87. PEDRO CALDERON DE LA BARCA

 

Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño, nació en Madrid el 17 de enero de 1600, fue militar, sacedote, poeta y dramaturgo.

Su padre, Diego Calderón y Sotillo, era secretario del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda y se casó con Ana María de Henao y Riaño, de una noble familia alemana. Pedro fue el tercero de los cinco hijos que el matrimonio alcanzó a tener. Era hidalgo y de origen montañés al haber nacido en Viveda, en Cantabria. Empezó a ir al colegio en 1605 en Valladolid, porque allí estaba la Corte, pero como destacó en los estudios, el padre de carácter autoritario, decidió destinarlo a ocupar una capellanía que estaba reservada por la abuela a alguien de la familia que fuese sacerdote. En 1608 Pedro Calderón de la Barca entró en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, situado donde ahora se encuentra el Instituto San Isidro, y allí permaneció hasta 1613 estudiando gramática (que entonces comprendía el estudio de la retórica y la poética), latín, griego y teología; dando señaladas muestras de vivacidad y aprovechamiento.

La muerte prematura de su madre en 1610 y el carácter autoritario ya mencionado de su padre, que se casó en segundas nupcias, hicieron que Calderón creciera profundamente influido por la complicidad familiar de sus hermanos Diego y José. A los 13 años estrenó su primera comedia, "El carro del cielo", fantasía que se desarrolla entre el cielo y la tierra. En 1613 estudió matemáticas y filosofía (lógica y retórica) en la Universidad de Alcalá de Henares. Pedro Calderón de la Barca a la edad de quince años se trasladó a Salamanca, en cuya Universidad aprendió en cinco todo lo que en ella se enseñaba. Este mismo año de 1615 murió su padre. Por este tiempo, es decir cuando apenas contaba veinte años de edad, tenía ya, según cuenta su biografía: "ilustrados los teatros de España con sus ingeniosas comedias". En la Universidad de Salamanca se graduó de Bachiller en derecho canónico y civil, sin llegar a ordenarse como hubiera sido deseo de su padre. La lógica, el teatro y la persuasión retórica a él inherente, la escolástica, el agustinismo preexistencialista, la historia profana y canónica y el derecho natural y político, fueron el bagaje intelectual con el que se enfrentó a la creación literaria -en la que probó suerte primero como poeta de certámenes y justas- con la fascinación que debió producirle la "comedia nueva" de Lope de Vega, que por entonces triunfaba en los corrales madrileños del Príncipe y de la Cruz.

A los diecinueve, contaba ya con tres o cuatro éxitos teatrales. Después que concluyó sus estudios en 1619, pasó Calderon seis años en Madrid, en donde amaestrado en la escuela de la propia experiencia, aprendió la manera de ser de la sociedad en que vivía y que con mano tan diestra retrató en sus comedias. Joven, noble, independiente, con talento y demasiado galante, según afirman sus biógrafos, corrió durante este período de su vida las peripecias propias de la juventud, en especial las que nacen de la galantería a la usanza de aquellos tiempos. Así se desprende al menos, de un romance que él mismo escribió a una dama que deseaba saber su estado, persona y vida, del cual se deduce también que como en un principio debió entrar en la carrera eclesiástica, su vocación no le inclinaba al matrimonio. Decidió abandonar los estudios religiosos por la carrera militar y llevó una vida algo revuelta de pendencias y juego, también en el aspecto familiar, pues el testamento paterno obligó al dramaturgo y a sus hermanos a pleitear con su madrastra y a vender el cargo de su padre para pagar gastos. Es posible que las difíciles relaciones con su padre influyeran en su teatro, donde es frecuente encontrar conflictos edípicos entre padres e hijos.


La llegada al trono de Felipe IV y el ascenso a Valido del Conde Duque de Olivares en 1621, supuso la llegada de una nueva época que persiguió, frente al pacifismo del Duque de Lerma, la recuperación de una política agresiva que insistió en la afirmación de España como potencia. En 1621 Calderón participó en el certamen poético habido con motivo de la beatificación de San Isidro y posteriormente en el de su canonización en 1622, ganando el tercer premio. Su primera comedia cortesana o drama histórico conocido "Amor, honor y poder", fue estrenado en Madrid en 1623, con motivo de la visita del Príncipe Carlos de Gales. Hasta 1625 compuso seis dramas, de los cuales merecen citarse el drama histórico titulado "La gran cenobia" y el que lleva por nombre "En esta vida todo es verdad y todo es mentira", que sirvió a Corneille para su "Heraclio". Por el año 1625 entró al servicio del Rey, pasando a Milán y después a Flandes, al servicio del duque de Frías, Condestable de Castilla. Desde 1625 hasta 1635 supo compartir generosamente sus actividades, pues supo hermanar con excelencia las armas y las letras, a la manera que lo hicieran Garcilaso, Ercilla y Cervantes. Durante estos 10 años escribió 25 dramas, entre los que figuran el drama histórico "La cisma de Inglaterra" y "El purgatorio de San Patricio" en 1627 y en 1629 la comedia de enredo o de capa y espada "Casa con dos puertas, mala es de guardar", la comedia de enredo "La dama duende", la comedia "Para vencer amor, querer vencerle", la comedia palatina "El galán fantasma" y el drama histórico trágico "El príncipe constante", que lo utilizó Calderón para burlarse en un pasaje del famoso orador gongorino fray Hortensio Félix Paravicino, pues en el año 1629 al irrumpir, persiguiendo a un actor con sus hermanos en sagrado, en el Convento de las Trinitarias de Madrid -donde se encontraba la hija de Lope de Vega- le causó la enemistad de Lope y de fray Hortensio. En 1630 terminó los autos sacramentales "El divino Jasón" y "La Iglesia sitiada".

