109. VICTORIEN SARDOU

 

Victorien Sardou nació en París el 5 de septiembre de 1831, fue dramaturgo, escenógrafo y periodista.

Procedía de una modesta familia propietaria de un oliveral en Le Cannet, cerca de Cannes. Durante un invierno especialmente frío, el hielo mató todos los olivos y arruinó a la familia, trasladándose consecuentemente el padre de Victorien, Antoine Léandre Sardou y su familia a París. Los paseos con su padre por las calles de la capital, despertaron en su espíritu el gusto por la historia, y el afán de situar nuevamente en los viejos barrios de la ciudad a personajes ya desaparecidos y a acontecimientos lejanos en el tiempo. En París su padre fue sucesivamente contable, profesor de contabilidad, director de colegio y preceptor, además de publicar algunos manuales de gramática, diccionarios y otros tratados de diferentes materias. Como su padre vivía con dificultades, Victorien tuvo que desenvolverse por sí mismo desde muy joven y se vio obligado, debido a la falta de dinero, a interrumpir los estudios de medicina que había iniciado.

Sobrevivió dando clases de francés a alumnos extranjeros, así como dando clases de latín, historia y matemáticas y escribiendo artículos para enciclopedias populares y periódicos. Al mismo tiempo trataba de introducirse en el mundo de las letras. Sus primeros textos encontraron el apoyo de una escritora de segundo orden, Madame de Bawl, que durante la época de la Restauración había alcanzado una cierta fama. Trató de llamar la atención de la famosa actriz francesa Rachel proponiéndole el drama "La reina Ulfra" (La reine Ulfra) basado en antiguas leyendas suecas; pero nunca se representó, como tampoco se representó su comedia "Los amigos imaginarios" (Les amis imaginaires) de aquella época.

El inicio de su carrera teatral resultó especialmente difícil. Antes de llegar a la escena compuso veinticuatro comedias que presentó infatigablemente a actores y directores de teatro, sin desalentarse por sus continuas negativas. Su obra "La taberna de los estudiantes" (La taverne des étudiants) se representó en el Teatro del Odéon de París el 1 de abril de 1854, pero su estreno fue muy tormentoso debido a la presencia de estudiantes en el teatro, ya que se había extendido el rumor de que el autor había sido contratado por el Gobierno para provocarlos. Después de cinco representaciones, la obra fue retirada de cartel. Otro drama, "Bernard Palissy", había sido en principio aceptado por el Teatro del Odeón, pero tras un cambio en la dirección del teatro, los nuevos mandatarios de la sala decidieron no cumplir el compromiso adquirido por sus antecesores y no se estrenó. La comedia con tema canadiense, "Flor de liana" (Fleur de liane) estuvo a punto de representarse en el Teatro del Ambigu, pero la muerte del director del teatro, Carlos Desnoyers, hizo que el proyecto fracasara y la obra no se estrenó. La comedia "El jorobado" (Le bossu), que Victorien Sardou escribió para el actor Charles Albert Fechter, no gustó al que debía ser su protagonista y cuando al fin la obra pudo representarse con éxito, fue a consecuencia de un error, como obra de otro escritor. "París al revés" (París a l'envers), la comedia que presentó a Adolphe Lemoine-Montigny el director del Teatro del Gymnase Marie Bell, no se estrenó pues fue rechazada por éste aconsejado por Eugène Scribe, a quien le parecía escandalosa la escena de amor, que se iba a repetir y hacer famosa en la comedia de costumbres de Sardou "Nuestros íntimos" que se estrenaría en 1861.

Victorien Sardou se encontraba completamente arruinado, y sus desgracias se agravaron cuando un ataque de fiebre tifoidea casi le causó la muerte. A punto de morir en su buhardilla, rodeado por sus manuscritos rechazados, una vecina Mademoiselle de Brécourt le auxilió. Era actriz de teatro y estaba relacionada con este mundo, en especial con la famosa actriz Virginie Déjazet, de la que era íntima amiga. Tras restablecerse, lo presentó a su amiga, y ésta decidió convertirse en la protectora del joven autor. La actriz, ya mayor, compró para él en 1859 un teatro, el Folies Déjazet, que se rebautizó como Teatro Déjazet. Para conseguir mantener los gastos del teatro, ella llegó incluso a volver a emprender giras teatrales por toda Europa. El 4 de noviembre de 1859 Victorien Sardou estrenó la comedia "Las gentes nerviosas" (Les gens nerveux) en el Teatro del Palais Royal de París. "Cándida" (Candide), la primera obra que escribió para Virginie Déjazet, fue prohibida por la censura y no se estrenó, pero las tres obras siguientes llevadas a la escena por la célebre Déjazet fueron escritas prácticamente una tras otra y obtuvieron un gran éxito. Las obras fueron: "Las primeras armas de Figaro" (Les premières armes de Figaro) estrenada en su viejo teatro el 27 de septiembre de 1859, "Monsieur Garat" estrenada también en el Teatro Déjazet el 31 de mayo de 1860 y "Los Prados Saint-Gervais" (Les Prés Saint-Gervais) una ópera cómica, restrenada en el Teatro de las Varietes de París el 14 de de noviembre de 1874. Tuvo también mucho éxito la comedia "Las patas de mosca" (Les pattes de mouche), representada el 15 de mayo de 1860 en el Teatro del Gymnase Marie Bell de París en la que Clarisse con el deseo de hacer un buen matrimonio, le escribe una carta a su amante Michel comunicándole que deben separarse, pero éste no la recibe y piensa que ella le ha traicionado. La carta se pierde pero al final se encuentra, cuando Michel y Suzanne, la amiga de Clarisse, se dan cuenta de que se aman. El 31 de diciembre de 1860 Victorien Sardou estrenó la comedia "Las mujeres fuertes" (Les femmes fortes) que se representó en el Teatro del Vaudeville de París.

