57. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (AZORÍN)

 

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín nació el 8 de junio de 1873 en Monóvar (Alicante), fue periodista, novelista, ensayista, traductor, dramaturgo y crítico literario.
Su padre Isidro Martínez Soriano era natural de Yecla (Murcia), militaba en el partido conservador y llegó a ser alcalde, diputado y seguidor de Francisco Romero Robledo. Su padre ejercía de abogado en Monóvar y poseía una importante hacienda. Su madre María Luisa Ruiz Maestre había nacido en Petrer o Petrel (Alicante). Era una familia tradicional burguesa, que disfrutaba de una desahogada situación económica. Martínez Ruiz fue el mayor de nueve hermanos. Desde pequeño, Pepe, tal es el hipocorístico con que se le conocía familiarmente, da muestras de ser un espíritu independiente y solitario, al que le gusta llevar una vida apartada, a menudo en la finca familiar del Collado de la Salina en Monóvar. Allí se entrega con pasión al ejercicio de la lectura y la escritura.
A los ocho años, después de tres años de escuela en Monóvar, ingresa como alumno interno en el colegio que los Padres Escolapios regentan en Yecla. Permanece allí cursando los estudios de enseñanza secundaria hasta los dieciséis años. Martínez Ruiz revisará con frecuencia estos años de enclaustramiento, de los que no guardará gratos recuerdos. Es una etapa que refleja en sus dos primeras novelas, de fuerte contenido autobiográfico.

 

José Martínez Ruiz a los 8 años de edad foto epdlp

José Martínez Ruiz en 1884 foto epdlp


En 1888 se traslada a Valencia para cursar la carrera de Derecho -que nunca terminará- intentando, sin demasiada aplicación, obtener la licenciatura. Fue más estudiante que estudioso y más atento a las tertulias, al periodismo, al teatro, a la literatura y a los toros que a las leyes.
En la ciudad del Turia Martínez Ruiz inicia una etapa que va a tener decisiva importancia
en su formación intelectual. Conecta con las últimas corrientes del pensamiento y del arte (krausismo, anarquismo, ...), se entrega febrilmente a la lectura de obras literarias y políticas, y realiza sus primeras incursiones en el mundo del periodismo. El adolescente Martínez Ruiz, asiduo de las tertulias de los cafés, se siente muy interesado por las nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que caracterizará sus años de juventud, al tiempo que se afianza en su espíritu la voluntad de hacerse escritor. Colabora en distintos periódicos en los que utiliza diversos seudónimos: Fray José, en "La Educación Católica", de Petrel, Juan de Lis, en "El Defensor de Yecla", ... Escribe también en "El Eco de Monóvar", "El Mercantil Valenciano", e incluso en "El Pueblo", el periódico anarquista de Vicente Blasco Ibáñez. Por lo general, hace crítica teatral. Elogia las obras de Guimerá y Galdós o el "Juan José", de Joaquín Dicenta aunque se decanta ya, de forma especial, por la crítica político-social. Importante resulta también en estos años de preparación su actividad traductora, con trabajos como el drama "La intrusa", de Maeterlink, la conferencia del francés A. Hamon "De la patria", o el folleto "Las prisiones", del príncipe anarquista Pedro Kropotkin.
En 1891 traslada su expediente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia a Granada.

En 1895 Martínez Ruiz publica dos ensayos "Anarquistas literarios" y "Notas sociales", en los que presenta al público las principales teorías anarquistas. El 25 de noviembre de 1896 se traslada a Madrid para seguir sus estudios, después de haber trasladado su expediente de Granada a Valencia y de Valencia a Salamanca ya en 1896. Llega con una carta de recomendación de Luis Bonafoux para el director del periódico "El País". Aquel mismo año arribaron también a la capital de España, Ramón María del Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la capital y Maeztu llegaría a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos, en intimar y en acometer juntos algunas empresas. Martínez Ruiz publica diariamente trabajos en "El País". Se trata de artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores más arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras un artículo sobre el matrimonio y la propiedad en 1897, se ve obligado a abandonar la redacción de "El País". Le reciben en otros periódicos e inicia la publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus vivencias y sentimientos: "Crítica discordante" firmado por "Charivari" en 1897, entre otros. El único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el de Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en uno de sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un espaldarazo. A principios de octubre de 1897 comienza sus colaboraciones en "El Progreso" de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso anarquista.

 

Retrato de juventud de José Martínez Ruiz

 


Martínez Ruiz refleja un conflicto entre una ideología activa -anarquista- y una naturaleza pasiva -contemplativa- en su libro de cuentos "Bohemia" publicado en 1897. Nos describe los ideales de un escritor que lucha por abrirse paso, pero es finalmente vencído y destruido por la ciudad. Este escritor sueña con crear una obra maestra que, significativamente, se llamaría "Paisajes". Desgraciadamente la ejerción ominosa influyente de la ciudad sobre el joven escritor logra que este libro nunca se escribiera. Debido a esto, este joven termina su vida como uno de tantos parásitos urbanos, muriendo prematuramente. En la última escena del cuento, la madre del escritor, una vieja aldeana vestida de luto, regresa a su pueblo bañada en lágrimas. En esta obra muestra su animosidad contra la ciudad moderna. Desarrolla una irritada repulsión por la vida urbana y hace de ello el núcleo central de una filosofía antiurbana. Martínez Ruiz ve a la ciudad, como un centro de corrupción espiritual y ética de la moralidad del ser humano. En lo que se refiere a la vida rural, para él, el éxodo rural a las grandes ciudades destruye el equilibrio urbano-rural existente en épocas preindustriales, y eso hace que las grandes ciudades sean absurdas. Martínez Ruiz atribuye la decadencia de España en el siglo XVIII a la formación de grandes urbes, que desde esa época atraían a la población rural, que dejaba los campos sin cultivar. Ahora ve como se repite el proceso con el advenimiento de la civilización industrial.