Si sus servicios en la milicia fueron poco atendidos por la corte que lo trató a veces, no sólo con injusticia sino con ingratitud a juzgar por ciertas alusiones suyas, sirviéronle al menos para llevar más tarde a la escena aquella galería de retratos militares, que tanta fama han dado a algunas de sus comedias. En 1632 concluyó la comedia "La banda y la flor" y el auto sacramental "La cena del rey Baltasar". Calderón en 1634 escribió el drama religioso "La devoción de la cruz", notable por su místico romanticismo y que trata de probar que la devoción de la cruz basta para salvar al hombre más culpable, y escribió también los autos sacramentales "La hidalga del valle", "El pleito matrimonial del cuerpo y el alma" y "El veneno y la triaca". Al mismo tiempo, durante esta etapa Calderón, de la mano de Olivares, entró en palacio para producir sus primeras obras cortesanas, dirigir las representaciones teatrales y ganarse el aprecio del rey Felipe IV, que empezó a hacerle encargos para los teatros de la corte, ya fuera el salón dorado del desaparecido Alcázar o el recién inaugurado Coliseo del Palacio del Buen Retiro, para cuya primera función terminó en 1634 el auto sacramental "El nuevo Palacio del Retiro", con fábulas mitológicas tanto en diversas estancias reales como en sus jardines y estanque, para rememorar la edificación del emblemático Real Sitio del poder. Allí comenzaron a representarse obras de gran alcance escenográfico y coral, como "El mayor encanto, amor" entre otros muchos y muy refinados espectáculos dramáticos, para los cuales contó con la colaboración de hábiles escenógrafos italianos, como Cosme Lotti o Baccio del Bianco y expertos músicos para las primeras zarzuelas que se escribieron, como Juan Hidalgo. En 1635 dejó el servicio militar porque el Rey Felipe IV le nombró poeta cortesano ó cesáreo, en reemplazo del dramaturgo de cámara, el difunto Lope de Vega y nombrándole también Director del Coliseo del Buen Retiro.

Calderón reordena, condensa y reelabora lo que en Lope aparece de manera difusa y caótica, estilizando su realismo costumbrista y volviéndolo más cortesano. En sus obras aparece una rica galería de personajes representativos de su tiempo y de su condición social, todos los cuales tienen en común los tres temas del teatro barroco español: el amor, la religión y el honor. Pero además el dramaturgo inventa, más allá del repertorio caballeresco, una forma poético-simbólica desconocida antes de él y que configura un teatro esencialmente lírico, cuyos personajes se elevan hacia lo simbólico y lo espiritual. Escribe entonces fundamentalmente dramas filosóficos o teológicos, autos sacramentales y comedias mitológicas o palatinas.

Calderón en 1635 escribió los autos sacramentales de aire medievalizante "El gran teatro del mundo" y "El gran mercado del mundo", de raíz más ética que cristiana. El 22 de diciembre de 1930 la Compañía de Margarita Xirgu, representaba en el Teatro Español de Madrid "El gran teatro del mundo". La escenografía fue realizada por Burmann. El éxito del auto calderoniano fue clamoroso. Desde que el telón descubrió la grandiosidad de los decorados de Burmann, los aplausos resonaron espontáneos y entusiastas. Su puesta en escena suponía una novedad, y no sólo por tratarse de una obra que llevaba mucho tiempo alejada de los escenarios, sino por la hondura moral de sus simbólicos personajes. Dios (el autor) llama al Mundo para que los hombres representen la comedia de la vida. El Mundo recurre a sus criaturas representativas, que son el rey, el rico, el labrador, la hermosa, la discreta -símbolo de la religión- y una niña, prestándoles los atavíos que necesitan para hacer la obra. El autor entrega sus papeles respectivos y desde su trono asiste a la representación. No todos los personajes, a diferencia del rey y del rico, se resignan a aceptar los papeles que les han sido encomendados. El pobre se rebela contra su miseria y el labrador se lamenta de su dura servidumbre sobre la tierra. En agosto de 1931 Margarita Xirgu representaba de nuevo el auto de Calderón en San Sebastián y después comenzaba la temporada teatral 1931-1932 en Barcelona, en el Teatro Goya, con un repertorio que incluía también dicha obra. En 1943 en Chile Margarita Xirgu representó en el SODRE una vez más este auto.

