92. ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS


Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, más conocido como duque de Rivas nació en Córdoba el 10 de marzo de 1791, fue dramaturgo, poeta, pintor y político.

Tanto su padre, marqués de Rivas de Saavedra, como su madre, procedían de linajes con abolengo ilustre de Córdoba, por lo que el joven segundón pronto comenzó a recibir distinciones, como el nombramiento de marqués del Villar, de Andia y Villasinda, el de caballero de Justicia con la Cruz de la Orden de Malta a los seis meses de edad, el de capitán de Caballería en el regimiento del Infante a los siete años, y el hábito de Santiago, a los nueve. De niño tuvo una educación esmerada a cargo de eclesiásticos franceses, refugiados en España huidos de la Revolución francesa.
La epidemia de fiebre amarilla que afligió Andalucía en 1800 llevó a la familia a Madrid. Dos años más tarde, por muerte del padre, el primogénito Juan Remigio, heredó el título de duque de Rivas, y en febrero de aquel mismo 1802, Ángel ingresó en el Real Seminario de Nobles en Madrid donde permaneció cuatro años. Según Manuel Cañete, se considera el romance "En una yegua tordilla...", escrito durante su estancia en el seminario, su primera obra poética conocida. Se incorporó después al ejército pero como el Pacto de Familia seguía en vigor, el regimiento del Infante tuvo que marchar al norte de Europa, por lo que su madre le consiguió en agosto de 1806 una plaza en la Guardia de Corps, como supernumerario de la Real Persona, en la que su hermano mayor era ya capitán. En 1807 ya era alférez de la Guardia Real. Poco después comenzaron las alteraciones políticas motivadas por la conspiración del príncipe de Asturias, el motín de Aranjuez y la consiguiente destitución de Godoy, que culminarían con las abdicaciones de Bayona y el alzamiento del 2 de mayo de 1808. Rotas las hostilidades, los dos hermanos Saavedra se unieron a las fuerzas del general Gregorio de la Cuesta, en las cercanías de Salamanca. De aquel año son las poesías "En un campamento", "A la declaración de España contra los franceses", "A la victoria de Bailén" y otras, recogidas luego en la primera edición de sus "Poesías".
Ángel de Saavedra luchó con valentía contra las tropas napoleónicas en la guerra de Independencia. El General Castaños le nombró capitán de la Caballería Ligera y obtuvo también el nombramiento de primer ayudante de Estado Mayor. Se batió en Uclés, en Talavera y en las cercanías de Ontígola, donde el 18 de noviembre de 1809, en un desastroso encuentro con los franceses, cayó gravemente herido y fue dado por muerto; restableciéndose en el hospital de Baza, donde escribió el conocido romance "Con once heridas mortales". Convaleciente en su casa familiar de Córdoba, la entrada de los franceses le obligó a huir a Málaga y de allí a Gibraltar y a Cádiz, que era entonces la única ciudad no sometida al enemigo. El tratado de Valençay, firmado el 11 de diciembre de 1813, dejó a España libre de la presencia extranjera, pero no evitó la invasión del territorio francés hasta la derrota definitiva, en la batalla de Toulouse el 10 de abril de 1814, provocando la abdicación de Napoleón I. Acabada la Guerra de la Independencia vieron luz en Cádiz sus "Poesías", obra de carácter neoclásico tal vez por la influencia del poeta español Manuel José Quintana que le había orientado hacia las artes y a la participación en la política liberal. Son obras cuya versificación y cuyos asuntos hallaron inspiración en los autores del Siglo de Oro y en los poetas neoclásicos, en cuya lectura había formado Ángel de Saavedra su gusto literario. Presentes están en ellas las bellas pastoras idealizadas, los temas del beatus ille, del menosprecio de la corte y de la alabanza de aldea. Las poesías de carácter patriótico están inspiradas en sus experiencias personales y expresan el exaltado fervor propio de la poesía de aquellos años. De la colección "Poesías" forma parte, el poema épico "El paso honroso", escrito ya en 1812 en octavas reales y que narra la historia de Suero de Quiñones. En el prólogo Ángel de Saavedra escribió: <<He procurado imitar la sencillez en el modo de decir y de presentar los pensamientos que ostentan nuestros poetas del siglo XVI, y aunque no me lisonjeo de haberlo conseguido, me contento solo con haberlo intentado>>. Gabino Tejado pensó que "El paso honroso" era el punto de partida de los gustos de su autor por la Edad Media. Sin embargo, Valera opinó que antes de la emigración ya tenía un amor por la Edad Media y el Siglo de Oro, que le llevaron a componer romances y dicha obra. Es indudable que la composición de "El paso honroso" muestra un interés temprano por la historia nacional remota.
A fines de 1814, muy de acuerdo con el espíritu de los tiempos, escribió su primera tragedia neoclásica "Ataulfo", que fue prohibida por la censura, el 8 de julio de 1816 se puso en escena en Sevilla su tragedia "Aliatar" con gran éxito, y al año siguiente, la tragedia "Doña Blanca de Castilla", que se estrenó el 28 de noviembre de 1817. Del mismo año es la tragedia "El duque de Aquitania" y ya de 1818 la tragedia "Malek Adhel", basada en "Matilde" la novela de Madame Cottin, y que fue representada en Barcelona. Estas dos últimas obras se imprimieron en 1821.