En sus impetuosos trabajos de juventud, denuncia situaciones injustas y desigualdades con un indudable afán de renovación. Para ello no se para en barras a la hora de desvelar la realidad sangrante de los pueblos, el sufrimiento de las clases trabajadoras o el comportamiento detestable de los políticos profesionales. Estimulado por las lecturas devastadoras de Schopenhauer, Kropotkin, Nietzche, Faure..., su apoyo a la causa de los desfavorecidos se orienta siguiendo las vías fundamentales del anarquismo -que encauza su actividad en la CNT- y del socialismo -que impulsa el nacimiento de la UGT-. Son los
años en que se prodigan los folletos sobre literatura y sobre cuestiones sociales.
De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por completo; busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento y el triunfo. En esta etapa de formación y tanteo se prodigan los seudónimos en los escritos del joven autor: "Cándido" en memoria del personaje de Voltaire (seudónimo utilizado en "La crítica literaria en España" en 1893, primer trabajo en forma de pequeño folleto) y "Ahriman", apelativo que le relaciona con el dios del mal de las religiones persas; son dos de los más conocidos. Pero seguirán otros: "Don Abbondio", "Charivari", "Este"..., hasta ocho contando con los ya citados. Poco a poco su nombre fue apareciendo cada vez más en revistas y periódicos importantes: "Revista Nueva", "Juventud" (firmando con Baroja y Maeztu como grupo de los "Tres"), "Arte Joven", "El Globo", "Alma Española", "España", "El Imparcial", "ABC", "Madrid Cómico", "Diario de la Marina de La Habana" y otras publicaciones hispanoamericanas. En cualquier caso, por estos años, sus artículos periodísticos los firmaba más frecuentemente como J. Martínez Ruiz.
Fue el máximo representante de la Generación del 98, movimiento literario que él definió, conceptualizó y defendió. Fue su teorizador. A él se debe la denominación con la que se conoce a este grupo de intelectuales (aunque el concepto de "generación" se atribuye a Gabriel Maura). Él fue el que estructuró la realidad literaria de unos escritores comprometidos con su país y con su circunstancia. El Grupo de los "Tres" (Baroja, Maeztu y Azorín) tuvo entidad propia, promovió algunos actos comunes y adoptó posturas definidas ante determinados hechos de la actualidad de su momento. Todo lo demás se puede discutir, pero no el inicial afán iconoclasta y renovador de estos jóvenes escritores. Su vida fue tranquila y metódica. En 1899 publica el ensayo "La sociología criminal" propagando las ideas de Pedro Kropotkin y Sebastián Faure. Tuvo el reconocimiento de la crítica por sus ensayos, entre los que destaca "Los hidalgos", incluido en "El alma castellana" publicado en 1900.

En 1901 Martínez Ruiz publica la novela "Diario de un enfermo" en la que su protagonista resuelve su conflicto con el suicidio. En esta obra muestra más aún su radicalismo a la urbanización. Lo que para él al principio era la meta de la humanidad es sin duda el monstruo que devora las generaciones futuras. Ahora destesta la tecnología moderna, el telégrafo, los trenes y los barcos, y califica al industrialismo moderno de barbarie, peor que el salvajismo primitivo. La ciudad y el industrialismo solo han servido para esclavizar al hombre a la despiadada lucha por el dinero: lo han esclavizado a empresas ferroviarias y bancarias, han destruido el individualismo, y ahora el hombre esta sometido a la masa, debe conformarse con la mediocridad, y se siente ahogado en el enloquecedor tiempo urbano. Para Martínez Ruiz, la vida en las aldeas puede parecer monótona a primera vista, las horas parecen más largas y aburridas, pero, paradojicamente en estas aldeas la vida es vivida con más pasión y es más apreciada que en las ciudades. En 1901 estrenó su primera obra teatral "La fuerza del amor", que no es más que una recuperación de los temas de capa y espada del siglo XVII, en la que se pone de manifiesto la gran erudición de su autor.

 


José Martínez Ruiz a los 28 años en 1901

foto epdlp

 

Martínez Ruiz logra consolidar su personalidad literaria tras la publicación de una trilogía novelística con matices autobiográficos. La integran las novelas: "La voluntad" publicada en 1902, "Antonio Azorín" publicada en 1903 -Azorín es un personaje de ficción que se convierte en la conciencia de su creador- y "Las confesiones de un pequeño filósofo", publicada en 1904 y en la que recrea sus estudios de bachillerato en el Colegio de los Escolapios de Yecla.
En su obra " La Voluntad," usando como plataforma el personaje intelectual de Yuste, Martínez Ruiz se queja y desespera del futuro del campesinado que ha sido la base del país durante veinte siglos de cristianismo. La emígración rural a las ciudades aumenta cada día, y estos nuevos centros atraen con su falso brillo al elemento más saludable del campo, pues quienes emigran son los más fuertes y los más inteligentes.




Borrador de "La Voluntad".

Web spanisharts.com


"Antonio Azorín" se considera la segunda parte de "La Voluntad".En el valle del Elda, A demasiado grandes para expresar cosas pequeñas (...), sensaciones delicadas..." Su tío ejemplar, Pascual Verdú, enfermo, invita a Antonio. En la Segunda parte el nihilista don Víctor y el epicúreo Sarrió -¿Silverio Lanza?- discuten del devenir. Azorín marcha a París. La Tercera parte, en Madrid, refleja una crisis de ministros, describe pueblos de Castilla: Torrijos, Infantes, la casa de Quevedo y su decadencia con el catolicismo.
En "Las confesiones de un pequeño filósofo" encierra sus recuerdos: la escuela, los juegos, el colegio, el padre Lasalde, ejercicios literarios, compañeros, familiares, el tiempo, la muerte, calles, objetos y una mujer casi amada, María Rosario. Todo ha cambiado con el tiempo. "Cada can es un mundo". La acritud del autor da paso a una amabilidad nostálgica, de lecturas más apacibles: Cervantes, Garcilaso, Gracián, Montaigne, Leopardi, Mariana, Vives, Taine, La Fontaine... En 1902 Martínez Ruiz publica su parábola anarquista "El Cristo Nuevo" en "El Porvenir del Obrero".

