113. ALBERT CAMUS

 

Albert Camus nació en Mondovi la actual Drean, cerca de Bône en Argelia, el 7 de noviembre de 1913, fue periodista, novelista, ensayista, dramaturgo y filósofo.

Nació en una familia de colonos franceses dedicados al cultivo del anacardo en el departamento de Constantina. Su madre, Catalina Elena Sintés, nacida en Birkadem, Argelia, y de familia originaria de Menorca, era analfabeta y casi totalmente sorda. Su padre, Lucien Camus, trabajaba en una finca vitivinícola cerca de Mondovi y era de origen alsaciano como otros muchos pieds-noirs que habían huido tras la anexión de Alsacia a Alemania, tras la Guerra Franco-Prusiana. Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, fue herido en combate durante la batalla del Marne y falleció en el hospital de Saint-Brieuc el 17 de octubre de 1914 a la temprana edad de 28 años, poco tiempo después del nacimiento de su segundo hijo Lucien, hecho que propició el traslado de la familia a Argel a casa de su abuela materna. Las autoridades militares francesas tuvieron la delicadeza de enviar a la viuda el trozo de metralla que había puesto fin a la vida de su marido y que esta conservó durante toda su vida en una caja de galletas. Su madre quedó bajo el dominio de la abuela materna de Albert, convirtiéndose en criada de su madre. Albert la describió en su póstuma novela autobiográfica "El primer hombre" con una cierta ternura, distante y tímida, como una mujer taciturna que gustaba pasar horas sentada en la oscuridad, al lado de la ventana. De su progenitor, Albert, sólo tenía una fotografía y una significativa anécdota: su señalada repugnancia ante el espectáculo de una ejecución por pena de muerte. Albert fue educado por su madre, con la ayuda de su autoritaria abuela materna y de su tío, un carnicero de Argel.

 


Albert Camus en primer plano, con una camisa negra, en 1920 en la carnicería de su tío.

Foto Mael Monnier

 

El pequeño Albert creció en Argel, en el distrito de Belcourt, como un pied-noir cualquiera, término utilizado originalmente para referirse a los soldados argelinos que participaron en la Primera Guerra Mundial y retomado a mediados de los años 50 a raíz de la lucha de la población árabe por la independencia de esta colonia francesa, para designar a los hijos de inmigrantes franceses nacidos y educados en suelo argelino. Su abuela materna era quien hizo las veces de cabeza de familia y prefería que sus dos nietos solo completasen la educación primaria, para que se integraran al mercado laboral lo antes posible. Gracias a uno de sus maestros, Louis Germain, que fue su tutor en la Escuela Primaria Comunal CM2 en 1923 y le preparó para su ingreso en el Lyceé Bugeaud de Alger en 1924, pudo el joven Albert continuar sus estudios. Siempre le guardó total gratitud, hasta el punto de dedicarle su discurso al otorgarle el Premio Nobel.

 


Albert Camus con 11 años, después de su comunión.

Foto Mael Monnier

 

El fútbol y la literatura fueron las dos grandes pasiones de juventud de Albert Camus. Entre 1928 y 1930 fue portero del Racing Universitaire d'Algiers; años más tarde manifestó, en una entrevista, con el innegable entusiasmo por la exageración de la sangre española en sus venas, que todo su sentido de la ética lo había aprendido en el campo de fútbol. En 1929 empezó a leer a André Gide y en 1930 terminó el bachillerato, echando a perder sus anhelos deportivos la tuberculosis de la que enfermó en aquella época. En 1931, ya en la Escuela Normal Superior, también fue alentado a continuar sus estudios por Jean Grenier, quien lo inició en la lectura de los filósofos y especialmente le dio a conocer a Nietzsche. Comenzó a escribir a muy temprana edad, sus primeros textos fueron publicados en la revista "Sud" en 1932, a los 19 años de edad. Este mismo año se matriculó en Letras en la Universidad de Argel, en junio de 1934 se casó con Simone Hié, de la que se separó dos años más tarde y también se afilió al Partido Comunista.