 


Ángel de Saavedra.

Foto Poetas.com

 

El pronunciamiento de Riego en las Cabezas de San Juan en enero de 1820, resultó un golpe de estado que dio comienzo a los tres llamados años de Gobierno Liberal o trienio Constitucional, en los que el poeta tuvo una destacada actuación política como diputado. En mayo de 1820, consiguió permiso del nuevo gobierno para viajar al extranjero. Marchó a París en comisión de servicio y aprovechó para conocer el mundo cultural de la capital francesa. Pero el viaje no duraría mucho; Ángel de Saavedra había intimado en Córdoba con Antonio Alcalá Galiano, que influiría mucho sobre su ideología política y con quien mantuvo una estrecha amistad el resto de su vida. Galiano era un liberal exaltado, entonces intendente en Córdoba, que animó a su amigo a presentarse como diputado a Cortes por aquella provincia. Este salió elegido en diciembre de 1821 y, a partir de entonces, desarrolló una activa vida política y parlamentaria que duró hasta la entrada en España de los ejércitos de Angulema. La segunda edición de las "Poesías", corregida y aumentada, que incluyó una nueva versión de "El paso honroso", vio luz en Madrid en 1820, y reveló, según Jorge Campos: <<una intención de superar o hacer olvidar la colección anterior>>, y en ellas ya hay elementos que pueden ser considerados de carácter preromántico.
El 17 de diciembre de 1822 estrenó en el Teatro de la Cruz, la tragedia "Lanuza" que, como "El duque de Aquitania", tomó por modelo las tragedias de Alfieri, tan popular entonces en España. "Lanuza" se representó seis días en Madrid y la mayoría de la crítica contemporánea la alabó por el genio de su autor y por su espíritu patriótico. Al finalizar los tres años de gobierno liberal, trasladarse la sede del gobierno a Cádiz con el Rey, al que habían incapacitado las Cortes y su liberación en Sevilla por los franceses el 1 de octubre de 1823, se produjo la consiguiente desbandada de los liberales, entre ellos, Galiano y Ángel de Saavedra, que llegaron a Gibraltar en una barca valenciana tres días después, camino de un exilio que duraría once años. Fue condenando a muerte por sus creencias liberales y haber participado en el golpe de estado de Riego en 1820 y además se le confiscaron todos sus bienes. Desde Gibraltar embarcó Ángel de Saavedra para Inglaterra, en mayo de 1824 y durante la travesía, emocionado al escuchar unas canciones patrióticas, escribió a bordo una composición que fue publicada el 1 de agosto de 1824, anónima, en "El español constitucional" de Londres, la "Oda. Imitación del salmo super flumina". Y en las páginas de "Ocios de españoles emigrados" también en agosto apareció "El desterrado", una colección de poemas que tuvo gran difusión.
Aparte de esta actividad poética se sabe poco de la vida de Ángel de Saavedra durante los meses que pasó en Londres. Allí le esperaba Alcalá Galiano, inmejorable guía en aquel floreciente centro de romanticismo. Desde su estancia en Inglaterra se volvió un romántico vigoroso, apasionado y original. A finales de diciembre volvió a Gibraltar, a casarse por poderes con María de la Encarnación de Cueto, hermana del marqués de Valmar, y con ella marchó en julio de 1825 a los Estados Pontificios donde no les permitieron residir, por lo