Fruto del encuentro consigo mismo es la floración de ese seudónimo definitivo y revelador: Azorín, que ya le acompañará siempre. Lo empleó por vez primera el 28 de enero de 1904 en "Impresiones parlamentarias", una serie de trabajos publicados en el semanario "España", y nace del nombre del protagonista de la trilogía citada. En 1905 el nuevo seudónimo de Azorín aparece al frente del título de su libro "Los Pueblos" en el que destaca "La Andalucía trágica", que es un ensayo añadido en 1914. "Los Pueblos" (Ensayos sobre la vida provinciana) son dieciocho artículos con alusiones a lugares de Castilla la Nueva; otras, literarias: Cervantes, Ignacio de Loyola, el Lazarillo, Montaigne, Quevedo, un retrato de Castelar, el balneario de Urberuaga, el amigo Sarrió enfermo, el asombro de lo cotidiano, conversaciones... Azorín irá a Andalucía y recorrerá la zona de Sevilla. Al principio mandará crónicas a "El Imparcial" y el gobierno se sentirá molesto, por lo cual le pedirá el director del periódico que no mande más. Publicará todavía una entrevista que le costará la expulsión del periódico. El compendio de artículos se denomina "La Andalucía trágica" y fueron publicados desde 1904 a 1905. Como ensayista dedicó especial atención a dos temas: el paisaje español y la reinterpretación impresionista de las obras literarias clásicas. El tema dominante de sus escritos es la eternidad y la continuidad, simbolizadas en las costumbres ancestrales de los campesinos.

Azorín cambia de actitud a partir de 1904, con la renuncia a los postulados anarquistas y socializantes y se desliza hacia un conservadurismo rentable. Quizás Azorín se convirtió en un depurador del lenguaje por su incapacidad para la "inventio". Le falta imaginación, carece de dotes creativas, no domina la connotación ni la metáfora, ni se atreve con la sorpresa del adjetivo... Esta certidumbre le llevaría a renunciar a la creación en aras de la recreación: recreación de instantes, de tipos, de situaciones, de paisajes. Azorín no renueva el lenguaje sino que desempolva el léxico y lo pule, ordena la expresión y simplifica la sintaxis. Se convierte en custodio inmutable del orden y la moderación, en un bruñidor de palabras. Son éstos años, decisivos en la evolución personal del escritor. Azorín, hacia el final de esta etapa abandona la lucha literaria, se muestra vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico y cultural de España. Se pierde por archivos y bibliotecas en una especie de huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su pragmatismo opta por el apartamiento, por la soledad y el conformismo. No se conocen suficientemente los motivos de este giro tan sorprendente: ¿Oportunismo? ¿Identificación con los valores tradicionales? ¿Conveniencia? ¿Traición? ¿Fracaso personal como artista?.

No faltan admiradores del estilo preciso de Azorín. Se recuerdan las cualidades de una forma de escribir, en la que la precisión y la economía se ponen al servicio de la claridad. Una escritura de periodos cortos, de sencillez sintáctica y predominio de la frase nominal. Aunque utiliza algunos recursos (paralelismos, enumeraciones, repeticiones, incluso comparaciones), en su prosa no encuentran acomodo, figuras que propicien el oscurecimiento o la sugerencia atrevida. Es cierto que en sus descripciones el lector descubre sensaciones nuevas, colorido y adjetivaciones plenas de exactitud y corrección; pero todo ello en un marco delimitado por la contención antiretórica, el ritmo acompasado, el atildamiento poético..., y también la morosidad del detalle minucioso, hasta el punto de que algunos críticos hablan de una "estética del reposo".

A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín, están ya claramente instalados en un cómodo conservadurismo de corte tradicional, tras un inesperado proceso de transformación. Se afilia al Partido Conservador. Comienzan a aparecer sus artículos en "ABC" siguiendo el viaje real por Francia e Inglaterra y participa activamente en la vida política. En 1905 publica el ensayo literario, compendio de artículos periodísticos, "La ruta de Don Quijote".
Desde 1907 Azorín será diputado por el Partido Conservador de Maura, por Sorbas (Almería). En 1908 contrae matrimonio en Madrid con Julia Guinda Urzanqui, de la que nunca tendrá descendencia, pero que le acompañó inseparablemente a lo largo de tantos años de meditación y labor. Este año publica el ensayo "El político". A partir de 1910 pasa a engrosar la nómina de escritores de "ABC" y colabora en "Blanco y Negro", "Diario de Barcelona" y "La Vanguardia".
En 1912 publica el ensayo "Castilla" y los artículos periodísticos "Lecturas españolas". En los ensayos dedicados a la situación española, se observa el mismo proceso evolutivo que marcó a toda la Generación del 98: si en sus primeras obras examina aspectos concretos de la realidad española y analiza los graves problemas de España, en "Castilla" su objetivo es profundizar en la tradición cultural española -reflexiones que surgen espontáneamente a partir de pequeñas observaciones del paisaje-, además de incorporar un sentido del tiempo cíclico inspirado en Nietzsche.

