106. ÉMILE ZOLA

 

Émile Zola nació en París el 2 de abril de 1840 y fue escritor.

Hijo de Francesco Zola, ingeniero civil emigrante italiano, y de Émilie Aubert, proveniente de la pequeña burguesía francesa, formaban una familia poco adinerada. Émile después de su nacimiento en París pasó su infancia en Aix-en-Provence y estudió en el colegio Bourbon donde cursó los estudios primarios. Fue compañero de Paul Cézanne, con quien mantuvo una sólida amistad y ya en aquella época tomó contacto con la literatura romántica, especialmente con la narrativa de Víctor Hugo y la poesía de Alfred de Musset, su favorito.
Al morir su padre en 1847, se trasladó a París junto a su madre y continuó, gracias a una beca, sus estudios en el instituto Saint-Louis. No consiguió terminar el bachillerato pues en 1859 suspendió dos veces el examen de graduación de bachillerato y como no quiso seguir siendo una carga para su madre, abandonó los estudios con el fin de buscar trabajo, empezando con un empleo de administrativo en una oficina de Aduanas y en 1862 como empleado en el departamento de publicidad de la editorial Hachette.
Sus primeros libros publicados fueron un conjunto de relatos titulados "Cuentos a Ninon" en 1864 y una novela autobiográfica con influencia del romanticismo, "La confesión de Claude" en 1865. Escribió también este mismo año, dos obras de teatro que no fueron representadas, "La fea" y "Magdalena" y en 1866 fue despedido de la editorial Hachette. Comenzó a trabajar como cronista literario y artístico en el periódico "L'Evénement", interesándose por la pintura impresionista y contrayendo amistad con los nuevos artistas de la época, publicando durante 1866 los trabajos de crítica pictórica "Mis odios" y "Mi salón", donde hizo una enérgica defensa de Édouard Manet, cuestionado en esa época por los sectores académicos.
A partir de ese momento Émile Zola se dedicó por completo a escribir, se alejó paulatinamente del romanticismo y sintió afinidad con el movimiento realista y el positivismo. Aplicó su experiencia periodística, en 1867, en una novela folletinesca "Los misterios de Marsella", y en el mismo año publicó su primera novela importante "Teresa Raquin", un detallado estudio psicológico del asesinato y de la pasión, a partir de un trágico suceso ampliamente comentado en la prensa de la época. Esta historia de pasión ineluctable, adulterio, asesinato y remordimiento en una oscura mercería del pasadizo de Le Pont-Neuf, cosechó para el autor las más acerbas recriminaciones de los moralistas de la época, aunque ganó prestigio en el ambiente literario. Fue su cuarta novela y la primera en la que tomó forma el ideario naturalista.

 

Émile Zola.

