75. LA MUERTE DE LA XIRGU EN LA PRENSA

 

El 24 de abril de 1969 a las 7 de la tarda Margarita Xirgu tuvo una intervención quirúrgica en el pecho que había tenido lesiones antiguas. El Doctor Bosch y los médicos que la asistían salieron confiados de la operación, pero después de pasar una noche relativamente bien con las claras molestias del postoperatorio, a las 12 del mediodía del día 25 sufrió un sincope del que no pudo recuperarse.

Margarita Xirgu al ser preguntada por la prensa, muchos años antes, como le gustaría morir contestó: <<Para un actor o actriz que se tengan miedo talas y que sientan verdadera vocacion por apo arte, no creo que puedo existir Otra suerte Mejor: ¡Morir fingiendo morir! He aquí la sublime y definitiva relación de un arte y de una vida>>

Al conocer su muerte la prensa lo informó. Los artículos que a continuación transcribo son llenos de erratas en las fechas, en las representaciones de obras y su edad. Se confunden autores, se le niegan estrenos o se le atribuyen otras que nunca estrenó o incluso ni representar, la hacen catedrática cosa que nunca fue, se confunde la obra en que debutó en Madrid, se repite que murió a los 80 años cuando sólo le faltaban 2 meses por cumplir los 81, no se sabe dónde se Northampton si en Inglaterra o a los Estados Unidos, pero los periodistas -entiendo- que al recibir la escueta noticia del despacho de la agencia Efe, no tenían buenas bases de datos. Lo disculpo todo por los adjetivos que le ponen: ilustre, eminente, superdotada, eximía, exquisita, insigne.... artista.

 

 

 

"El Noticiero Universal" publicaba el sábado 26 de abril de 1969, firmado por Julio Manegat:

Ha muerto Margarita Xirgu. Al caer el gran telón ante una gran actriz: <<Ayer, a primeras horas de la tarde, en el sanatorio uruguayo de "Larguero" en Montevideo, pocas horas después de haber sido intervenida quirúrgicamente de la grave dolencia pulmonar que padecía, murió una de las máximas figuras de la escena española: la actriz catalana Margarita Xirgu. Se diría que ha caído el último y gran telón ante un tiempo escénico, ante una llama creadora del arte dramático, ante uno de los nombres que representan algo en el Teatro.

Esta mañana, al leer la noticia, he recordado una visita que hice a la casa de Badalona, frente por frente al reto de la mar, en que vivió la actriz durante muchos años. Allí, su hermano, que falleció hace unos años, me mostró docenas y docenas de recuerdos de la actriz: fotografías, bocetos de decorados, planes de estudio de obras, recuerdos personales... Fue una visita enmarcada en la nostalgia de la ausencia. Por aquel entonces se hablaba del inminente regreso de la actriz a su patria. Luego, un inoportuno artículo la detuvo en las Américas para siempre. Margarita Xirgu estaba en ellas desde 1936.

Recordaba, sí, aquella casa frente al mar y recordaba algunas de las cosas leídas sobre la gran actriz que nació cerca de Barcelona, en Molins de Rey, en el año en que Barcelona se abría al futuro a través de la Exposición Universal de 1888, en el mismo año, casi en las mismas fechas, en que nacía nuestro diario EL NOTICIERO UNIVERSAL. Allá, ahora, en Uruguay, ha caído el telón que un día se alzara para grito y alegría de la escena española. Sobre su casa de Punta Ballena hay el silencio de la gran platea vacía, cuando sólo el eco del silencio del arte consumado se deja oír en una misteriosa y última palpitación.

Margarita, nacida en el seno de una familia modesta, vino al mundo en el pueblo de Molins de Rey, en la casa número 83 de la calle Rafael de Casanova. Su padre, cerrajero de oficio, se encontraba allí para trabajar en el montaje de una fábrica. Luego, la niñez y la primera adolescencia de la futura actriz conocieron diversos paisajes catalanes: Gerona, Breda, de donde era su madre; Badalona... Margarita Xirgu casi desde niña, se vio envuelta en el fuego de su propia llama artística. Comenzó a salir a escena en cuadros escénicos de aficionados, pero su temperamento artístico iba mucho más allá y pronto actuó en Barcelona. Era el tiempo dramático de don José de Echegaray y de don Joaquín Dicenta.

Se iniciaba una carrera artística firme y decidida, impetuosa hasta romper cualquier límite. Pronto su nombre apareció en las carteleras del teatro Principal, del Romea... Y pronto, en 1906, Margarita Xirgu se presenta ya como profesional y ella elige la obra: "Mar i cel", de Ángel Guimerà. Y la actriz sorprende al público, centra la atención de la crítica, arrastra entusiasmos -¡tan difíciles!- hasta en sus mismos colegas. Margarita encarna personajes de Ibsen, de Sudermann, de Dumas, de Wilde... Su interpretación de "Salomé" es como un grito de fuerza dramática, de conmovedora vitalidad sobre el tablado.

Sigue la carrera, sigue el aplauso, sigue la llama que se consume a sí misma para que los demás reciban su fuego, su comunicación, su aliento dramático. En 1912 realiza su primer viaje a América. ¡Qué lejos, la actriz, de suponer que moriría al otro lado del mar que ella amaba tanto, lejos del azul cercano del Mediterráneo! Dos años más tarde sale a escena en Madrid y alcanza más y más triunfos. Es el tiempo de Benavente, de Bernard Shaw, de los Quintero, del Galdós de "Marianela", que la Xirgu interpreta...

Pero la actriz, la gran actriz, poseída de una increíble fuerza creadora, de una pasión de voz, de movimiento, de flexión, de rotundidad, no es sólo una gran actriz. Es también una mujer profundamente inteligente, que lee teatro, que entiende la raíz honda del teatro. Y ella conoce a Federico García Lorca y cree en la poética fuerza dramática del escritor. Margarita Xirgu representó mucho para el teatro de García Lorca que ella interpretó, que ella vivió como acaso nunca pudiera hacerlo otra actriz. Aquí estuvo el escritor de la mano de la actriz, y aquí quiso Margarita que la tragedia "Yerma" fuera representada en su pueblo natal y a que a la representación asistiese el poeta.

No es posible ahora, en la urgencia que es la mayor servidumbre del periodista, recordar datos y saber fechas. No es posible acercarse siquiera a la estela de triunfos que sobre los escenarios recorrió a lo largo de su vida la actriz que ahora acaba de perder el mundo del Teatro, con mayúscula. Tal vez, imperativo natural del paso del tiempo y de las generaciones, de la mutación de las sensibilidades artísticas, no admitiríamos hoy con tanto entusiasmo la actitud dramática de la actriz, pero es necesario situarla en "su" tiempo. En él, Margarita Xirgu fue una luz, un estallido, una grandeza que fijó la luz, el estallido, la grandeza de docenas y docenas de personajes creados por los más profundos dramaturgos clásicos y contemporáneos.

Margarita Xirgu no permaneció inactiva en su última aventura vital en las Américas: interpretó a Casona cientos de veces, estrenó muchas de sus obras en Buenos Aires, en Montevideo, en muchas otras ciudades del continente americano; ceó y dirigió escuelas de arte dramático y fue como un ejemplo señorial y anciano, vitalísimo y estimulante para la continuidad del arte del Teatro. El pasado año, a los setenta y nueve años de su edad, todavía tomó parte en el montaje de "Pedro de Urdemalas" en Montevideo, y monta -¡una vez más!- "Yerma" para ser representada en los Estados Unidos.

Y Margarita, cuyo nombre ahora, hoy, será como un eco lejano en la memoria, en el recuerdo emocionado, en la nostalgia del corazón, para muchos barceloneses, tuvo siempre el telón alzado para el afecto de su rincón, de su tierra sobre la tierra y enfrente de la mar. Ha caído ya el telón sobre este corazón cansado y lejano; ha caído el telón sobre un tiempo y un arte, sobre un relámpago vital y una sensibilidad creadora. Es un día de luto para el Teatro y, muy particularmente, para el teatro catalán en el borde mediterráneo del teatro español. Es un día en el que parece que en el aire luminoso de la mañana, aleteen los nombres antiguos de Jerónima de Burgos, de Mariana de Velasco, de María Calderón, de María Rosario Fernández... y, más cerca ya, de Teodora Lamadrid, de Matilde Diez, de Elisa Boldún... De la grande María Guerrero, de Rosario Pino...

Tal vez, allá, en el lejano mundo de la fantasía y del ensueño, de la poesía auténtica que no puede morir nunca, se estremezcan hoy los personajes que en su arte, en su personalidad, en su inteligencia, encarnó en los escenarios del mundo Margarita Xirgu. Tal vez, en el misterio del último mutis, el gran telón haya sido una compañía de tristeza y de paz>>.

 

 

El sábado 26 de abril de 1969 "La Vanguardia Española" publicaba:

Montevideo: Ha fallecido Margarita Xirgu. A consecuencia de una intervención quirúrgica que no ha podido superar: <<Montevideo, 25.-- La actriz española Margarita Xirgu ha fallecido en las primeras horas de la tarde de hoy, a los 80 años de edad.
Margarita Xirgu había sido operada ayer como consecuencia de haberse acentuado la grave enfermedad pulmonar que padecía, en el sanatorio "Larquero", donde fue internada hace quince días. --EFE.

Margarita Xirgu, que acaba de fallecer en Uruguay, había nacido en Molins de Rey en 1988. Muy niña, se trasladó a Barcelona, y desde su primera juventud mostró una afición extraordinaria por el teatro, al que luego, durante toda su vida, había de consagrar sus extraordinarios talentos.

Margarita Xirgu inició su carrera escénica interpretando principalmente teatro vernáculo catalán, del cual pasó en seguida a interpretar obras de teatro castellano, así como las grandes obras de traducción de la época, entre las que destacaron su creación de "La dama de las camelias", de Dumas; "Zazá", de Berton y Simon, y sobre todo una creación extraordinaria de la "Salomé" de Oscar Wilde.

Posteriormente, fue protagonista corriente de casi todo el repertorio de Benavente, así como de las grandes obras escénicas "La hija de Jorio", de D'Annunzio, y "Santa Juana" de Bernard Shaw.

Margarita Xirgu, mucho después, fue la impulsora y creadora práctica del teatro de García Lorca, cuyas obras, merced a ella, han conquistado posteriormente todos los escenarios del mundo.

La eximia actriz abandonó España en el año 1936, radicándose en Sudamérica, donde ha vivido desde entonces en el cultivo del teatro.

La nota de urgencia que acabamos de trazar no obsta para que en la edición de mañana LA VANGUARDIA dedique la glosa amplia que merece la gran figura del teatro español que acaba de desaparecer>>.

 

 

El sábado 26 de abril de 1969 "TeleIeXpres" publicaba firmado por N. de la R.:

Montevideo. Margarita Xirgu falleció ayer a los 80 años: <<Montevideo, 26 (Efe)-- La actriz española Margarita Xirgu ha fallecido en las primeras horas de la tarde de ayer, a los ochenta años de edad.
Margarita Xirgu fue operada el jueves, como consecuencia de haberse acentuado la grave enfermedad pulmonar que padecía. La intervención se efectuó en el sanatorio "Larquero", de esta capital, en el que había sido internada hace quince días.

Aunque llevaba tres décadas ausente, no había muerto el recuerdo de Margarita Xirgu, una de nuestras grandes trágicas de la escena. Podía sin exageración, ser comparada a Sarah Bernard o a Eleanora Duse, porque su nombre llenó muchos años de teatro en España como algo indiscutible, de una tremenda personalidad.

Nacida en Molins de Rei, inició su actividad artística en la escena catalana. Era el momento de Pitarra y Guimerà, cuyo teatro representó con singular maestría. Con Enrique Borràs formaba la más valiosa aportación catalana a la escena española, a la que dio nuevo tono y empaque. En su última época en la península, fue la intérprete ideal del teatro de García Lorca, que renovaba el concepto del teatro válido hasta entonces.

En América, Margarita Xirgu fue no sólo la eximia actriz de siempre, sino una maestra de actores, a quienes ofrecía generosamente su temple y su experiencia. En los últimos momentos de su vida, lejos de la tierra que la vio nacer, Margarita Xirgu debió pasar revista a los ochenta años gloriosos de su vida y un recuerdo muy especial debió posarse melancólicamente sobre Barcelona, la ciudad que la hizo y la proyectó>>.

 

 

El sábado 26 de abril de 1969 "El Correo Catalán" publicaba :

Ha muerto Margarita Xirgu: <<Montevideo, 25-- La actriz española Margarita Xirgu ha fallecido en las primeras horas de la tarde de hoy, a los ochenta años de edad.
Margarita Xirgu había sido operada ayer como consecuencia de haberse acentuado la grave enfermedad pulmonar que padecía en el sanatorio "Larquero", donde fue internada hace quince días. EFE>>

 

 

El sábado 26 de abril de 1969 "Solidaridad Española" publicaba, firmado por Españolito:

El último mutis de Margarita Xirgu: <<A muerto no como una lamparita que se extingue, sino como una larga y apasionada llama, vuelta a la hermosura de las cenizas, una egregia actriz catalana: Margarita Xirgu. Se apaga, con ella, más de medio siglo de teatro hispánico. Nació, en Molins de Rey, hace ochenta años. Sin embargo, su nacimiento escénico tendrá lugar, casi por casualidad. Necesitaban el periodista Rafael Moragas, y el extraordinario escritor, Julio Vallmitjana, una actriz para el estreno de "María Raquìn", ya que con el "colchonero intelectual", don Antonio Niubó, tenían apalabrado el "Círculo de Propietarios de Gracia", magnífico teatro del que haría, más tarde trinchera, Adrià Gual para el "Teatre Intim". Un aficionado puso sobre la pista de Moragas a una joven actriz, de 18 años, que trabajaba en un teatro de aficionados en la calle de Santa Rosa. Allí se dirigieron. En efecto, la joven cómica interpretaba un papel en el drama de Feliu y Codina: "María del Carmen".

Margarita Xirgu sostenía el hogar materno con lo que ganaba como galonera. Por eso, cuando los conocidos escritores le propusieron pagarle cinco duros por el nuevo papel, amén de la promesa de la presencia de la crítica barcelonesa, aceptó encantada. El crítico de "La Vanguardia", con mirada sagaz, taladradora del futuro, escribió en su reseña: "Barcelona cuenta desde anoche con una primera actriz indiscutible: Margarita Xirgu". Había, así, nacido, a la historia del teatro.

A partir de entonces, encarnará las apasionadas heroínas de don Ángel Guimerà; las exaltadas féminas de D'Annunzio, autor de moda; se meterá en la piel de "Los zingalos", de Vallmitjana.