En 1913 publica el ensayo literario, compendio de artículos periodísticos, "Clásicos y modernos", trabajo en el que formula sus comentarios sobre la Generación del 98 y en 1914 le sigue "Los valores literarios". En ellos, su intención no es la de hacer un estudio pormenorizado de los textos, sino despertar la curiosidad y el interés ofreciendo una lectura impresionista de los mismos que destaca sólo los elementos más significativos de los mismos, para la personalidad del escritor. Por tanto, se limita a expresar sus impresiones y reflexiones personales sobre la literatura española. Azorín recupera a algunos de los clásicos españoles más notorios y olvidados. Sin embargo, al hacerlo, el escritor levantino quizá adopte más claramente la postura del coleccionista nostálgico que la del analista riguroso o el impulsor concluyente. En 1914 "ABC" le envía como corresponsal a Francia. Se consolida su francofilia y su postura de aliadófilo durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Este mismo año publica la novela cervantina "El Licenciado Vidriera", que se reimprime posteriormente con el título de "Tomás Rueda".
En 1915 publica el ensayo literario "Al margen de los clásicos", compendio de artículos periodísticos de estos años y que aparecen integrados en la obra "Parlamentarismo español" de 1916, año en que fallece su madre. Publica también los ensayos "Rivas y Larra" y "Un pueblecito" (Ríofrio de Ávila).
Su carrera se proyecta de forma ascendente: Diputado por Sorbas (Almería) en cinco ocasiones entre 1907 y 1919 y dos breves temporadas (en 1917 y 1919), brevemente Subsecretario de Instrucción Pública en 1917 y 1919... Antonio Maura y sobre todo el Ministro Juan de La Cierva y Peñafiel, se convierten en sus máximos valedores. Durante algún tiempo fue partidario de La Cierva, a quien defendió en la prensa y sobre quien compuso un folleto y un libro. Ante los ásperos sucesos del momento, el otrora rebelde Azorín ha pasado a convertirse en un "pequeño filósofo", un escritor gubernamental que vive situado en la comodidad y que elogia la política de sus protectores. El escritor ha conseguido evidenciar una nueva dimensión: la de hombre cambiante, ambiguo y con una enorme capacidad de adaptación a la realidad más ventajosa. En 1919 fallece su padre.

 

Azorín en 1918 foto epdlp


Destacó también por ser un viajero extraordinario por España; en cambio, viajó muy poco al extranjero. En 1920 publica sus artículos periodísticos "Fantasías y devaneos".
En 1922 Azorín publica el ensayo "De Granada a Castelar" y la novela "Don Juan", basada en la conversión cristiana del mito. Un recuerdo de Gonzalo de Berceo le sugiere la obra, semblanza de un caballero austero en una ciudad tradicional española. Este viejo pecador sin rostro se convierte en el hermano Juan, al final de la obra. La producción literaria de Azorín tiene también un gran valor estilístico. Su forma de escribir, muy peculiar, se caracteriza por el impresionismo descriptivo, por el uso de una frase corta y de sintaxis simple, por el menudeo de un léxico castizo y por las series de dos adjetivos unidos por una coma. Entre sus técnicas literarias más innovadoras está el uso, a la manera de Virginia Woolf, de personajes que viven al mismo tiempo en varias épocas de la historia, como "Don Juan" o "Inés", fundiendo a la vez mito y eterno retorno. En esta segunda etapa de sus novelas, Azorín abandona los elementos autobiográficos, si bien continúa reflejando sus propias inquietudes en los personajes: la fatalidad, la obsesión por el tiempo, el destino, ...