 


Decorado de Sigfrido Burmann del acto I de "El gran teatro del mundo", para su representación por Margarita Xirgu en 1930.

Foto: Col·lecció d'escenografia de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.


Decorado de Sigfrido Burmann del acto II de "El gran teatro del mundo", para su representación por Margarita Xirgu en 1930.

Foto: Col·lecció d'escenografia de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.

 


En 1636 Calderón estrenó el drama filosófico "La vida es sueño", un excepcional drama sobre la libertad del hombre y los límites impuestos por la ética social o la razón de estado. Calderón es un poeta eminentemente religioso, es el dramático católico por excelencia: el catolicismo anima todas sus obras, la creencia religiosa mueve siempre su lozana y rica inspiración. El desgarrado personaje de Segismundo de Polonia es el más conocido de todas sus obras. "La vida es sueño", paradigma del género de comedias filosóficas, recoge y dramatiza las cuestiones más trascendentales de su época: la libertad o el poder de la voluntad frente al destino, el escepticismo ante las apariencias sensibles, la precariedad de la existencia considerada como un simple sueño y, en fin, la consoladora idea de que, incluso en sueños, se puede todavía hacer el bien. También se apunta en ella, aunque muy en segundo plano, el tema de la educación, tan desarrollada posteriormente en el siglo XVIII. Tiene esta obra varias versiones hechas por él mismo.

Calderón reduce el número de escenas que habitualmente empleaban Lope y sus seguidores, porque cuida más la estructura dramática; restringe igualmente la abundante polimetría del teatro anterior a octosílabo, endecasílabo y alguna vez heptasílabo; también empobrece el repertorio estrófico a fin de lograr más unidad de estilo. En vez de buscar temas nuevos, que también, prefiere usar temas ya desarrollados por los comediógrafos anteriores a Lope o de su escuela, que reescribe suprimiendo las escenas inútiles, débiles, sobrantes o poco funcionales, o añadiendo las que cree necesarias; es decir, refundiéndolas. Por demás, sigue los mismos mecanismos y convencionalidades de la comedia lopesca, con las aportaciones añadidas de Antonio Mira de Amescua, Tirso de Molina y Juan Ruiz de Alarcón. Su estilo utiliza las galas formales del culteranismo, pero también lo vulgariza con una serie de metáforas en torno a los cuatro elementos que todo su público podía entender, lo que lo vuelve más accesible. Asimismo, emplea símbolos en sus comedias: la caída del caballo, que representa la deshonra o la alteración del orden natural; las casualidades no casuales, el significado profundo de la luz y la oscuridad y algunas técnicas dramáticas como la profecía u horóscopo inicial en la obra, que crea expectativas engañosas para el público, por ejemplo en "La cisma de Inglaterra" o en la misma "La vida es sueño". Calderón se da cuenta a veces de lo artificial y mecánica que resulta la fórmula dramática barroca y por ello se permite a veces hacer juegos o bromas metateatrales, permitiendo a sus actores hacer comentarios jocosos sobre los tópicos que les salen al paso y se ven obligados a seguir.

En 1636 el Rey Felipe IV le nombró Caballero de la Orden de Santiago y su amigo y discípulo Vera Tassis publicó la Primera Parte de sus comedias; al año siguiente la segunda, hasta las nueve que llegó a imprimir, si bien se conservan tres más, impresas por otros editores menos cuidadosos. En 1635 Calderón escribió el drama de honor "A secreto agravio, secreta venganza" que en su época no rechazaron ni aun los católicos más decididos. Es la encarnación del honor castellano de aquellos siglos.

Calderón en 1937 acabó el drama religioso "El mágico prodigioso", una gran parábola de la ambición, del conocimiento y del amor, en la fantasía de una comedia de santos. En esta obra es el creador de personajes barrocos, íntimamente desequilibrados por una pasión trágica, que influyó poderosamente en el "Fausto" de Goethe, al que prestó algunos pasajes enteros. En el mismo año escribió el drama de honor "El médico de su honra" en el que Don Gutierre representa el marido enloquecido de celos que manda hacer una sangría suelta a su esposa, Doña Mencía, por creer que le engaña con Don Enrique de Trastamara. Estos celosos patológicos que abundan en los dramas de Calderón razonan férreamente, pero las conclusiones de sus silogismos se asientan sobre sospechas y pasiones desatadas, por lo que el resultado de sus largas cavilaciones dan en el absurdo dramático y por eso les encuentra sustancia trágica. También en 1937 escribió el auto sacramental "La devoción de la misa" y el drama de honor "El mayor monstruo del mundo" donde se reflejan las pasiones amorosas que ciegan el alma.