que buscaron refugio en Malta. Allí encontraron un clima ideal, excelente acogida y amigos como Sir John Hookham Frere, antiguo embajador de Inglaterra en España, gran conocedor de nuestra literatura y a quien había conocido en París en 1821. Mucho se ha discutido sobre cuál fue la influencia de éste sobre el pensamiento y la obra de Ángel de Saavedra. Según el marqués de Valmar: <<muchas veces me refirió el ilustre poeta la sorpresa que le causó oír de los labios de aquel antiguo diplomático inglés, que los cantares rudos y espontáneos del pueblo, las rapsodias vulgares de la patria, los cuentos y las tradiciones que en forma inculta y desaliñada había escuchado en Córdoba, en las dulces horas de la infancia, contienen un fondo de poesía más sincera y más seductora que la de los más primorosos y acicalados poemas artificiales>>. Frere le dio a conocer a Shakespeare, Byron y Walter Scott, bajo cuyas influencias escribió los poemas "El sueño del proscrito" en 1824 y "El faro de Malta" en 1828, le reconcilió con la antigua literatura española y le animó a expresar sus emociones por escrito. El poema compuesto en el exilio "El faro de Malta", muestra ya la evolución de Ángel de Saavedra hacia un estilo más personal y emotivo. Se trata de una larga oda en la que establece la simbología de la luz del faro (liberalismo, romanticismo) que debe servir de guía y no perderse en el oscurantismo y en métodos anticuados. En 1827 había escrito la tragedia teatral neoclásica "Arias Gonzalo" que juntamente con "Malek Adhel" prelúdian en ciertos aspectos el romanticismo, pues sus protagonistas persiguen un amor imposible y luchan en vano contra unas circunstancias adversas que acaban por vencerles. En 1828 escribió la comedia "Tanto vales cuanto tienes". Son también de su producción los poemas: "A las estrellas", "La niña descoloría", "Con once heridas mortales" y "Letrilla", así como los sonetos: "A Lucianela", "A Dido abandonada", "Cual suele en la floresta deliciosa", "El álamo derribado", "Mísero leño", "Ojos divinos", Receta segura" y "Un buen consejo".
En la isla de Malta la familia Saavedra permaneció cinco años, hasta que en la primavera de 1830 marcharon a la conservadora Francia de Charles X, cuyo gobierno obligó al poeta a residir en Orleans, donde dio clases de pintura para sobrevivir. La Revolución de Julio trajo un gobierno liberal que elevó al trono a Louis Philippe, y el poeta pudo regresar a París, donde se reunió de nuevo con Alcalá Galiano, a quien tuvo por vecino. Aunque seguía dedicado a la pintura su situación económica no mejoraba, por lo que ambos amigos se trasladaron a Tours con sus familias.
Después de la muerte de Fernando VII en 1833, regresó a España tras su largo exilio, al recibir la amnistía por estar comprendido en los decretos dados por María Cristina, reclamando a continuación su herencia. Era teniente coronel y ascendió en 1833 a coronel de Caballería Ligera agregado al Estado Mayor de la plaza de Sevilla. Unos meses después ya en 1834 falleció su hermano mayor Juan Remigio, al parecer, de una apoplejía, con lo que Ángel de Saavedra se encontró así duque de Rivas, Grande de España y miembro del Estamento de Próceres en las Cortes.

 

Ángel de Saavedra, duque de Rivas.

Foto Kalipedia

 