En 1924 entra en la Real Academia Española de la Lengua y publica el ensayo "Racine y Moliére". En 1925 publica la novela "Doña Inés" (Historia de amor) donde narra la historia de Inés de Silva, que en Segovia se enamora del poeta Diego el de Garcillán y revive el desgraciado amor de su antepasada doña Beatriz. El Obispo y el Jefe Político consideran escandalosos los amores de Diego e Inés, que, dejando a su amiga Plácida con su amado Diego, marcha a América como maestra y reparte sus posesiones.
La dictadura de Primo de Rivera (1923-1928) enfrió la actividad pública de Azorín, de modo que renuncia a aceptar cargos políticos. Literariamente se encuentra en una fase de no progresión. Su trabajo se reduce a repeticiones y modificaciones de su obra anterior. Su interpretación de la Historia de España se orienta por las vías del Imperio, la madre Patria y la mitificación del pasado. Se trata de un enfoque preocupante en un intelectual de su condición. Con el advenimiento de la República intenta la recuperación de sus teóricos ideales progresistas, fiel exponente de un personaje con clara predisposición al arreglo y el acomodo. Pero predomina en él la confortable opción del retiro y la soledad, en consonancia con su estatus de burgués.
El 6 de marzo de 1926 se celebró un homenage a Margarita Xirgu en el hotel Ritz de Madrid por el estreno, el 23 de febrero de 1926, de "Santa Juana" de George Bernard Shaw en el Teatro Eslava madrileño. Entre otros, asistieron sus competidoras María Guerrero y Lola Membrives, aparte de una extensa representación de escritores como el propio Azorín, Jacinto Benavente, Eduardo Marquina, Luis Fernández Ardavín, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Manuel Machado, Eugeni D'Ors, Salvador Vilaregut, Pío Baroja, Ramón Pérez de Ayala, Alberto Ínsua, José Ortega y Gasset... Asistieron tambien al acto artistas como José Mª Gol, Victorio Macho, Julio Romero de Torres..., periodistas como Margarida Nelken, directores de escena como Fernando Díaz de Mendoza y el tambien actor Emilio Thuillier, actores como Enric Borrás, Josefina Santaularia, Alfonso Muñoz, Rosa Luisa Gorostegui, Carmen Carbonell, Julia Pachelo, Carmen Moragas, Pascuala Mesa, Elías Sanjuán, José Rivero y un largo etc. de personalidades.
En septiembre de 1926 fue estrenada la obra teatral "Old Spain" de Azorín, por la compañía de Santiago Artigas y Josefina Díaz en San Sebastián y apenas dos meses después llegó al Teatro Reina Victoria de Madrid. La obra tuvo sólo 26 representaciones. Azorín abre un debate entre el pasado histórico y el progreso; aquél representado por el marqués de Cilleros, que habita en un pueblo castellano; éste, por un multimillonario americano de ascendencia española. El marqués se siente espectador de la corriente de las cosas y apenas se preocupa de cualquier asunto ajeno a su mundo interior. Por contra, el multimillonario apuesta por el futuro, por la evolución como mejor forma de que la civilización progrese. El autor resuelve el enfrentamiento entre ambas filosofías sin que ninguna de ellas se imponga. El anuncio de matrimonio del multimillonario con la hija del marqués con que concluye la comedia, simboliza la fusión de la tradición y el progreso. Ante las dudas de la joven prometida, que teme perder la serenidad espiritual heredada de su padre y el dulce lazo que la liga al pasado, el que será su esposo responde: "¿Y no ganará usted nada, en cambio? ¿No ganará usted fundar en el viejo tronco un árbol nuevo? La Humanidad es eso: renovación, continuación del pasado; pero añadiendo al pasado una fuerza nueva".
Azorín escribió para Margarita Xirgu en 1925 la obra teatral "Judit", una obra surrealista que le fue entregada a Margarita en abril de 1926, pero que nunca se estrenó aunque ya estaba realizada la escenografía por su hermano Miquel Xirgu. Según el criterio de la Xirgu, la obra, tanto artística como escénicamente, era dificilísima: "Es una cosa muy nueva -diría la actriz al periodista Montero Alonso, de "La Esfera"- en cuanto a la manera de hacer. No sigue la técnica habitual de las comedias de hoy. Es algo distinto y extraño. "Judit" es una obra de abstracción, muy complicada, con muchos cuadros, muchos movimientos y muchos personajes. Se llaman un minero, otro, otro... Y un aldeano, otro, otro... Es una obra, a mi juicio, muy nueva y muy dufícil. Al ver en ella el nombre de Azorín parece hacer suponer que se trate de una cosa sencilla, ¿verdad? Sin embargo "Judit" es una obra honda, compleja y fuerte... Quiero estudiarla con mucho cariño. Yo tardo bastante en estudiar cada obra. Me parece que todo el tiempo es poco. Por lo menos tardo dos meses..." A Azorín le sedujo, como a tantos otros, el mito bíblico de Judith, escribiendo una obra teatral titulada precisamente "Judit", que él gustaba escribir sin "h". La pieza, a pesar de todos sus anuncios públicos, no llegó a representarse ni a publicarse. Y tuvo que esperar hasta 1993 para aparecer en una cuidada edición de los profesores Mariano de Paco y Antonio Díez Mediavilla, que estudiaron las dos versiones distintas de la obra conservadas en tres copias mecanografiadas, en la Casa Museo de Monóvar. En un contexto moderno, la "Judit" de Azorín es la esposa del Poeta líder sindical gravemente enfermo, que alienta la huelga de un colectivo de mineros, cuyas condiciones económicas han sido rebajadas por una decisión que achacan al Presidente del Consejo, hermano del Poeta y antiguo novio de Judit, que viene a ser el Holofernes de la obra. La previsible muerte del Poeta suscita enfrentamientos entre los huelguistas, que no están dispuestos a que éste sea visitado por su hermano. El Poeta muere. Poco después muere también el presidente del Consejo y es entonces cuando comienza a extenderse el rumor de que lo ha matado Judit. En una escena fundamental una vieja comenta que el presidente estaba sano y salvo y otra responde: "No lo crea usted. Él estaba enamorado de Judit, Judit había sido su novia. Cuando estuvo aquí el presidente fue a besarla, y Judit le tiró con un puñal buido que tenía la punta envenenada. No tenía más que una heridita cuando se marchó de aquí, pero se le ha ido envenenando la sangre y ha muerto". El comentario que un caballero, que ha oído el diálogo, hace a otro es posiblemente una de las frases claves de la pieza teatral: "¿Ha oído usted? Asistimos, señor profesor, al nacimiento de la leyenda. El pueblo está formando su leyenda".

 

Arxivo Jordi Rius Xirgu

 

Francisco Villaespesa escribió una "Judith", publicada en 1913, que estrenó Margarita Xirgu con Emilio Thuillier. Se trataba de una tragedia bíblica en verso, en la que Judith se enamora, sin advertirlo, del asirio. Cuando se dispone a matarlo, vacila y se establece un conflicto entre su voluntad y su deber; con la ayuda de Dios vence éste i Judith termina con la vida de Holofernes. Una vez que lo ha hecho, estampa, con arrebatada pasión, en la boca muerta "el beso que nunca te quise dar viva". Judith protege el cadáver que quiere profanar el pueblo y los últimos versos manifiestan la tragedia íntima de la heroína, cuyos deseos han sido sometidos por la necesidad de llevar a cabo un designio impuesto por Dios

 


Figurín de Holofernes realizado por Miquel Xirgu.

Archivo Xavier Rius Xirgu

Figurín de Holofernes realizado por Miquel Xirgu.

Archivo Xavier Rius Xirgu

 

Azorín tenía tan asumido que su obra surrealista "Judit" sería estrenada por la Xirgu, que en el mismo guión llamaba a la heroína por su nombre: <<...Llega Margarita (con el aviso del autor en la acotación, de que "el nombre de esta actriz debe ser sustituido por el nombre de la actriz que represente, en otras compañías, el papel de Judit"), que pregunta de inmediato por el desenlace de la tragedia, ...>> o refiriéndose al segundo acto, en el cuadro tercero: <<Margarita da una "lección práctica" de su arte repitiendo la escena del misterioso grito y el monólogo del sueño,...>>. Es toda una novedad en la obra de Azorín el cambio de Judit en Ester, ambas liberadoras del pueblo pero con procedimientos contrapuestos e incluso contradictorios, que nunca antes se había realizado en el tratamiento del tema.


Decorado de "Judit" del Acto I Cuadro III realizado por Miquel Xirgu.