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En el prólogo de la obra, dijo Émile Zola: <<En Thérèse Raquin pretendí estudiar temperamentos y no caracteres. En eso consiste el libro en su totalidad. Escogí personajes sometidos por completo a la soberanía de los nervios y la sangre, privados de libre arbitrio, a quienes las fatalidades de la carne conducen a rastras a cada uno de los trances de su existencia. Thérèse y Laurent son animales irracionales humanos, ni más ni menos>>. Por la delimitación que hizo con absoluto realismo y profundidad, del delito en sí mismo, sino también, por la audacia descriptiva que contenía, además de la captación profunda del drama íntimo de los personajes, sobre todo de madame Raquin, la novela se constituyó en el libro de más fama en los anales del naturalismo. Una anciana comerciante de provincias, madame Raquin se traslada a París con su hijo Camilo y con su sobrina huérfana Teresa, trasladando también su tienda a la capital. Teresa inquieta y deseosa de vivir, parece indiferente a todo a fuerza de adormecer sus deseos y sentimientos por la seguridad que le ofrece la familia. Cumpliendo el sueño de madame Raquin, Teresa y Camilo al crecer se casan, pero Camilo, personaje enfermizo y débil, no trae la felicidad a la vida de Teresa, ni representa ningún cambio en la existencia de la misma, para ella todo sigue en la más absoluta rutina emocional. Un día, Camilo lleva a su casa a un amigo llamado Lorenzo, que es su antítesis, tanto en lo físico como en su manera de ser y pensar. Teresa queda fascinada por la presencia física de Lorenzo y éste al darse cuenta, la seduce y se convierten en amantes, manteniendo sus lances amorosos en la misma casa donde Teresa convive con su suegra y su marido. A partir de esta relación, comienza a desarrollarse en la mente de los amantes, la idea de eliminar al esposo. Lorenzo piensa que de esa manera podrá, en algún momento, heredar de madame Raquin, estar junto a una mujer de la que está enamorado, vivir en paz y ser feliz. Un día, la pareja de esposos, sale a hacer un paseo en barca con Lorenzo y Camilo es ahogado por éste. Mientras tanto Teresa y Lorenzo, comienzan la farsa del sufrimiento por la muerte de Camilo, hasta que quede claro en la mente de los demás que fue un accidente y no un asesinato. Lorenzo resulta ser el salvador de Teresa, puesto que él la ha sujetado en el accidente para salvarla. Eso conlleva a que madame Raquin y los demás vean posible la unión entre Lorenzo y Teresa, como una salvación para toda la familia. La pareja sufre una constante persecución por el fantasma de Camilo, que muy al contrario de lo que anhelaban, en vez de alcanzar la paz y el amor, les hace vivir atormentados. La madre de Camilo, enferma de parálisis con su presencia en ese desdichado estado, se convierte para los asesinos en un constante recuerdo de lo que han perpetrado, a tal punto que se acusan mutuamente delante de ella, a sabiendas que no podrá decir nada. Madame Raquin, sólo puede guardase para ella sola, el odio hacia los asesinaos de su hijo, sin poder hacer nada para delatarlos. La vida se torna insoportable para ellos, hasta que un día después de meditar cada uno a su manera la forma de eliminar al otro, terminan por envenenarse juntos.

En 1906, Émile Zola seguía estando de moda y su naturalismo producía, a partes iguales, una oleada de fervorosos entusiastas y de acérrimos adversarios. Pocos autores generaron tanta polémica. Su obra "Teresa Raquin" fue traducida al catalán por Rafael Moragas y un grupo de aficionados dirigidos por Juli Vallmitjana decidió llevarla a escena. Antoni Niubó, entusiasta comerciante graciense que tenía un comercio en la calle Mayor de Gracia y conocido en los medios artísticos con el sobrenombre de "matalasser intel·lectual" alquiló el teatro de la Societat del Cercle de Propietaris de Gracia y Juli Vallmitjana formó una compañía integrada por actores aficionados como Purquet i Font y tres actrices: Maria Morera que era profesional y las hermanas Eulália y Trini Guitart, dirigidos por Adrià Gual.