Pronto estuvo en igualdad de condiciones con los dos maestros del teatro del momento, Émile Augier y Alexandre Dumas hijo. Aunque Victorien Sardou no tenía ni vis cómica ni la elocuencia o fuerza moral del primero, ni la convicción apasionada ni el agudo ingenio del segundo, era un maestro del diálogo. Las réplicas las enlazaba de modo muy ingenioso, aplicaba los principios constructivos de Eugène Scribe y combinaba los tres géneros clásicos: comedia de caracteres, de costumbres o de intriga, con el drama burgués. Demostró tanta habilidad como su maestro para unir esos elementos en obras sólidas y bien construidas, a pesar de que les daba un importante matiz de sátira social.

El 16 de noviembre de 1861 Victorien Sardou estrenó su comedia "Nuestros íntimos" (Nos intimes) en el Teatro del Vaudeville de París, en la que se burlaba de la burguesía egoísta y vulgar, y fue representada incluso en la Corte. El mismo año estrenó, el 18 de julio, la comedia "Piccolino" en el Teatro Gymnase de París.



Retrato de Victorien Sardou.

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Se casó con su vecina benefactora, que poseía como nombre artístico el de Laurentine Léon y como verdadero -de noble linaje- el de Eléonore Desirée de Moisson de Brécourt, que murió ocho años más tarde. El 11 de abril de 1862 estrenó la comedia escrita para la Comédie Francaise "La mariposa" (La papillonne) en el Teatro Français de París, la mañana siguiente, el 12 de abril, estrenó la comedia "La perla negra" (La perle noire) en el Teatro Gymnase de París, y polemizó sobre las viejas costumbres y las políticas pasadas de moda en la obra "Los patanes" (Les ganaches). Ésta fue censurada pero como en otras ocasiones, aceptó rehacerla y utilizó la censura para fines casi publicitarios. La obra fue estrenada el 29 de octubre en el Teatro Gymnase. La sátira, a veces vehemente, constituía el fermento de sus comedias de costumbres. Victorien Sardou tenía una pasión polémica sobre las cuestiones de teatro. El interés de Sardou por el espiritismo quedó reflejado en asombrosos dibujos reproducidos en esta obra. El 13 de abril de 1863 estrenó la comedia "Batalla de amor" (Bataille d'amour) y el 28 de noviembre del mismo año el drama en cuatro actos "Los diablos negros" (Les diables noirs) que se representó en el Teatro del Vaudeville. Ya en 1864, estrenó el 12 de abril en el Teatro Déjazet la comedia "El deshielo" (Le dégel), el 25 de junio la comedia en tres actos y ocho cuadros "Don Quijote" (Don Quichotte) estrenada en el Teatro del Gymnase, el 15 de octubre la comedia "Las manzanas del vecino" (Les pommes du voisin) estrenada en el Teatro del Palais Royal y el 29 de diciembre la comedia "El capitán Henriot" (Le capitaine Henriot).

El 21 de enero de 1865 Victorien Sardou estrenó en el Teatro Gymnase la comedia "Los muchachos viejos" (Les vieux garçons) sobre los viejos solteros y el 4 de noviembre del mismo año estrenó en el Teatro del Vaudeville la comedia de costumbres "La familia Benoiton" (La famille Benoiton) en la que ridiculizó el lujo, la búsqueda constante del dinero y el adorno del peinado de las mujeres con cadenas, que más tarde tomó el nombre de la obra. El 3 de octubre de 1866 estrenó en el Teatro Gymnase la comedia "Nuestros buenos aldeanos" (Nos bons villageois) basada en campesinos y ambientes rurales y el 4 de diciembre del mismo año estrenó en el Teatro del Vaudeville la comedia en cinco actos "La casa nueva" (La maison neuve), en la que ridiculizó a las mujeres que se casan para tener una casa nueva. El 29 de diciembre de 1868 se burló de los modernos tartufos en la comedia "Serafina" (Séraphine) estrenada en el Teatro del Gymnase. El 8 de marzo de 1869 estrenó en el Teatro de la Porte Saint-Martin la comedia "¡Patria!" (Patrie!) en la que narró la revuelta, a finales del siglo XVI, de los campesinos holandeses contra los invasores españoles ayudados por el Conde de Rysoor, que acaba muriendo ajusticiado en la hoguera denunciado por su propia hija. En esta obra la dramaturgia se apoya ampliamente en el juego alrededor de un accesorio, una espada en este caso. El 8 de marzo de 1870 estrenó su comedia en cuatro actos y en prosa "Fernanda" (Fernande) en el Teatro Gymnase. Años más tarde, la Compañía Dramática Española de Margarita Xirgu en 1918 representó "Fernanda" en el programa veraniego de su gira por comarcas catalanas.