Archivo Xavier Rius Xirgu

 

Azorín en una entrevista con Ramón Martínez de la Riva, le dijo: <<Margarita Xirgu tiene una tragedia, que estrenará esta temporada, titulada "Judit". Es una trasposición moderna: no se trata de la Judith bíblica. He visto ya las decoraciones, y una especialmente, cubista, me ha gustado extraordinariamente>>. El texto de "Judit" en la edición de Mariano de Paco y Antonio Díez Mediavilla -en su pàgina 79- relata a continuación: <<No poseemos, sin embargo, confirmación alguna de la existencia de esas "decoraciones" de "Judit" a las que el autor se refiere como ya dispuestas>>. Dicho esbozo de decorado fue realizado -como tantas otras veces- por mi abuelo y padrino, Miquel Xirgu, el hermano de Margarita y a continuación se puede obsevar:

 

Decorado cubista de "Judit" realizado por Miquel Xirgu

Archivo Xavier Rius Xirgu

"Judit" de Azorín donación del director de la Casa-Museo Azorín de Monóvar, José Payá.

archivo Xavier Rius Xirgu

 

En 1927 se estrenan la obras teatrales "Brandy, mucho brandy" que tuvo 13 representaciones y "Comedia del arte" que tuvo sólo 10 representaciones, pues adolecían de lentitud. Son dramas "superrealistas" como él les llamó, pero no al modo del vanguardismo francés o hispano, sino buscando una superación del costumbrismo en una dimensión infinita, se funde el ensueño, el misterio, la alucinación de la muerte y el más allá, y también la fusión de la vida literaria con lo real; ayudado de fina prosa y hendidura poética es todo sutileza y fantasía. Azorín señala la importancia y la libertad creadora del director de escena y de los actores. Llama la atención sobre las nuevas relaciones entre la técnica cinematográfica y la técnica teatral. Hace hincapié sobre la aparición del mundo de lo subconsciente en la escena. La nueva realidad de la obra teatral, de acuerdo con las necesidades de la nueva sociedad y con el ritmo de la vida moderna, debe ser "rápida, tenue y contradictoria". Deben suprimirse o reducirse al mínimo las acotaciones. Es el mundo interior, el mundo de las ideas y de los problemas del espíritu y de la imaginación, quien debe suministrar sus materiales al dramaturgo. La intención de Azorín es liberar al teatro español de todo provincianismo y elevarlo a la categoría de teatro europeo. Azorín prescinde de los factores escenográficos, ya que lo verdaderamente importante para él era la palabra, capaz de despertar en la mente del espectador las mayores idealizaciones. Así, cuando un grupo de actores de un teatro experimental le consulta sobre los decorados para montar la triología "Lo invisible" en 1927, contestó: "Nada de mobiliario, nada de decorados, cuatro paredes lisas, unas cortinas.. y la palabra. La palabra lo es todo en el teatro". La mentalidad española no estaba preparada para asumir estas nuevas propuestas dramáticas. De ahí que el teatro azoriniano, al igual que el de Ramón María del Valle Inclán y Miguel de Unamuno, tuviera un éxito más bien escaso.
En "Brandy, mucho brandy" se produce un enfrentamiento entre el deseo y la realidad. Aquél se manifiesta a través de una familia de clase media que espera algún suceso extraordinario que les saque de la estrechez en que viven. La realidad llega en forma de herencia por la muerte, en Calcuta, de un lejano y olvidado pariente. Más, para recibirla, hay que satisfacer algunas exigencias incluidas por el finado en el testamento: que su retrato presida el comedor familiar y que, una vez al año, el día en que se fugó de la casa paterna camino de la India, celebren en ese mismo lugar, vestidos de etiqueta, una cena en su honor. Un empleado de confianza del difunto velará por el cumplimiento de tales condiciones. La nueva situación creada, no trae la felicidad, sino el desasosiego familiar. El conflicto se resuelve para Laura, la hija de la familia, tras un encuentro onírico con el pariente muerto, quien comparece primero como anciano y luego como el joven que era cuando decidió marcharse lejos. Éste le dirá: la vida es una ilusión, la vida es una sucesión de deseos, que debemos realizar; cada deseo satisfecho es un espectáculo nuevo, es como asomarnos a un mundo desconocido; no hay que sentarse en el borde del camino para ver cómo desfila la caravana; hay que ir siempre adelante, vivir en tensión de espíritu, desafiando el peligro; sólo cuando vivimos en peligro sentimos el goce pleno de la vida. Tras estas palabras, Laura descubre que esa es la vida que quiere para ella. Decide seguir los pasos que, en el pasado, dio el pariente aventurero, lanzarse al mundo, viajar, soñar, alejarse poco a poco de lo conocido, de lo que la oprime, olvidar, gozar de la luz del Mediterráneo, llegar a Oriente... Laura parte hacia lo desconocido, aunque enseguida, apenas unos segundos después, regresa inerte y anonadada. No da ninguna explicación. Sólo oímos sus gemidos.
Azorín en la obra "Comedia del arte" mostraba en escena a unos actores que representaban, en una jornada campestre, un fragmento de "Edipo en Colonna". Pocos fueron los que se conmovieron viendo como el protagonista se quedaba ciego de verdad y menos los que se interesaron por el juego establecido, a partir de ese momento, entre realidad y ficción y entre vida y arte, para concluir que la verdadera realidad es el arte.
En 1927 le sigue el estreno de la triología "Lo invisible", conjunto de tres piezas breves precedidas de un prólogo escénico, que fue considerada por algunos críticos como su mejor producción dramática, vinculada a la estética del expresionismo, que obtuvo un clamoroso éxito y de la que forman parte: "La arañita en el espejo", "El segador" y "Doctor Death, de 3 a 5". Azorín dio la espalda a la taquilla, al confiar su puesta en escena al grupo de ensayo "El Caracol", dirigido por Rivas Cherif. Ésta tuvo lugar en la recién inaugurada sala experimental Rex, en sesión única, ante un público formado por gentes de letras, entre las que no faltaban amigos del autor y simpatizantes de cuanto oliera a vanguardia. Antes del estreno en la sala Rex, las piezas "El segador" y "Doctor Death, de 3 a 5" habían sido representas en Santander por la compañía de Rosario Pino y "La arañita en el espejo", en Barcelona. En todas ellas, la acción se sitúa en las fronteras de la muerte. En el prólogo escénico, una señora aborda al autor de la obra y a la actriz momentos