El escenario estaba a punto: el Cercle de Propietaris de Gracia de la calle Esmeralda, futura sede del Teatro Íntimo de Adrià Gual. El diario "La Vanguardia", el 4 de septiembre de 1906, en su sección de espectáculos anunciaba: <<Círculo Propietarios de Gracia. Calle de la Esmeralda, 29. Comisión artística, jueves 14 a las nueve y media. Gran homenaje al escritor Emilio Zola, con el estreno en catalán de su drama "Teresa Raquin". Antes de la representación se leerá una conferencia de don Emilio Tintorer. Los beneficios se dedicarán a las Escuelas Francesas de Beneficencia. Se admiten encargos en la sede de la sociedad, en la redacción de "Joventut", en el Hogar Catalán y en el Quiosco Francés de la Rambla de los Estudios>>. Siete días antes del estreno de "Teresa Raquin", Eulália Guitart, que interpretaba el papel de la protagonista, se vio obligada a abandonar. ¿Por qué? Versión oficial: la actríz sufrió una hemóptisis, un vómito de sangre, como el que tuvo Margarita Xirgu en Breda, en el verano de 1905. Versión oficiosa: la dama no quería desvestirse en escena (en la obra, Teresa, casada ya con su cómplice, se quita el vestido de boda y se queda en corpiño y enaguas). Era el fracaso del proyecto, pero alguien sugirió: "...en la calle Santa Rosa hay un grupo de aficionados donde actúa una joven que promete...". Se referían a Margarita Xirgu. Vallmitjana y Moragas no se lo pensaron dos veces: A la mañana siguiente, domingo, se plantaron en el teatrillo de la calle Santa Rosa. Allí representaban "María del Carmen" de Josep Feliu i Codina, protagonizada por aquella jovencita. Cuando terminó la función, Vallmitjana y Moragas expusieron a la joven el objeto de la visita: necesitaban una actríz para representar el papel principal de "Teresa Raquin". Margarita se resistió: <<Verán ustedes - les dijo - yo no soy más que una aficionada. Hago de galonera... Naturalmente que me gustaría mucho trabajar en un escenario como el Cercle de Propietaris de Gràcia... Ustedes no se lo creerán... Les estoy muy agradecida, pero no me atrevo. Una cosa es trabajar con aficionados... Y si quedo mal delante de los señores de Barcelona que subirán a Gracia. ¿Vendrán los Propietarios verdad? No, no... Se lo agradezco de todo corazón, pero no puedo... tengo demasiado miedo>>. Vallmitjana y Moragas insistieron. Sabían demasiado bien que si aceptaba salvaban el estreno. Le enseñaron la obra. Ella exclamó: <<¡Pero, si esto es larguísimo!>> Y, después de una pausa, preguntó por el nombre de la protagonista. Margarita no se decidía. Había deseado una oportunidad así, pero todo resultaba extremadamente precipitado y el papel la intimidaba. Tendría que desestimar el ofrecimiento. Sus dudas aumentaron cuando Vallmitjana y Moragas, desmereciendo el arte de la diplomacia, le comentaron que el cónsul de Francia había prometido su asistencia al estreno y que el crítico Emili Tintorer, de la revista "Joventut", había escrito una conferencia expresamente para el homenaje a Zola. <<¡Pobre de mi! Pero si yo, señores, no soy más que una aficionada... Pero si yo no sé hacer comedias>> exclamó Margarita. Los ojos de la actríz brillaron impresionados. Dado que el vestuario corría a cargo de cada actor preguntó si se necesitaban muchos vestidos para representar la obra. No, sólo un vestido negro, una falda y una blusa. Es todo lo que tiene. Vallmitjana le ofreció cuatro duros de sueldo para el estreno. <<Pero, Dios mío, si yo no me atrevo...>>, volvió a implorar. Le redondearon el sueldo a cinco. No, no era por el dinero: si no fuera porque los necesitaba para sobrevivir, no le interesaban. Hasta aquel momento solamente había actuado en sociedades de barrio. El resto de días, haciendo galones, ganaba un jornal de cuatro pesetas, y los domingos, en el teatro le ofrecían diez. Finalmente "Teresa Raquin" se estrenó el 4 de octubre de 1906. A los 18 años, Margarita Xirgu entró en el teatro semi profesional por la puerta grande; éste era el rol que un par de años antes, había interpretado con enorme éxito Eleonora Duse. La revista "L'Escena Catalana" de octubre de 1906 explicó así la afluencia e interés de los espectadores: <<Esta tentativa del teatro independiente, aislada, aquí en Barcelona, tiene unos grupos de público que, sin parar mientes en sacrificios ni distancias, acude alegremente a las representaciones como si se tratara de secundar una obra de campanillas>>. Y con referencia a la noche del estreno, decía: <<Por esto, al local del Círculo de Propietarios acudieron, pese a la ausencia de tranvías y a la hora avanzada en que terminaba la función, numerosos espectadores, entre los que abundaban críticos y personalidades literarias>>. Precedió a la función la anunciada conferencia del crítico teatral Emilio Tintorer, que leyó Nogueras Oller ante el busto de Émile Zola, colocado en el centro de la escena sobre una mesa cubierta con la bandera francesa. El orador hizo una apasionada defensa de la moralidad naturalista, tan injustamente combatida, sentando la afirmación de que el paso de la vida real a la escena no podía considerarse como inmoral. El público puesto en pie le dedicó una gran ovación. La prensa dio su beneplácito coincidiendo en que su actuación de "Teresa Raquín" era admirable. La "Revista Europa" en la persona del joven periodista Fernando Barangó Solís, fue la primera en marcar una de las características que la caracterizaron; el periodista redactaba: <<Lo que más me impresionó fue su voz dulce, suave, cálida, desgarradora según la escena, siempre harmoniosa, sin arrebatos declamatorios>>.