Victorien Sardou fue alcalde de Marly-le-Roi en 1870 y 1871, donde escribía y vivía en el hermoso castillo de Verduron, no lejos de la residencia de Alexandre Dumas hijo, que fue uno de sus huéspedes más fieles. Poco después de la Revolución de 1872 ya viudo, se volvió a casar con María Anne Corneille Soulié (1845-1923), hija del erudito Eudore Augustin Soulié -que durante muchos años fue el conservador del Museo de Versalles- y de Marie Catherine Joséphine Vila. Tuvo cuatro hijos. Los grandes y correspondidos afectos de su existencia, larga y tranquila, fueron la familia y el teatro. Tenía un espíritu sociable, agudo y bondadoso, ayudó siempre con ánimo de "confrère" a los jóvenes o a los colegas menos afortunados. Una de sus hijas se casó con el autor dramático Robert de Flers.

Estrenó el 15 de enero de 1872 su comedia "El rey zanahoria" (Le roi carotte) en la que mezcló los géneros cómicos y los renovó, siendo posiblemente la parte más viva de su creación. Victorien Sardou se tomaba la libertad de olvidar las exigencias para escribir "obras mal hechas", dedicadas al placer de la visión y de la más libre fantasía. En la opera-bouffe "El rey zanahoria" fue capaz de orquestrar visiones asombrosas, como las de una feria. El primero de febrero del mismo año estrenó su comedia en cinco actos y en prosa "Rabagás" que fue representada en el Teatro del Vaudeville y en la que ridiculizó a los partidos liberales. La obra centra la acción en la corte de Mónaco y en la figura de un famoso abogado demagogo y antidemocrático (una caricatura del Sr. Gambetta) que capitanea el partido radical y que luego no tiene inconveniente en servir al Príncipe, traicionando así a los suyos. Victorien Sardou estrenó el 17 de marzo de 1873 en el Teatro Gymnase la comedia "Andrea", el 6 de noviembre del mismo año estrenó en el Teatro de Vaudeville la comedia en cuatro actos y en prosa "El tío Sam" (L'oncle Sam) que el Gobierno francés intentó prohibir, sorprendentemente, como demasiado despectiva para los americanos, al representar en la obra a un jóven francés que emprende viaje hacía los Estados Unidos con el libro "Democracia en América" bajo el brazo y que por suerte la señora Bellamy, una compatriota experimentada, le advierte de tal lectura peligrosa. Este mismo año, el 16 de diciembre, estrenó en el Teatro de las Varietes la comedia "Las maravillosas" (Les merveilleuses) en la que la Revolución Francesa le sirvió de marco para la obra.

El 14 de junio de 1874 estrenó la comedia "Los ahorros" (Le magot) en el Teatro del Palais Royal y el 3 de diciembre de este mismo año el drama heroico "El odio" (La haine) basado en crónicas italianas de Siena y en la que junto a "¡Patria!" expuso su verdadera perspicacia por las fuertes pasiones en años pasados; pero al no ser bien recibida por el público y la crítica, juró no volver a realizar ninguna obra más. De todas formas continuó escribiendo obras teatrales y este mismo año estrenó el drama "La duquesa de Atenas" (La duchesse d'Athénes) basado en recuerdos olvidados de la Grecia medieval. Victorien Sardou se había renovado en estas obras al introducir artificialmente un estudio histórico, generalmente superficial, para enmascarar los pensamientos y los sentimientos modernos en dichas piezas. El 17 de noviembre de 1875 estrenó su comedia "Ferréol" en el Teatro Gymnase y el 13 de mayo de 1876 estrenó la comedia "El hotel Godelot" (L'hôtel Godelot) en el mismo teatro.

 


Victorien Sardou y su familia en el salón de su castillo de Verduron, en Marly-le-Roi en 1875.

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Victorien Sardou estrenó el 22 de enero de 1877 el drama "Dora" en el Teatro del Vaudeville basado irónicamente en el espionaje: <<Puesto que nuestra idea fija en Francia -decía un crítico- es que nos espian>>. El 1 de marzo de este mismo año estrenó en el Teatro del Vaudeville la comedia en cinco actos "Los burgueses de Pont-Arcy" (Les bourgeois de Pont-Arcy) en la que describió con todo detalle a la burguesía francesa. También estrenó en este año la comedia "Las bodas de Fernanda" (Les noces de Fernande). El 7 de junio de este año 1877 fue elegido miembro de la Académie Française, en sustitución del poeta Joseph Autran, después de varias vueltas de escrutinio contra el duque de Audiffret-Pasquier y Leconte de Lisle. Tomó su asiento en la Académie el 22 de mayo de 1878, cedido por Charles Blanc, conociendo allí entonces entre otros al Duque de Aumale y a Albert Sorel.