En 1935 comenzó a escribir la colección de ensayos medio autobiográficos medio simbólicos "El revés y el derecho" (L'envers et l'endroit), que fue publicada dos años más tarde en 1937 y en los que aparecieron ya sus grandes temas de la madurez: la muerte, el sol, el Mediterráneo, el aislamiento, el destino del hombre, la relación entre la desesperanza y la felicidad,... En Argel, en 1936, fundó el "Théâtre du Travail" que fue reemplazado por el "Théâtre de l'Equipe" en 1937. Fue un taller de teatro para aficionados, que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores y en el que Camus fue actor, director de escena y adaptador, representando obras tales como: "Tiempo de desprecio" de Malraux, el "Prometeo" de Esquilo, "Los bajos fondos" de Gorki, "El regreso del hijo pródigo" de Gide y "Los hermanos Karamazov" de Dostoïevski en adaptación de Copeau, que se representó en 1938. Cuando en 1934 la derecha española reprimió cruelmente la rebelión minera en Asturias; Camus, Siscard, Bourgois y Poignat, crearon una pieza de teatro titulada "Rebelión en Asturias" (Révolte dans les Asturies) en la que denunciaban el hecho y se mostraban a favor de los mineros españoles. En 1936 después de terminar sus estudios de Filosofía en la Universidad de Argel, se preparó para obtener el diploma de Estudios Superiores en Filosofía y Letras con un trabajo sobre "Las relaciones entre el neoplatonismo y la metafísica cristiana", impidiéndole la tuberculosis participar en el examen de licenciatura. Este mismo año escribió su primera novela "La muerte feliz" (La mort heureuse) que se mantuvo inédita hasta 1971 y en la que su héroe, modelo del egoísmo, es una figura muy nietzscheana alejada de toda preocupación histórica. En 1937 de nuevo la tuberculosis le llevó a guardar cama y le impidió: presentarse a las oposiciones -fue rechazado dos veces en el exámen médico- y su entrada al profesorado al que estaba destinado. Este mismo año abandonó el Partido Comunista, pues le ordenó revisar sus convicciones favorables a las reivindicaciones musulmanas; además de tener serias discrepancias con el pacto germano-soviético y dar su apoyo a la autonomía del PC argelino respecto al PC francés. Pero siguió con su antifascismo, anticolonialismo y antiimperialismo. En 1938 fundó con Pascal Pia el periódico "Alger Républicain" en el que causó escándalo su posición contra la opresión colonial y contra la tutela que mantenía en la miseria al pueblo musulmán. Mientras tanto viajó intensamente por Europa. A continuación entró a trabajar en el "Soir Républicain" órgano del Frente Popular Argelino, en el que su investigación "La miseria de la Kabylia" tuvo un resonante impacto. En 1939 publicó el conjunto de artículos "Bodas" (Noces), que incluyeron numerosas reflexiones inspiradas en sus lecturas y viajes, unos relatos líricos sobre paisajes mediterráneos. Cuando el bando franquista ganó la Guerra Civil española, Albert Camus mostró su desacuerdo con dicha victoria, por lo que nunca fue un escritor bien visto por el régimen dictatorial español. Por esta razón y por el gran apoyo que desde el primer momento prestó al bando republicano, se le nombró Comendador en la Orden de la Liberación de España; el título se lo otorgó Diego Martínez, el entonces Presidente de la República. En 1940 el Gobierno General de Argelia prohibió la publicación del mencionado periódico y maniobró para que Albert Camus no pudiera encontrar trabajo de ninguna manera. Emigró entonces a París y trabajó como secretario de redacción en el diario "Paris-Soir" al que siguió a Clermont-Ferrand después del Armisticio y después a Lyon. También en 1940 se volvió a casar, haciéndolo esta vez con Francine Faure, que le dio dos hijos gemelos Catherine y Jean. Siempre había dicho a sus amigos que no era partidario de la institución del matrimonio, pero el casarse no le privó de tener diferentes relaciones extra matrimoniales. En 1941 ingresó en la Resistencia Francesa y en la redacción de su periódico clandestino "Combat".