El crítico de "La Vanguardia" profetizó: <<Barcelona cuenta desde anoche con una primera actriz indiscutible>>. Emilio Tintorer, desde su tribuna en "Joventut", publicación catalanista de literatura, artes y ciencias, dijo: <<Una jovencita a la que no había visto trabajar nunca, la señorita Xirgu, se enfrentó, a última hora, con el papel de la protagonista. Nos obsequió con un primer acto de un realismo y de un sentimiento extraordinario. En los demás actos su interpretación fue siempre admirable. Aún es muy aventurado hablar de una actriz vista a través de una sola obra, pero ello no ha de impedir que digamos nuestra creencia de que la señorita Xirgu puede llegar a ser una buena actriz, pues parece tener madeinterpretó con acierto y arte su difícil papel de protagonista>>. Juan M. Soler, en la madrileña revista "Comedias y Comediantes", subrayó: <<La interpretación fue ajustadísima. La señorita Xirgu -así la llama la crítica en esta salida triunfal en las columnas de la prensa- interpretó con acierto y arte su difícil papel de protagonista>>.

 


Margarita Xirgu con 20 años en 1908.

Foto Biografía F. Foguet

 

Con la novela "Madeleine Férat" de 1868, Émile Zola fue consolidando su estilo. En 1870 Zola se casó con Alexandrine Méley, algo mayor que él y compañera leal desde el inicio de su relación.

 

Alexandrine Méley, madame Zola.

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Inspirado por los experimentos científicos sobre la herencia como los que habían hecho Darwin y Marx; por la lectura de "Introducción a la medicina experimental" de Claude Bernard; por las teorías fisiológicas de pensadores como Hippolyte Taine sobre la influencia de la raza o la herencia y el medio o entorno sobre el individuo; y siguiendo el modelo de Honorato de Balzac en la "Comedia humana", Émile Zola decidió realizar un conjunto de novelas escritas con rigor científico, donde quería relatar la historia natural de varias generaciones de una familia. Concibió desarrollar una novela fisiológica que ahondara en las profundidades de todos los aspectos de la vida humana, que documentara los males sociales al margen de cualquier sensibilidad política. Asignó a esta nueva escuela de ficción literaria, el nombre de naturalismo, corriente cuya máxima consistió en reproducir la realidad con objetividad casi documental, tanto en sus aspectos más excelsos como en los más vulgares. Así pues escribió una serie de veinte novelas entre 1871 y 1893, bajo el título genérico de "Les Rougon-Macquart". Tras una ardua investigación, produjo un sorprendente y completo retrato de la vida francesa, especialmente la parisina, una historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio a finales del siglo XIX. Reveló la parte más cruda de la sociedad francesa, renegando del idealismo romántico y de la hipocresía burguesa. En sus obras de ficción, muy documentadas, denunció el arribismo, las componendas y la reestructuración social en la Francia de la Segunda República. Había vivido estos cambios al volver a París siendo joven, junto a su íntimo amigo de la infancia pasada en Aix-en-Provence, el pintor Paul Cézanne, con quien compartió las miserias de la vida bohemia en el París de los impresionistas, cuando éstos eran considerados poco más que unos artistas rebeldes y repudiados. En los 31 volúmenes que comprenden las veinte novelas, trazó la genealogía de más de doscientos personajes y sus textos fueron tan elogiados como criticados. Fue calificado de obsceno y criticado por exagerar la criminalidad y el comportamiento, a menudo patológico, de las clases más desfavorecidas. Recibió duros cuestionamientos por parte de escritores católicos como M. Barrès, L. Bloy y B. d'Aurevilly que veían en el carácter positivista de su obra, signos de decadencia, dogmatismo y una "absoluta carencia de espiritualidad". Émile Zola fue un escritor incómodo, porque le obsesionaba la verdad.