El 16 de febrero de 1880 estrenó la comedia en cinco actos "Daniel Rochat" en el Teatro Français provocando violentas protestas por las cuestiones políticas que abordaba. El 6 de diciembre de este mismo año estrenó en el Teatro del Palais Royal, la comedia en tres actos sobre las amenazadas leyes del divorcio, "¡Divorciémonos!" (Divorçons!) que escribió en colaboración con Eusebio de Najac, desempeñando el papel principal la famosa actriz Sarah Bernhardt. La Compañía Dramática de Margarita Xirgu representó también en la temporada 1924-1925 la comedia "¡Divorciémonos!" en diferentes ciudades españolas. El 17 de noviembre de 1881 estrenó el drama "Odeta" (Odette) en el Teatro del Vaudeville. El argumento de la obra relata la historia de Odette que es obligada a dejar su hogar por su marido el Conde Clermont-Latour, por considerarla infiel. Ella se entrega a los azares de una existencia aventurera, de mujer fácil durante 15 años y se hace cómplice de un estafador. Al tener que casar a su hija Jacqueline, el Conde cuidadoso de evitar el escándalo si se descubre la vida que lleva su madre Odette, facilita una entrevista entre la madre y la hija. Odette se hace pasar por una amiga de la madre supuestamente desaparecida y habiendo consolidado la felicidad de su hija, Odette se suicida echándose al océano.

Se estrenó el 11 de diciembre de 1882 el melodrama "Fédora" en el Teatro del Vaudeville, interpretada por Sarah Bernhardt, la actriz más célebre de la época y que pasó a ser la principal de sus intérpretes. La trama del drama relata la historia de Fédora que jura vengar la muerte de su prometido el Príncipe Yarischkine a manos de Ipanoff, al descubrir que es el amante de su mujer. El asesino huye a París y se encuentra con Fédora enamorándose, aunque éste la dejará más tarde al saber que su hermano ha sido ejecutado por su causa. Finalmente Fédora se suicida. La Compañía Dramática de Margarita Xirgu representó en la temporada 1924-1925 el drama "Fédora" en diferentes ciudades españolas. En sus numerosas obras, Victorien Sardou, hasta cierto punto continuador de la técnica de Eugène Scribe, reveló una gran habilidad técnica. Ardiente admirador de Balzac, amó los episodios domésticos intrincados, las situaciones complicadas y la presencia de muchos personajes en la escena, en un intento de imitación de la realidad. Se le dirigieron acusaciones de plagio o de apropiación de ideas ajenas, ataques en su mayoría procedentes de escritores desconocidos. A ello respondió el autor con el ingenioso libro "Mis plagios" (Mes plagiats) en 1883.

El 26 de diciembre de 1884 se estrenó con gran éxito en el Teatro Porte Saint-Martin (Teatro Politeama según otras fuentes) el drama en siete actos adaptación de unas crónicas bizantinas "Théodora", que protagonizó una vez más Sarah Bernhardt. De nuevo Victorien Sardou introdujo elementos históricos en la obra de la Emperatriz de Bizancio. Sigmund Freud, después de ver actuar a Sarah Bernhardt en esta obra, sucumbió ante sus encantos y durante años, una fotografía de la actriz era la que recibía a los pacientes en su consultorio.Théodora es una crónica de Bizancio puesta en escena con toda la pompa oriental y la preocupación erudita que era un rasgo del Bajo Imperio. Los periódicos parisienses contaron todas las maravillas escénicas del drama, desde el dorado salón del "autocrátor" hasta el manto imperial de la Augusta. Las columnas, muebles y mosaicos bizantinos; los trajes de opulencia tan deslumbrante como exacta, las armas y joyas copiadas en los museos, el orden de los séquitos militares: todos los detalles de ese conjunto histórico daban a esa función dramática la importancia de una verdadera restauración. Fue ante todo y después de todo, una magnífica pantomima, una ópera sin música bastante, pues los pocos compases de Massenet no merecieron tomarse en cuenta. Algunos reconocieron en la obra reminiscencias de "Lucrecia Borgia" y "Marion Delorme". Victorien Sardou tomó por guía al historiador Gibbon, que a pesar de su preocupación volteriana, fue un excelente narrador de los hechos. La gran inexactitud de la pieza fue la muerte de Théodora -¡una Augusta estrangulada por la mano del verdugo!-. Sabido es que la Emperatriz murió a los cuarenta y ocho años, respetada y casi canonizada a pesar de su herejía. Pero todos los otros detalles de la acción como los incidentes del circo y los pormenores de la sedición, fueron de una realidad suficiente. El mismo Sardou tuvo que bajar a la palestra para defender sus decorados, al ser criticados por un erudito especialista y se defendió con bastante habilidad. Antes que el desarrollo lógico del drama y el estudio psicológico de los caracteres, estuvieron claras para Victorien Sardou las escenas de efecto seguro y los golpes de teatro preparados de antemano como una prueba de prestidigitación. La magnitud del escenario histórico no perturbó su tranquilo aplomo, en ese drama con pretensiones shakespearianas, desempeñaron papeles primordiales un frasco o una horquilla, como si de la comedia "Las patas de mosca" se tratara. Nada importa que Marcellus expirara instantáneamente con el pinchazo anatómico del alfiler de oro: es menester que Théodora se empeñe en no recogerlo, para que reaparezca con el cadáver lanzado al Bósforo y recogido en la playa. Sardou acometió la tarea de pintar al fresco las bóvedas de Santa Sofía, con sus invariables procedimientos de dibujante de ilustraciones.

 


Sarah Bernhardt interpretando "Théodora".