Albert Camus empezó a ser conocido el 15 de junio de 1942, cuando se publicó probablemente su obra maestra, la novela corta ambientada en Argelia "El extranjero" (L'etranger), con una tirada de cuatro mil ejemplares y una reimpresión de cuatro mil cuatrocientos seis, meses después. El argumento de la novela relata la vida de Mersault, un joven pied-noir que recibe un telegrama anunciando la muerte de su madre, a quien había decidido enviar a un asilo de ancianos puesto que ya no tenían nada más que decirse. El joven Mersault toma un par de días de descanso de su trabajo para asistir al funeral de su madre, durante el cual no siente ni manifiesta congoja alguna y sólo le incomoda el calor implacable del verano argelino y el no poder fumar delante del féretro. Mersault exagera su honestidad hasta tal punto, que se niega a decir que amaba a su madre. De vuelta a la ciudad se encuentra con Marie una antigua compañera de trabajo con quien inicia una relación amorosa y a la que manifiesta estar dispuesto a casarse con ella, a pesar de estar convencido de no amarla. En esos días traba amistad con Raimundo, un sujeto que aparenta ser un proxeneta y que se halla en problemas con un grupo de árabes argelinos. Con María y Raimundo, Mersault puede reconstruir la familia que la muerte de la madre le ha hecho perder irremediablemente. En un paseo por la playa, el nuevo amigo de Mersault es amenazado por un grupo de árabes, en el incidente Mersault revolver en mano y deslumbrado por el sol dispara varias veces sobre uno de ellos hasta matarlo. Mersault es procesado en una atmósfera kafkiana y el tribunal establece que no ha llorado por la muerte de su madre, que tiene relaciones sexuales extramaritales con una mujer apenas dos días después del fallecimiento de su progenitora y, según su propio testimonio, ha disparado contra el árabe "a sangre fría" porque le dolía la cabeza y la luz del sol le había deslumbradono, sin apenas conmoverse por el hecho de haber asesinado a un ser humano. Es hallado culpable y condenado a muerte. El tribunal le presenta como una persona frívola lo que extraña al protagonista, intuyendo con certeza que lo que en realidad les molesta y ofende a aquellos que lo juzgan no es su carácter de homicida, sino que la acusación principal se sostiene en el hecho de que el protagonista no posee sentimiento de culpa alguno. Frente al capellán de la prisión en la víspera de su ejecución, manifiesta su ateísmo, su falta de temor ante la muerte y la conciencia de la indiferencia absoluta entre morir un día u otro. Su único deseo, al final, es acudir al patíbulo rodeado por los gritos de odio de la multitud enfebrecida. Al pie de la guillotina, adquiere al fin su dignidad de hombre. Su último deseo es constatar el odio de la multitud, el cumplimiento del cual le otorgaría, in extremis, el alivio de la certidumbre producida por la concordancia entre sus sentimientos de autorechazo y el rechazo manifiesto hacía él de todo el cuerpo social.
Mersault -un juego de palabras ligado a la relación que tenía con el clima de su Argelia natal, constituido por las palabras mar y sal- es un héroe absurdo con una resonancia profundamente humana que vive la escisión entre razón-sensación-emoción y reacciona sin razón ni motivo aparente, es el prototípico de una novela sin esperanza, escrita incluso contra toda esperanza, y que termina por lo tanto con una promesa. Argelia era la patria de Camus, idealizada como la patria de todos los que han tenido la suerte de poder llamar así al lugar de nacimiento, en su mente Argelia es la madre, literal y figurada. Esta Argelia idealizada hasta la asepsia, cuyo mar es telón de fondo de los amores de Mersault y Marie, que ostenta un sol implacable como fuente inagotable de luz y de calor, capaz de llevar, fatalmente, a Mersault al homicidio; es el instrumento de una darwiniana venganza contra quienes abusan de su hospitalidad. Desde luego la visión de Camus, por limitada, selectiva y hasta prejuiciada que pueda resultar, no es la de los grandes terratenientes de origen francés -que constituyeron la base social de las formas mas reaccionarias y crueles- del movimiento por la preservación del estatus colonial de Argelia; es la visión lírica de un poeta cuyos afectos nublan su entendimiento y que, extraño a la lógica, a la justicia y a la realidad misma prefiere las dulzuras del sueño a las ingratas durezas de la vigilia, a la cual corresponde el rudo despertar representado por el conflicto armado. La Argelia amada por Camus se encuentra en su imaginación, en sus novelas y sus cuentos.

