado, Leningrado, Riga, Köenigsberg, Praga, Varsovia, Lieja, Brujas, Aquisgrán... Pero la historia, paradójicamente, está construida a base de contradicciones que se repiten. Así, Casona logra ser reconocido internacionalmente como dramaturgo fuera de su país. Esta paradoja se da en muchos artistas marcados por el exilio. En nuestra literatura es ya mítica la amistad que estrechó durante su larga estancia americana, a los que se nombraron como "los tres exiliados de oro", mito fraguado en las sucesivas reuniones nocturnas acaecidas en el retiro uruguayo de Margarida Xirgu y Miguel Ortín, en su casa de Punta Ballena. Allí solían reunirse Alejandro Casona, que llegaba con su esposa en una moto con sidecar, Rafael Alberti y Teresa León, acompañadas las tres parejas de Ángel Curotto y su esposa; y los temas eran siempre el teatro y España, sus grandes obsesiones. La Xirgu era una mujer humilde, poco afecta a los reconocimientos públicos. De esta época es también su primera aparición por la televisión, que causó terrores a la actriz, con "La casa de Bernarda Alba" de Lorca y "La dama del alba" de Casona, bajo la dirección de Narciso Ibañez Serrador. Margarida Xirgu advertía en los estudios de televisión, el 10 de diciembre de 1958, la falta de: <<... ese silencio tan peculiar del público del teatro, que establece la comunión espiritual entre intérpretes y espectadores>>.

 

Foto Web Alejandro Casona. Docuteca

 

Alejandro Casona tiene una larga producción como guionista de cine: "Veinte años y una noche" en 1941, "En el viejo Buenos Aires", "Concierto de almas", "Su primer baile" y "La maestrita de los obreros" en 1942, "Casa de muñecas" de Ibsen y "Cuando florezca el naranjo" en 1943, "La pródiga" y "Le fruit mordu" en 1945, "Milagro de amor", "Margarita la tornera" y "El abuelo" de Galdós en 1946, "El que recibe las bofetadas" en 1947, "El extraño caso de la mujer asesinada" en 1949, "No abras nunca esa puerta" y "Si muero antes de despertar" en 1952, "Un ángel sin pudor" en 1953, "Siete gritos en el mar" en 1954 y "La cigüeña dijo ¡Sí!" en 1955. Su producción como autor de cine fue: "Ceniza al viento" en 1942, "Nuestra Natacha" en 1944, "María Celeste" en 1945, "La barca sin pescador" y "Romance en tres noches" en 1950 y "Los árboles mueren de pie" en 1951.

 

 

Alejandro Casona realizó también diversas refundiciones dramáticas representadas en Buenos Aires, como: "Marie Curie" escrita en colaboración con Francisco Madrid en 1940, "El anzuelo de Fenisa" de Lope de Vega en 1957, "El burlador de Sevilla" de Tirso de Molina en 1961, "Peribañez" de Lope de Vega y "El sueño de una noche de verano" de Shakespeare en 1962, así como un largo etc., entre otras: "Ricardo III" de Shakespeare, "Fuenteovejuna"de Lope de Vega y "El amor de los cuatro coroneles" de Peter Ustinov.

 

 

Casona regresa oficialmente a España en 1962. Presenciará el estreno en Madrid de "La dama del alba" el 22 de abril en el Teatro Bellas Artes, que es recibida por el público con entusiasmo unánime. A ella le siguen las demás piezas, que se van poniendo en escena con aplauso constante, a pesar del tiempo transcurrido desde su primera representación, porque sus valores esenciales siguen teniendo vigencia y a partir de este éxito comenzará lo que se conoce como el "Festival Casona", un arma de doble filo para el asturiano. Todas las obras escritas en América van a estrenarse en España, extendiéndose triunfales, a todas las provincias y gozando del aplauso mayoritario. El aperturismo de los sesenta sí se fijó con astucia, en el importante papel que podía jugar Alejandro Casona en las carteleras madrileñas, con sus devaneos poéticos, personajes de otro mundo, pero perfectas construcciones escénicas. Y Casona triunfó. Y no con su teatro hecho en España, sino con todo el que había escrito y estrenado en Argentina, sin excepción. La fórmula estaba creada. Faltaba el intencionado toque lírico de un hábil dramaturgo. Y los escenarios españoles se llenaron de Casonas. Se reestrenaron sus obras argentinas con gran éxito popular, a pesar de la dura enemistad de los dramaturgos y críticos literarios del realismo social, colaboradores de "Primer Acto" como José Monleón, Ricardo Domenech y Jesús Fernández Santos, que acusaban a su teatro de escapista y de evasión. Monleón sintetiza todas las reacciones contrarias que hubieron en la década en que se produjo ese "Festival Casona" en tres puntos importantes. Acusa a Casona de escapismo, falta de vigencia cultural y desasimiento de la circunstancia histórica. Alejandro Casona fue incluido, injustamente, en el mismo grupo de dramaturgos que habían consolidado su carrera bajo las pautas del período más duro del régimen dictatorial franquista: Joaquín Calvo Sotelo, Víctor Ruiz Iriarte, López Rubio, Álvaro de La Iglesia, más tarde Alfonso Paso, etc...