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Rubén Darío en su extraordinaria crítica a la representación de la obra, decía: <<Seguramente, el Justiniano de la historia secreta es un personaje despreciable y grotesco: una mezcla de Claudio y de Felipe II, imbécil y desastrado en su hogar como el primero; neciamente papelista y fríamente cruel como el segundo; discutidor más que bizantino de absurdos teológicos, y cobarde como un eunuco; gran legislador por obra y gracia del cuestor Triboniano, e ínclito vencedor de los Bárbaros, desde su tribuna del hipódromo, por el esfuerzo del Belisario y Narsés. Pero el moderno dramaturgo ha encontrado el medio de recargar el odioso retrato de Procopio, pintando al "autocrátor" aún más imbécil, cruel y cobarde que en esa venenosa acta de acusación. Si hay algo sabido, es la cultura de formas y lenguaje de ese niño búlgaro, sobrino de un emperador, advenedizo como él, pero llevado muy pequeño a Bizancio y criado allí como un heredero del imperio. El estilo y modales íntimos del Justiniano dramático son los de un viejo histrión silbado. Más crudamente exagerado aún es el personaje de Teodora. Es difícil, por cierto, defender con éxito esa repugnante figura de meretriz entronizada, que logró escandalizar al mundo tan poco escrupuloso del Bajo Imperio. Corrompida hasta las médulas antes de la pubertad, prodigando en los pórticos del circo su "caridad universal", innovando en sus orgías de tríbada por sobre el capitali luxus de Ausonio, que requeriría el griego, pues el latín es harto transparente para su cabal pintura: vieja y marchita a los veinte años de tanto rodar por las tabernas de Constantinopla y los malecones de Alejandría: seguramente, lo repito no es fácil calumniar la juventud de Théodora. Pero es tan notorio como la historia de su licenciosa juventud, el cambio repentino que por cansancio o ambición se produjo en ella desde que conoció y dominó al futuro emperador. Todos los autores, religiosos y profanos, están conformes. La corte y la misma familia imperial olvidó el vergonzoso pasado de la pantomima, ante la invariable corrección de la Augusta. El "autocrátor" la asociaba tan públicamente a sus tareas de estado, que hasta en su monumento legislativo figura como consejera prudente y sagaz; por ejemplo, en la novela VIII, donde Justiniano emplea el retruécano reproducido por Sardou, sobre el nombre de Théodora (presente de Dios): Deo data est nobis. Y es esa soberana, severa ya y rígida como todas las arrepentidas, la que se nos muestra corriendo las veredas de Bizancio como Mesalina, y cayendo en los brazos de un joven desconocido, de un odiado heleno a quien perseguirá insaciablemente. Y esas visitas a la vieja sirvienta del circo, y esa entrada al hipódromo para que el pueblo le arroje a la cara el insulto soez, cuando es sabido que no podía asistir a las carreras sino invisible tras de las rejas de San Estéfano. En cuanto a esa famosa escena de "interior" en que los augustos consortes se escupen mutuamente las injurias más atroces en estilo de carnaval de la Courtille, es una repugnante parodia del realismo histórico; el más falso y necio espécimen del naturalismo aplicado a la tragedia, y que sólo escapa a la chatura completa por ese sabor malsano
de encanallada profanación que hizo la fortuna de la Belle Hélène ante un público cosmopolita de otro bajo imperio. Esto me lleva a decir algo del novísimo estilo de ese drama histórico. El rasgo original del estilo de Théodora, es la modernidad más cruda y
familiar, puesta en boca de antiguos y elevados personajes. Acostumbrados como estábamos a la solemnidad algo monótona y soñolienta de la Turquía de Racine o Voltaire; esa lengua más que franca produce el efecto de un alegre chasquido. Pero hay exceso evidente, en todas las escenas de Théodora o de las comparsas bizantinas. Si era falsa la grandilocuencia clásica, siquiera era bella; y sin tener esta disculpa, no es menos inexacta la charla bulevardera transportada a la corte de Justiniano. La exagerada trivialidad no es sino el polo opuesto de la redundancia solemne, tan distante una como otra de la realidad. Y no se diga que estos giros de caló parisiense son los equivalentes de los que habían de usar los emperadores de oriente, en sus disputas domésticas,
por la razón de ser ambos advenedizos de baja extracción. Hacía diez años que reinaban cuando estalló la sedición de Hypatius. Además, y esta razón es fundamental, la lengua de la antigüedad y edad media no nos es conocida sino por los monumentos escritos, y entre éstos no hay uno solo que nos autorice a usar tan insólito disfraz. El pasado, así en la historia como en nuestra vida, reviste para nosotros un tinte vago y poético que todo lo suaviza y embellece, semejante al efecto de perspectiva de un lejano horizonte. Esta transposición de estilo me parece, pues, una tentativa inversa, pero tan malograda como la de los románticos, que salpicaban sus diálogos con palabras exóticas o anticuadas.
Y ahora que he dado mi opinión sincera en todo lo defectuoso e inferior de esa producción escénica, no tengo inconveniente en repetir que ella constituye, a pesar de todo, un espectáculo curioso y nada despreciable, siempre que estén llenadas las condiciones materiales y artísticas de la interpretación. La pieza contiene dos o tres escenas magistrales: la conferencia de Justiniano con sus consejeros, la muerte de Marcellus, la pintura del grupo imperial, loco de terror, mientras la sedición bate las murallas del palacio. Abundan las frases condensadas y llenas de sustancia psicológica, que iluminan súbitamente el carácter como a la luz de un relámpago. Así, este grito del emperador durante la crisis revolucionaria: "¡Habla despacio!, ¡no les da gana de venderme!" O esta contestación, que Tácito hubiera puesto en boca de su Césares abyectos: "¿Le prometo la vida? -¡Sí, promete siempre!" Otras veces, la grandiosa imagen poética trae como un recuerdo de Shakespeare. Tamarys dice que en la carnicería humana del hipódromo "los tigres han huido espantados ante el furor de los hombres". ¿No os parece escuchar esa palabra sombría de Macbeth, cuando se cuenta que durante la noche del crimen los caballos de Duncan se han vuelto salvajes y despedazado unos a otros? Sardou es algo más que un diestro fabricante como Scribe o el viejo Dumas. Tiene el instinto de la grandeza dramática y la alcanza por momentos, casi podría decirse por casualidad. Además, sin ser un escritor de potente originalidad, tiene un estilo vivo y eficaz, no siempre correcto ni bien fundido, pero casi nunca tampoco desabrido y falto de vigor. Hay que tener en cuenta, además, para ser equitativo, que Théodora es una pieza por medida, un escenario construido para hacer resaltar las genialidades especiales de una artista en medio de los esplendores de una exhibición arqueológica. Ahora sólo faltaría averiguar si es a los maestros del teatro a quienes toca rebajar su arte hasta escribir piezas de ocasión. En una carta que ha circulado autografiada -como las de Voltaire- la eximia actriz que aplaudíamos anoche declaraba que "deseaba haber creado Fedra o Doña Sol, pero que se consolaba con haber creado Teodora" Y bien -Sarah Bernhardt es demasiado modesta- por cuenta de Racine y Víctor Hugo>>.