El pasaje de "El extranjero", en el que el protagonista asesina a tiros al árabe, sirvió de inspiración para la letra de "Killing an arab", la canción del grupo inglés "The Cure". La canción refleja con fidelidad la apatía, tal vez amoralidad del protagonista, a quien ni siquiera conmueve el hecho de matar a un ser humano. "El extranjero" expresa una cierta peculiaridad hipnótica que, aunada al ritmo y la brevedad de la narración, logra convertirla en uno de esos escasos libros que se hacen leer de un tirón. Desde el primer párrafo Camus nos sumerge en el terreno de lo absurdo que, sin embargo, nos resulta siniestramente familiar pues tal absurdo es un fiel reflejo de la existencia del hombre moderno, en el que lo cotidiano y lo extraordinario, lo predecible y lo inexplicable se alternan de manera aleatoriamente aleatoria, simplemente suceden y en el que esa absurda sucesión de fenómenos absurdos conocida como la vida, es presentado en la novela con la vertiginosa trepidancia propia de la misma. Partiendo del absurdo como condición existencial primaria y destino ineludible del sujeto, Albert Camus desarrolla una crítica elegantemente mordaz e implacable de los valores de la sociedad burguesa, sumando absurdo tras absurdo, expresados mediante la sacralización de la muerte, la piedad artificial de los ritos funerarios y del propio luto, así, como las conductas individuales y colectivas que los legitiman conformando un ineludible círculo vicioso de prejuicios, hipocresía e ignorancia malintencionada del cuál, una vez dentro, es absolutamente imposible escapar, pues de principio a fin, de la cuna a la tumba cada existencia individual corresponde a la concretización subjetiva de lo absurdo como rasgo definitorio y definitivo del hombre y del cosmos. Como tema recurrente en toda su obra, el sistema judicial es la representación última de la más absurda pretensión del hombre: creerse capaz de distinguir valor alguno en las acciones de sus semejantes y llegar a la pretensión de poder ejercer la justicia. Así dentro de la teatralidad totalizante que es la existencia individual, se representa un segundo drama: una trágica pantomima con niveles aún más patéticamente perversos de histrionismo. En este teatro de la crueldad el actor por antonomasia, el histrión último es el juez, impostor de Dios, representación de la incurable necedad del hombre que, ciego a la verdad, se cree capaz de ejercer la justicia. La novela refleja la influencia que el existencialismo tuvo sobre Camus.

 

Retrato de Albert Camus.

Foto Wikipedia

 