Tal vez el error vital de Alejandro Casona fue regresar antes de tiempo a su país, y el teatral, parece ser que, fue el querer elaborar de manera continuada una obra literaria total en la que pieza a pieza, iba descubriendo las constantes que cimentan la base de su visión poética de la vida y el arte. Casona no escribe obras sintomáticas sobre la represión dictatorial que se vive en su amada España, ni tampoco lo hace recreando escenas de la recién pasada Guerra Civil. Casona es un dramaturgo que, en un momento dado de su vida, ha descubierto la verdad de su pensamiento de creación, y ha querido mantener esa verdad propia hasta el final. Casona conserva el mismo talento, desde que se educa y pasa la juventud en España, mientras vive casi treinta años en el exilio, hasta que regresa al país que lo alejó.

Casona escribe por carta unas sinceras palabras a Margarida Xirgu el 8 de mayo de 1965, después de volver de tan largo exilio, a la tierra donde la ignorancia lo había obligado a huir:

<<Mis queridos amigos Margarita y Ortín: ¿Por qué no nos escribimos nunca? No sé. Hay amigos a los que se quiere de verdad y con los que no se establece correspondencia, a pesar de recordarlos en todos los mejores momentos y de sentirse uno entrañablemente unido a ellos. Es nuestro caso. Pero ahora había que romper este silencio, para charlar un poco por lo menos del estreno nuevo en Madrid de "La sirena varada". ¿Se imaginan qué nervios, qué emociones y cuántas inolvidables evocaciones fue esto para mí? Me recordaba perdido en el Valle de Arán, cuando una carta de Margarita fue el primer aliento que recibí en mi vida de autor novel; recordaba cuando nos conocimos en el Hotel Nacional, frente a la estación del Mediodía; y y tantas cosas como se nos cruzaron y se nos opusieron hasta el Premio Lope de Vega. El viejo Burmann era el único de "la vieja guardia" que estaba a mi lado (él hizo nuevamente el decorado). Una compañía animosa y joven repetía emocionalmente las palabras de hace treinta años, y todos en los descansos preguntaban cómo era Margarita, dónde vive, qué hace, qué opina, cómo hacía esto y aquello. El estreno, contra todos mis temores, fue un éxito clamoroso, con el público de pie; y desde entonces el Bellas Artes se llena día a día. Ni un solo periódico de Madrid o de provincias dejó de recordar, al hacer crónica, la noche memorable del estreno y los nombres ilustres de Margarita Xirgu y Enrique Borrás. Es cierto que nuestra profesión es un acerico de envidias, zancadillas, venenos y rencorzuelos, pero a veces tiene también sus compensaciones de brazos abiertos y palabra temblorosa. Por eso quería hablaros de esta noche, en la que vuestro recuerdo estuvo presidiéndolo todo. Que sea como un sorbo fresco del buen Madrid en ese rincón encantador de Punta Ballena.
Por lo demás, todo marcha bien, salvo mi desdichada salud (crisis de asma, que a menudo me tiene días enteros sin poder hacer nada). Marta, rodeada de amigos (pintores, pintores, pintores), se ha comprado un cochecito y se pasa todas sus vacaciones y fiestas recorriendo pueblos; ha descubierto que no hay nada tan hermoso como la aldea española. Rosalía está contenta y siempre optimista y sana. No hace mucho hemos hecho un magnífico viaje, asistiendo a estrenos o a reposiciones de cosas mías, por Mónaco, París, Varsovia, Praga y, finalmente, Grecia, que me deslumbró y adonde volveremos en junio, para los festivales de tragedia de Epidauro. En Roma, en el aeropuerto, cené con Alberti y María Teresa, y otra vez nuestros recuerdos volvieron a Punta Ballena y Punta del Este. Punta del Este es lo que más echamos de menos de América; si tuviéramos aquí nuestra casita uruguaya ( y media docena de amigos bien elegidos) no nos faltaría nada. En cuanto a la gente, me he tropezado, como es natural, con el enemigo resuelto -unas veces de frente y otras embozado- dispuesto a la última calumnia y la última vileza; pero de verdad muchos menos de los que esperaba. En general, hay un ánimo dispuesto al diálogo, una actitud respetuosa y unas ganas evidentes de "no hablar de aquello". Finalmente el público, aquí como en todas partes, cuando va al teatro va sólo a ver teatro, sin importarle la filiación del autor, y mis comedias parecen gustarle hoy más que nunca. "Los árboles" pasó mil representaciones. "La tercera palabra", con Closas, las 500, y las demás por el estilo. "El caballero de las espuelas de oro", primera comedia que escribí aquí sobre dos momentos de la vida de Quevedo, fue pensada para minorías y se quedó en trescientas noches en el Bellas Artes. Va a salir ahora en Espasa-Calpe; os la enviaré en cuanto aparezca.
Me gustaría mucho saber de vosotros (directamente; indirectamente tengo noticias a menudo). Saber de vuestra casa, de vuestro jardín, de vuestra salud, vida y proyectos. Si tenéis una foto de los dos en el jardín, os lo agradecería. Y si Margarita quiere hacer feliz a María Fernanda d'Ocón, la nueva sirenita, una foto para ella. Entre las muchas cartas que María Fernanda recibió, una conmovedora del doctor Jiménez Encinas, en que dice: "... me ha hecho llorar no sólo por su maravillosa actuación, sino porque era ver vivir otra vez a la mujer que más he querido y admirado, Margarita Xirgu, a quien en una ocasión salvé en una crisis peligrosa de su salud". Y basta por esta vez. Con todos los cariños de Rosalía y un doble abrazo de su invariable y devoto Alejandro>>.