Se distinguió en 1638 como soldado al servicio del Duque del Infantado, durante el sitio de Fuenterrabía. En 1639 terminó la comedia con carácter melodramático "No hay cosa como callar" y el auto sacramental "El Gran Duque de Gandía". Hasta el año 1640 permaneció en Madrid entregado a su verdadera vocacion, que era el teatro, para el que compuso más de veinte dramas desde 1635 a 1640. A esta década de plenitud creativa, le sucedió la crisis. El prestigio de la unión de Reinos, Estados y Señoríos que deseó Felipe IV se vino abajo mientras la monarquía hispánica era incapaz de mantener la cohesión interior. Desde 1640 será imparable la rebelión de Cataluña, Portugal, Aragón o Andalucía. Saliendo a campaña las Órdenes Militares, no quiso el Rey que Calderón siguiera el estandarte de la suya; pero al poeta no le pareció bien tañer la lira mientras sus compañeros esgrimian las espadas, y dándose prisa, concluyó en breve tiempo una comedia que el Rey le había encargado, con lo que pudo seguir a las Órdenes a Cataluña, sentando plaza en la Compañía del Conde-Duque de Olivares y distinguiéndose como soldado en 1640 al servicio del Duque del Infantado, en la guerra de secesión de Cataluña. Entonces el Rey le hizo una nueva merced, consistente en 30 escudos de sueldo al mes, en consignación de la artillería.
Por aquel entonces se amplió el Palacio del Retiro y se construyó un gran estanque de agua en cuya isla central se ubicó un gran coliseo, en el que Calderón estrenó en 1640 la obra "Certamen de amor y celos". Rápidamente Calderón se adaptó a las condiciones del gran espectáculo cortesano, con piezas como los dramas "El monstruo de los jardines", "El golfo de las sirenas", "Fieras afemina amor", o "Las fortunas de Andrómeda y Perseo" de pretexto mitológico. Siguió componiendo espectáculos para los Reyes en el Palacio del Buen Retiro y para la fiesta teológica del Corpus, pero se decantó por los temas mitológicos.
Calderón era por entonces un discreto pero activo cortesano y llegó a convertirse en un personaje respetado e influyente, modelo para una generación entera de nuevos dramaturgos e incluso para talentos tan grandes como los de Agustín Moreto y Francisco Rojas Zorrilla, sus más importantes discípulos. Con Calderón adquirió plena relevancia en la comedia barroca, la escenografía -lo que él llamó "memoria de las apariencias"- y la música (se considera a Calderón el primer autor de libretos de zarzuelas), en búsqueda de un espectáculo barroco integral que uniera las diversas artes plásticas. La carpintería efímera teatral se convirtió en un elemento clave en la composición de sus obras, en especial de los autos sacramentales, que de esa manera se transformaban en complejos emblemas alegóricos preñados de simbolismo moral. En cuanto a su lenguaje, es manejado con solemnidad, enfatizando la belleza con el uso de antítesis, metáforas e hipérboles; aunque podría estimarse que es la culminación teatral del culteranismo. Calderón procuró que las metáforas pudieran ser fácilmente desatadas por su público reiterando un mecánico sistema de referencias cruzadas en torno a los cuatro elementos y recurriendo a una retórica de fáciles simetrías, diseminaciones y recolecciones. Usó cultismos sin empacho, algunos incluso condenados por Lope de Vega en su "Arte nuevo de hacer comedias" del 1609, como el hipogrifo. En sus personajes se acusa un característico frenesí razonador: los personajes calderonianos piensan de modo férreo e impecablemente lógico, aunque sus premisas sean de hecho absurdas; de esa manera, los característicos maridos calderonianos enloquecen de celos y justifican sus crímenes de forma impecable pero éticamente absurda, abundando en su lenguaje nexos de subordinación lógica causal, consecutiva, condicional, concesiva o final. Abundan los juegos metateatrales, pues no se le ocultaba al propio autor el convencionalismo a que había llegado la fórmula lopesca, y los diálogos fragmentados "al alimón", en que dos o más personajes se van continuando y terminando las frases que dejan a medias sucesiva y simétricamente. Por otra parte, la intratextualidad de Calderón es muy fuerte, pues el autor a veces reutiliza o reescribe textos de unas comedias o autos en otros, autoparodiándose con intención cómica o imitándose a sí mismo conscientemente. La formación jesuita de Calderón le llevó a asimilar el pensamiento de San Agustín y Santo Tomás de Aquino a través de la interpretación de Domingo Báñez, Luis de Molina y Francisco Suárez. Sin embargo aflora en su teatro un profundo pesimismo a pesar de la autonomía y validez de la acción humana. La vida es una peregrinación, un sueño, y el mundo es un teatro de apariencias. Su pesimismo está atemperado por su fe en Dios y por el fuerte racionalismo que asimiló de Santo Tomás. El sentido de la angustia de muchos de sus personajes le aproximan al existencialismo cristiano contemporáneo:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño.
¡Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son!
Calderón ve en la historia, antigua o contemporánea, la huella de la voluntad divina así como en el mundo natural, donde lee el plan y la promesa de Dios. El repertorio temático de Calderón es amplio y se trata con muy diversas variantes; el honor; la relación del hombre con el poder y, en relación con esto, la libertad y la responsabilidad moral o el conflicto entre realidad e ilusión, frecuente en la estética barroca del desengaño. Trata de una forma particular los celos patológicos y los conflictos edípicos.
Calderón en 1640 escribió las comedias palatinas o mitilógicas "Nadie fie su secreto" y "Las manos blancas no ofenden"; los autos sacramentales "Lo que va del hombre a Dios", "Misterios de la misa"; y el drama religioso y hagiográfico "El purgatorio de San Patricio" representación que tanto había de influir sobre la concepción teatral de Jerzy Grotowski. En esta época escribió la tragedia bíblica "Los cabellos de Absalón" y en 1642 la comedia palatina y de enredo "El secreto a voces", de la que se conserva un manuscrito autógrafo. Calderón fue herido durante el sitio de Lérida y obtuvo en 1642 la licencia absoluta de participar como coracero en la guerra con Cataluña, recibiendo una pensión vitalicia. Vio morir en la misma, en 1645, a su hermano José, prestigioso militar. También morirá su hermano Diego dos años después en 1647.
En 1643 cesó como Valido el Conde Duque de Olivares. El fallecimiento de la reina Isabel de Borbón decretó el cierre de los corrales de comedias entre 1644 y 1645 y el fallecimiento del príncipe Baltasar Carlos también decretó su cierre entre 1646 y 1649, que junto con las presiones y la intolerancia de los religiosos moralistas contrarios al teatro, acaeció un largo lapso de cinco años de cierre del teatro público desde 1644 hasta 1649. El dramaturgo se quedó, al menos provisionalmente, sin espacio para el oficio en el que había adquirido fama y prestigio, pero siguió escribiendo obras en 1644, como los autos sacramentales "La humildad coronada de las plantas", "El socorro general" y ya en 1645 "Los encantos de la culpa".
En 1646 nació su hijo natural Pedro José, con lo que Calderón ha de replantearse su vida. La paz de Westfalia de 1648 marca la independencia de Flandes y un nuevo orden europeo, del que España será progresivamente marginada. En este mismo año escribió los autos sacramentales "La segunda esposa y triunfar muriendo" y "Llamados y escogidos". Son también de esta época las comedias de capa y espada "No hay burlas con el amor" y "El escondido y la tapada" la comedia que anticipa el género de figurón, "Mañanas de abril y mayo" y "Ni amor se libra de amor", que es la mejor de las mitológicas.