El 16 de octubre de 1942 Albert Camus publicó el ensayo filosófico "El mito de Sísifo" (Le mythe de Sosiphe) en el que analiza la influencia del absurdo y el existencialismo, ofreciendo la primera descripción coherente del sentimiento del absurdo, el reconocimiento profundo de la inanidad, y la intranscendencia del hombre enfrentado al cosmos, a su destino y a la historia, sólo rescatado cuando actúa "como si" pudiera cambiar el universo. En el ensayo expuso sus ideas sobre temas como: el absurdo y el suicidio, los muros absurdos y la libertad absurda, entre otros capítulos memorables, como el propio que le da título al libro y "La esperanza y el absurdo, en la obra de Franz Kafka". Partiendo del suicidio -<<el único problema filosófico serio>>- Camus examinó la posibilidad de crear muertos conscientes, es decir, de vivir sin ilusión. El propósito central del ensayo es el suicidio como solución al problema planteado por el absurdo de la existencia humana. El gran problema planteado es éste: ¿Cómo hacer coincidir el espíritu del hombre con su naturaleza, su impulso hacia lo eterno y el carácter limitado de su existencia? ¿Tiene validez el suicidio en este contexto?¿Resuelve la ecuación absurda?. La respuesta de Camus es un rotundo no. El suicidio no es capaz de resolver el problema del absurdo que cimenta la existencia humana, puesto que se limita a eliminar uno de los factores de la ecuación y en lugar de contestar a la pregunta la deshace. Para Albert Camus el absurdo se halla en el núcleo mismo de la existencia subjetiva individual, como corolario del nihilismo metafísico propio de la reflexión filosófica en la Modernidad. Tal nihilismo era propio de las filosofías existenciales como las de Jaspers, Chestov, Kierkegaard o Heidegger y se refiere críticamente a las mismas a propósito de lo que denomina "suicidio filosófico", que lo describe como el movimiento a través del cual un pensamiento se niega a sí mismo al tiempo que tiende a autotranscenderse a través de esta negación. El proceso culmina con el llamado "salto", en el que dichos filósofos terminan por abandonar la rigidez de la reflexión ontológica para volver sobre sus propios pasos y terminar colocando virtualmente en el lugar de la Deidad aquello que por razones metodológicas se sitúa más allá de los alcances de dicha reflexión. Para el hombre absurdo -aquel que se caracteriza por haberse percatado del absurdo propio de la existencia humana, inocente a priori y como tal virtuoso que no necesita de justificación ninguna- Dios no es fuente de consuelo, ni de sentido, es el único digno de ser considerado como su preceptor moral, su inspiración ética. Camus utilizó a Dios como fuente exclusiva de la moralidad del hombre absurdo. Puesto a elegir entre la "libertad absurda" y la "moral absurda" se decidió por la primera, sostuvo que debido al carácter demostradamente absurdo de la vida humana no justificaba, por ejemplo, el crimen pues sería manifiestamente pueril (el argumento más débil en toda su exposición) y afirmó que se puede ser virtuoso por capricho. Sólo existen dos limitaciones a la realización plena de la "libertad absurda": la muerte prematura y los límites, no necesariamente de orden moral, impuestos primariamente por la razón del sujeto y por la única actitud posible de ser coherente con la condición del "hombre absurdo": la rebelión, que es la actitud del espíritu que se niega a conformarse con aquello y únicamente con aquello, con lo cual ha sido provisto por su propia existencia, y que es el terreno fecundo desde donde podrá alcanzar el hombre su única redención posible: ese accionar que le aproxima, gesto a gesto, a lo divino y cuyo más claro ejemplo se manifiesta mediante la creatividad como concretización de las potencialidades de la imaginación. Camus se decidió, a fin de cuentas, por una rebeldía que dé a la vida su grandeza, oponiendo a la absurdidad del mundo una creación que la niegue, afirmando: <<Crear, es vivir dos veces>>.
El mito hace referencia a Sísifo que fue considerado como el más astuto entre los hombres, únicamente comparable con Odiseo -de quien era abuelo- en ingenio y atrevimiento, hasta el punto de ganarse la antipatía de los demás hombres y llegar a ser considerado como un dolor de cabeza para los propios Dioses. Los jueces de los muertos condenaron a Sísifo a un castigo proporcional a su falta de respeto para con los habitantes del Olimpo, concebido y preparado aún antes de que Hermes le hubiese hecho regresar forzosamente al submundo: por toda la eternidad fue obligado a subir un gigantesco peñasco por la ladera de una colina, de tal manera dispuesto que una vez alcanzaba la cima de esta, rodaba de nuevo hacia la base de la misma de modo que Sísifo debía volver a empujarla hasta la cumbre y así per secula seculorum. No es pesimismo, si Sísifo avanza hacia la cima consciente de que la piedra rodará cuesta abajo una vez más tan pronto alcance la cumbre, es un realismo saludable que le ahorra frustraciones; no es optimismo que valore la posibilidad de que la piedra finalmente se mantenga en la cima, es tan posible como todo aquello capaz de ser imaginado y aunque no espera misericordia alguna de los Dioses, muertos milenios ha, reos de su propia inhumanidad, de la falta de empatía para con los hombres que terminó por traicionar, finalmente, su inexistencia, es capaz de soñar la próxima jugarreta que podrá hacerle a los Dioses orgulloso de su propia humanidad que ningún castigo, de origen humano ni divino es capaz de escamotearle, de no desmayar en la valoración y mantenimiento de sus potencialidades. El hombre es mortal y si bien sabe que morirá, no tiene manera de saber cuando puede precisamente ocurrir, y ocurre, en cualquier momento, cruel lotería capaz de llevar a la esquizofrenia a la mas lúcida de las conciencias. El sujeto debe desembarazarse de la propia conciencia de su efímera individualidad y llevar a cabo una osadía digna de Sísifo: sustituir por otro u otros el predicable mortal, frágil y convertirse en sujeto de las operaciones exclusivas del espíritu humano (o ente psicológico, si se quiere) que necesariamente deben disfrazar de trascendencia su contingencia esencial, de plasticidad su ineludible carácter azaroso, de proyectar en el espacio-tiempo aquello que se halla atrapado eternamente en el aquí y en el ahora y que debe por tanto sacrificar la conciencia de su inmediatez en aras de la construcción de una finalidad que le es ajena.