En aquella época Alejandro Casona dice: <<Tengo que escribir paseándome, saliendo por los jardines y caminando entre pinares, entre árboles que huelan. Así suelen producirse en mí las ideas para una comedia. Después, lo que se llama escribir no me cuesta ningún trabajo. Lo que me cuesta es concebir el tema, enamorarme de él. Hay temas que se pueden hacer y rehacer mil veces; pero yo necesito siempre un tema que me enamore, que crea, aunque sea mentira, que es algo original, que es algo distinto, nuevo, y sobre todo, extraño. Ya entonces tengo muchas limitaciones; pero una vez que he inventado el tema y que lo encuentro, cuando me siento a escribir no me cuesta esfuerzo alguno.
Los críticos todos hablan de mi influencia astur. Hay una interferencia constante del sueño y de la fantasía, de la ternura, de la poesía, del humor, del paisaje de lejanía, de la extrañeza del descubrimiento. Todo lo cual está muy dentro del espíritu de Asturias.
Ahora en España me encuentro, no sé… como el hijo que ha vuelto a la casa de la madre; me encuentro feliz; me encuentro cómodo; me encuentro cordialísimamente rodeado; francamente a gusto. Y, además, muy equilibradamente el reencuentro conmigo mismo. Es decir, que me encuentro en mi tradición, en mi raza, en mi paisaje, en mi modo de hablar.
Yo, de momento, vuelvo para Buenos Aires, porque tengo establecidos allí muchos contactos, compromisos, trabajos que no pueden romperse de la noche a la mañana, porque son labor de muchos años. Lo que pienso es que voy a ir y a venir muy a menudo de Buenos Aires a Madrid y de aquí a Buenos Aires. A mí me ocurre ahora aquello que decía Rusiñol, que cuando el español va a América y vive un tiempo allí, termina teniendo dos patrias, que son España y América, y después acaba teniendo una sola, que es el barco, porque siempre quiere ir, y cuando ha llegado está deseando volver>>.

La única obra que escribe Alejandro Casona, establecido ya en España, es "El caballero de las espuelas de oro", un drama histórico sobre Francisco de Quevedo, estrenado en Puertollano en 1962 y más tarde en el Teatro Bellas Artes de Madrid la noche del 1 de octubre de 1964, por la compañía de José Tamayo, con ilustraciones musicales de Cristóbal Halffter. "El caballero de las espuelas de oro" es algo más que una simple biografía teatral de su protagonista, Francisco de Quevedo y Villegas; Casona presenta una serie cuidadísima de fragmentos escenificados de su vida, cuyo texto se basa en la misma obra y hazañas del poeta áureo, recreadas con la imaginación, la magia y el humor casoniano. Es sorprendente la belleza alcanzada en el lenguaje de este relato dramático. Casona sigue mostrando sus constantes teatrales al espectador, y, sin embargo, él se encuentra en contacto directo y físico con el problema de la realidad inmediata: la dictadura franquista.

Son de su producción también las refundiciones dramáticas: "La Celestina" de Rojas representada en Granada en 1965, "Retablo jovial" piezas breves escritas para el Teatro Ambulante, representado en Mérida en 1967 y "Farsa y justicia del corregidor" representada en Valencia en 1970. También publicó los libros "Vida de Francisco Pizarro" biográfico, "Las mujeres de Lope de Vega" vida y teatro y "Don Rodrigo" libreto para la ópera de Alberto Ginastera.

El 17 de septiembre de 1965, muere en Madrid a los 62 años de edad.


Algunos textos han sido extraidos de "Margarita Xirgu. Una biografia" de Antonina Rodrigo.

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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