 

Retrato anónimo de Calderón del siglo XVII. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

Foto: Wikipedia

 

Aunque en 1649 se reabrieron los teatros, Calderón había sufrido una crisis tanto espiritual como profesional, pero siguió escribiendo y apareció en este año la obra "La vacante general". Volvió a Madrid de su retiro de Alba de Tormes, para describir las fiestas reales y convertirse en el Secretario del Duque de Alba. Escribió dramas de celebración oficialista como "El sitio de Breda", que a su vez lo inmortalizará Velázquez en su cuadro "Las lanzas" o de personajes de exaltado individualismo como "Luis Pérez el Gallego". Aunque siguió escribiendo comedias y entremeses, desde entonces dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su talento natural, amante de las complejidades teológicas. Además, ingresó en los terciarios, la Tercera orden de San Francisco en 1650, año en que Felipe IV se casó con Mariana de Austria. Calderón en 1650 concluyó el drama de honor "El pintor de su deshonra" en que una joven hace de su honor valiente y heroica defensa, las comedias melodramáticas "No siempre lo peor es cierto" y "Cada uno para sí" y los autos sacramentales "El año santo de Roma" y "La primera flor del Carmelo" ya que no pudo separarse tanto de su abatimiento personal como de su necesidad de seguir contando con ingresos económicos en su carrera de dramaturgo.
Finalmente en 1651 se ordenó sacerdote, dando licencia al que en 1835 había sido soldado-poeta y en este mismo año escribió su obra maestra, el drama de honor y filosófico "El alcalde de Zalamea", en que el debate entre individuo y poder, honor estamental y virtud personal, alcanzan la perfección del canon. En la obra se enfrentan el honor individual o lo que es lo mismo, la dignidad humana -no costumbre social o externa- de un labrador rico, Pedro Crespo, cuya hija ha sido violada por un aristócrata capitán de los tercios del famoso general don Lope de Figueroa, con el honor corporativo o esprit de corps de este último. Es el honor, el patrimonio del alma enfrentado a la justicia de los hombres. El 11 de octubre de 1932 la Compañía Xirgu-Borràs inauguraba la temporada en el Teatro Español con "El alcalde de Zalamea". Margarita en el papel de Isabel y Enrique en el de Pedro Crespo, Sigfrido Burmann realizando nuevas decoraciones y estrenando actrices y actores nuevo vestuario.
También en 1651 terminó los autos sacramentales "El cubo de la Almudena" y "La semilla y la cizaña". En 1652 se logró la paz con Cataluña y escribió "La fiera, el rayo y la piedra". Calderón, que desde 1653 ocupó la Capellanía de la Catedral de los Tres Reyes Nuevos de Toledo -que su padre tanto ansiaba para la familia- se sabía en otra etapa creativa, más concentrada, abstracta y oficialista. Siguió fiel a dos espacios escenográficos y políticos: la celebración regia en el Palacio del Buen Retiro y la fiesta teológica del Corpus en los autos sacramentales, adentrándose así en la última y dilatada etapa de su producción dramática, para la que contó con medios excepcionales que hoy podrían calificarse de verdadera vanguardia teatral. También en 1652 concluyó el auto sacramental "El año santo en Madrid". En 1653 terminó el drama filosófico y simbólico "La hija del aire" en dos partes, donde se pinta la ambición sin límites de la reina Semíramis, asesina de su marido Nino y "Las cadenas del demonio" de atribución dudosa. En este mismo año escribió el auto sacramental "No hay más fortuna que Dios". En 1655 acabó los autos sacramentales "La siembra del Señor" y "El valle de la Zarzuela" y en 1656 "La protestación de la fe".
En 1657 escribió la comedia de enredo "Guárdate del agua mansa" en la que aparece el estrafalario Don Toribio de Cuadradillos y en 1658 el auto sacramental "La cura y la enfermedad". El hundimiento español se confirmó con la Paz de los Pirineos de 1659 y con el auge de Inglaterra que, bajo Cromwell, minó progresivamente el horizonte de expansión comercial y naval de España. En este mismo año terminó los dramas históricos "Amar después de la muerte" en la que se presenta un sublime y puro ejemplo de amor y "El tuzaní de la Alpujarra" que cuenta la épica sublevación de los moriscos frente al absolutismo militar de Felipe II, y los autos sacramentales "El Maestrazgo del Toisón", "Primero y segundo Isaac" y "El sacro Parnaso". En 1660 escribió el drama "La púrpura rosa" y los autos sacramentales "A dios por razón de estado", "El diablo mudo" y "El lirio y la azucena" y en 1661 el drama mitológico "Eco y Narciso" y los autos sacramentales "El árbol del mejor fruto" y "El primer refugio del hombre y probática piscina". En 1662 acabó los autos sacramentales "Mística y real Babilonia" y "Las órdenes militares".