Se valió, primariamente de personajes de ficción a la hora de intentar construir un prototipo del hombre absurdo, específicamente del Don Juan (de hecho hace del donjuanismo una subcategoría motu propio del comportamiento del hombre absurdo). En un segundo momento buscó los rasgos del hombre absurdo en ese personaje que se hace y deshace en personajes sobre la escena: el actor. Finalmente, en el apéndice "La esperanza y el absurdo en la obra de Franz Kafka" delimitó maravillosamente las coordenadas de la existencia absurda, siendo precisamente la esperanza la forma prevalente y peculiar de la misma. Camus afirmó: <<Kafka se vale de lo cotidiano para expresar la tragedia y de la lógica para expresar el absurdo>>. Camus analizó tres novelas de Kafka: "La metamorfosis", "El proceso" y "El castillo". "La metamorfosis" representa la imaginería horrenda propia de una ética de la lucidez y la incalculable sorpresa que produce en el sujeto la súbita conciencia de la bestia humana en la cual es capaz de convertirse sin que medie apenas esfuerzo alguno. En "El proceso", el personaje central Joseph K. -representación de un ciudadano europeo cualquiera- se ve súbitamente procesado, condenado y, finalmente ejecutado en una alucinante odisea jurídica, clara alegoría del destino individual del hombre que va envolviéndole en sus redes mientras este se desenvuelve normalmente en su cotidianeidad hasta que, finalmente, le sorprende la muerte, esa condena que todos compartimos como culpables de la propia existencia. En "El castillo" se introduce sutilmente la esperanza bajo el aspecto inicial de la determinación ciega de K. de llevar a cabo la misión que se le ha encomendado en las tierras del castillo, hasta trastocarse en un adaptación a las exigencias de un poder ciego, caprichoso y cruel, representación de una Deidad ininteligible, a la cual el hombre aplastado por su poder omnímodo termina aferrándose. K. parece interpretar las órdenes silenciosas emanadas del castillo, se hace habitante de la villa formada por los trabajadores del mismo y se asocia, mediante el matrimonio, con quien ha sido definitiva e irreversiblemente apartada del castillo, Amalia que se negó a aceptar las proposiciones indecorosas de uno de los oficiales del castillo. Mediante este gesto, K. sacrifica el propio honor a Dios, a quien todo pertenece y a través de éste el autor pasa del amor incondicional hacia la Deidad a la edificación del absurdo, ese Dios incomprensible a quien el hombre pasa toda la vida intentando vanamente agradar. Así, la enfermedad manifiesta en "El proceso" como desesperanza y desamparo encuentra tratamiento en "El castillo" como rendición incondicional y definitiva ante un Dios perdido en la distancia y en el silencio: un placebo revestido de divinidad, capaz de calmar la hoguera de temor y desesperanza encendida en el corazón del hombre por los rasgos propios de la condición humana.

 


Retrato de Albert Camus.

Foto Aarkangel

 