Algunos de los libros que se ocuparon de las cinco generaciones de la familia Rougon-Macquart, alcanzaron una gran popularidad. La obra se inició con la novela "La fortuna de los Rougon" de 1871, un retrato social que siguiendo el esquema del naturalismo tenía altas dosis de violencia y dramatismo, resultando a veces demasiado explícito en sus descripciones para el gusto de la época. La segunda novela de la serie fue "La jauría" de 1872 y la tercera "El vientre de París" de 1873, año en que inició su relación con Gustave Flaubert, Camille Pissarro, los hermanos Goncourt y Alphonse Daudet.

 


Retrato de Émile Zola.

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La serie de la familia Rougon-Macquart continuó con las novelas "La conquista de Plassans" en 1874, "El pecado del Abate Mouret" en 1875, "Su excelencia Eugène Rougon" en 1876, "La taberna" (L'Assommoir) un estudio sobre el alcoholismo en 1877 y "Una página de amor" en 1878; año en que conoció a Joris-Karl Huysmans, Paul Alexis, Léon Hennique y Guy de Maupassant, que llegaron a ser habituales de las veladas de Médan, un lugar cerca de Poissy donde Émile Zola tenía una casita de campo; convirtiéndose en el líder de los naturalistas. En 1879 se publicó su gran éxito, la novela de la serie de la familia Rougon-Macquart "Naná", basada en la prostitución. Émile Zola en 1880 publicó los ensayos sobre naturalismo y crítica literaria: "La novela experimental" y en 1881 "Los novelistas naturalistas", "Nuestros autores dramáticos", "Documentos literarios" y "El naturalismo en el teatro".

 

Émile Zola.

Foto Marea Cultural

 

Continuó con la serie de la familia Rougon-Macquart, con las novelas "Pot-bouille" un análisis sobre las pretensiones de la clase media en 1882, "El paraíso de las damas" en 1883, año éste en que también publicó su novela "El paraíso de los gatos" y continuó con la serie con las novelas "La alegría de vivir" en 1884, su gran éxito "Germinal" un relato sobre las condiciones de vida de los mineros en 1885, "La obra" en 1886, en cuyo año se peleó con Paul Cézanne (a quien quizás se puede reconocer en el personaje de Claude Lantier, el pintor fracasado de esta novela) y "La tierra" en 1887 cuya publicación levantó polémica. El "Manifiesto de los cinco" marcó la crítica de los escritores naturalistas jóvenes, además Émile Zola criticó habitualmente los criterios utilizados en las exposiciones de arte oficiales del siglo XIX, en las que se rechazaba de forma continuada las nuevas obras impresionistas.

En esta época también escribió "El arte de morir" que recoge cuatro "nouvelles" (relatos largos o novelas cortas) articulados en torno a la idea de la muerte, sea ésta abordada como idea, como necesidad o, simplemente, como hecho. En estos cuentos, a excepción del relato que cierra el volumen, la muerte actúa como antagonista, protagonista o personaje secundario; es el remedio a un mal o el obstáculo infranqueable; el final de una historia o el inicio de una nueva vida. Incluye "El capitán Burle", "La muerte de Olivier Bécaille", "Una autopsia social" y "Las caracolas de Monsieur Chabre".

 

Retrato de Émile Zola.

Foto Epdlp

 

A Émile Zola le fue bien, pese a todo. Su estilo descarnado y el gran proyecto novelístico emprendido, lo señalaron como el padre del naturalismo. Se convirtió en una gloria nacional. Llegó un momento en que el éxito, la fama y la riqueza derivados de sus libros y su publicación en forma de folletín, lo auparon a la posición de la élite intelectual y a la cómoda y tranquila existencia, junto a su esposa Alexandrine Méley.