Sin embargo, a nuestro entender, Margarita Xirgu va a tener una virtud, que la emparienta con otra extraordinaria cómica española: María Guerrero. La de no encasillarse en unos límites generacionales de autores y saber escoger la flor difícil del tiempo venidero. Ella, que asiste aún a los finales del teatro romántico, será la "Marianela", de don Benito Pérez Galdós. Pero al mismo tiempo, triunfará encarnando las heroínas del teatro modernista, con don Jacinto Benavente a la cabeza. Y ella, siempre avisorante de futuro, instalará en la escena las "Divinas palabras", de Valle Inclán. Y más tarde estrenará "La sirena varada", de Alejandro Casona, y luego, todo el teatro de un mozo andaluz, en cuyos dramas latía el fuego del atormentado mundo clásico: Federico García Lorca. En "Yerma", mete el mismo fuego desgarrado, que puso en la "Medea", de Sófocles, traducida por don Miguel de Unamuno, y teniendo por escenario las piedras milenarias del teatro romano de Mérida.

El viento de la historia, sopló sobre su vida, transplantándola a las Américas. Allí echó en los surcos -como doña María Guerrero- las simientes inmarchitables del teatro español. Los actores que viajaban a la otra orilla -el último, quizá, nuestro Alejandro Ulloa- no dejaban de hacerle una visita. Era como la gran madrina de los cómicos de las hablas hispánicas. Como la gran sacerdotisa, de la que había que heredar los filtros secretos de la escena.

Hemos dicho que el viento de la historia se nos llevó a Margarita Xirgu. Puede que el mismo viento universal, que no conoce límites ni fronteras, lleve por encima de la mar colombina, un poco de nuestra tierra, olorosa a pinares, y la deposite sobre su tumba, allá en Montevideo.

Ha muerto Margarita Xirgu. Barcelona la recuerda, en la hora grave de su último mutis...>>

 

 

El domingo 27 de abril de 1969 "La Vanguardia Española" publicaba:

Tributo en memoria de la gran Margarita Xirgu. Evocación de la gran actriz a sus ochenta años. Fecunda ejecutoria artística de su estancia en América: <<En diciembre último -concretamente los días 28 y 29- publicamos dos artículos de nuestro colaborador don Eduardo Blanco-Amor, apasionado apologista de Margarita Xirgu y profundo conocedor de su carrera teatral y de un modo especial de la etapa americana de la misma, que tanto prestigio añadió a la inmarchitable gloria de la gran actriz catalana que ahora nos ha abandonado para siempre.

A modo de resumen destacamos a continuación los párrafos más directamente actuales de los dos interesantes artículos de nuestro brillante colaborador. Entresacamos los siguientes:

La gira interrumpida: Salió de España a comienzos de 1936, llegó a Buenos Aires muy avanzado el año, después de haber actuado en varios países de América. Ya la guerra lo dramatizaba todo. ¡Qué sentido directo alcanzaba, de pronto, el grito maternal de <"Bodas de sangre"! ¡Dos bandos... Aquí hay dos bandos!> La actriz demócrata -no "roja"- arrastraba consigo, sin quererlo, un dramatismo simbólico, extrateatral. En seguida, silenciosos y enconados, hubo dos bandos. También en sendas salas y escenarios, al margen de sus protagonistas, sin texto escrito: la Membrives y la Xirgu. Todo era así en aquella dolorida y gesticulante retaguardia.

Sin querer moviliza: Margarita, pues, tenía una voz como el más noble metal, batida de armónicos a todo lo largo y lo grueso de las sílabas, encastrando unas en otras como "motu perpetuo" musical, independiente del texto, aunque a su servicio. Con ella armaba una prosodia pegadiza, y el mucho oírla se nos hacía luego vicio; y aún resultando tan teatral, nunca, ni en las grandes "estridencias" trágicas, se le iba de sí misma, de su personal raíz y consecuente ramazón, como si cada "situación" le fuese privativa, le ocurriese a ella, una y otra vez, en una serie de "allís" repentinos y personalmente justificados. Cuando nos penetraba el vicio de su voz, ya las otras nos llegaban llenas de esos ociosos altibajos y trémolos postizos de la declamación "oficial". Me acuerdo de Margarita en uno de aquellos festivales "de ayuda", donde nos movilizaba a todos para contribuir con nuestras habilidades. Recitaba Margarita un romance de frontera que para muchos había sido, hasta entonces, reminiscencia escolar. Pero cada vez que repetía: "¡Ay de mi Alhama!", el topónimo sin sentido se nos metía cuerpo adentro, sacudiéndonos, como proclamando la pérdida más entrañable y comprobable.

El teatro en sí: Dentro de la más severa metodología, Margarita Xirgu, durante largos treinta años, desplegó su genio en la más comprometedora gama. Teatro de alta cultura y, por eso mismo, incluyendo el popular. Sus "Medeas", sus "Electras", sus clásicos españoles y europeos, aquel "Hamlet", tan hondo y distinto, reflectando la perplejidad "esencialmente" mujeril del personaje; aquellos Marivauxdages y Goldonis, y algunos Tirsos y Lopes modulados desde el ballet a la tragedia; y la "Santa Juana" deslumbrante y capciosa de Shaw; los Giraudoux y sus irisados arabescos; Lenormand lúgubre, Cocteau malicioso y arcangélico... y los románticos rusos de levitas, polizón y amargas conclusiones. Además de este despliegue universal que le venía desde el fundamento barcelonés de su carrera, siempre que le fue posible recaló en lo nuestro. De Federico García Lorca nos dio en estreno americano "Mariana Pineda"; "Doña Rosita la soltera" -estrenada en Barcelona-, "Yerma", que veinte años después iba a dirigir a María Casares; y en estreno absoluto y póstumo "La casa de Bernarda Alba". Repuso "Bodas de sangre" y "La zapatera prodigiosa" ya holladas pero no descubiertas. Margarita -su larga amistad y colaboración con el poeta: sus codirecciones- hacía remontar estos estrenos desde lo módicamente escénico a lo profundamente teatral. El tercer acto de "Bodas", para dar un solo caso, que en las anteriores versiones resultaba caedizo, no alcanzó hasta Margarita, su trágico registro, la "descarga" funcional de toda la interna arquitectura de la obra.

Precusora y maestro: Siempre anduvo Margarita Xirgu ojo avizor no sólo para "lo nuevo", sino para los nuevos posibles. A su lado, y en la edad más juvenil, se formaron actores como Guitart, López Lagar, Diosdado, Closas; y actrices como Amelia de la Torre, Cándida Losada, Isabel Prada... Estrenó todo lo meritorio que en su tiempo hubo, Valle Inclán, entre otros, afrontando los riesgos de taquilla que alguna vez fueron espeluznantes. Sin exceder el tiempo en que yo pude seguir y gozar de su labor, estrenó la refundición de la "Numancia" cervantina y el "Adefesio" de Alberti, y si no llevó a escena "La gallarda" fue por imposibilidad de reunir, en ese momento, los tres galanes de primera línea que la obra demandaba. Además de reeditar las primicias españolas de Casona, le estrenó "Prohibido suicidarse en primavera" y "La dama del alba", quizá su obra más perdurable; y asimismo "El embustero en su enredo", del joven exiliado, luego profesor de la Universidad chilena, J. Ricardo Morales. Y del mismo, en velada memorabilísima, la refundición de "La celestina" (con artistas formados por ella en Uruguay) en el marco justo del Teatro Cervantes de Buenos Aires; adaptación concebida por su autor y representada por Margarita desde "dentro" del verdadero espíritu de esta obra española básica del teatro europeo. (Al respecto, todavía me pregunto hoy, recordando el modesto "pastiche" que luego se dio, cómo fue posible que Casona, conocedor del trabajo de Morales, pudiera caer en la turbia inconsecuencia de sustituirlo con otro quizá más mañoso, pero sin duda también más inesencial). Además al lado de estas largas proezas, en ella tan naturales, Margarita hizo que muchos españoles, de aquellos de "si la bolsa suena" y del "hable usted en cristiano" por todo conocimiento catalán, respetasen y aun quisiesen a Cataluña, proeza nada menor.

Margarita y los catalanes: Nuestra posguerra nos dejó tan maltratados (aun a los que fuimos lejanos -nada lejanos- espectadores) en sangre propia, que cuando la ajena empezó a derramarse en tanta cuantía casi nos resultaba indiferente; y, en la zona de la saña, casi vindicativa. El contragolpe hizo que nos replegásemos en lo "cultural", luego de tanto desgañitamiento político, como queriendo hallar nuevos motivos vitales en los valores perennes y en la certidumbre mayor del espíritu. En aquel volver al sentimiento y rescate de España desde nuestros pueblos fundamentales -que fue desde donde se hizo y desde donde tantas veces se rehizo "lo español"- los catalanes de Buenos Aires -también los de Chile y Uruguay-, tuvieron gran desempeño y lograron respeto harto merecido. Intervinieron en la organización de las grandes editoriales, fortalecieron la solidaridad colectiva, se revelaron en sus grandes figuras, vueltas plenamente a su quehacer. El doctor Sayé, dando el primer reculón serio a la tuberculosis en aquellos pueblos; el doctor Cuatrecasas -hoy profesor de la Universidad Nacional de la Plata- publicando libros de ensayos "a la page" con la ciencia más nueva; el doctor Mira y López, magistral disertante, veteado con las palabras mínimamente desvergonzadas del psicoanálisis, que se habían leído, pero no oído por el público común, y que hacían sus conferencias muy excitantes y discutidas; el maestro Jaume Pahissa y sus saberes vertiginosos, llevándonos, con la mayor cortesía de teclado y voz, a sus laberintos intertonales; Torres García, geometrizando la inspiración plástica; y el bondadísimo Serra Moret, la única palabra serena que allí quedaba, incitándonos a la esperanza como a una lotería infalible, y a una justicia inmanente como a una matemática del sino, ¡válgame Dios!.

Coda: Total: Nace en Molins de Rey, en 1888, año de la Exposición Universal. Actúa, por primera vez "en serio" haciendo la protagonista de una obra de Zola, sustituyendo a la titular. Habría que intentar una estadística de estas "revelaciones" por sustitución en la historia del teatro. La de Margarita en 1906, en el teatrillo del Círculo de Propietarios de Gracia. Últimas actuaciones hasta el momento: Dirección de "Pedro de Urdemalas", marzo de 1967, Montevideo, con la Comedia Nacional y de "Yerma", mayo del mismo año, en el Smith College Theatre de la Universidad de Northampton, Massachusetts, Estados Unidos, y siempre a su lado, con el corazón, con el talento, con la ayuda, Miguel Ortín, su segundo catalán ya para siempre. Margarita cumple ochenta años en su casa de Punta Ballena: playas inmensas, doradas; plantas y plumas subtropicales, áloes como pájaros, colibrís como flores; cielo azul tenue; especie de jardín de Aladino plantado hace más de un siglo por el yugoslavo Lussich, que dejó biografía-leyenda entre filibustero y terrateniente, y que está allá arriba, enterrado bajo un trinquete de verdad. Margarita frente a un mar también levantino; República Oriental del Uruguay, anda por los senderos de la selva domesticada llegando cada mañana del recuerdo por las anchas avenidas de una existencia cumplida, en vocación, en trabajo y también en dolor, como pocas. Es jubilada de un Gobierno de la Hispanidad que la custodia, como un bien propio, en su estuche, que no la deja envejecer, que la rodea con su orgullo joven. Margarita y Miguel siguen diciendo unas cien veces al día: Catalunya, Barcelona, Madrid, España...


I continuaba firmado por A. Martínez Tomás:

Un ardoroso espíritu renovador: <<Margarita Xirgu, que acaba de morir a los 80 años, ha sido una de las dos o tres figuras más eminentes que ha dado Cataluña a la escena española. Figura egregia, lo ha sido por igual en Barcelona, que en Madrid, Valencia o Bilbao. En toda España se la admiraba con idéntico fervor y más tarde ha sido una de las llamas ardientes, de las hogueras vivas, que ha mantenido el teatro español en Ultramar. Una llama que ha ardido, con un afán votivo, durante más de treinta años.

Aun cuando su influjo fue profundo y ardiente sobre las generaciones que frecuentaban el teatro en España antes de nuestra guerra civil, las que han venido luego tienen escasas noticias de su vida y su arte. Y también, de su pasión vocacional, tan encendida, que hizo de ella una figura extraordinaria en todo tiempo y en cualquier país en que se hallase.

Lo que más sorprende de la personalidad de Margarita Xirgu fue su curiosidad desvelada, su instinto renovador, su pasión por lo nuevo, en relación con la vida del teatro. Adolescente que actuaba por afición en los grupos teatrales vernáculos, rehuyó siempre que le fue posible ese teatro fácil, de adocenado costumbrismo, tan frecuente en el "amateurismo" popular. Pasada, al campo profesional, sus preferencias fueron desde el primer momento hacia quienes representaban en el teatro una audacia estética o una tendencia innovadora. Sus autores predilectos, aquellos que prefería interpretar con mayor entusiasmo, eran Haupmann, Sudermann, Oscar Wilde, Hofmanthal... Y también, naturalmente, Guimerà, Rusiñol, Ignacio Iglesias...

Cuando se resuelve a pasar el Ebro, que será su rubicón artístico, para entregarse de lleno a la escena española en toda su variada amplitud nacional, decide primero vivir en París un período de observación y aprendizaje. Quiere conocer a las figuras que "hacen teatro" en la capital de Francia, siempre artísticamente tan hirviente. Todavía tiene tiempo de ver actuar a Sarah Bernhardt, a Cecile Sorel, a Cora Laparcerie... Ya antes no se había perdido en Barcelona ninguna de las representaciones que tan frecuentemente daban por entonces grandes compañías dramáticas francesas e italianas. Lydia Borelli, que la recibió muy cariñosamente y la trató con gran dulzura, le dio consejos de gran sabiduría y verdadero afecto.

Tras debutar en Málaga, como primer paso, su presentación en Madrid, en el año 1912, la convirtió en poco tiempo en una de las figuras artísticas más populares de España. Hizo su presentación en la capital con "Los ojos muertos" de Jacinto Benavente, alcanzando un triunfo de clamor. Desde entonces la joven actriz catalana se constituyó en una actualidad permanente. Estableció contacto personal con los grandes escritores y actores de la época. Interpretó "Marianela" de Galdós. Poco después una creación magnífica de "La loca de la casa" del mismo escritor. Entusiasmado, Benavente le dio a estrenar, en poco tiempo, varias de sus obras, entre las cuales "El dragón de fuego" y "Una señora".

Desde su llegada a Madrid sintió una incontenible vocación hacia la figura de Valle-Inclán y su teatro poético. Vio en aquellas obras, que no parecían escritas para el teatro, que algo tenían, íntimo y profundo, que podía ser traducido en sustancia dramática. Quiso estrenar "El yermo de las almas", del gran don Ramón, pero le surgieron al paso tantos inconvenientes que tuvo que renunciar. Bastantes años más tarde había de ser la primera actriz española que representase el teatro valleinclanesco. Primero fue "La princesa Rosalinda" y "Voces de gesta", las que puso en escena.