El 9 de octubre de 1834 el nuevo duque de Rivas ingresó en la Real Academia Española, escribió en el "Mensajero de las Cortes" y en el mismo año publicó el libro de poemas "El moro expósito" en París, en el que sigue los caminos de Byron y su interés reside precisamente en haber sido introductor del estilo en España. Las palabras con las que dedicó la obra a Frere, son las de un discípulo agradecido: <<...Vd. me ha mostrado, y me ha puesto en este camino en el que he entrado, me temo, con más atrevimiento que éxito... Repito que temo no haber aprovechado sus beneficios como debía, al menos no tanto como yo habría deseado. Con todo, si mi gusto poético ha mejorado, ha sido gracias a Vd. Espero que esta mejora sea digna de su aprobación y de su aliento>>. Malta motivó un cambio tan radical como para que solo en un año viera la luz una obra tan revolucionaria como "El moro expósito", en la que desarrolló la leyenda de los Infantes de Lara con abundantes variaciones que incluyen episodios de su invención, digresiones y abundantes descripciones llenas de elementos costumbristas, de luz y de color. El duque de Rivas fue un extraordinario poeta narrativo que halló su inspiración en la historia y en las tradiciones nacionales. De esta época es también el libro de poemas "Florinda" y una de sus obras más representativa "Córdoba y Burgos en el siglo XI", leyenda en doce romances sobre el tema de los Infantes de Lara y el bastardo Mudarra.
El 22 de marzo de 1835, en el Teatro del Príncipe, tuvo lugar el estreno de su drama en prosa y verso "Don Álvaro o la fuerza del sino". Los primeros papeles estuvieron a cargo de Concepción Rodríguez, Julián Romea y Rita Luna, y fue representado en Madrid once veces aquel año. El drama resume los violentos arrebatos y contrastes de la obra romántica por excelencia del teatro español. Está escrita en prosa y verso y en ella se mezcla lo clásico y lo cómico al estilo del teatro de Lope de Vega, pero en ambientes exóticos y con un argumento exagerado de muertes, pasiones y tragedias muy del gusto de la época y que dado el éxito de la obra, tal vez, hizo que el autor siguiera escribiendo en la misma línea. En cualquier caso la obra tuvo repercusión internacional y años más tarde se usó como base del libreto de Francesco Maria Piave para la ópera del compositor italiano Giuseppe Verdi "La forza del destino". Contó Alcalá Galiano que el argumento de "Don Álvaro" nació de las conversaciones mantenidas en Tours entre ambos amigos cuando buscaban argumentos para una obra teatral. Y allí nació la primera versión del drama, que fue escrita en prosa. Galiano se encargó de traducirlo al francés y de dárselo a Prósper Mérimee para que intentara hacerlo estrenar en el Teatro de la Porte Saint-Martin de París, lo que el escritor francés no hizo. De vuelta ya en España, el duque de Rivas confesó al conde de Toreno haber quemado el manuscrito pero éste le animó a ponerlo en verso <<porque debes tener el argumento en la cabeza y no sería malo>>. Rivas lo escribió en quince días y se lo dedicó a Alcalá Galiano: <<como memoria de otro tiempo menos feliz pero más tranquilo>>. "Don Álvaro" no era el primer drama romántico español estrenado en España. Se habían representado antes "La conjuración de Venecia" de Martínez de la Rosa y "Macías" de Larra, que fueron aceptados por el público y la crítica porque no eran obras de ruptura con el pasado. Pero "Don Álvaro" traía la nueva fórmula del romanticismo y las disputas que provocó su estreno representaban la querella entre clásicos y románticos. Para Menéndez Pelayo: <<es, a no dudarlo, el primero y más excelente de los dramas románticos, el más amplio en la concepción, y el más castizo y nacional en la forma. Inmenso como la vida humana, rompe los moldes comunes de nuestro teatro aun en la época de su mayor esplendor, y alcanza un desarrollo tan vasto como el que tiene el drama en manos de Shakespeare o de Schiller...>>. El sino de Don Álvaro no consiste en ninguna fuerza exterior y sobrenatural, sino en las circunstancias de su origen y en la forma con que él, y la sociedad que lo rodea reaccionan frente a ellas . Los sucesos arbitrarios en la vida de Don Álvaro revelan y en el drama simbolizan, lo absurda que es la ilusión de encontrar en el amor divino o en el humano, la clave de una interpretación armónica de la vida. Don Álvaro es como un hombre que habiendo querido actuar según las reglas convenidas, descubre que se le hace culpable de delitos que no ha cometido. Víctima de la injusticia cósmica, Don Álvaro ejerce la única libertad que se le ha dejado, y se arroja, desesperado, al abismo, en busca del infierno. Esta nota final de nihilismo y rebeldía separa Don Álvaro de toda la tradición literaria anterior y coloca a su héroe en un clima de abierto desafío a Dios y a la sociedad, haciendo de él el gran símbolo romántico.

 

Ángel de Saavedra, duque de Rivas.

Foto Wikipedia

 

A principios de 1903, con sólo catorce años, Margarita Xirgu interpretó a Curra, la fiel criada de doña Leonor, en "Don Álvaro o la fuerza del sino", con el grupo de aficionados del Ateneo del distrito quinto de Barcelona.