El sábado de Gloria 13 de abril de 1912 Margarita Xirgu con la compañía del Teatro Principal de Barcelona dirigida por Enric Giménez representó "Théodora", que ya había sido dada a conocer en la Ciudad Condal por la actriz Tina di Lorenzo. Margarita, una vez más, se metió en la piel del personaje, la trágica figura de la Emperatriz bizantina, desplegando un potente dramatismo en la gestualidad y en la voz.

 

Margarita Xirgu interpretando Théodora en 1912.

Foto: Fondo Margarita Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona.


Victorien Sardou estrenó el 9 de diciembre de 1885 en el Teatro del Vaudeville la comedia "Jorgina" (Georgette) y el 21 de diciembre de 1886 en el Teatro de la Porte Saint-Martin la comedia "El cocodrilo" (Le crocodile). El 24 de noviembre de 1887 estrenó también en el Teatro de la Porte Saint-Martin el drama en cuatro actos divididos en cinco cuadros "Tosca" en el que hizo revivir la epopeya imperial para lucimiento de la gran actriz Sarah Bernhardt (1844-1923). Giacomo Puccini la vio en Milán ese mismo año, con la divina Sarah en el papel de Floria Tosca. Con su temperamento volcánico, pidió inmediatamente a su agente Giulio Ricordi que adquiriera los derechos de la obra de Sardou, pero éste se los cedió en 1893 a otro compositor, Alberto Franchetti. Luigi Illica escribió el libreto y se lo mostró a Sardou; Giuseppe Verdi también lo vio pero exigió que Sardou cambiase el final. Franchetti decidió que no podría componer la música, y entonces Verdi convenció a Puccini para que la escribiera. Ricordi pidió a Giuseppe Giacosa que colaborara en el libreto original de Illica. Después de tres años de grandes disputas entre Sardou, Illica, Giacosa, Ricordi y Puccini, la obra quedó terminada en octubre de 1899. Fue estrenada con éxito en Roma, el 14 de enero de 1900 en el Teatro Costanzi, como una ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. El argumento de Tosca es de corte político, insertado en un ambiente histórico verídico que es la Europa del 1800 y en medio de la invasión de Napoleón a Italia en la batalla de Marengo, en pos de sus ideas revolucionarias. Cavaradossi es un pintor romano, amante de la conocida cantante Floria Tosca y de ideas revolucionarias y antimonárquicas, un volteriano. El Barón Scarpia es el jefe de la policía Real Romana, hombre de mala vida y de nula moral y sentimientos; desea carnalmente a Tosca y odia a los tipos como Cavaradossi. Tosca es una mujer de muy fuerte carácter, famosa por su voz y por sus terribles celos. Cavaradossi ayuda a escapar a un amigo republicano Cesare Angelotti prófugo del Castel Sant'Angelo y lo esconde en su casa donde vive con Floria; Scarpia lo descubre todo torturando a Cavaradossi y haciendo confesar a Tosca. Este la maldice y le jura a Scarpia que Napoleón -vencedor en Marengo- los liberará de su yugo, por lo que se le condena a muerte por fusilamiento al amanecer en la azotea del Castel Sant'Angelo por sedición. Presionada por la extrema situación, Tosca acepta la proposición indecente de Scarpia de pasar la noche con él, a cambio de la vida de Cavaradossi y un salvoconducto, para lo cual debería simularse la ejecución; Scarpia da las instrucciones en clave, y hace creer esto a Tosca, quien acto seguido lo apuñala al tratar Scarpia de consumar su maquiavélico plan. Tosca presencia la supuesta ejecución simulada de Mario, y luego descubre aterrorizada la atroz trampa que desde la tumba le tendió Scarpia. Descubierto su crimen por los subalternos de Scarpia, se lanza al vacío desde la azotea. Paradójicamente, aunque diseñada como un homenaje a Roma, sus tres personajes principales no eran romanos: Tosca nació en Verona, Cavaradossi en París, y Scarpia en Sicilia. La adaptación al canto de un drama tan complejo fue ardua: los cinco actos y los 23 personajes de Sardou fueron reducidos a tres actos y nueve personajes. Los escenarios del segundo y el tercer acto fueron mantenidos, es decir, el Palazzo Farnese y el Castel Sant'Angelo, pero el del primero, la iglesia jesuita de Sant'Andrea Quirinale, de Bernini, fue cambiada por la de Sant'Andrea della Valle. Los autores del libreto de "Tosca" fueron los célebres Luigi Illica (1857-1919) y Giuseppe Giacosa ( 1847-1906 ), quienes colaboraron con Puccini además en "La bohême" y "Madam Butterfly"; con Umberto Giordano en "Andrea Chénier", y con Alfredo Catalani en "La Wally" . Illica y Giacosa están considerados los más grandes libretistas de ópera de la Historia, después de Francesco Maria Piave .