Un momento resplandeciente en la vida artística de Margarita Xirgu fue su interpretación de "Santa Juana", de Bernard Shaw, gran triunfo al que correspondió poco después el que conquistara en la representación de "La celestina".

Como en cierta ocasión Margarita manifestase su gran admiración por la tragedia antigua y deplorase no haber tenido ocasión, dado lo poco propicio del ambiente, para representarlas, Unamuno tradujo para ella, expresamente, la "Medea" de Séneca. El triunfo conquistado por Margarita representando esta heroina antigua fue memorable.

Fiel a la vocación que la llevaba constantemente a explorar, con afán y amor, los horizontes nuevos, fue años más tarde la gran impulsora del teatro de García Lorca. En 1927 le estrenó "Mariana Pineda". Tres años después "Yerma", y a continuación "Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores".

"La casa de Bernarda Alba", estrenada también por Margarita, fue otro gran éxito de García Lorca. Y, naturalmente, también de la actriz.

Otro autor cuyos grandes valores presintió y admiró fue Alejandro Casona. Margarita Xirgu se apresuró a estrenarle "La sirena varada", comedia que acababa de alcanzar un premio. Años después la Xirgu, le estrenaría a Casona tres comedias más en Buenos Aires, en donde ambos residían a la sazón.

Desde el escenario del Español, que ocupó tantos años, Margarita Xirgu, realizó constantes campañas teatrales que pueden presentarse como ejemplares. Su espíritu de selección no sólo se reflejaba en el cuidadoso tacto y certera intuición con que elegía las obras representadas, sino también en la formación de las compañías de que era directora. Tuvo un especial sentido para rodearse de figuras eminentes y someterlas, con un dúctil sentido de la disciplina, al ritmo y al molde que exigía su modo de hacer teatro.

Avecindada en Sudamérica, especialmente entre la Argentina y el Uruguay, países que había visitado en diferentes ocasiones, a lo largo de su vida artística, Margarita Xirgu ha realizado en más de treinta años una admirable labor artística y formativa. Desde el escenario y desde la cátedra. Hablar en Hispanoamérica de esta gran figura ibérica, es como hablar también de una gloria entrañable y reverenciada fervorosamente en aquellos países>>.


I continuaba firmado por Pablo Vila San-Juan:

La nostalgia de la gran artista: <<Ese sentimiento misterioso que invade el alma y tortura la mente; ese pesar de ausencia, que remueve recuerdos y forja ambientes de soledad en un medio de todo un mundo viviente y clamante, fue impregnando los últimos años de Margarita Xirgu entre grandes triunfos artísticos que le atrajeron la admiración de todos los pueblos americanos, y la muda adoración de sus discípulos más preclaros.

-"Más tarde o más pronto, yo iré a morir en España". Dijo, hace muy pocos meses, al conocido rapsoda Santiago Forn Ramos, que la visitaba en Montevideo, y al que hice alusión en una crónica dedicada a la eminente artista, es estas mismas páginas.

No ha sido así. Su cuerpo, es posible que vuelva a su querida Cataluña. Su alma, nunca se apartó de aquí a través de las distancias y de los imponderables; pero el todo de esta existencia vital, que soñaba con las flores de las Ramblas, con el calor de los suyos, con la alegría incontenible del encuentro y la amistad, ha llegado tarde. Quizás en compensación impresionante, a que también llegó tarde el reconocimiento de una injusticia.

Margarita Xirgu, mujer superdotada que nunca pudo explicarse las reales anomalías entre el pensamiento y la vulgaridad; que visitaba el Museo del Prado del brazo de Eugenio d'Ors, como guía instructivo; que en su saloncillo del Teatro Español escuchaba absorta a don Jacinto Benavente, al doctor Marañón, a don Ramón del Valle-Inclán y a Ramón Pérez de Ayala, porque quería cultivar su formación en fuentes auténticas de valor, tuvo que atravesar circunstancias equívocas y difíciles, que el destino sembró a su paso retorciéndole muchas veces el corazón, turbando su espíritu, y ensombreciendo su mente.

Pero su nostalgia, sobreponíase a la ausencia, con la añoranza del bien perdido. Cada una de las mujeres que interpretó, poniendo en ellas sus amores de artista y su sensibilidad de mujer, le acompañaron como fantasmas embrujados que tejían con el poso de sus dolores, con la alegría de sus placeres, una corona de laurel que nadie puede quitarle, y que en este momento triste del adiós hacia el infinito, brilla sobre su nombre en gloria triunfal, acariciando su cuerpo frío, y respetando la tierna nostalgia que quedó en el corazón>>.


I continuaba firmado por C.:

Sentimiento en Molins de Rey, su población natal: <<En Molins de Rey, su villa natal, ha causado también natural sentimiento, sobre todo en los medios artísticos y teatrales, la súbita muerte de Margarita Xirgu. La gran actriz había nacido en julio del año 1888, en la casa entonces número 33 del "Carrer de Baix", desde el año 1915 calle de Rafael de Casanova y ahora con el número 83, esquina a la Plaza de Cataluña de esta localidad, punto neurálgico de la misma. Vino al mundo en la planta baja de aquel inmueble, el que en el año 1923 se levantaron dos nuevos pisos, hoy habitados por inquilinos no de muchos años residentes aquí, pues no quedó en la población familiar alguno de la eximia actriz.

Desde su tierna infancia sus padres se trasladaron de nuevo a Gerona, ya que habían venido circunstancialmente a Molins de rey, con motivo del montaje de una fábrica, "Can Coll". Esta villa, de la gran actriz desaparecida, siempre la ha admirado y recordado con lógica consideración, y aquí igualmente había actuado en diferentes ocasiones. Primero fue hacia los 18 años, en la desaparecida sala del "Café Nou" y por el año 1935 en el teatro del Fomento Cultural y Artístico, donde representó la famosa obra "Yerma", con asistencia de su propio autor, García Lorca, recibiendo la Xirgu un modesto homenaje de simpatía, que hoy, al cabo de los años, tiene un sentido acento>>.

 

 

El domingo 27 de abril de 1969 "El Correo Catalán" publicaba :

Margarita Xirgu. Una catalana de talla universal. Sesenta años de teatro se hallan representados en la actriz desaparecida: <<Margarita Xirgu ha muerto. Sesenta años de teatro español se hallaban representados en esta mujer octogenaria, una de las actrices más importantes que ha dado Cataluña al mundo y que hasta hace dos años estuvo entregada a la actividad escénica desde Uruguay, su patria americana de adopción.

Margarita Xirgu había nacido en Molins de Rei en junio de 1888. Desde su adolescencia, los escenarios ejercieron sobre ella una sugestión notable, premonitoria de los éxitos clamorosos que en ellos alcanzaría tiempo después. Los públicos de Badalona y Gracia son los que conocen el inicio de su carrera, en donde se aprecia por encima de todo una entrega apasionada a sus personajes. El Romea y el Principal son los coliseos barceloneses que acogen esta labor inicial de la Xirgu. A los 18 años, la actriz debuta como profesional en la obra de Guimerà "Mar i cel". Durante varios años, Margarita Xirgu contribuirá a ensalzar la escena catalana y sus éxitos interpretativos, cimentados en una extraordinaria sensibilidad y en una fina inteligencia, la situarán a la cabecera de los repartos de la época en los que destaca otro nombre: Enrique Borràs. Margarita Xirgu y Borràs representan en la historia de aquella época teatral la conquista de un alto prestigio para la escena catalana. Intérprete exquisita del teatro de Pitarra y de Guimerà así como de muchos clásicos españoles, no tarda su nombre a proyectarse sobre todo en el ámbito peninsular y de ahí a los núcleos teatrales de Hispanoamérica. Tiene Margarita Xirgu 24 años cuando efectúa su primer viaje artístico a este continente. El impacto que alcanzan sus actuaciones perdurará durante 50 años, dilatada etapa en la que los países americanos de habla castellana han considerado a Margarita Xirgu como la más notable actriz de su teatro. La acogida que ésta tuvo en América desde sus primeras actuaciones, establecería entre la eximia actriz y aquellos públicos, especialmente con los de Argentina y Uruguay, una corriente de afectos y de ilusiones profesionales que ya no habría que interrumpirse en ningún momento. Diversas fueron las "tournées" de la Xirgu por el continente americano en donde, al abandonar España en 1936 decide establecerse. Montevideo será su lugar de residencia aun cuando sus actividades artísticas alcanzarán a muchas otras ciudades sudamericanas y aun de Norteamérica.

No bastaría la simple crónica de éxitos para trazar la talla profesional de Margarita Xirgu, esa actriz catalana de universal relieve que ha alcanzado con justicia los niveles míticos de Sarah Bernard. No bastaría esa crónica, porque lo que descubre la importancia de Margarita Xirgu es el impulso que dio con su trabajo a obras y autores que alcanzaron, gracias a la labor de la actriz, su adecuada valoración. La pasión de Margarita Xirgu por el teatro irá siempre mucho más allá del perfeccionismo interpretativo -que buscó y alcanzó-, mucho más allá de los afanes de una gran profesional de la ficción escénica. Margarita Xirgu profundizó y se entregó con verdadero apasionamiento al fenómeno teatral en toda su integral dimensión. Es así como Margarita Xirgu cruza hoy los umbrales de la posteridad y se integra a la historia de la cultura contemporánea no sólo con el título de exquisita y gran actriz sino también con el de directora y alentadora de obras que han dado relieve mundial a nuestro teatro.

En este sentido, Benavente tiene mucho que agradecer a Margarita Xirgu, la cual al asumir la mayor parte de sus obras contribuyó decisivamente a la justa valoración de este clásico. Es también en esta misma línea que Margarita Xirgu fue la entusiasta descubridora del teatro de García Lorca. La sugestión que sobre su espíritu sensible ejerció la poesía y la obra toda de este autor, se manifestó en una constante indagación de su actividad creadora que tuvo memorables traducciones sobre el escenario. El malogrado escritor se sumó a un cálido homenaje que en el año 1935 la villa de Molins de Rei tributaba a Margarita Xirgu en el "Café Nou". Fue "Yerma" la obra que la Xirgu interpretó en aquella ocasión y fue también "Yerma" la que ocupó las últimas actividades teatrales de Margarita Xirgu, la cual dirigió con éxito excepcional en mayo de 1967 en la Universidad de Northampton, en los EE.UU. El que este título del gran poeta jalone los momentos importantes de la vida de Margarita Xirgu, no deja de señalar acaso un secreto indicio de las exigencias profesionales de la extraordinaria mujer de teatro. El drama de la aridez y de infecundidad rodeaba a la actriz con patética emoción precisamente en ocasiones en que se subrayaba la abundancia de los valores culturales, la prolífica labor creativa y recreativa de Margarita Xirgu. "Yerma" no podía resultar así el grito exigente y desgarrado de la mujer en constante búsqueda, en constante propósito de adquirir nuevas responsabilidades y lograr nuevos objetivos. Persona nunca instalada en su fama, Margarita Xirgu ha sido así mismo ejemplo de abnegada superación artística.

La noticia de la muerte de Margarita Xirgu ha sido escueta, como si el pasmo se hubiera apoderado del despacho de agencia. A los ochenta años tras una delicada operación pulmonar, la actriz, presente en su lejanía, nos ha dejado. En Gerona, donde pasó muchos años de su niñez, en Barcelona, cuyos escenarios han guardado el recuerdo de su formación fulgurante, llena de augurios jamás desmentidos, se lamenta hoy la pérdida de esta figura de talla internacional, ejemplo de los genios de arte y cultura que produce esta tierra nuestra>>.

 

 


El lunes 28 de abril de 1969 "La Hoja del Lunes" publicaba firmado por José María Junyent:

Una gran trágica que desaparece Margarita Xirgu: <<Con su implacable laconismo, un despacho llegado de Montevideo nos anuncia el fallecimiento de la eximia actriz catalana, Margarita Xirgu, retirada en el ocaso de su existencia allá por las tierras cálidas y plateadas de Punta Ballena, resplandeciente rincón marítimo del continente americano.

Conocimos a Margarita Xirgu cuando se reveló, cuando era nada más que un atisbo de lo que llegaría a ser. Se había pasado la niñez -la niñez, porque a los trece años era ya actriz- trabajando en catalán, y todavía, recordamos con profunda emoción, la que sentimos viéndola hacer en el Romea "Mar i cel", de Ángel Guimerà. No hemos olvidado tampoco aquel: "Ja no et veuré més, mai més, Carles Enric! No tornarás, no!", que la ideal Catalina decía llorando en "Joventut de príncep", de Meyer Forster, con toda la pasión de la joven enamorada que ve, por siempre más, muertas sus esperanzas. También recordamos las interpretaciones en el viejo Principal de "La campana submergida", de Hauptmann; "La victoria dels filisteus", de Arthur Jones; "Tristos amors", de Glacosa; "La llàntia de l'odi", de Gabriel D'Annunzio, y "Els pobres menestrals", de nuestro Adriá Gual, que contribuyeron a cimentar de un modo definitivo la saliente personalidad de la joven artista de Molins de Rey, iniciada escénicamente en el teatro del Círculo de Propietarios de Gracia, con "Teresa Raquín", de Emilio Zola, su primera gran creación.

La recordamos, asimismo, en el repertorio de don Jacinto Benavente y en el de don Eduardo Marquina, que ninguna otra actriz supo abrillantar como ella en el escenario y con cuyas obras -muchas de ellas escritas expresamente para su personal lucimiento- recorrió triunfalmente la península en unión de otro coloso de la escena, nuestro inolvidable don Enrique Borràs. La actriz catalana era algo distinto de nuestros medios escénicos. Rompía con hábitos que nuestros artistas diputaban únicos, como consecuencia de la influencia echegarayana y, en general, del romanticismo decimonónico. Artista comprensiva, inteligente, de una flexibilidad asombrosa, y capaz de todo, ya que no se dejaba cortar las alas de la ambición, triunfó en la tragedia griega, lo mismo que en el drama clásico español; en la alta comedia y en el frívolo vodevil; o sea, que pasó de la "Medea", de Séneca, y la "Elektra", de Hoffmanthal, a "La mariposa que voló sobre el mar", de Benavente; de "La niña de Gómez Arias", de Calderón de la Barca, y ·Fuenteovejuna", de Lope de Vega, a "L'ase de Buridan", de Flers y Caillavet, y "La chocolaterita", de Gavault, haciendo un alto en su camino para atreverse a representar aquella "Salomé", de Oscar Wilde, en cuya tragedia, obsesionante y extraña, exaltaba mejor que ninguna actriz extranjera los raptos del instinto, el estallido de toda la sensualidad contenida en la carne morena de la bella hija de Herodías, arrebatando al público en la feroz apoteosis, junto a la cabeza truncada del Bautista, que producía en el auditorio el escalofrío de terror y la repulsión. Incluso aprendió danza con la profesora de los conjuntos del Liceo, Pauleta Pamies, a fin de interpretar con el mejor arte coreográfico la danza de los siete velos, característica del drama de Wilde. Un crítico de aquellos tiempos escribió en un popular diario barcelonés: "La lúbrica princesa de la tragedia de Oscar Wilde coronó el colosal trabajo, diverso y complicado de esta eminente actriz que acaba de aparecer, como realidad definida, sobre la escena española. El diálogo con Johanam, la danza brillantemente matizada y la escena final, dificilísima prueba para una actriz, señalaban un prodigio de perfección consciente, imposible de que la superaran Mimí Aguglia, la Sarah Bernhardt o la insigne Ristori".