Hacia 1888 todo parecía rodar suavemente en su vida. El viaje a un balneario en Royen, sobre la costa atlántica, en compañía de su editor Georges Charpentier, el pintor Fernand Desmoulin y su esposa Alexandrine, se perfilaba como el de unas vacaciones estivales relajantes e intrascendentes. Pero fue ahí donde su vida se empezó a desdoblar. Por un lado, sus dos compañeros de viaje y el alcalde de la ciudad, Víctor Billaud -asiduo visitante a su residencia-, lo iniciaron en la afición por la fotografía. Un pasatiempo que se convirtió rápidamente en una práctica sistemática, una forma de atesorar detalles de la realidad que reflejaba en sus novelas, aunque curiosamente, no la utilizara con fines literarios. Por el otro, en esos cálidos días de verano este hombre de 48 años, con cerca de cien kilos de peso, se enamoró perdidamente de Jeanne Rozerot, la joven y esbelta costurera de 21 años que acompañaba a su esposa. ¿Cómo sucedió? Quizá, cualquier tarde, cuando estaban a punto de salir, Zola descubrió que llevaba un botón de la chaqueta algo suelto. Y cuando Jeanne se lo cosió, con prisas, y cortó el hilo con sus dientes ahí mismo, sobre su cuerpo, el escritor sintió una punzada que revivió pasiones dormidas durante mucho tiempo. El caso es que él y Jeanne se hicieron amantes y, con el tiempo, tuvieron dos hijos, Denise y Jacques. Con Alexandrine no había tenido descendencia y Émile Zola se volcó en su segunda familia con responsabilidad, cariño y dedicación. Como no se admitía el divorcio, siguió llevando una vida oficial junto a Alexandrine y otra secreta junto a Jeanne y sus hijos, a quienes instaló en Verneuil, no muy lejos de su residencia de Médan a orillas del Sena.

 


Émile Zola con 25 kg. menos, con su amante Jeanne Rozerot, en una fotografía hecha por el escritor.

Foto El País

 

La fotografía se convirtió en su forma de legitimar esa existencia. Jeanne fue su musa y su modelo en centenares de placas. Una de ellas muestra a Émile y a Alexandrine, maduros, entrados en carnes, muy rectos, cogidos fríamente de la mano. Otras de Jeanne joven y esbelta, montando en bicicleta, o cubierta apenas con un paño blanco, con los hombros y los brazos desnudos, o casi de espaldas destacando también la desnudez de sus hombros y su nuca. Émile Zola llegó a hacer cerca de 7.000 placas desde 1888 hasta su muerte. Compró los equipos más sofisticados de la época e instaló tres laboratorios para su revelado. Le gustaba trabajar en series, quizá influido por los pintores impresionistas, a quienes defendió como crítico de arte en sus primeros artículos periodísticos. Le interesaron los paisajes, tanto los de la ciudad como los del campo, la arquitectura, los cambios que traían las estaciones, las personas y sus oficios, los eventos, como la Exposición Universal de 1900, que documentó con su cámara en sus grandes fases como la construcción de la torre Eiffel.
Los hijos de Zola, Denise y Jacques, fueron sus modelos en muchas fotografías. Aparecían en escenas familiares, en comidas al aire libre, en paseos y en juegos. Más adelante, fotografió a los niños como modelos a su capricho, disfrazados y caracterizados de diversos personajes, posando en distintas actitudes y corriendo por el campo. Les hizo cientos de fotos y en muchas aparecía él rodeado de su familia secreta. Zola iba a verlos casi a diario en bicicleta.

 


Denise y Jacques.

Foto El País

 

<<La escisión de esta doble vida que he tenido que vivir ha terminado por desesperarme>>, escribió Émile Zola en una carta y también: <<Jeanne me ha tributado el regio festín de su juventud, haciéndome el hermano mayor de mi Denise y de mi Jacques>>. Alexandrine se había enterado de la relación con Jeanne a través de una carta anónima y, por más que instó a su marido a dejarla, no lo consiguió. Tras la muerte de Jeanne, algún tiempo después, Alexandrine adoptó a sus dos hijos para que fueran los herederos legales de su padre.

 

Émile Zola con Jeanne Rozerot, Denise y Jacques.