 

Caricatura de Victorien Sardou.

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El 12 de febrero de 1889 Sardou estrenó en el Teatro Vaudeville la comedia "Marquesa" (Marquise), el 15 de marzo de 1889 Sardou estrenó en el Teatro Gymnase la comedia "Bella mamá" (Belle maman), el 23 de octubre de 1890 estrenó en el Teatro de la Porte Saint-Martin la obra "Cleopatra" (Cléopâtre), el 24 de enero de 1891 estrenó en el Teatro Français la comedia "Termidor" (Thermidor) basada en la reconstitución minuciosa y histórica de la alianza antirrobespierrista que se amplió a todos aquellos que temían verse procesados en la espiral implacable del terror, desencadenado sin freno en la Revolución Francesa (1789-1799), en el período Termidor, es decir en el período caluroso del 19 de julio al 17 de agosto. Políticamente, socialmente, humanamente, la maquinaria terrorista -a pesar de los principios- se hacía insoportable.Tanto la población como el ejército se resistían cada uno a su manera a una autoridad excesiva. El 8 de Termidor, Robespierre intentó defenderse de sus atacantes, alegando que la Revolución podría salvarse, y con ella el reino de la virtud, si se eliminaba a un grupo de hombres impuros que obstaculizaban el triunfo final. Pero la alianza de los jacobinos moderados, La Llanura y los terroristas, momentáneamente unidos por el miedo común, resistió a los argumentos de Robespierre y de Saint-Just, que intentó defenderlo. Robespierre fue detenido el 9 de Termidor y el 10 de Termidor (28 de julio de 1794) fue ejecutado en la guillotina.

Sardou estrenó el drama "La señora sin vergüenza" (Madame sans-gêne), el 27 de octubre de 1893 en el Teatro del Vaudeville. Considerada su obra maestra, el autor revivió la epopeya imperial mostrando felizmente su amor por la historia, reduciendo a unas proporciones cotidianas y familiares al personaje de Napoleón. La obra fue protagonizada en el papel de Catherine por Gabrielle Réjane y resultó ser uno de los mayores éxitos de su carrera. La obra relata que durante la Revolución Francesa, Catherine Hubscher -nacida en el alto Rhin en 1753- era una lavandera de París que lavaba la ropa de Napoleón I, cuando éste sólo era un teniente. Casada con el sargento François Joseph Lefevre, Catherine y su marido llegarán a ser duques de Dantzig. La obra fue adaptada más tarde a la escena lírica.

Las obras más célebres de Sardou: "Tosca" "Madame sans-gêne" y "Théodora" nacieron de su pasión por las actrices, como Sarah Bernhardt y Gabrielle Réjane, que fueron sus dos "máscaras", tan diferentes sin embargo en su obra y que le concedieron tanto éxito. Más tarde todos los actores y actrices han interpretado sus obras, reuniendo los héroes de la escena con los héroes históricos. Sardou fue un apasionado por sus contemporáneos y por la Historia. La naturaleza de su obra pide que se contemple el teatro ni siquiera como una actividad artística y literaria, sino que también como un fenómeno histórico y social.

El 31 de octubre de 1894 estrenó en el Teatro de la Renaissance de París su comedia "Gismonda", en 1895 estreno la obra "La casa de Robespierre" (La maison de Robespierre) y el 21 de diciembre de este mismo año estrenó en el Teatro Gymnase la comedia "Marcela" (Marcelle). El 1 de junio de 1895 el crítico y dramaturgo irlandés George Bernard Shaw utilizó el término despectivo "Sardoodledom" en una revisión de obras de Victorien Sardou. Shaw creía que la maquinaria artificial dramática de Sardou era chirriante y que sus obras estaban vacías de ideas. Nunca estuvo de acuerdo con el consejo de Sardou: <<¡Torturar a las mujeres!>>, dado a los jóvenes dramaturgos para ser acertados en cualquier construcción de una obra teatral. En Francia la crítica netamente realista y naturalista dudo muchas veces de Victorien Sardou por su artificialidad.