Margarita, que había triunfado en Madrid, con igual ardor que en Barcelona, y que reconocía deberlo todo a Enrique Giménez, su director, y a Salvador Vilaregut, su buen consejero, realizó otro prodigio de interpretación encarnando el papel de "Marianela", la heroína de Galdós y de los hermanos Álvarez Quintero, escenificadores de la sentimental novela. Más tarde, en el Principal Palacio, estrenó "Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores", de García Lorca; en el Poliorama, "La sirena varada", de Alejandro Casona, "descubriendo" formalmente a aquel malogrado dramaturgo de la aldea asturiana de Basullo, que escribió para ella varias obras dramáticas estrenadas en las repúblicas hispanoamericanas, con la colaboración del notable actor Alberto Closas, su discípulo predilecto. Y culminó sus triunfos, con "Yerma", de García Lorca, en el teatro Barcelona, de la que Margarita hizo una portentosa creación reflejada en todas las antologías escénicas.

Uno de los privilegios que Dios concedió a Margarita Xirgu fue la posesión de un talento singularísimo. La Xirgu era una mujer inteligente, conocedora de la literatura universal y del teatro de todos los tiempos y de todos los países, al servicio del cual consagró por entero su vida. Poseía espléndida figura, y una melodiosa armonía de movimiento, además de aquel rostro de ojos inquisidores que mutaban su expresión a la ironía, al sentimiento de ternura, a la burla gracejosa, al arranque de fiereza, al complejo de odio y maldad, etcétera. ¡Y qué dicción la suya, qué perfección de dicción, prosodia musical en limpias escalas vivaces! Margarita Xirgu se adueñaba del personaje, adaptándose a su psicología, lo "vivía" con todo entusiasmo, pasión y convencimiento, y lo hablaba sin afeites declamatorios, ni arrebatos de elocuencia ninguna. En ella, la psicología del personaje interpretando era "causa". Y el hablarlo, derivación o "efecto".

Margarita Xirgu, alejada de su patria, pero nostálgicamente enraizada a esta ciudad mediterránea a la que mantuvo viva y perenne en su memoria, acaba de fallecer, cumplidos los ochenta años de edad. No la olvidaremos. Criatura de excepción, actriz señera, vocación fértil, imagen de mujer y de heroína literaria, las trompetas de la fama seguirán diciendo que por derecho propio merece la ilustre actriz catalana colocarse en el recuerdo junto a las más preclaras reinas de la escena, con la especial y excepcional condición de "la única trágica" que ha dado el teatro español de nuestra época>>.

 

 

 

"El Diario de Barcelona" publicaba el martes 29 de abril de 1969, firmado por María Luz Morales:

Adiós a Margarita: <<El corazón duele al escribirlo. Se resisten los dedos, negativos, rebeldes, al agarrar la pluma. No diré, pues, que ha muerto. Diré, sólo, que se fue antes... Hacía muchos años que su presencia nos dejara, más en su ausencia, de lejos, la seguíamos en su nostálgico peregrinar, así en sus éxitos fabulosos, como en sus decepciones y amarguras. Sabíamos, con gozo, de sus triunfos. Intuíamos, con dolor, su añoranza. Tuvo siempre un lugar en nuestra espera ilusionada. Al conocer el aura apoteósica, que, al otro lado de los mares, la consagraba como actriz maestra de actrices y de actores, nos pareció como si un rayito de aquellas luminarias llegara a los cristales del balcón de nuestro cuarto de trabajo. De tarde en tarde, llegaban a nosotros ecos de su nunca desmentido amor a Barcelona. Y cordiales apretones de manos transmitidos por amigos de amigos, que, allá lejos, la habían visitado. Para nosotros, no envejecía. No podíamos imaginar arrugas, ni en su tez ni en su arte. De mí sé decir que cuando supe que dejaba la escena para buscar merecido descanso en su residencia uruguaya de Punta Ballena, el singular nombre de este lugar de su retiro me sonó a título de una nueva comedia de Casona o de Giraudoux...

No traté, personalmente, a Margarita Xirgu. No estreché nunca su mano, ni sostuve conversación con ella, ni jamás me dedicó un retrato, ni en mis montones de correspondencia hay una sola línea suya. Le soy deudora, sin embargo, de algo tan esencial como mi conocimiento y amor a la lengua catalana, que mi adolescencia, ávida ya de teatro, aprendió para mejor entender y admirar el arte de la entonces jovencísima actriz de Molins de Rey. Los poetas serían mis maestros más adelante.

No. No traté, de cerca, a Margarita: siempre ella en la escena, en mi butaca yo. Apenas ni sé nada de su vida de mujer, ni de esas cosas, siempre las mismas, que se preguntan y mal responden en los interwiews. Creo, no obstante, que su vida, sino que con tiempo y espacio, alcanzaría yo a trazar una biografía suya, bastante certera y hasta, en lo posible completa y acabada. No precisamente la historia de su vida, sino la historia de "sus vidas", esto es, la vida múltiple, diversa, que vivió, apasionada, dúctil, vibrante, sobre las tablas de los escenarios. Pues ¿acaso no es ésa la auténtica vida de una actriz? De la plebeya malicia de "Miqueta i sa mare" y la aburguesada picardía de "La petite chocolatière" o el amor adolescente de "Juventud de príncipe" a la majestuosa, patética dignidad de "La reina jove"... ¡cuántos matices del humor, del sentimiento, de la femineidad, de la pasión, ya en una primerísima etapa! (¡Qué rápido salto prodigioso del teatrillo del Círculo de Propietarios de Gracia a los escenarios del Romea y del entonces tan prestigioso Teatro Principal. Más... estas vidas no dan idea, ni con mucho, de todas las vidas que había de vivir -literalmente- Margarita. Las criaturas eternas de los trágicos griegos cobrarán palpitación, aliento, vida, en su garganta, en sus manos, en sus ojos... Su temperamento extraordinario arderá en la venganza de "Electra", se desgarrará en el grito de "Medea". Quien no la vio ni la oyo, no podrá comprenderlo, más los contemporáneos de su carrera entre nosotros nos darán la razón si digo que ella ha sido la única gran trágica con que ha contado, en el mundo, el teatro de España. (Y si ello, sin desdeñar las posibilidades -inmensas para ella- de los otros géneros...). De aquí que, como toda comparación, me parezca, por lo menos fútil, la que, en una nota publicada estos días, le señalaba como continuadora en las escena española, de la línea marcada por doña María Guerrero y doña Carmen Cobeña. No, no. Con todos mis respetos para estas grandes señoras de la escena, y mi sincera admiración para su arte, he de proclamar que el arte de Margarita, era... otra cosa. Toda ella, en cuanto actriz, era distinta.Más apasionada, más inquieta; por ello más universal.

No era una actriz académica, es cierto, pero ¿que más podrían haberle dado conservatorios ni academias a quien pisó, en su infancia, la escena y ya no la abandonó nunca; a quien leyó, incansable, por días y por noches, las obras de los grandes autores antiguos y modernos, y se adueñó de una cultura intensa, rica, propia; de quien puso todo su corazón en la tarea? De quien llevaba en la frente una estrella...

Sus últimas actuaciones entre nosotros, nos revelaban el teatro de Federico García Lorca, al tiempo que el alma profunda de una Andalucía sin folklore. (Mucho después, ¡Dios mío!, lo veríamos bailao con castañuelas...). Quien admiró, a través de sus interpretaciones, el desgarrado patetismo de la maternidad frustrada en "Yerma", la punzante tragedia de la madre del hijo asesinado en "Bodas de sangre", la delicada filigrana sentimental (un poquito cursi; un mucho romántica) en "Doña Rosita, la soltera" no vuelva a ver esas obras nunca más, interpretadas por actriz ninguna...

Las implacables notas necrológicas nos dicen que, a la hora de su ausencia definitiva, cumplía Margarita Xirgu ochenta años. Es una edad hermosa para quien, después de vivir tantas vidas, deja, trás de sí, rastro de gloria. Más nosotros -reitero- no la hemos visto envejecer. Pasaba el tiempo -más de un cuarto de siglo- en nuestros relojes, en nuestros calendarios, y ¡ay!, en nuestros espejos... Más la ausencia dijérase que inmoviliza el tiempo, al mantener, en el recuerdo, intacta, como suspensa, la imagen del ausente, tal como por última vez la vimos... Y es así cómo nos parece que Margarita Xirgu ha muerto prematuramente, malograda, arrebatada, en plena juventud, a nuestra ilusionada espera inútil.

Yo la veré siempre, en mi nostalgia de su figura, de su voz, de su arte, en la edad de aquella inegable "Rosita" lorquiana -la romántica señorita de Granada que conocía "el lenguaje de las flores" y que supo ser fiel a su primer, único amor-, cuando por primera vez se dio cuenta del paso de los años, al oírse llamar "Doña Rosita". Va a ella mi adiós -y a tantas y tantas heroínas, desaparecidas en Punta Ballena-, en éste mi adiós a Margarita>>.

 

 

El periódico "Ya" publicaba el martes 29 de abril de 1969:

Ha muerto Margarita Xirgu: <<La gran trágica española Margarita Xirgu ha fallecido en Montevideo a los ochenta años de edad>>.


 

El diario "La Prensa" publicaba el domingo 4 de mayo de 1969:

Cardedeu: Concurso de teatro amateur y homenaje a la memoria de Margarita Xirgu: <<... Simultáneamente con estas manifestaciones teatrales se ha organizado una exposición especialmente dedicada a la memoria de Margarita Xirgu, la insigne actriz recientemente fallecida. Se exponen programas y fotografías que permiten hacer la historia de las actividades teatrales de la señora Xirgu en la villa de Cardedeu, en la que actuó varias veces. Entre las fotografías figura una dedicada por Margarita Xirgu a sus amigos de esta villa, en el año 1907, y unos programas que demuestran la colaboración de la entonces juvenil actriz con los grupos de aficionados de la misma. Por aquella fecha Margarita Xirgu tenía diecisiete años, poco más o menos...>>

 

 

El diario "La Vanguardia Española" publicaba el martes 6 de mayo de 1969, firmado per M.T.:

Margarita Xirgu y su última Yerma: <<Como ha sido recordado estos días con motivo de su reciente muerte, la insigne Margarita Xirgu había dedicado los últimos años de su vida a impulsar y difundir el conocimiento del teatro español en diversos países americanos y europeos. Lo hizo primeramente, con especial dedicación en la Argentina, Méjico y otras Repúblicas de habla hispánica, pero también extendió fervorosamente esta labor de hispanófila y de amor al teatro a otros países, como los Estados Unidos e Inglaterra. Importantes colegios, famosas universidades y prestigiosos centros de cultura, habían requerido a la gloriosa actriz para que montase en sus departamentos de lengua española, espectáculos teatrales de alta calidad. Uno de ellos -y por cierto de los más brillantes- fue el que tuvo lugar en el Smith College de Northampton, en Inglaterra, en mayo de 1967. La noticia nos la da en atenta carta, llena de efusiones cordiales y de evocaciones conmovedoras, la joven barcelonesa Pilar Barrera que en aquel festival teatral, en que fue representada una de las más características obras de García Lorca, desempeñó el papel de protagonista. "Yo fui su última Yerma" -nos dice en su carta- Y, hurgando en sus recuerdos, nos describe delicadamente a la ya casi octogenaria actriz "avanzando valerosamente bajo los copos de nieve, hacia el teatro procurando no resbalar sobre el suelo helado, aquella primavera tan fría de Northampton, apoyándose siempre en el brazo solícito de don Miguel Ortín".

Pilar Barrera ha tenido la gentileza de adjuntar a su carta un programa de esta representación de "Yerma" en el Smith College, en el que intervinieron estudiantes británicos, españoles y sudamericanos, entre ellos también el niño Javier Barrera, hermano de aquella excepcional y brillante "Yerma", la última que dirigió Margarita Xirgu>>.

El "Diario de Barcelona" publicaba el 3 de mayo de 1969, el siguiente articulo firmado por María Luz Morales. Fondo Antonio y Ramon Clapés:

Adiós a Margarita: <<El corazón duele al escribirlo. Se resisten los dedos, negativos, rebeldes, al agarrar la pluma. No diré, pués, que ha muerto. Diré, solo, que se fue antes...

Hacia muchos años que su presencia nos dejara; más en su ausencia, de lejos, la seguíamos en su nostálgico peregrinar, así en sus éxitos fabulosos, como en sus decepciones y amarguras. Sabíamos, con gozo, de sus triunfos. Intuíamos con dolor su añoranza. Tuvo siempre un lugar en nuestra espera ilusionada. Al conocer el aura apoteósica, que al otro lado de los mares, la consagraba como actriz maestra de actrices y de actores, nos pareció como si un rayito de aquellas luminarias llegara a los cristales del balcón de nuestro cuarto de trabajo. De tarde en tarde, llegaban a nosotros ecos de su nunca desmentido amor a Barcelona. Y cordiales apretones de manos transmitidos por amigos de amigos que, allá lejos, la habían visitado. Para nosotros, no envejecía. No podíamos imaginar arrugas, ni en su tez ni en su arte. De mi sé decir que cuando supe que dejaba la escena para buscar merecido descanso en su residencia uruguaya de Punta Ballena, el singular nombre de este lugar de su retiro me sonó a título de una nueva comedia de Casona o de Giraodoux...

No traté, personalmente, a Margarita Xirgu. No estreché nunca su mano, ni sostuve conversación con ella, ni jamás me dedicó un retrato, ni en mis montones de correspondencia hay una sola línea suya. Le soy deudora, sin embargo, de algo tan esencial como mi conocimiento y amor a la lengua catalana, que mi adolescencia ávida ya de teatro, aprendió para mejor entender y admirar el arte de la entonces jovencísima actriz de Molins de Rei. Los poetas serían mis maestros, más adelante.