 

Figurín de Doña Leonor de "Don Álvaro o la fuerza del sino", realizado por Miquel Xirgu.

Archivo Xavier Rius Xirgu


En 1835 Rivas fue elegido presidente del nuevo Ateneo de Madrid. La vida había cambiado totalmente para el antiguo proscrito liberal, ahora duque, admirado poeta y autor dramático. Vuelto a la vida política, formó parte del partido encabezado por Istúriz, que se mantuvo en la oposición a los sucesivos gobiernos de Martínez de la Rosa, del conde de Toreno y de Mendizábal. Cuando Istúriz subió al poder en 1836, nombró a Rivas Ministro de Gobernación o del Interior, de un gobierno formado por unos prohombres del Trienio que, paradójicamente, representaban ahora el moderantismo. El efímero gabinete cayó con la "sargentada" de La Granja, el 13 de agosto. La Reina firmó la disolución del ministerio, el restablecimiento de la Constitución de 1812 y Rivas tuvo que apelar de nuevo a la fuga y, a través de Portugal se refugió en Gibraltar. Allí permaneció hasta que la promulgación de la nueva Constitución de 1837, le permitió regresar a Cádiz, y de allí a Sevilla en agosto de este año, donde vivió por algún tiempo, apartado de la política y dedicado a su familia y a las letras.
El duque de Rivas escribió en 1841 la comedia de enredo "La morisca de Aljuar", la comedia en tres jornadas compuesta para el Liceo Artístico y Literario inspirada en las del Siglo de Oro "Solaces de un prisionero o tres noches de Madrid", en los "Españoles pintados por sí mismos" publicó dos artículos de ensayo, "El hospedador de provincia" y "El ventero", y en en el mismo año dio a luz su colección de "Romances históricos y leyendas", su obra poética más conocida de la que se hicieron diferentes ediciones. Son cinco adaptaciones de leyendas populares en forma de romance. Quizá se trate de la mayor aportación del duque de Rivas al romanticismo español evocando las glorias del pasado nacional, y en cuyo prólogo hizo una apasionada defensa del romance como género literario y como expresión de la poesía narrativa castellana. Aunque dicho prólogo está lleno de inexactitudes, es de gran importancia por constituir una defensa del romance, tan desdeñado, salvo algunas excepciones, por los neoclásicos. Para el poeta, la popularidad y eufonía del romance le entregaron <<al brazo seglar de los meros versificados y de los copleros vergonzantes>> y de este modo se desacreditó. Pero los romances son <<tan vigorosos en la expresión y en los sentimientos, que nos encanta su lectura; encontrándose en ellos nuestra verdadera poesía castiza, original y robusta>> y por ello quiere <<volverlo a su primer objeto y a su primitivo vigor y enérgica sencillez>>. La defensa de Rivas sirvió de ejemplo y estímulo a unos contemporáneos que iban descubriendo las grandes posibilidades que ofrecía el romance castellano a la nueva literatura. Sus tres leyendas, con brillantes descripciones y hábil fantasía histórica, "La azucena milagrosa" publicada en 1847, "Maldonado" publicada en 1852 y "El aniversario" publicada en 1854, son tres largos poemas narrativos polimétricos en los que los críticos hallaron más inspiración y belleza que en las poesías tempranas, y en ellas dominan los temas del patriotismo y de una religión de carácter popular y milagrero.
Ya en 1842 escribió el drama romántico en tres jornadas en verso "El crisol de la lealtad", acerca de la impostura de Lope de Azagra, que dice ser Alfonso el Batallador y la comedia en tres actos "El parador de Bailén", de carácter costumbrista. Además realizó varios cuadros de costumbres. Mención aparte merece "El desengaño de un sueño", un drama de carácter alegórico-simbólico-fantástico en cuatro actos de 1844, de puesta en escena tan complicada que no llegó a representarse, pero muy superior a todas las conocidas. Tras la caída de Espartero, fue nombrado alcalde de Madrid, formó parte del gobierno provisional y, como vicepresidente del Senado fue decidido partidario de declarar a la Reina mayor de edad. El gobierno de González Bravo le nombró ministro plenipotenciario ante el Rey de las Dos Sicilias, al que presentó sus credenciales en Nápoles el 11 de marzo de 1844.