 


Pedro Calderón de la Barca.

Foto: Poetas Biocalde

 

En 1663 después de una estancia en Toledo, regresó a Madrid donde viviría en la calle Platerías hasta su muerte, al designarle el Rey como su capellán de honor, recibiendo después una pensión en Sicilia y otras mercedes especiales. Calderón ya era el dramaturgo más celebrado de la corte y detentó en exclusiva la escritura de piezas de teatro sacro en la que con el enorme aparato escenográfico de los carros, se escenificó de manera grandiosa pero didáctica los misterios de la fe y la proclamación del dogma de la Eucaristía. El Corpus era una fiesta de regocijo popular, la solemne procesión de la Custodia y de los carros en los que habrían de representarse los autos, se acompañaba de bailes bulliciosos y hasta exóticos, como las danzas de negrillos y de gitanos, a la par que la multitud de visitantes que abarrotaban Madrid disfrutaban de la "Tarasquilla", un dragón de cartón piedra en el que se rememoraba el demonio del Leviatán vencido por Cristo. La procesión culminaba en la Plaza Mayor, escenario habitual de fiestas, corridas de toros y juegos de cañas, en la que se entretenían la nobleza y el pueblo llano. El propio Calderón escribió muchas piezas breves, entremeses y mojigangas, que suponen un aspecto carnavalesco e irreverente frente a la seriedad teológica de los autos. El Rey, la nobleza civil y eclesiástica contemplaban estos dramas, punto culminante de una dramaturgia en la que convergen la suma de toda las artes, desde la música hasta la brillante disposición visual de tramoyas y apariencias. Los personajes alegóricos poblaban el tablado en representaciones, que si por un lado reflejaban el pensamiento ortodoxo del momento frente a la heregía, por otra documentaban que Calderón fue también víctima de la intolerancia del momento, pues al intentar representar en el auto "Las pruebas del segundo Adán" la absurda imposición de las leyes de limpieza de sangre a la figura de Cristo, fue objeto, incluso del acoso del Santo Oficio. En 1663 escribió el auto sacramental "Las espigas de Ruth" y en 1664 "A María del corazón" y "La inmunidad del sagrado".
Calderón continuará escribiendo y vigilando las zarzuelas en sus ensayos, incluso tras la muerte de Felipe IV en 1665 y la llegada al trono de Carlos II, aunque marcó un cierto declive en el ritmo de su producción dramática. En 1665 terminó el auto sacramental "El viático cordero". En 1666 se le nombró Capellán Mayor de Carlos II y fue alguna vez importunado por los moralistas que veían con malos ojos los espectáculos teatrales y especialmente errado que lo hiciera un sacerdote como él. A ellos les contestó altivamente de esta manera: <<O esto es bueno o es malo; si es bueno, no se me obste; y si es malo, no se me mande>>.
En 1670 escribió los autos sacramentales "Sueños hay que verdad son" y "El pan verdadero Dios" y en 1671 "Santo rey don Fernando". Calderón en 1672 terminó el melodrama "La niña de Gómez Arias" que posee una gran introspección y se acerca al universo trágico. El 21 de septiembre de 1922, Margarita Xirgu representaba en el Teatro Español de Madrid, la novela escénica en 5 cuadros "La niña de Gómez Arias". La Xirgu, en el papel de Dorotea, daba vida a este singular personaje femenino calderoniano en adaptación de Eduardo Marquina. A mediados de septiembre de 1930, de nuevo en el Teatro Español, Margarita Xirgu representaba una vez más esta obra de Calderón.