Albert Camus tuvo amistad con Jean-Paul Sartre, hicieron juntos colaboraciones, y tuvieron un debate final, aunque la ruptura nunca tuvo lugar realmente. La confusión entre las cartas a Sartre enviadas en la década de 1932 al 1954 fue el indicador de que Camus negaba su influencia, achacándola a malentendidos intencionados. Futuras indagaciones siembran dudas sobre la autoría real de esas cartas. Aunque la concepción del mundo lo emparentó con el existencialismo de Sartre y su definición del hombre como "pasión inútil", las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de esterilidad y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política de aquél con el comunismo. Camus nunca quiso ser asociado con tal o cual corriente filosófica, especialmente se mostró reticente a ser catalogado como existencialista. En una entrevista para la publicación "Les Temps Modernes", el propio Camus llegó a definirse a si mismo como "absurdista". En toda la obra de Camus el hombre es colocado en las antípodas de la "pasión inútil" de Sartre y es efectivamente rescatado de todos los ismos que amenazan el núcleo de su humanidad. Camus es el abogado defensor del hombre ante la sociedad, ante el estado, la religión en todas sus formas (llámese mercado, revolución o ley), ante Dios, ante la filosofía, ante la moral y ante los hombres. Por ello su obra incluye una antropología básica destinada a rescatar la dignidad de cada ser humano ante las propuestas filosóficas y los hechos históricos correspondientes.
En 1943 trabajó como lector de textos para la editorial parisina Gallimard y en 1944 estrenó con Gérard Philipe el drama "Calígula" (Caligula) que prolongó su línea de pensamiento que tanto debió al existencialismo. El argumento de la obra se basa en la vida del emperador de Roma, que se vuele loco al morir su hermana que también es a la vez su amada. Calígula desaparece unos días, regresando totalmente transformado, pues quiere conseguir cosas imposibles como la luna o cambiar el orden de la naturaleza. En realidad lleva a cabo una lógica que no es tan incomprensible, piensa que si lo único importante es conseguir dinero y no importa la vida humana, ordenará a todos sus súbditos que hagan testamento al estado y así cuando necesite dinero lo único que habrá que hacer será ejecutarlos arbitrariamente, incluso a padres e hijos de sus mejores amigos. Por otro lado, ya que que tiene el poder, lo debe utilizar sin límites, para ello tiene que ser un hombre totalmente libre, tanto como lo son los Dioses. A partir de entonces ordena matar por doquier, ordena cuando se debe pasar hambre, comete todo tipo de atrocidades y desea finalmente convertirse en un Dios, para lo cual debe ser igual de cruel que todos los otros Dioses. Su actitud disgusta a la gente y a los patricios en particular, que promueven un movimiento en contra suya capitaneado por Quereas, el cual cuatro años más tarde ejecuta un plan dando muerte al tirano emperador, al ser apuñalado por todos y cada uno de sus secuaces.

También en 1943 estrenó el drama en tres actos "El malentendido" (Le malentendu). El argumento de la obra se basa en una madre y una hija que viven en un pequeño hotel de alta montaña, en Bohemia. Los huéspedes no abundan y, de modo sistemático, las dos mujeres matan fríamente a quienes se alojan allí, para robarles, con el fin de reunir suficiente dinero para que la joven pueda huir hacia el mar, meta de su existencia. Estos dos siniestros personajes creían que el dinero es el único medio para conquistar la libertad. Hasta que un día, tras veinte años de ausencia, se presenta en el hotel el hijo que ha hecho fortuna en el extranjero. Regresa ilusionado, pensando sobre todo en el bienestar de su madre y de su hermana. Ni la una ni la otra lo reconocen y, mientras tanto, él juega a esperar el momento propicio para darse a conocer o que, al fin, lo reconozcan, pero nada de esto ocurre y fatalmente corre la misma suerte que los demás. Consumado el crimen, las mujeres registran sus papeles y descubren su identidad. La madre, enloquecida, se arroja al mismo río al que tiraron el cadáver. La hermana, después de decirle lo sucedido a María, la esposa del asesinado que acaba de llegar, provocando deliberadamente la desesperación de la muchacha, corre a ahorcarse.

María Casares, la hija de Santiago Casares Quiroga, el Presidente del Gobierno de la Segunda República Española durante el Gobierno de Manuel Azaña y Ministro de la Guerra en el momento de estallar la Guerra Civil, actuó en la representación de "El malentendido" conociendo entonces a Camus e iniciando un idilio amoroso irregular, pero al mismo tiempo público, en plena Guerra Mundial hasta 1950. María Casares fue "la gran dama del teatro francés" y fue condecorada posteriormente con la Legión de Honor de Francia. Fue dirigida por Margarita Xirgu en 1963 en el Teatro San Martín de Buenos Aires, protagonizando "Yerma" de Federico García Lorca, estando de gira por tierras americanas con el Teatro Nacional Popular Francés que dirigía Jean Vilar.