 


Retrato de Victorien Sardou.

Foto Iphoto Central

 

El 8 de febrero de 1897 estrenó en el Teatro de la Renaissance su obra "Espiritismo" (Spiritisme). Sardou fue un ferviente adepto al espiritismo y fue un médium dibujante. Durante el Congreso Espiritista y Espiritualista de París de 1900, se le nombró Presidente Honorario. El 9 de diciembre de 1904 Sardou escribió: <<Cuando no se tiene la buena fortuna, siendo médium como yo lo fui en otro tiempo, de convencerse por las propias experiencias, u observar, dentro de las condiciones requeridas, los fenómenos producidos por médiums muy expertos, lo mejor que uno puede hacer es cuidarse de las experiencias de salón que son puras puerilidades, o de aquellas que él mismo busca inútilmente y que no sirven más que para desanimar al que busca la verdad. Es preciso entonces acogerse al testimonio de los eruditos del mundo entero, cuyos nombres no voy a recordar, y que, luego de haber estudiado los hechos para demostrar su falsedad, han tenido la buena fe de retractarse y afirmar sus convicciones. Si el espiritismo no fuese más que un engaño, hace tiempo que ya no sería problema, mientras que hoy sus adherentes se cuentan por millones>>.

Sardou el 11 de febrero de 1898 estrenó en el Teatro del Vaudeville su comedia "Pamela, comerciante de frivolidades" (Paméla, marchande de frivolités), el 20 de febrero de 1901 estrenó la comedia "La hija de Tabarin" (La fille de Tabarin) y el 23 de octubre del mismo año estrenó su obra "Los bárbaros" (Les barbares). En 1902 estrenó la obra "Robespierre" que escribió especialmente para Sir Henry Irving, de nuevo basada en la Revolución Francesa. El 30 de abril de 1903 estrenó en el Teatro de Drury Lane, en Londres, el drama "Dante" en la que se hace patente lo mucho que está presente en la escritura de su obra la visión escénica, como su puesta en escena a la manera del teatro medieval está en las antípodas de todos los convenios realistas de la escena burguesa y como se nutre su dramaturgia de su arte de representar espacios invisibles. El 15 de diciembre de 1903 Sardou estrenó "La bruja" (La sorcière) que protagonizó una vez más Sarah Bernhardt. La acción se desarrolla en la España del siglo XVI.

En 1905 revisó el drama de 1877 "Dora" (L'espionne), el 15 de febrero de 1906 estrenó en el Teatro de las Varietes su obra "La pista" (La piste) y finalmente el 7 de diciembre de 1907 estrenó en el Teatro de la Porte Saint-Martin de París "El drama de los venenos" (L'affaire des poisons).

El conjunto de sus textos nos dan la imagen de un autor que "puso los puntos en todos los sentidos" y que propuso pues pistas muy variadas. Es en primer lugar indiscutible que la obra de Victorien Sardou sufrió casi del vacío de la crítica. En segundo lugar lo revelan como un hombre de teatro completo y profundamente libre, su notable conciencia de ser un artesano de la escena le condujo a asumir la paradoja de una creación por ciertos aspectos completamente convencional y por otros realmente anticonformista. No porque se sublevara contra las normas dominantes para cambiarlas, sino que a menudo, su modestia de autor y su pasión por el espectáculo parecía conducirlo a dejarlas simplemente de lado. Es posiblemente porque destacaba en el arte de la "obra bien hecha", porque aceptaba los códigos y las esperas y porque tenía un saludable despego a algunos de sus contemporáneos defensores del arte y del teatro "serio".

 


Retrato de Victorien Sardou.

Foto Adictos al cine


Las intrigas hábiles de sus comedias, sus palabras de autor, las visiones sorprendentes de sus piezas como gran espectáculo o bien las emociones fuertes de sus dramas, caracterizan toda su obra. Sardou no era un visionario y un vanguardista injustamente juzgado, su "modernidad" tenía límites quizás por la multiplicidad de las direcciones exploradas.

 

Retrato de Victorien Sardou.

Foto Wikipedia

 

Victorien Sardou, cuyo nombre está hoy en parte olvidado, fue en la segunda mitad del siglo XIX, el primer representante del teatro francés. Fue autor de más de sesenta obras de teatro y de una quincena de obras líricas, gozó de un éxito importante de público, de una difusión internacional y de un reconocimiento oficial, simbolizado por su ingreso en la Académie Française. Su carrera fue jalonada sin embargo de polémicas, con la censura pero también con la crítica, que le negó en el conjunto, el estatuto de autor "serio". Por esto en ocasiones se le denomina como un autor de teatro efímero y con calidad literaria dudosa. Como dijo Émile Zola: <<Era una persona obligada a resignarse a las volteretas para vivir las caricias del público>>

Murió en París, el 8 de noviembre de 1908 y fue enterrado donde siempre había vivido, en Marly-le Roi.

 

 

Tumba de Victorien Sardou en Marly-le Roi.

Foto Wikipedia


Algunos textos han sido extraídos de "Victorien Sardou": Wikipedia, "Obras de Victorien Sardou": Academie Francaise y "Theodora" de Rubén Darío.

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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