 

Margarida Xirgu protagonitzando "La niña de Gómez Arias".

Foto Cuadernos El Público.

Figurines de "La niña de Gómez Arias" realizados por Miquel Xirgu.

Archivo familiar Jordi Rius Xirgu

 

ver figurines


Calderón escribió en 1670 el drama histórico "El mayor monstruo, los celos" que tiene grandes semejanzas con el "Otelo" de Shakespeare y los autos sacramentales "La redención de cautivos" y "No hay instante sin milagro"; en 1673 "El arca de Dios cautiva"; en 1674 "La nave del mercader", "Tu prójimo como a ti" y "La viña del Señor"; en 1675 "El jardín de Falerina"; en 1676 "Los alimentos del hombre" y "La serpiente de metal"; en 1677 "El laberinto del mundo" y "El pastor Fido"; en 1678 "El día mayor de los días" y en 1679 "El tesoro escondido".
Al final de su vida sufrió algunas estrecheces económicas pero con motivo del carnaval de 1680, Calderón aún compuso su última y espléndida comedia "Hado y divisa de Leónido y Marfisa". En este mismo año, también había escrito los autos sacramentales "Andrómeda y Perseo", "El indulto general" y en 1681 "Amar y ser amado y divina Filotea", "El cordero Isaías" y "Nuevo hospicio de pobres".
Últimamente, después de su ingreso en el sacerdocio, compuso diversos dramas y comedias, de los cuales se deben citar los títulos de las comedias "Agradecer y no amar", "Afectos de ódio y amor", "El acaso y el error", "El alcalde de sí mismo", "Amigo, amante y leal", "Antes que todo es mi dama", "Argenis y Poliarco", "El astrólogo fingido", "Auristela y Lisidante", "Basta callar", "Bien vengas, mal, si vienes solo", "Cada uno para sí", "El castillo de Lindabridis", "El conde Lucanor", "Con quien vengo, vengo", "Cuál es mayor perfección", "Dar tiempo al tiempo", "La desdicha de la voz", "De una causa, dos efectos", "Dicha y desdicha del hombre", "Los empeños de un acaso", "El encanto sin encanto", de capa y espada "El escondido y la tapada", "Fuego de Dios es el querer bien", "Gustos y disgustos son no más que imaginación", "Hombre pobre todo es trazas", "Lances de amor y fortuna", "El maestro de danzar", "Mañana será otro día", "Mañanas de abril y mayo", "Mejor está que estaba", "Mujer, llora y vencerás", "Peor está que estaba", "Primero soy yo", "El puente de Mantible", "La señora y la criada" y "También hay duelo en las damas" y los dramas "Amado y aborrecido", "Apolo y Climene", "Las armas de la hermosura", "La aurora de Copacabana", "Darlo todo y no dar nada", De un castigo tres venganzas", "Los dos amantes del cielo" que se refiere al martirio de San Crisanto y Santa Daría, "Duelos de amor y lealtad", "La estatua de Prometeo", "La exaltación de la cruz", "Fineza contra fineza, "El gran príncipe de Fez", "El hijo del sol, Faetón", "Los hijos de la fortuna, Teágenes y Cariclea", "El José de las mujeres", "Judas macabeo", "El laurel de Apolo", "Origen, pérdida y restauración de la Virgen del Sagrario", "El postrer duelo de España"; "Saber del mal y del bien", "El segundo escipión", "La sibila de oriente", "Los tres afectos de amor", "Las tres justicias en una" y "Los tres mayores prodigios". También son de su producción los autos sacramentales "El divino Orfeo" de pretexto mitológico, "La lepra de Constantino", "El orden de Melchisedech", "La piel de Gedeón", "¿Quién hallará mujer fuerte", "La torre de Babilonia" y "La universal redención". Calderón parodió en su comedia burlesca "Céfalo y Pocris" la ópera-drama de su producción "Celos aun del aire matan". Compuso asimismo bastante teatro menor, unas 38 piezas, entre entremeses -del que cabe destacar "Entremés del triunfo de Juan Rana"- bailes, jácaras, loas y mojigangas.

Calderón escribió 111 obras dramáticas, de las que tres es dudoso que sean suyas. El dirigente erudito Sr. Hartzenbusch opinaba que escribió 120 y la Biblioteca de Autores españoles las incluyó todas como producción del poeta. Además de estas obras compuso Calderón 65 autos sácramentales.