Foto El País

 

La serie de la familia Rougon-Macquart continuó con "El sueño" en 1888, la destacada novela "La bestia humana" donde analizó las tendencias homicidas en 1890, año en que se rechazó su entrada en la Academia Francesa, "El dinero" en 1891, "El desastre" un relato sobre la caída del Segundo Imperio en 1892, y "El doctor Pascal" en 1893. Estos libros, que el propio Zola consideraba documentos sociales, influyeron enormemente en el desarrollo de la novela naturalista. En 1892 se publicó también, su ensayo "Viaje de vuelta", un texto de crítica y polémica. Sus obras posteriores fueron menos objetivas, más dogmáticas, más evangelizantes y, en consecuencia, menos logradas como novelas. Entre éstas figura la serie "Las tres ciudades" compuesta por 3 volúmenes, que escribió entre 1894 y 1898, iniciando la serie "Lourdes" publicada en 1894 a la que le siguieron "Roma" en 1896 y "París" en 1898. En 1897 se publicó su ensayo de crítica y polémica "Nueva campaña".



Émile Zola con su máquina de fotografiar Box 7.

Foto El País


En 1898, Zola se implicó en el caso Dreyfus y publicó el 13 de enero en el diario "L'Aurore" su famoso "Yo acuso", una carta abierta al Presidente de la República M. Felix Faure, en la que Émile Zola arremetió contra las autoridades francesas por perseguir al oficial de artillería judío Alfred Dreyfus, acusado de alta traición a la patria por los militares antisemitas, de resultas de una causa por espionaje que le condenó de por vida a la prisión de la Isla del Diablo. Así logró que el proceso de revisión tuviera un brusco giro. Un proceso por difamación condenó a Émile Zola a un año de cárcel y a una multa de 7.500 francos más los gastos, que pagó el escritor Octave Mirbeau. El efecto causado por su participación en el caso Dreyfus, lo posicionó como líder de las fuerzas progresistas (republicanos y socialistas) que reclamaron al gobierno derechista, la defensa de los derechos humanos en la República. El gobierno, apoyado por los partidos conservadores, el ejército nacionalista y la Iglesia Católica, acusó a Zola por injurias y lo persiguió, por lo que se exilió en Inglaterra durante un año, en el que continuó sus arengas a favor de la revisión del caso, hasta que se demostró la inocencia definitiva de Dreyfus y el complot militar que lo había condenado. A su regreso, publicó en "La vérité en marche" sus artículos sobre el caso.

 

Retrato del capitán Alfred Dreyfus.

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En la carta al presidente de la República Francesa, Émile Zola terminaba con las siguientes palabras: <<Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante - quiero suponer inconsciente - del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables. Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo. Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido. Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa e inatacable. Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia. Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de una ceguera de los ojos y de juicio. Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en "L'Eclair" y en "L'Echo" de París una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública. Y por último, acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable>>.

En 1899 volvió a París y fue indultado Dreyfus. Al final, la verdad triunfó. En este mismo año inició la serie de "Los Cuatro Evangelios", formada por "Fecundidad", a la que siguieron "Trabajo" en 1901, "Verdad" en 1903 -publicada póstumamente- y "Justicia" que no acabó. Dejó constancia con la fotografía de sus viajes a Roma, del exilio en Londres,... Se interesó por la poesía y el teatro, y colaboró en periódicos como "Le Figaro", "Le Petit Journal" y "Le Salut Public".

 


Retrato de Émile Zola.

Foto Wikipedia


Émile Zola murió inesperadamente el 29 de septiembre de 1902 en su casa de París, asfixiado por el monóxido de carbono de una estufa que tenía la chimenea obstruida, a los 62 años de edad. Algunos comentaron que fue asesinado por su osadía contra los militares. Al día siguiente se le esperaba para la ceremonia de readmisión del capitán Dreyfus en el ejército. Iban a estrechar sus manos por primera vez. En 1906 se rehabilitó totalmente a Alfred Dreyfus. Émile Zola estuvo algunos años enterrado en el cementerio de Montmartre en París, pero sus cenizas fueron trasladadas finalmente al Panteón el 4 de junio de 1908.

 


Tumba de Émile Zola en el cementerio de Montmartre.

Foto Wikipedia

 

Algunos textos han sido extrídos de "Émile Zola": Wikipedia, Biografías y vidas y Para Libros.

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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