antes de que se alce el telón. Les advierte de que no se puede jugar con cosas serias, de que los grandes misterios de la vida no pueden ser tratados a la ligera, porque resulta peligroso. Al concluir la breve escena de corte pirandeliano, la misteriosa y extravagante dama se cubre con la careta de una calavera. La muerte ha mostrado su rostro. No volverá a hacerlo. Tras hacer una gran reverencia, sale y la representación de "La arañita en el espejo" empieza inmediatamente. En esta pieza una mujer enferma espera impaciente a su esposo, que regresa de la guerra de África. Todo sugiere que el reencuentro no tendrá lugar: un mendigo adivina, en la tristeza de la joven, el reflejo de una enfermedad incurable, y la arañita en el espejo anuncia la proximidad de la muerte. Pero ésta no vendrá a llevársela, como ella supone. En realidad, a quién se ha llevado es al esposo, que nunca acudirá a la cita. Todos los personajes, excepto la esposa, conocen la fatal noticia y es que, obsesionada con su propia muerte, es incapaz de sospechar la de los demás. En "El segador", la joven viuda de un labrador, madre de un niño de meses, es visitada por un matrimonio vecino que pretende comprarle sus tierras. Como ella no acepta, tratan de atemorizarla advirtiéndola de los males que sufren los niños que viven en la zona. Todos padecen enfermedades y son muchos los que han muerto en los últimos días. Llegan más lejos. Le cuentan la historia de un segador vestido de negro que anda por los contornos llamando a las puertas de las casas en que hay niños. Tras su visita, siempre nocturna, las criaturas enferman y mueren. Aquella misma noche, ya sola, suenan tres golpes en la puerta. La mujer, aterrorizada, coge al niño en sus brazos y grita y llora amargamente.
En "Doctor Death, de 3 a 5", la pieza que mejor acogida tuvo, se aborda el tema del tránsito de la vida a la muerte. La acción tiene lugar en la antesala desmantelada de la consulta del doctor Death, es decir, del doctor Muerte. Hasta ella llega una mujer enferma en busca de atenciones médicas. Informada de que nadie sale tras la visita al doctor, descubre con espanto que está a las puertas de la muerte. Se niega a aceptarlo, quiere creer que ha sido víctima de una pesadilla, se rebela, trata de escapar de aquel lugar y, cuando comprueba que es imposible, se resigna y, enhiesta, rígida, hierática, con la cabeza echada hacia atrás, cruza la puerta de la consulta pronunciando dos palabras: infinito y eternidad.
Otra obra teatral de Azorín estrenada fue "El clamor", escrita en colaboración con Muñoz Seca, que llegó, quizás por la popularidad de éste, a las 51 representaciones.
En 1928 a raíz del estreno de "Los fracasados" de Henri René Lenormand por parte de Margarida Xirgu, la intelectualidad madrileña rindió homenaje al dramaturgo francés que asistió al acto personalmente. Azorín tambien estuvo presente allí junto a Marañón, Marquina, Jacinto Grau, Araquistain, los Alvarez Quintero, Azaña, Gómez de Baquero, Díez-Canedo, Rivas Cherif...
En 1928 Azorín publica la novela "Félix Vargas", titulada posteriormente "El caballero inactual". Trata de la desazón que siente este poeta al elaborar un trabajo sobre Santa Teresa. La imagen de Andrea, superpuesta a la santa, produce exaltación, lucidez, desánimo, irritabilidad... Don Félix vive el ambiente del siglo XVI: documentación, interpretación o acercamiento. Abandona su casa de Errondo-Aundi. En 1929 le sigue la publicación del ensayo "Blanco en azul" y la novela "Superrealismo", marcada por el vanguardismo y por el drama personal y cosmológico, inspirado en el poeta austroalemán Rainer María Rilke. Sigue el camino de la anterior: al preparar una novela asistimos a los titubeos, borradores, divagaciones y perezas de su autor, que, por fin, llama a su personaje: Joaquín Albert. Éste viaja a Monóvar y describe su historia, habitantes, alimentos: pequeñas cosas. Al final de la novela, un religioso dice haber concluido esta obra con infalibilidad. "Superrealismo" volvió a editarse posteriormente con el título de "El libro de Levante".
En 1930 estrena con éxito su auto sacramental "Angelita" y en 1931 "Cervantes o La casa encantada". Con motivo del estreno de "Angelita", Azorín se planteó la posibilidad de que los actores interpelaran a los espectadores para saber sí les apetecía que la representación se alargara algunos actos más. La protagonista vive preocupada por el transcurrir del tiempo. A veces quisiera retornar al pasado; otras abolir el tiempo para colocarse en el futuro. Al principio de la obra, dice: "¡Conocer lo futuro! ¡Saber de pronto lo que guarda para nosotros este momento de la vida, que se inicia y que ha de tener en la sucesión del tiempo su desenvolvimiento!". Un desconocido que se hace llamar el Tiempo, hará posible que satisfaga su curiosidad. Le regala una sortija-talismán que le permitirá vencer el tiempo, hacer que no exista para ella. Girándola en el dedo, por cada vuelta, pasará un año, si bien el desconocido le advierte que no se acordará de nada de cuanto haya ocurrido, que se sentirá como si despertara de un sueño. Así sucederá cuando, avanzando dos años, se verá casada con un desconocido del que ha tenido un hijo que no reconoce como suyo. En "Cervantes o La casa encantada" se ocupó de nuevo del tema del tiempo mediante la escenificación del delirio de un poeta enfermo. La acción se traslada al siglo XVII, a la casa de Cervantes, pero Azorín no sacó provecho de las posibilidades del argumento.
Con el advenimiento de la República, Azorín parece despertarse de su adormecida conciencia social; sin embargo, muchos de sus contemporáneos no ven con buenos ojos este nuevo cambio de rumbo. En 1933 Azorín escribió "Ifach", pieza que no estrenaría hasta 1942 bajo el título de "Farsa docente" y que mereció poca atención.
Azorín estrenó "La guerrilla" en 1936, en vísperas del estallido de la Guerra Civil, concluyendo su actividad como autor dramático. El tema era poco original: una historia de amor entre un oficial francés y una española en el marco de la guerra de la Independencia.
El estallido de la Guerra Civil le sorprende en Madrid, pero consigue un falso pasaporte diplomático que le permite exiliarse en 1936 a París junto con su esposa, donde coincide con Marañón, Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Pío Baroja y otros.