El 25 de mayo de 1681, cuando estaba acabando de componer los autos destinados al Corpus de ese año, Calderón murió en Madrid. Es enterrado con todos los honores, y su cadáver, revestido de sus ornamentos sacerdotales y del hábito de la Orden de Santiago, es llevado, de acuerdo con las propias palabras de su testamento: <<descubierto, por si mereciese satisfacer en parte las públicas vanidades de mi mal gastada vida>>. Uno de sus biógrafos dijo: <<Perdió el teatro español un príncipe, la corte un poeta laureado, la iglesia un ejemplar sacerdote, los pobres un bienhechor, la honra castellana un gran maestro, y cuantos le conocian y trataban un amigo afectuoso, un discreto consejero y un acabado modelo de todas las virtudes sociales>>.
Decansaron primeramente los restos mortales del eminente dramaturgo, en la iglesia del Salvador, donde la Congregacion de Presbíteros naturales de Madrid, a la que pertenecía Calderón desde 1663 y a la que dejó por universal heredera, erigióle un modesto monumento. Descansaron las cenizas de Calderón en la mencionada iglesia del Salvador hasta 1848 en que por amenazar ruina, no pudo albergarlas por más tiempo y fueron trasladadas a la Capilla del cementerio de la Sacramental de San Nicolás, donde han permanecieron hasta que fueron traídas a la Capilla del Hospital de la citada órden de Presbíteros naturales de Madrid, en Torrecilla del Leal, donde reposan hoy y donde se les ha consagrado un sencillo y modesto recuerdo. Se le erigió en 1881 en la Plaza de Santa Ana de Madrid, emplazamiento del antiguo Corral del Príncipe, delante del Teatro Español, un elegante y bello monumento.

 


Monumento a Calderón en la Plaza de Santa Ana de Madrid.

Foto: Wikipedia


Dramaturgo trágico a la altura de Sófocles o Eurípides en la angustiada perplejidad de los individuos que retrata y a la de Shakespeare en las grietas de humana debilidad que supo mostrar del poder, Calderón representa la cumbre de las artes escénicas de un periodo irrepetible. El Segismundo de "La vida es sueño" es la duda, el Herodes de "El tetrarca de Jerusalém" es los celos, y Don Gutierre de "El médico de su honra" es el honor. Calderón es el Shakespeare católico y español. Es también un poeta español, eminentemente nacional. El sentimiento religioso, el sentimiento monárquico y el sentimiento del honor, tales como los entendían los españoles de aquella época, se reflejan en sus producciones dramáticas, en las cuales se descubre desde luego un espíritu de nacionalidad muy pronunciado. Es el primer dramaturgo del teatro español, el que ha hecho obras de más trascendencia y mayor alcance, pero faltó a la verdad histórica y geográfica y cometió grandes anacronismos. También sus sonetos con tendencia filosófica, pero muy poéticos, son harto famosos. La obra teatral de Calderón de la Barca significa la culminación barroca del modelo teatral creado a finales del siglo XVI y comienzos del XVII por Lope de Vega. Lope representa en la vida de la escena española el período espontáneo y Calderón el período de la reflexión. Calderón de la Barca resulta técnicamente mejor que aquel en el teatro y de hecho lleva a su perfección la fórmula dramática lopesca reduciendo el número de escenas de esta y depurándola de elementos líricos y poco funcionales, convirtiéndola en un pleno espectáculo barroco al que agrega además una especial sensibilidad para la escenografía y la música, elementos que para Lope tenían una menor importancia. Utiliza frecuentemente piezas anteriores que refunde eliminando escenas inútiles; disminuye el número de personajes y reduce la riqueza polimétrica del teatro lopesco. Igualmente, sistematiza la exuberancia creativa de su modelo y construye la obra en torno a un protagonista exclusivo. En cierto modo, purga el teatro de Lope de sus elementos más líricos y busca siempre los más teatrales.
Por su dilatado recorrido vital, por la estratégica situación histórica que le tocó vivir y por la variedad de registros de su excepcional obra teatral, Calderón de la Barca sintetiza el magnífico pero también contradictorio siglo XVII, el más complicado de la historia española. Testigo de tres reinados: el de Felipe III, el de Felipe IV y el de Carlos II, vivió la Europa del pacifismo, la Europa de la Guerra de los Treinta Años y la del nuevo orden internacional, simultáneo al lento declinar de la monarquía. Es decir, el Siglo de Oro de las letras y las artes que fue también el siglo de barro, de crisis y de aislamiento de España.
Calderón hizo obras en colaboración con: Juan de Zabaleta, Jerónimo de Cáncer y Velasco, Francisco de Rojas Zorrilla, Juan Pérez de Montalbán, y Antonio Coello y Ochoa. Se le atribuyen las obras "El castigo en la traición", "El primer blasón del Austria", "El que busca la mojiganga" y "El saco de Amberes", sin saber a ciencia cierta que son de su producción.


Algunos textos han sido extraidos de: "Calderón de la Barca" Wikipedia y Cervantes Virtual, y de las biografías:"Margarita Xirgu y su teatro" y "Margarita Xirgu.Una biografía" de Antonina Rodrigo.



XAVIER RIUS XIRGU

 

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