No. No traté de cerca a Margarita: siempre ella en la escena, en mi butaca, yo. Apenas ni sé nada de su vida de mujer, ni de esas cosas, siempre las mismas, que se preguntan y mal responden en las interviews. Creo, no obstante, que con tiempo y espacio, alcanzaría yo a trazar una biografía suya, bastante certera y hasta en lo posible, completa y acabada. No precisamente la historia de su vida, sino la historia de "sus vidas" esto es, la vida múltiple, diversa, que vivió, apasionada, dúctil, vibrante, sobre las tablas de los escenarios. Pero ¿acaso no es ésa la auténtica vida de una actriz...? De la plebeya malicia de "Miqueta i sa mare", la aburguesada picardía de la "Petite chocolatière" o el amor adolescente de "Joventut de princep", a la majestuosa, patética dignidad de "La reina jove"... ¡Cuántas matrices de humor, del sentimiento, de la femineidad, de la pasión, ya en una primerísima etapa! (¡Que rápido salto prodigioso del teatrillo del Círculo de Propietarios de Gracia a los escenarios del Romea y del entonces tan prestigioso Teatro Principal!) Más... estas vidas no dan idea, ni con mucho, de todas las vidas que había de vivir -literalmente- Margarita Xirgu. Las criaturas eternas de los trágicos griegos cobrarán palpitación, aliento, vida, en su garganta, en sus manos, en sus ojos... Su temperamento extraordinario arderá en la venganza de "Elektra", se desgarrará en el grito de "Medea". Quien no la vió ni la oyó, no podrá comprenderlo, más los contemporáneos de su carrera entre nosotros me darán la razón si digo que ella ha sido la única gran trágica con que ha contado en el mundo, el teatro de España. (Y ello sin desdeñar las posibilidades inmensas para ella de los otros géneros...) De aquí que como toda comparación, me parezca, por lo menos fútil, la que, en una nota publicada estos días, la señalaba como continuadora, en la escena española, de la línea marcada por doña María Guerrero y doña Carmen Cobeña. ¡No, no! Con todos mis respetos para estas grandes señoras de la escena, y mi sincera admiración para su arte, he de proclamar que el arte de Margarita era... otra cosa. Toda ella, en cuanto actriz era distinta. Más intuitiva, por ello más humana. Más apasionada, más inquieta; por ello más universal.

No era una actriz académica, es cierto, pero ¿qué más podrían haberle dado conservatorios ni academias a quien pisó en su infancia la escena y ya no la abandonó nunca; a quien leyó, incansablemente, por días y por noches, las obras de los grandes autores antiguos y modernos y se adueñó de una cultura intensa, rica, propia; de quien puso todo su corazón en la tarea? De quien llevaba en la frente una estrella...

Sus últimas actuaciones, entre nosotros, nos revelaban el teatro de Federico García Lorca, al tiempo que el alma profunda de una Andalucía sin folklore. (Mucho después, ¡Dios mío!, lo veríamos bailado con castañuelas...) Quien admiró, a través de sus interpretaciones, el desgarrado patetismo de la maternidad frustada en "Yerma", la punzante tragedia de la madre del hijo asesinado en "Bodas de sangre", la delicada filigrana sentimental (un poquito cursi; un mucho romántica) en "Doña Rosita la soltera" no vuelva a ver esas obras nunca más, interpretadas por actriz ninguna.

Las implacables notas necrológicas nos dicen que a la hora de su ausencia definitiva cumplía Margarita Xirgu ochenta años. Es una edad hermosa para quien después de vivir tantas vidas, deja, tras de sí, rastro de gloria. Pero nosotros -reiteró- no la hemos visto envejecer. Pasaba el tiempo -más de un cuarto de siglo- en nuestros relojes, en nuestros calendarios, y ¡ay! En nuestros espejos... Dijérase que inmoviliza el tiempo, al mantener en el recuerdo, intacta, como suspensa, la imagen del ausente, tal como por última vez la vimos... Y es así cómo nos parece que Margarita Xirgu ha muerto prematuramente, malograda, arrebatada, en plena juventud, a nuestra ilusionada espera inútil.

Yo la veré siempre, en mi nostalgia de su figura, de su voz, de su arte, en la edad de aquella inefable "Rosita" lorquiana -la romántica señorita de Granada que conocía 2el lenguaje de las flores" y que supo ser fiel a su primer, único amor- cuando por primera vez se dio cuenta del paso de los años, al oírse llamar "Doña Rosita" . Va a ella mi adiós - y a tantas y tantas heroínas desaparecidas, en Punta Ballena, en éste mi adiós a Margarita>>

 

 

El diario "La Prensa" publicaba el mes de mayo de 1969:

Homenaje póstumo a Margarita Xirgu en Radio Barcelona: <<En evocativos programas dedicados a la que fue insigne actriz catalana, así como de la escena española, Margarita Xirgu, el próximo mes de julio le será tributado un homenaje póstumo, a través de las antenas de Radio Barcelona a cargo de su gran cuadro de actores, que dirige Armando Blanch, y dentro de la popular audición "Radioteatro", que se emite todos los domingos, a partir de las once de la noche. A tal fin han sido seleccionadas las mejores comedias que la famosa actriz estrenó y otras de las que hizo una verdadera creación, según el detalle siguiente:

Día 6: "La fuente escondida", de Eduardo Marquina.

Día 13: "La sirena varada", de Alejandro Casona.

Día 20: "Bodas de sangre", de Federico García Lorca.

Día 27: "Mar i cel", de Ángel Guimerà. Obra que, como profesional, interpretó Margarita Xirgu en el teatro Romea, de nuestra ciudad>>.

 

 


La revista "Destino" publicaba en estas fechas:


Ha muerto Margarita Xirgu: <<La gran actriz ha muerto en Montevideo. Nació en Molins de Rey (Barcelona) en 1888. A los catorce años empezó a actuar en el teatro, iniciándose como profesional en el Romea, de Barcelona, en 1908. Se presentó en Madrid en 1912, causando una gran impresión por su personalísimo arte. Dio vida en escena, con brío renovador, a personajes de Benavente, Pérez Galdós, García Lorca, Unamuno, Guimerà, Donnay, etcétera. Marchó a América en 1936, donde en anteriores ocasiones había hecho largas jiras dando a conocer clásicos y nuevos valores del teatro español>>.

 

Fondo Antonio y Ramon Clapés

 

El 6 de mayo de 1969 se publicaba a "Dígame Ud." el siguiente articulo firmado por Emilio Graells Castells, lleno de afirmaciones inciertas e incorrectas -como que el padre de Margarita Xirgu quedó paralítico en lugar de haber contraído una afección cardiaca- y lleno de un espíritu fascista que aún perduraba en algunos, a principios de los años 70:

Ha muerto Margarita Xirgu: <<Ha muerto, lejos de su patria, una de las principales actrices españolas. La catalana Margarita Xirgu. Ella, como ave de paso, muy joven cruzó los mares en busca no sólo de gloria, sí deseosa de alcanzar con sus esfuerzos humanos una vida que no pudo tener en sus años infantiles, llenos de dureza, de privaciones sustanciales y de ilusiones adecuadas a toda muchachita que siente en el alma los deseos de un bienestar que circunstancias familiares la alejaban de su espíritu rebosante, de otro vivir que la atenazaba con dolor y sufrimiento.

Se agitaba en su ser el fuego de un arte seductor y Margarita Xirgu, con escasos años, se revolvía actuando entre los teatros llamados de sala y alcoba, poniendo en las obras que representaba toda su alma y todo su corazón.

Pero la vida también tiene sus bajas y sus altas. Y llegó, sin recomendaciones, a presentarse un día en teatro de categoría, de la mano del gran Guimerà, y obteniendo un éxito tan solemne que vimos -los que tenemos la suerte de vivir- una Marta de "Tierra baja" y una "María Rosa" brillar y enaltecer el teatro vernáculo en el Romea de Barcelona. Aquí se esfuma la actriz modesta, sencilla de teatro de aficionados para dar paso a una figura que sus actuaciones profesionales nos recuerdan a una Carlota de Mena, una Concepción Ferrer, y más tarde, volando por Madrid y América, la prensa en general española la compara a una María Guerrero, una Catalina Bárcena y a una María Tubáu de Palencia.

La vemos estrenar obras de Benavente, Valle-Inclán, García Lorca, Marquina, Quinteros, y ser solicitada por empresas formidables.

Es largo el historial de esta eximia actriz y se convierte en ídolo de nuestros grandes dramaturgos. Benito Pérez Galdós la agasaja, la contrata y estrena aquella "Marianela" que los sevillanos Quintero adaptan de la novela en obra escénica.

Margarita Xirgu alcanza, a medida de su esfuerzo, aquella posesión soñada un día en su pisito de la estrecha y feísima calle de Jaime Giralt, casa medio desmantelada, con un padre paralítico y una madre llena de tristeza y dolor.

Aquella niña que a los dieciséis años ha de aportar con rudo trabajo y esfuerzo el dinero para ayudar a los suyos, trabajando por pueblos y ciudades en teatros de ínfima categoría, se ha agigantado para, en plena juventud, ser la eminente primera actriz, pisando las tablas de un teatro Tívoli, Novedades y Nuevo, de la ciudad condal; que se viste en los modistas parisienses; que se acomoda en sus largos viajes terrestres y marítimos siempre en primera clase.

Tiene sus administradores, sus consejeros, incluso elencos con figuras de elevado rango artístico y con directores geniales, convirtiéndose en empresaria. Pero, por circunstancias ajenas en su vida, la situación transforma la política nacional y su debilidad y sus pensamientos alteran su espíritu y, mal aconsejada por los que la rodean, se ve obligada a dejar España para buscar un reposo en lejanas tierras americanas, como Chile, Buenos Aires y recluyéndose en Montevideo, donde le ofrecen un elevado cargo de profesora, siendo querida allá y añorada aquí. Y en el bello Uruguay ha cerrado sus ojos para siempre. ¡En paz repose la eminente Margarita!...>>

 

Fondo Antonio y Ramon Clapés

 

El viernes 16 de mayo de 1969 "La Vanguardia Española" publicaba el siguiente artículo firmado por Eduardo Blanco Amor:

Margarita Xirgu. Mutis final y lección: <<Margarita Xirgu, española universal, o sea catalana de nacimiento y raíz, porque la universalidad empieza con el "ser" de alguna parte, y aún partícula o particularidad, y en el sentirse para siempre ligados a la radicalidad de la nación, y en oír su voz, su vocación que, para Unamuno, es "voz de adentro", entrañada en la nuestra hacia fuera, con la que hablamos, pensamos, cantamos y soñamos dormidos y despiertos; Margarita digo, cumplía 80 años la otra vez que estuve aquí. Como yo fui uno de los testigos de su gloria mayor, por más extensa, por más intensa, escribí para estas columnas una evocación de aquellos casi tres decenios que nos fueron comunes en países de la Hispanidad, entendido este vocablo en su mejor sentido, o más inusual. Salió la evocación temblorosa y no por temblona sino por conmovida, ya que el tiempo vital cuando se amontona en cuantía tan agobiante cada una de sus fechas nos deviene efemérides de otras, y lo normal es que la muerte nos aguarde, "con sus fúnebres ramos", al volver la esquina de cada hora contigua.

Con Margarita así fue, entre el diciembre pasado y el domingo pasado, y aún leyó aquella rememoración de tantos días gozosos y penosos en el trabajo y el amor de España, lejos de su posesión que le hubiera sido tan necesaria; inventando, un día y otro, su sensorial disfrute, volviendo los ojos interiores hacia los paraísos perdidos... En vista de que todo ello quedó indispensablemente esbozado en aquellas líneas, no habría por qué reiterarlo ahora en prosa de gorigoris y recorderis, que entre españoles trae siempre un dejo esperpéntico, un desinflado dolor exclamativo. Cuando se dice, ciñéndose a lo necesario y a lo justo, lo que se sabe y lo que se siente, cualquier añadido o buscapié nos llevará de la sustancia a la retórica; de la voz real, con sus honrados matices, a la megafonía alborotada y publicitaria, con lo cual todos vamos perdiendo. Si aquel panegírico tuvo, como siempre tienen, algo de necrología anticipada, bien muerta, y sin más, me está ahora Margarita -y ojalá que bien sepultada- donde la dejé viva: Ofelia de nuevo, bajo guirnaldas zumbadoras de colibríes, en medio de la flora universal que plantó en Punta Ballena aquel Lussich decimonónico, supuesto filibustero, entre dálmata y uruguayo, y redimido trotamundos, con toda la hojarasca políglota, policroma y polifónica puesta ahora a declamar, en su témpora mejor, su brioso coral de otoño.

De no haber sido aquí, entre sus gentes, continuada en obra, imagen y gratitud por las generaciones de su casta; aquí, frente a su mar, respaldada por sus montes, o en el entrañable "...recinto, sonando a multitud, de Barcelona" (Marquina), nada mejor que aquellas soledades de su nemorosa jubilación, en el país hermano. En el más tierno y suave de alma de nuestra América, en medio de una solidaridad verdaderamente consanguínea y de la dignidad, cotidianamente insuflada, de una libertad cada día más difícil.

Si en casos así nos es posible mantener aherrojada la retórica ("prends l'elocuence et tords lui le cou"), es probable que la muerte nos consienta el lujo severo de una conclusión moral, de una lección o enseñanza que prolongue el hecho más allá de su anécdota, y que la cavilación nos sirva de pena más decorosa que el llanto tremolado. Margarita, que salió de su país para su trabajo alegre y no para el exilio "expiatorio", muere, como los otros exiliados, de muerte incompleta, que es casi peor que de una vida truncada. "Morirás lejos", grita desde su portada un libro de María Teresa León; otro, también de demolición íntima, se nombra: "Retornos de lo vivo lejano", de Rafael Alberti, su marido. El augurio incontenible, la carcoma incesante de la muerte frustrada, dispersada, dislocada, se oirá, royendo asimismo en los versos de Cernuda, de Prados, de Altolaguirre, de Salinas, de León Felipe, sin salir de la diáspora cancionera: se trata de la desazón, de la muerte contra natura, de la presunción tremenda de esa orfandad última de la tierra; la angustia que no cesa, como "el rayo que no cesa" de Miguel Hernández, exiliado interior.

No obstante, Margarita, igual que todos, trabajaron por España, vivieron por España; aunque no en ella, de ella llevarán la simiente del fruto que halló lejos de su sazón más rica, y en algunos la más honda, como en Juan Ramón "el cansado de su nombre" que allí se dio nombre final: "animal de fondo". ¿Cómo acusó todo esto España más allá de lo musitado, de lo "consentido", de la captación archivera y del fichero profesional que todo lo congelan? Se nos va cada uno de estos gigantes nuestros, españoles de toda ella, vicarios de ella desde alguna parte o parcela suya; se nos desploman lejos sin ese ancho caer acompañado, prolongado, del que muere en su sitio; disminuido, reducido su caer en la escualidez de un parte telegráfico o de una aséptica gacetilla, como forasteros para siempre. ¿Con qué razones nos desprendemos de su legítima aportación española? ¿Quién los pensó sinceramente como interlocutores para el "decíamos ayer" con que los españoles recomenzamos España cada tanto?