La vuelta de Azorín a Madrid después de los años de la guerra civil se produjo en 1939, gracias a la ayuda que al efecto recibió del entonces Ministro del Interior, D. Ramón Serrano Suñer, a quien años más tarde, en 1955, dedicó Azorín "con viva gratitud" su obra "El Pasado". Renueva sus colaboraciones en "ABC" y colabora con el régimen, aunque su presencia no es bien recibida por todos: muchos falangistas lo rechazan, le recordaban su pasado anarquista, a pesar del denodado afán de Azorín por conseguir su adhesión. El desdén se produce en parte por su pasado juvenil, en parte por su actitud oportunista y acomodaticia. No obstante se le tributan oficialmente homenajes y honores -la protección de Serrano Súñer resulta decisiva-, por más que el escritor a menudo hace gala de una actitud de apartamiento y repudio de la notoriedad. Recibe el Premio de la Delegación de Prensa en 1943, la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1946 y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en 1956, amén de otros muchos premios y gratificaciones.

 

Azorín y Pío Baroja en París, 1937

 

En 1939 Azorín publica su novela "Pueblo", en 1940 su colección de cuentos "Sintiendo a España", en 1941 la novela "El escritor" que es un manual de técnica literaria. El mismo año publica "Madrid y Valencia" al que le seguirá las novelas "El enfermo" y "Capricho", después en 1943 publicará la novela rosa "María Fontán". Azorín edita en 1944 las novelas "Salvadora de Olbena" y "La isla sin aurora". En este mismo año, se publican también los artículos periodísticos en recopilaciones de José García Mercadal: "Tiempos y cosas", "Veraneo Sentimental" y "Palabras al viento".

Azorín publica en 1945 los ensayos "Los clásicos redivivos. Los clásicos futuros" y "París". En 1946 edita "Memorias inmemoriales", sus memorias pero de escaso interés, y los ensayos "El artista y el estilo" y "Ante Baroja". En 1947 publica los ensayos "Escena y sala" y "Ante las candilejas" .
A finales de 1950 se mostró apasionado y asiduo espectador cinematográfico, escribe sobre cine y recopila artículos. Azorín ve en el cine cosas insólitas que no tienen mucho que ver con el séptimo arte. En 1953 publica el ensayo "El cine y el momento".
En 1950 publica los ensayos "Agenda" y "Postdata" y en 1960 "Ejercicios de castellano". En los últimos años vivió muy recluido en sus lecturas y paseos solitarios, animados por una tardía y vivísima afición al cine, del que se convirtió en incansable espectador y comentador. Azorín fue hombre silencioso, alto, algo grueso en sus años jóvenes, delgado y erguido en su ancianidad, de gran timidez y cortesía, lleno de bondad y mesura, a veces con una inocente ironía.

 


Azorín en 1953 con 80 años foto epdlp

 

Azorín vivía entre las Cortes y don José Zorrilla en Madrid, en un piso señorial pero no triste. Decía: "Me levanto a las seis de la mañana y escribo mi artículo para ABC; un artículo corto como de un duro. Yo soy un hombre de un duro". Azorín era un agüista privilegiado que casi llegó a los 94 años, por no haber bebido nunca otra cosa que agua. Azorín después de sus paseos regresaba a casa para cenar con su señora, escuchaba la radio y decía: "...La literatura está en el adjetivo". Firmó el último artículo para "ABC" en 1965, aunque ya llevaba más de un año sin escribir para los periódicos. Su último ensayo "Clara" se publica en 1966, después ganó el premio nacional Miguel de Unamuno.

 

Azorín en 1965 a sus 92 años

foto epdlp

 

Murió el 2 de marzo de 1967, casi a los 94 años a falta de dos meses y seis días. Fue el más longevo de los escritores del 98.
El 10 de mayo de 1969 se llevó a cabo la fundación de la Casa-Museo Azorín en Monóvar. No se conserva exactamente como la conoció Azorín, aunque sus hermanos Amparo y Amancio, que vivieron en ella hasta 1961, ayudaron a la reconstrucción e intentaron que se mantuviera el espíritu azoriano. La Casa-Museo Azorín es un centro de documentación e investigación de la obra azoriniana y de su época y una exposición permanente que alberga el comedor familiar; la salita azul; el cuarto de trabajo y el dormitorio del escritor. Como centro de investigación, atesora una hemeroteca que va ampliándose, completando las colecciones que Azorín y su familia conservaban, y tres bibliotecas: la familiar, la particular y la denominada el mundo azoriniano y su entorno.

 

Algunos textos han estado extraídos de la biografia:"Margarita Xirgu y su teatro" y "Margarita Xirgu.Una biografía"de Antonina Rodrigo y de Viquipèdia

 

XAVIER RIUS XIRGU


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