Sus relaciones con Fernando II fueron excelentes, y enamorado del clima de Nápoles y de sus gentes, permaneció allí seis años que fueron de los más felices y tranquilos de su vida. Y de los más fecundos, pues además de la obra en prosa de carácter histórico "Sublevación de Nápoles, capitaneada por Masaniello", escribió también en prosa el drama "Viaje al Vesubio" y los dramas "Viaje a las ruinas de Pesto" e "Historia del Reino de las Dos Sicilias". Es también de su producción la obra teatral "Los Hércules". La agitación revolucionaria que sacudió Europa en 1848, dio comienzo, en la península, al movimiento que en pocos decenios conseguiría la unificación italiana. La intransigencia del Rey a conceder reformas dio lugar a sangrientos encuentros con los revolucionarios, aunque los atinados consejos del embajador de España consiguieron algunas concesiones del Rey. También el Papa hubo de huir de sus Estados, y el duque de Rivas gestionó el envío de una expedición española al mando del general Fernández de Córdoba. Recompensa de sus afortunadas gestiones fueron la cruz de la Orden de Pío X y ser condecorado por Fernando II. Pero como el monarca napolitano proyectaba el matrimonio de la infanta Carolina con el conde de Montemolín, pretendiente carlista al trono de España, el duque de Rivas y el resto de la embajada española abandonaron Nápoles el 10 de julio de 1850.
De vuelta ya en España, fue nombrado académico de la Real Academia de la Historia y mantuvo una activa vida intelectual, de la que eran parte las tertulias literarias de su casa de Madrid, a las que asistía la gente de letras más destacada. También volvió a intervenir en la agitada política del momento, pues tras el combate de Vicálvaro, el 30 de junio de 1854, el general Fernández de Córdoba le nombró presidente del nuevo ministerio. Al amanecer del 18 de julio juraron los nuevos ministros, pero a medida que avanzaba el día, iracundo el pueblo por el matiz conservador del gabinete, levantó barricadas y luchó en las calles hasta lograr que la Reina llamara a Espartero a ocupar la Presidencia del Consejo de Ministros. El duque de Rivas había sido presidente del Gobierno Español -el Consejo de Ministros de entonces- durante sólo dos días y tuvo que refugiarse en la embajada de Francia. En 1857 Narváez le nombró embajador en París y allí triunfaron de nuevo su simpatía y sus dotes de hombre de mundo, pues además era amigo de Napoleón III y de la emperatriz Eugenia, pero a la vuelta de O'Donnell al poder, dimitió un año después de su nombramiento. Antes de marchar a Francia había sido elegido académico y director de la Real Academia de San Fernando, y después en 1862 lo sería de la Real Academia Española hasta su muerte.
Como estadista le reprocharon su poca energía y escasa visión política, cualidades tan necesarias en la España de su tiempo, cuando el poder estaba repartido entre una Reina que era manejable fácilmente y los nunca reconciliados intereses de liberales y moderados. Por el contrario, su actividad diplomática fue brillante y en ella hizo valer méritos personales nada comunes. Los biógrafos, en suma, han visto en el duque de Rivas al hombre sincero y caballeroso, de carácter franco y abierto, buen amigo, de singular sensibilidad artística, de palabra fácil, con sólidos principios de casta pero sin convicciones firmes, y tan impresionable que, al decir del marqués de Valmar <<los principios cobraban en su alma el carácter de sentimientos y no pocas veces de sensaciones>>. El Excmo. Sr. duque de Rivas fue director de la Academia de las tres Nobles Artes de San Fernando, y académico de la Española y de la Historia, arcade de Roma, académico de la de Buenas Letras de Sevilla , de la Pontoniana y de la de San Lucas de Roma, benemérito de la patria, gentilhombre de Cámara de S. M., coronel de Estado Mayor y senador vitalicio del reino. También fue condecorado entre otras con las grandes cruces de Carlos III, de San Fernando de las Dos Sicilias, de la de Jerusalen, y de la Piana de Roma.
Enfermo ya desde 1859, se fue extinguiendo lentamente, quedó imposibilitado en sus últimos tiempos y falleció en Madrid el 22 de junio de 1865 siendo presidente del Ateneo de la capital. Muy pocos meses antes, el 11 de abril de aquel año, había muerto Alcalá Galiano.


Algunos textos han sido extraídos de "Ángel de Saavedra, duque de Rivas" Wikipedia, Epdlp y Biografías y Vidas.

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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