Margarita Xirgu, como los demás -alguno en mis brazos, santo Dios- murieron de muchas cosas, pero todos ellos dentro de una notoriedad, y también de un material provecho, que en su fondo les resultaban insípidos, sin contento real. Meros cables y gacetillas mortuorias, pasados o futuros, fueron o serán. P. Del Río Hortega, C. Pí y Suñer, Pittaluga, Sayé, Jiménez de Asúa... en la ciencia emigrada; Gaos, García Vacca, Sánchez Albornoz, Américo Castro en las averiguaciones y meditaciones, con todos los etcéteras que se quieran; cien más en las letras de la poesía, y de la invención; miles en las profesiones y oficios oscuros y fértiles que dieron prestigio básico al trabajador español rescatado de la azarosa inferioridad laboral del viejo emigrante...

He aquí un cortejo para el mutis final de Margarita hacia el trasmundo: esos tantos españoles que merecen gratitud, no lástima de la patria. Digo, despidiendo a "la Xirgu" y presumiendo lo que ella misma diría: Bien están las prescripciones legales, gratas de leer, conciliadoras; mucho mejor las apelaciones al "encuentro de los hermanos", pero que todo ello pierda, de una buena vez, ese aspecto magnánimo de "concesión" que resuena, en algunos, con acento discriminatorio, graciable. No hay que olvidar que "la cosa" es entre españoles; que se opera con el alma de los españoles para quienes la palabra "derecho" es mucho más viable y amable que "perdón">>.

 

 

La revista "Destino" publicaba el 17 de mayo de 1969, firmado por Ángel Zuñiga:

Margarita Xirgu: <<La muerte de Margarita Xirgu, lejos de su patria, resulta sumamente dolorosa para quienes, a través de los años, seguimos de cerca y de lejos su carrera artística. Fue actriz única, en su tiempo, de aspiración y densidad nada comunes. Tal vez, en lo primero, cabría hallar equivalentes: en lo segundo, no. Ninguna otra alcanzó el rango y su categoría. Me refiero a los años precisos de madurez dramática. La proyección de imagen y voz, el entendimiento, la elaboración consumada del personaje, la averiguación de su raíz humana más íntima, mantuvieron la exigencia total, talento y nervio, de la más grande actriz de nuestra escena. Su ejemplo ha determinado en mucha juventud que jamás pudo verla (Margarita Xirgu salió de España en 1936, meses antes de estallar la contienda), la creación de una leyenda. Desde el final de aquella guerra vimos aparecer en los tablados escénicos infinidad de jóvenes con afán de ocupar su puesto. La Xirgu era como una meta, ansia de fructificar en mil heroínas distintas, la condición de mujer capaz de entender a todas ellas. Ninguna ha satisfecho hasta ahora su medida.

La profesión, lo más respetable de la persona cuando la persona es la primera en hacerla respetable, ha sufrido demasiadas variantes. En los tiempos de Margarita, permitaseme llamarle así en la sinceridad de mi afecto, la presión comportaba exigencias mayores. Se variaba de personaje, a veces de noche a noche. Torbellino de figuras que debían interpretarse a veces con la preparación de cuatro ensayos enhebrada la rutina con actitudes y tics personales. Para un ser inteligente, vocacionalmente entregado a la tarea, a la labor, al quehacer como que se hace del mundo teatral, cada interpretación podía ser semillero de experiencias, enriquecimiento de emociones si el sentimiento personal lograba traducirlas. Era una dedicación por entero. Sólo cuando es así, así parece también en la escena.

No tengo edad para haber visitado a Margarita Xirgu en su primer tiempo, cuando hacía del catalán la lengua dulce y armoniosa, vibrante y persuasiva de un pueblo amable, benevolente, civil, civilizado. Al fin, yo hice de Cataluña, por vocación, mi hogar, mis raíces de recuerdos en la hermandad con sus gentes. Perteneciendo por familia a la cultura castellana, también con afán por entender, por acercamiento, por saber de los demás, me he centrado en el eje de sus sentimientos.

Hace años vi a Margarita Xirgu en el Teatro Barcelona, junto a Enrique Borràs en "Terra baixa", de Àngel Guimerà. Eran dos personalidades opuestas. Borràs, en cuyo Manelic asomaba la pena social del grito desgarrado, frente a la Xirgu, Marta de tantos hogares, resignada, discreta, perfumadamente femenina en el vértice pasional del varón. Fueron dos intérpretes catalanes que, cada cual a su manera, abrieron otro cauce para el teatro castellano. También Borràs, era un ser de excepción, prodigiosamente civilizado. Cuando voy a Barcelona siento todavía la nostalgia de las reuniones en su casa con el privilegio de averiguar tantos de sus recuerdos.

La vez primera que vi a Margarita Xirgu, siendo yo un niño, interpretaba "Marianela". Sólo su enorme persuasión escénica, madurada ya en mil encuentros con el repertorio vasto, prodigioso, podía redimir el melodrama lacrimoso de las pobres gentes que reclaman su parte de piedad en la sociedad despiadada. Debió de ser la primera de sus consagraciones en la escena castellana. Todavía me atenaza el drama sentimental. Margarita poseía la facultad de ennoblecer la figura de una pobre mujer con el acento estremecido que aspira todavía a la esperanza.

Jamás dejé de verla desde entonces. En mis recuerdos más queridos, entrañables de ese juguete vital que es el teatro, su voz dolorida quedó para siempre sujeta a mi oído, en la percepción del misterio femenino, desvelado por su magia. Nada sabemos de nadie. La loca de la casa traza mil imaginaciones posibles ante el secreto personal de cada ser humano. Muchas veces juzgamos sin respetar. No entendemos que para bien o para mal cada persona es recipiente de un soplo desconocido que aviva la llama de eso que entendemos por espíritu.

El arte del intérprete cuando con condiciones aspira a cierta grandeza trata de levantar el valor del misterio. Misterios de gozo, misterios de dolor. Un simple relámpago cruza entonces la escena. Nos lo aclara con luz viva, aunque solo sea por unos segundos. En ese breve espacio de tiempo se nos ofrece la ventaja de entender a los demás, tanto como en los demás podamos examinarnos a nosotros mismos. En la escena española de los años veinte y treinta, ninguna actriz como Margarita Xirgu para el ejercicio de ese sacerdocio de ilusión por el que llegamos a la adivinación, a la comprensión, la tolerancia, pues, de este sueño de vivir, del que a veces despertamos con el sabor agrio de una pesadilla.
Ir a ver a Margarita Xirgu proporcionaba un extraño, íntimo deleite, que se nos ha arrebatado. Nos la arrebató primero la vida. Nos la ha quitado ahora y para siempre la muerte. Ninguna otra actriz sobrevivió con tal aliento al texto de tantas obras teatrales, consumadas por su perfil trágico, auténtico, extraordinario. La última vez que la vi fue en México, año 1956, interpretaba "La casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca. De Lorca le había visto estrenar "Mariana Pineda"; "Yerma" en el Barcelona; "Doña Rosita" en el Principal Palacio.

Me llevo a conocerle, antes de la representación, un ilustre periodista mexicano, don Armando de María y Campos, una de las personalidades que en el mundo teatral han escrito con mayor percepción, agudeza, conocimiento la historia, las historias también de la escena. Jamás olvidaré este encuentro. En persona, Margarita era el mismo portento de sabiduría teatral que tanto me había conmovido en los escenarios. Conocía muy bien, por las limitaciones de su salud, lo que podía ofrecer ya a la escena. No existía un solo rasgo de vanidad en sus palabras. Se enfrentaba con la realidad con la misma mentalidad abierta que le hacía cumplir su destino. Si las jóvenes de Barcelona la tenían como modelo, aun sin conocerla, en toda América el nombre de Margarita es venerado. Había dejado una estela luminosa de talentos exquisitos.

Al día siguiente, el periodista barcelonés Juan Tomás preparó una comida, creo recordar que en Folkolare. Tampoco conocía yo a Tomás. Era de generación anterior a la mía. Vivía a su manera bohemia, carcomido por el recuerdo constante de las Ramblas. Esas Ramblas que tampoco volvería a ver.Todos los seres humanos llevamos en nuestro corazón unas Ramblas nostálgicas en donde dejamos la fragancia de nuestra juventud. Yo hubiese querido que todas las flores de las Ramblas hubieran tributado el homenaje postrero a Margarita.

Tanto en su casa, con su marido Miguel Ortín, como en la comida en el restaurante, el placer de conversar de teatro con Margarita es de las impresiones que recuerdo ahora con la pesadumbre de lo que ya no había de repetirse. Hablamos de todo. Le recordaba yo con devoción sus temporadas en el Goya, en el Barcelona, la última en el Principal Palace. El repertorio de Benavente, los Quintero, Marquina, encontraba en la actriz el prodigio generoso de su persona. Llegaba con autoridad a su magnífica "Santa Juana" de Bernard Shaw. Saltaba también el recuerdo a su maravilla de delicadeza en "Los fracasados", de Lenormand o en el prodigio de poesía de "Una tarde de octubre" de Kaiser. En el Teatro Español, de Madrid, su Laurencia genial de "Fuenteovejuna"; en el teatro Griego barcelonés, su imponente "Medea". Hasta la doña Inés del "Tenorio" era una estampa virginal, de gracia llena.

Sentiré toda mi vida que cuando hace dos años pasó por Nueva York no pude verla. Una universidad norteamericana había organizado un homenaje a la actriz haciéndola dirigir "Yerma". El homenaje debió ser de ella a unas aulas universitarias que no habían conocido antes el estremecimiento dolorido de su presencia. Estuvo muy enferma en Nueva York. Hablé mucho con su marido, Miguel Ortín. Había ya una premonición de la muerte, cumplida ahora, al morir lejos de su patria>>.

 

Fondo Antonio y Ramon Clapés

 

La revista "Àncora" de Sant Feliu de Guíxols publicaba el 22 de mayo de 1969, el siguiente articulo firmado por Tomàs Roig y Llop, que sabe más que la propia familia al asegurar que a la Xirgu le operaron el único pulmón que tenia, que tuvo una agonía de 15 horas y que los pronósticos fueron muy pesimistas antes de intervenirla, que en el cementerio el Dr. Cuatracasas, había venido expresamente de Buenos Aires, pronunció unas emotivas palabras de despedida o que en La Habana hay un teatro Margarita Xirgu :

Variaciones en torno a Margarita Xirgu: <los lectores es lo suficiente conocida seguramente con sincero dolor, la desolada nueva del traspaso de la que fue gran actriz y directora de escena, Margarita Xirgu y Subirà, la cual morí, a los 80 años, el 25 de abril último, en una clínica de Montevideo, tras una agonía de quince horas. Lo operaron de su único pulmón -hacía años que había perdido el otro- y los pronósticos en haberla de intervenir eran mucho pesimistas.

Habla de esta gran figura catalana, nacida en Molins de Rei y fraguada, artísticamente, desde el Teatro de Forofos hasta llegar a la más alta gloria del Teatro universal, no hace falta hacerlo, caro han sido ya recordados los valores más importantes en biografías y reportajes de prensa y radio. Nos referiremos, pero, a algunos aspectos de su vida y su muerte que, aun así, vale la pena de mencionar:

En primer lugar, debemos remarcar que la Xirgu pasó algunos años de su niñez en Girona y esto no dejaba nunca de recordarlo con vivo amor cuando hablaba con los artistas de nuestro país que la visitaban a su bella residencia de Punta Ballena.

Margarita Xirgu era una entusiasta enamorada de las obras teatrales de Federico García Lorca y que ella dio a conocer apasionadamente. El que firma asistí al estreno de "Yerma", impresionante acontecimiento que no olvidaré nunca jamás. A esta excelso intérprete del Teatro lorquiano se puede bien decir que se debe gran parte de la popularidad enorme que a las Américas -sin excluir los EE. UU.-, tuvo y sigue teniendo García Lorca, muchos versos de los cuales se saben de memoria desde los humildes tirabotes hasta la gente de dinero, y, ya ni que decir tiene, los intelectuales. Lo ha podido fácilmente comprobar el firmante cada vez que viaja a Venezuela y Colombia, por ejemplo. Con su nombre hay Teatros, como el de La Habana.

Es curioso de constatar que, en sus tiempos de plenitud en nuestro país, la genial intérprete de "La reina joven", era tan admirada y popular que se editaban tarjetas-postales con su retrato.

Son muy sugestivas las colecciones de programas de actuaciones de la actriz, sola o con otras famosos artistas y de fotos diversas con motivo de aquellas y, aun, de su boda con Josep Arnall (viuda, ahora era casada en segundas nupcias con Miquel Ortín, que había estado su administrador), fotos que se pueden ver en elMuseo de Arte Escénico, en la Ciudad Condal. Es de esperar, que sus herederos enriquecerán con otros recuerdos de ella lo que hoy todavía es cosa relativamente reducida.

El traspaso de Margarita Xirgu, que también era muy estimada en Uruguay -donde realizó una tarea profesoral fecunda y brillantísima- y en cualquier parte de la América Latina, como persona y como artista extraordinaria, ha conmovido, asimismo, aquellos países. Velaron su cadáver toda la noche cuatro jóvenes del Casal Catalán de Montevideo, vestidos según las costumbres nuestras antiguos. Salí al entierro de la Asociación de Artistas de Uruguay; en el cementerio, antes de recibir sepultura al panteón de su médico, un catalán depositó en el ataúd, envuelto con la bandera catalana, un saquito de tierra de Catalunya; y, después, el Dr. Cuatrecasas, venido expresamente de Buenos Aires, pronunció unas emotivas palabras de despedida.

Margarita Xirgu que, de jovencita, había conocido la armoniosa belleza de la Girona antigua, para saborear, bien pronto, la miel del triunfo, a la escena catalana, del resto de España y en muchas capitales del mundo, ha enmudecido para siempre jamás en una nación lejana, pero generosa y sensible. Ahora sólo la podremos escuchar bien e interpretando maravillosamente García Lorca en el automático giro de los discos.

Al morir, nuestra Margarita Xirgu tenía, como vulgarmente se llama, las maletas hechas, para volver definitivamente en Barcelona...>>.

 

 

La revista "Semana" publicaba el mes de mayo de 1969, firmado por José Montero Alonso:

Historia gráfica de Margarita Xirgu. Ha muerto una gloria teatral de Cataluña y España. Trabajó en teatros de aficionados cobrando cuatro pesetas por función: <<La actriz estudiaba muy a fondo sus obras. Sentía por el teatro una verdadera pasión. Era, por esto mismo, rigurosa y exigente en el trabajo. Uno de los actores que junto a ella trabajaron, Enrique Guitart, ha contado que durante los ensayos, por ejemplo, no permitía fumar ni leer. Quería que la atención estuviese puesta integramente en la obra, en su sentido, su texto y su movimiento. Que los intérpretes se adentrasen en el espíritu y el ambiente de la comedia. "Los actores estaban obligados a seguir toda la obra, aunque su papel fuese episódico, breve, de aparición fugaz">>

<<En el otoño de 1906 -hace sólo unos meses que se casó, en Madrid, Alfonso XII- dos escritores catalanes Julio Vallmitjana y Rafael Moragas, quieren rendir un homenaje a Emilio Zola. Puede consistir ese homenaje en la representación de la obra del novelista francés "Teresa Raquin"

A la iniciativa se les une un comerciante de la zona barcelonesa de Gracia, Antonio Niubó. Alquila éste, para la representación proyectada, un teatro que hay en la calle Asturias: el Círculo de Propietarios de Gracia. Niubó, que tiene una tienda en aquella barriada, es también un entusiasta del teatro. Contrata a una actriz profesional, María Morera, y a unos cuantos aficionados jóvenes. Entre ellas a Laia Guitart que interpretará el papel de la protagonista en la obra de Zola.

Rafael Moragas ha traducido el texto francés en ocho días. Son empezados los ensayos. Se acerca la fecha del estreno. De pronto, un día -faltan sólo seis para la representación-, Laia Guitart tiene un vómito de sangre. El estreno tiene que ser aplazado.

Alguien, sin embargo, propone la posible solución:
-Cerca de aquí, en la calle Santa Rosa, hay un teatro de aficionados. Dan función los domingos por la tarde. Hay allí una muchacha muy joven, que dicen que está bien. Acaso pudiera hacernos ella el papel. ¿Por qué no vais a verla y hablar con ella?

DIEZ PESETAS POR FUNCIÓN

Vallmitjana y Moragas se acercan al local del que se les ha hablado. Están representando esa tarde de domingo "Maria del Carmen" de Feliu y Codina. Cuando cae por última vez la cortina, los dos amigos pasan al escenario y hablan a la muchacha. Quieren que les haga el papel principal de "Teresa Raquin". Le muestran el ejemplar de la obra.
-¡Pero si esto es larguísimo!...
Tarda en decidirse la joven actriz. Ella trabaja en las funciones de los domingos y cobra por ello diez pesetas. El resto de los días gana un jornal de cuatro pesetas haciendo galones. Vallmitjana, ahora, le ofrece cuatro duros. Luego sube a cinco. La muchacha parece dispuesta a aceptar. Pero no sabe si dispondrà de ropa. Ella vive muy modestamente.
-¿Tiene usted un traje negro?. Le vale para los tres actos últimos.
Si, tiene el traje negro; ha perdido hace poco al padre y viste de luto. También tiene las otras ropas que aquellos dos señores le piden: una falda y una blusa, simplemente. Todo queda acordado. Como que hay que preparar carteles y programas, los visitantes piden a la intérprete el nombre.
-Margarita Xirgu>>.

<<Esta es la casa en que nació, en Molins de Rey, Margarita Xirgu, el 18 de junio de 1888. Fue el año de la Exposición Universal de Barcelona. La actriz después, diría, refiriéndose a los tres ochos del año de su nacimiento: "Vaig néixer l'any de les tres carbasses". La casa tenía entonces el número 33 del Carrer de Baix, y esta calle desde 1915, se llamó de Rafael de Casanova. El edificio tiene ahora el número 83. El nacimiento de la actriz en aquella villa cercana a Barcelona fue circunstancial: el padre, de oficio cerrajero, fue allí para montar una fábrica. La infancia de Margarita transcurrió principalmente en Breda, cuna de la madre, y en Gerona>>.

<<Una de las más logradas interpretaciones de Margarita Xirgu en su primera época fue el personaje de Catalina en la comedia "Juventud de príncipe" de Meyer Forster. La actriz había pasado de las sociedades de aficionados, en la Barcelona de 1906, a las compañías ya profesionales. Se reveló muy pronto como una actriz de gran temperamento. Se vio en ella, primero, una ingenua, pero su talento escénico era mucho más amplio. En esa primera etapa de su trabajo, Àngel Guimerà escribe para Margarita Xirgu "La reina jove". Estrena entonces también en lengua catalana algunas obras universales como la "Salomé" de Oscar Wilde y "Elektra" de Hugo Hoffmansthal>>.

 

 

La revista "Proscenio" publicaba el 1969:

Adiós a Margarita Xirgu: <<Salió un día, a principios de 1936 para América. No volvería nunca más. Llevaba cuarenta actores y actrices. Innúmeros baúles, maletas, cajones de vestuario, de material. Con ella iban Calderón y Lope; Lenormand y Giraudoux; Unamuno y García Lorca; Benavente y Esquilo. Iban con ella muchos más, legión de siglos y de culturas, porque ella era el teatro. Ella era Margarita Xirgu.

Hasta la actual gira americana de la compañía María Guerrero, y aún ahora, a pesar de eso, aquella larga, dramática excursión de Margarita por todos los grandes escenarios de Hispanoamérica fue el último gran resplandor del teatro español en el mundo descubierto y creado por España. Por encima de dramáticas circunstancias, de partidismos separadores impuestos por la ocasión aun más que por las convicciones, Margarita fue, hasta hace unos días, la gran embajadora del Teatro de España en todos los inmensos continentes americanos.

Ella que había renovado el teatro español, que tenía una voz musical y dramática que se apoderaba de quien la oía; había iniciado su carrera en el teatro Romea, de Barcelona, con una pieza de Guimerà: "Mar y cielo". Ocho pesetas diarias de sueldo. Un año después, en el teatro Principal, era ya primera actriz. Quince pesetas diarias. La que iba a hacer reinas, princesas, grandes damas, trágicas figuras iniciaba en su tierra catalana una aventura artística que desembocaría en el dominio del teatro en lengua castellana, lenguaje universal, bueno para las grandes obras del espíritu desde Lope a Lenormand.

La añoramos hoy, perdida para siempre, a sabiendas de que nunca estuvo perdida para España, porque en América era bandera de españolidad, ya que por su talla, por su historia, no podía quedarse en gallardete mezquino de banderías. Creó escuela. Sembró actores y actrices, plantó semilla española allí por donde fue y murió, ya cumplida su larga carrera de eximia actriz, cumplidos ochenta años; camino de los ochenta y uno, encendida todavía en añoranza de su tierra natal, de su Patria grande a la que debía todo: verbo, acento, pensamiento. En su voz, los grandes del mundo, desde Bernard Shaw a Eurípides tuvieron acento nuestro, sangre de hispania fecunda. Esta doble página de pálido recuerdo, de borrosas imágenes, es el homenaje que "Proscenio" rinde a una insigne actriz española a la que su corazón había rescatado, aunque no regresara, para todo lo auténtico, hondo y eterno, del teatro español>>.

 


La premsa publicaba el 1969:

Ha muerto una gloria teatral de Cataluña y España. Historia gráfica de Margarita Xirgu. Como nació "La sirena varada", uno de los más resonantes éxitos de la actriz: <<En su interpretación de la obra de García Lorca "Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores", estrenada por Margarita Xirgu en el Principal Palace, de Barcelona, a finales de 1935. Repetidamente se unieron los nombres del poeta y la actriz en las carteleras teatrales. Desde que Lorca llegó a Madrid, en 1919, su consejero, amigo y protector había sido Eduardo Marquina. Por éste se puso en relación con Gregorio Martínez Sierra y consiguió así estrenar su primera obra "El maleficio de la mariposa". Lorca envía, años después, su "Mariana Pineda" a Margarita Xirgu, más no consigue una respuesta de ésta. Y acude, en vista de ello, a Marquina, pidiéndole su apoyo a cerca de la actriz. Margarita, finalmente, estrena "Mariana Pineda", que es el primer gran éxito del poeta>>

<<Margarita Xirgu con Federico García Lorca, al término de un recital poético que dieron conjuntamente en los salones de la Sociedad El Sitio, de Bilbao, en enero de 1936. La primera obra del poeta estrenada por la actriz fue "Mariana Pineda", a la que después seguiría "Doña Rosita la soltera" y "Yerma". Más tarde, en Buenos Aires, además de estas tres obras, Margarita Xirgu representó también "Bodas de sangre" y "La zapatera prodigiosa". Y por último, en estreno absoluto, "La casa de Bernarda Alba". El ímpetu personal, violento y trágico que late en buena parte del poeta granadino rimaba perfectamente con el magnífico temperamento escénico de la actriz>>

UN ESCRITOR EN EL VALLE DE ARÁN

<<Otro escritor joven, nacido en Asturias, Alejandro Casona, sueña también con el teatro. Le interesa éste, a la vez, como creación literaria y como representación escénica. Hasta una vez -en tierra levantina- fue con una compañía de cómicos de la lengua. Fue una aventura de muchacho, una leve experiencia que, sin embargo, le dejó un regustillo amargo: abandonado por aquella compañía hubo de volver andando a casa.

Años después de aquella "primera salida", Alejandro Casona -su trabajo es el de maestro- se halla en el Valle de Arán. No ha cumplido todavía los veinticinco años y se siente feliz ante la belleza y la grandeza de aquel paisaje. Ha ido allí porque los maestros, en lugares alejados y de vida difícil, cobran más. Y él quiere casarse...

Son tres años muy intensos de libros y de soledad, de paz y de montaña. Lee, escribe. Vive en él, latente, la afición al teatro, y un día hace una piececilla escénica para los chiquillos de su escuela: "La pájara pinta". Y otro día comienza a escribir "La sirena varada".

Acabada la obra, viene a Madrid. Ve a uno y otro empresario. Más siempre el mismo resultado negativo. No quieren ni leer siquiera la comedia. Antesalas, entrevistas, disculpas... En definitiva nada. Alejandro Casona, ante la muralla del ambiente teatral, piensa en renunciar a sus propósitos. Pero aún quiere hacer algunas nuevas tentativas.

Escribe a Adrián Gual, un escritor catalán muy inteligente, especializado en temas teatrales, muy atento a todos los temas e inquietudes de la escena. (En aquel Círculo de Propietarios de Gracia, en que Margarita Xirgu interpretó "Teresa Raquin", había dado Gual sus primeras sesiones escénicas). Adrián Gual le responde enseguida, entusiasmado con la obra. Y le dice que se la enviará y recomendará a Margarita Xirgu.

PEQUEÑA HISTORIA DE "LA SIRENA VARADA"

No tarda en llegar al escondido Valle de Arán una carta de la actriz. Dice ésta que estrenará la comedia, aunque no puede garantizar aún en que momento. En esta espera pasa Casona algún tiempo: un año, dos, tres... No surge la ocasión de estrenar la obra. Sí surge, en cambio, la convocatoria del Premio Lope de Vega, del Ayuntamiento de Madrid. El premio lleva consigo, junto a su importe en metálico, el estreno en el teatro Español. Alejandro Casona presenta su comedia al convocado concurso. Participan en éste varios centenares de títulos.

En las sucesivas eliminatorias va saliendo adelante, con algunas otras comedias, "La sirena varada". La lucha, finalmente, es entre dos obras: "Alejandro Magno", de José Camón Aznar, y la de Casona. Alguien, un día, dice a éste que sabe, de buena fuente, que el concurso se ha fallado a favor de Camón. Adiós, una vez más, al estreno, a tantos sueños acariciados día trás día.

Esa misma tarde en que dan a Casona la adversa noticia, sube a un tranvía -ya han quedado lejos las estancias en el Valle de Arán- camino de su trabajo. Los vendedores vocean los diarios de la tarde. Un señor, en la plataforma del tranvía, ha comprado "La Voz", y comienza a pasar las grandes hojas del diario. Casona alarga la vista y lee rápidamente los titulares del periódico. Uno, de pronto, le sobresalta: "Premio Lope de Vega. "La sirena varada", de Alejandro Casona"
-¡Por favor, señor! Un momento...
El escritor coge el diario, ante la asombrada mirada del viajero. Comprueba la noticia, devuelve nerviosamente "La Voz" al señor que junto a él estaba y salta del tranvía. Compra el periódico, lee de nuevo bajo la luz de un farol.

Echa a andar, a correr casi. Se acerca al teatro Español, donde actúa la compañía de Margarita Xirgu. A los quince días, la comedia empieza a ensayarse. El estreno es un éxito resonante, para el autor y la intérprete. A la siguiente temporada, una nueva comedia: "Otra vez el diablo". Y otra vez el éxito, para Alejandro Casona y para Margarita Xirgu>>.

EL MEJOR TEATRO DE TODOS LOS TIEMPOS SE HIZO ALLÍ EN CASTELLANO

<<Es ya el umbral de 1936. España en tensión. Un estado latente de guerra civil. Margarita Xirgu da una conferencia en el Liceum Club de Barcelona: "El teatro y yo". Comienza aquel año. La actriz embarca con su compañía para América, Actúa en La Habana. Durante esa actuación, muere el marido. La guerra ha empezado en España.

Recala, finalmente, muy avanzado 1936, en Buenos Aires. Trabaja intensamente. Escritores españoles y extranjeros, clásicos y modernos, van siendo interpretados por ella, con la misma apasionada inquietud literaria y teatral de las temporadas de Madrid y Barcelona. Se da a esos estrenos un matiz político. Lo evocará así, años más tarde, el escritor Eduardo Blanco Amor. "En los memorables estrenos, siempre entreverados con la tensión de "lo otro" (cada derrota volvía más interminables las ovaciones; ya había dicho Unamuno que los españoles éramos "gente de viceversa"), los pasillos, el saloncillo, los camerinos de la actriz se llenaban de gestos excitados, de reprimidos sollozos, de vivas>>.


Fons Antoni i Ramon Clapés

 

El junio de 1969 se publicaba en la revista "Serra d' Or" el siguiente artículo firmado por Josep M. Poblet:

Margarita Xirgu la mujer y la actriz: <Xirgu se ha ido la última de las máximas actrices catalanas que forman la gran trilogía. La primera, Francesca Soler, más conocida por "La Paca", a los inicios de nuestro entonces incipiente teatro, ahora hace un siglo. Después, Carlota de Mena, en honor de la cual y con motivo de su muerte, el año 1918, incluso se organizaba unas funciones por erigirle un busto, iniciativa que, como en el caso del monumento a Àngel Guimerà, quedaba en proyecto. Recientemente, Margarita Xirgu. No es que no hayamos tenido de otras grandes figuras femeninas a la escena catalana, puesto que, refiriéndonos concretamente a las más recientemente desaparecidas, hace falta señalar los nombres de Maria Morera, Emília Varón, Maria Vila, Mercè Nicolau... Es evidente, pero, que de entre estos nombres, el más vigente, el cercando de una mayor aureola, el que tenía una autoridad representativa, el acontecido símbolo, pese a los treinta años largos de no haberla podido ver actuar, era el de esta ilustre actriz. El hecho, posiblemente resta condensado en dos aspectos esenciales con su persona: la mujer y la actriz. O a la inversa, como queráis.

En primer lugar hemos de señalar que la Margarita -como era denominada familiarmente- es el caso típico de la actriz que se hace por méritos propios. Nacida el 1888 en Molins de Rei de una familia humilde, todavía jovencísima actúa dentro el grupo de aficionados "Gent Nova", de Badalona. De allí pasa a un teatro semi profesional de Gracia dónde un día determinado ha de encargarse deprisa y corriendo del papel de una primera actriz. Se sale tan bien e interpreta con tanto amor el papel que le es confiado a última hora, que el acontecimiento -sucedido cuando todavía no tenía veinte años- le abrirá todas las puertas. Es entonces cuando, por la desazón de ir adelante, se alista a las filas de Adrià Vado y su "Teatro Íntimo", por cuanto una de las características que siempre dará personalidad a la actriz será el ansia de pisar nuevos caminos. Llevada por este temple que puede más que ella misma, muchas veces abandona el teatro denominado comercial y se embarca en la interpretación de autores griegos o descubre (?) Valle-Inclán. El afán de saber, de querer hacer cosas y de hacerlas bien, presidirá su vida, aun cuando por causa de estar contratada debe seguir las normas de una empresa particular. Recordamos las largas temporadas del Principal, con un repertorio que va del vodevil "Pequeño y Patot" a "La campana sumergida", de "La reina joven" a "Mar y cielo", de "Juventud de príncipe" a "Salomé", aquella "Salomé" que causa tantos escándalo entre la gente dicha de la buena sociedad, como si la intérprete de la obra de Oscar Wilde pudiera aparecer a escena ataviada con un vestido de farbalanes. Margarita, en sus adentros, se reiría de todo, puesto que para ella sólo cuenta una voluntad: la de servir el teatro en las facetas más diversas y servirlo, todavía, con la mejor de las eficacias. Así, flexible de clase, pasa del género cómico al dramático, de la tragedia a la comedia con la más gran naturalidad. Recientemente se ha reprochado, una vez y una otro, su "Medea" al teatro griego de Mérida; pero, ¿es que podemos olvidar la deliciosa "Chocolatereta" en la comedia ligera de Paul Gavault?

A medida que transcurren los años, la actriz se forja por ella misma, por este deleite, que trae remachado a la masa de la sangre, de instruirse; que si su formación no ha estado de la escuela primaria, de buen comienzo, desde su juventud, ha afanado por leer todos los libros que le caen a las manos; por querer saber aquello que pasa al teatro de más allá de nuestras fronteras. Se ha aficionado a la lectura y también a escuchar la gente entendida que ha reunido a su entorno, las amistades ilustres que han pululado a su borde, y al fin y al cabo la han convertido en la más consciente de nuestras actrices. Ha sido este afán de flotar, de querer pasar por la calle de en medio, que lo ha transformada en la representación más viva y más auténtica de la perfecta autodidacta. Este suyo temperamento y su empuje proverbial, hace que el año 1914 vuele ya en Madrid.

Y ahora viene la parte que con motivo de su muerte ha quedado silenciada y que para nosotros representa una de las mejores calidades como mujer, y que no es otra que una pregona y sentida civilitat. Margarita Xirgu es una catalana que trae aferradas las características de la tierra que lo ha visto nacer; no era en balde que el año 1932 Barcelona la nombraba hija predilecta. El 1936, poco antes de estallar la guerra, marcha en América con su Compañía. Y es por el hecho de ir como director artístico Rivas Cherif, el cuñado de Manuel Azaña, por haber estrenado "La corona", de este autor, por sentirse inclinada -gracias a Dios!- por el teatro poético de García Lorca y de Casona, que vais a saber hasta cuando habrían sido olvidados, por placerle la manera de hacer de Galdós y de Unamuno, que se le cuelga el cartel "de actriz republicana". Y, más concretamente todavía, de actriz republicana de izquierdas, mientras que Margarita no era otra cosa que una mujer liberal, demócrata y catalana, y si por esta circunstancia se inclinaba a una tal manera de pensar, hace falta decir que nunca formó parte de ningún partido ni organización política. Era, esto sí, siempre fiel a sus sentimientos, alejada de partidismos, sincera en todos sus actos, se tratara de quienes se tratara, por alta que fuera la representación política o literaria de su contra opinando. Pongamos dos muestras posiblemente ignoradas por muchos de nuestros compatriotas. en La Habana, y durante la tournée mencionada -una de tantas que había hecho al Nuevo Mundo-, se le ha muerto el marido. El embajador de España propone a la actriz de convertir una de las salas de la embajada en una capilla ardiente, y Margarita, encontrando el hecho excesivo, se niega. Cuando Manuel Azaña entrega a la actriz su obra "La corona", ella no se está de decir al autor que, estela a un lado los méritos literarios, la encuentra apretada y lenta. (Veáis "Retrato de un desconocido", de Cipriano Rivas Cherif. Editorial Oasis. México 1961).

Al fin y al cabo quiere decir que Margarita era una mujer de carácter que obraba y sabía obrar por reacciones propias. Fidel a esta manera de ser, cuando hace unos años veía acabada su tarea educativa y de formación de actores y de actrices, ya fundido en tierras de Chile, de la Argentina, o de la Uruguay, expresaba su deseo de venir a morir en Catalunya. Pero el exabrupto de alguien que posiblemente tenía la paz a los labios, pero que continuaba con la guerra al corazón, la hacía desistir, que ella, pese a la clasificación que le había sido hecha, no quería que su nombre sirviera de bandera de nadie. Es, pues, por este motivo que ha muerto lejos de su tierra. Algunos de los amigos que últimamente lo habían visitada, nos han hablado que de su boca no salía ninguna palabra de reproche. Siempre había vivido señora -de esta señoría que se trae dentro-, y sabía olvidar los malos pases. Montevideo va darle el último de los adioses con una manifestación de luto impresionante, en un cortejo inacabable dónde, como nunca, se puede decir que figuraban todas las clases sociales, mientras la prensa del país le dedicaba el más fervoroso de los recuerdos, y una mano sensible dejaba depositada dentro la caja que envolvía sus restos, un puñado de tierra catalana. Aquella tierra catalana que alguien le había querido negar>>.



Fons Antoni i Ramon Clapés


En junio de 1969 en Buenos Aires se publicó el siguiente artículo firmado por Pedro Massa:

Recuerdos que tiene de Margarita Xirgu Alberto Closas: <<Ante una sala totalmente llena habló hace unos días Alberto Closas sobre Margarita Xirgu, en la Asociación Patriótica Española de Buenos Aires. No es posible recordar con palabras más justas y emocionadas a la gran actriz. Desde el instante en que es presentado a ella en Santiago de Chile, hace treinta años, Por Lezama, Barbero y Ontañón, y le hace Margarita la conocida pregunta de "cuánto tiempo resistiría sin comer", para augurarle en seguida triunfos en la escena al contestarle Closas que "sería capaz de un año de ayuno"; desde ese instante de humor y vaticinio hasta la vista, hace quince días, al cementerio del Buceo, en Montevideo, para poner unas flores amarillas y rojas sobre la tumba, no muy a la vista, de la eximia comedianta, la gloria y el influjo de Margarita están presentes en la trayectoria artística del actor y, consecuentemente, ahora en su recuerdo.

Tés inolvidables en casa de la Xirgu, en Santiago, para la delicia de oírle hablar de la historia del teatro español y de las grandes figuras de su tiempo -Borràs, Tallaví, Thuillier, Rusiñol, Guimerà, Valle-Inclán- y, demás de estos regalos del espíritu, los también preciosos de la buena mesa, ya que Margarita sabía que Closas y sus amigos estaban en una pensión tan excelente que el menú se componía, por lo menos, de tres platos: sentarse, levantarse y ensalada.

Temporada, años después, en el teatro Avenida, de Buenos Aires, con la comedia de Rafael Alberti "El adefesio". "Margarita -dice Closas- salía en esta obra con una impresionante barba negra. Aparecer ella en escena y estallar la más formidable ovación que he escuchado en mi vida, todo fue uno. Premiaba así el público, primero, la presencia de Margarita, que despertaba siempre un verdadero entusiasmo, y luego, su coraje por cubrir su rostro con aquellas barbazas, por muy Rafael Alberti que fuera el autor de la pieza".

Más y más recuerdos: el estreno en Buenos Aires de "La dama del alba", de Casona, y de "El zoo de cristal", con Margarita, Esteban Serrador y Closas. Sus largos años en Montevideo, como directora de la Comedia Nacional Uruguaya. Sus visitas a la Xirgu, en su casa de Punta Ballena, donde hacía que su ama de llaves, Teresa, preparase al "noi" -Closas fue siempre para ella el "noi"- mongetes amb botifarra, porque sabía que era su plato predilecto.

La última vez que vi a Margarita -recuerda Closas- hace cinco años, en su casa de Montevideo, estaba enferma. Sentado a los pies de su cama estuvimos charlando horas y horas sobre todo lo que ocurría en el mundo del teatro, lo mismo en España que en algunos países de Hispanoamérica. Su interés y su formación sobre todo lo concerniente a la vida escénica eran extraordinarios. Antes de separarnos quise que me dedicara una foto que me había dado, hacía tiempo, dedicada también, por don Enrique Borràs. En esa foto aparecían ella y Borràs en una escena del "Tenorio". Margarita contempló en silencio la foto, se le llenaron los ojos de lágrimas y luego me la dedicó cariñosamente. En aquel silencio y en aquellas lágrimas viyo la honda emoción de toda su vida artística, que revivió ante sus ojos, simbolizada en el retrato de los dos grandes comediantes.

Al terminar la construcción del teatro Marquina, Closas quiso que Margarita asistiese a la inauguración del teatro. "Necesito -le dijo, en conferencia telefónica- que pise usted el tablado para que tenga historia y tradición" "No, Alberto, no -contestó la Xirgu-, ya la tendrán contigo. Yo no podría resistir, a mis años, el fuerte choque emocional de pisar de nuevo un tablado español, y más si ese tablado está levantado por ti, que te considero como mi hijo espiritual y artístico".

Margarita hizo siempre el teatro que verdaderamente le gustaba, no el que da dinero, sobre todas las cosas, guste o no guste a los intérpretes. "Yo me conformo -decía- con tener diez filas de butacas en mi teatro, pero diez filas toda la vida. Si viene el éxito multitudinario, bendito sea, pero las diez filas que no falten nunca".

La última parte de la charla de Closas fue para reseñar su peregrinación por los dos cementerios de Montevideo hasta encontrar la tumba de Margarita Xirgu. Primero estuvo en el Central, en un día espantoso de lluvia y viento. Preguntó, consultaron libros y registros y la sepultura de la gran actriz no aparecía en ninguna parte. Nuevas averiguaciones, nuevas idas y venidas. Por fin, alguien le informa que Margarita está enterrada en el cementerio del Buceo, no en tumba propia, sino en el panteón de una familia amiga. No hay signo, cruz ni lápida alguna que indique el lugar exacto en que reposan sus cenizas. Sólo por una cifra -123 bis- se conoce ese lugar. Y también por las flores ya mustias de una corona que depositó allí, el día del sepelio, el elenco de la Comedia Nacional Uruguaya, que Margarita dirigió muchos años. (Estas palabras de Closas, dichas con emoción vivísima, casi con lágrimas en los ojos, conmovieron profundamente al auditorio. Y en medio de un silencio impresionante pronunció esta palabras últimas:) "Yo quisiera, no como hombre de teatro, sino como español, que Margarita Xirgu descansara pronto en España, en un rincón de su Cataluña natal, junto al mar que la vio nacer". (Una ovación larga y encendida subrayó este final).>>


 

El viernes 12 de setiembre de 1969 "El Noticiero Universal" publicaba el siguiente artículo firmado por Galindo:

Homenaje Uruguayo a Margarita Xirgu: <<No estamos tan sobrados de figuras estelares para que olímpicamente podamos dejar pasar en la indiferencia las voces de homenaje que hacia ellas nos llegan de allende el océano, porque si el elogio en nuestros labios puede considerarse convencional o fruto de la pasión, es todo sinceridad en quienes viven lejos de nosotros.

En Cataluña, la muerte de la que fue gran actriz Margarita Xirgu fue dignamente comentada por nuestras más prestigiosas plumas y sin que ni por asomo lo impulsen los vínculos de amistad que nos unen, recordaré que la oración aquí publicada por Julio Manegat, caló muy hondo en mí. Tengo entendido, en cambio, que en ciertos ámbitos de la información nacional, no se estimó necesario evocar el recuerdo de la figura desaparecida.

Pero los artistas saben siempre sobreponerse a las menudencias y son fieles al compañerismo; no es, pues, de extrañar que recién llegados a Montevideo los integrantes del "Teatro María Guerrero" de Madrid, se trasladaron en comitiva al cementerio del Buceo, para rendir a Margarita Xirgu el postrero homenaje, con una ofrenda floral depositada en su tumba.

Pocos saben que la que fue eximia actriz recibió un profundo homenaje por parte de la Cámara del Senado del Uruguay. No solo por agradecimiento al gesto, sino por el evidente interés de los discursos pronunciados en aquella sesión del día 6 de mayo, no puedo sustraerme en dar a conocer algunos de los principales párrafos que copio del propio Diario de sesiones de aquel Senado.

Dijo el señor Hierro Gambardella, ex-ministro del partido "colorado": "Hace pocos días falleció en nuestro país una eximia actriz y una gran mujer, como lo fue Margarita Xirgu. Era catalana, se había formado artísticamente en el gran teatro dialectal de Cataluña, antes de acceder a la universalidad del teatro castellano. En su muy primera juventud entró en el Madrid de Benavente, componiendo, con otras grandes figuras de la escena, la imagen de un nuevo teatro español que, retomando las esencias mismas del Siglo de Oro, se proyectaba, empapado de tierra, hacia la universalidad. La década del 30 llevó a Margarita Xirgu a ser la exponente de un teatro mojado de poesía, empapado de tradición y, sin embargo, proyectado en la más fina esencia del alma humana. Me estoy refiriendo al inmortal teatro de Federico García Lorca. Ella fue la intérprete preferida y dilecta del gran poeta granadino. Nadie en la lengua española ha dicho los desolados versos fatalistas del gran brujo, como los dijo Margarita Xirgu. La recuerdo en un viejo teatro cuando, para asombro de todos, fue la primera mujer del teatro contemporáneo que expresó el mágico milagro de Hamlet. Nadie que haya vivido aquellas horas puede olvidar el monólogo inmortal de la duda, dicho por aquella catalana universal".

El ex-ministro del partido "blanco", señor Rodríguez Camusso, que se expresó a continuación, dijo entre otras cosas: "Queremos sumar nuestra voz de homenaje a las manifestaciones vertidas ante la desaparición de ese hálito magistral, de aquella presencia impalpable, de aquel trozo del arte maravilloso que la Madre Patria repartió por el mundo y que tocó también a nuestro Uruguay", y terminó sumándose a todo lo expuesto por el anterior orador.

Finalmente, la ex-alcalde de Montevideo, señora Roballo, quiso completar la moción presentada solicitando que el Senado se pusiera de pie.

Por unanimidad se aprobaron las dos mociones y todos los senadores se levantaron, guardando unos instantes de silencio como tributo póstumo a Margarita Xirgu>>.

 


Retrato de Margarita Xirgu.

Agencia Efe

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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