El 27 de mayo de 1949, la Compañía de Margarita Xirgu estrenó "El malentendido" en el Teatro Argentino de Buenos Aires, en una cuidada versión de Aurora Bernárdez y Guillermo de Torre. El reparto incluyó a Margarita Xirgu como la madre, Violeta Antier como María la esposa de Jan, Isabel Pradas como Marta la hermana de Jan, Manolo Díaz como Jan el hijo y Arturo Roa como el viajero. La escenografía corrió a cargo de Gori Muñoz y fue realizada por M. Blanco Carreras. La publicación argentina "Mundo Uruguayo" comentaba el 8 de junio de 1949: <<La expresión justa, la armonización de los tonos, los silencios elocuentes, el desplazamiento de las figuras, todo está regido por la inteligencia vigilante de Margarita, que cuidó de los menores detalles, para darle al conjunto el patetismo alucinante y una sugestión irresistible. Con esta versión, Margarita Xirgu superó en mucho sus más acabadas creaciones, confiriéndose títulos impares en el teatro de nuestra lengua. ¡Qué fuerza persuasiva y conmovedora y qué sinceridad artística la suya! Junto a ella brilla otra actriz, Isabel Pradas, que en esta oportunidad realiza el trabajo más feliz y difícil de su carrera. Dice un monólogo, hacia el final del obra, de manera tan convincente y con emoción tan comunicativa, que basta para consagrarla como una comedianta distinguidísima>>. El deformado juicio que de la obra tuvo la mayoría del público levantó tal polémica que, al tercer día del estreno, la Municipalidad de Buenos Aires: <<entendiendo que la desoladora crudeza del tema no la hacía apta para la escena, suspendía su representación>>. Esta resolución provocó la indignación de los medios intelectuales, que esperaban la llegada de Albert Camus. El 5 de junio Los Argentores (la Sociedad General de Autores de la Argentina) declaró: <<... fiel a un principio que tiene por irrenunciable, sostenido siempre por él frente a toda aplicación de censura, declara su disconformidad ante la sanción de origen municipal que ha prohibido la representación en Buenos Aires de "El malentendido", del escritor francés Albert Camus, cuyo legítimo prestigio literario es ya universal. El municipio cuenta con un sistema de calificación que previene a los espectadores y ello debía bastar a los fines del criterio comunal con respecto a la estimación de las obras>>. La Sociedad Argentina de Escritores hizo pública su protesta en las columnas de "Clarín". Con el estreno la crítica se dividió. La más favorable aseguró que Margarita Xirgu había obtenido un doble triunfo como directora y como actriz. La más desfavorable despertó muchos recelos entre algunos sectores visceralmente anticomunistas o peronistas, que tildaban a Margarita Xirgu de "roja". Muchos todavía veían en ella el símbolo de la España republicana.

Pocos días después, el 13 de junio de 1949, Margarita Xirgu recibía desde París una carta de Albert Camus: <<Querida señora: Acabo de enterarme de la prohibición de "El malentendido" por la inteligente censura argentina. Naturalmente, ahora pienso en Usted y estoy apenado de ver fracasados sus anhelos y sus trabajos por una decisión inexcusable. En primer lugar, quiero expresarle mi solidaridad y hacerle saber que para dar una expresión a la misma, me he negado a ir oficialmente a la Argentina a dar las conferencias previstas. Siento mucho que esta circunstancia me prive del placer de saludarla, pero si mi viaje al Brasil se realiza, trataré de llegarme hasta Buenos Aires, a título privado, para reunirme con mis amigos. Mientras tanto, le expreso, querida señora, mis respetuosos sentimientos y mi admiración>>. Margarita Xirgu decidió disolver su compañía y regresó a su casa de Chile.

Margarita Xirgu el 24 de octubre de 1952 volvió a dirigir e interpretar en el Teatro Solís de Montevideo "El malentendido". Incluyendo en el reparto principal, en aquella ocasión a Margarita Xirgu como madre, Maruja Santullo como Marta la hija, Enrique Guarnero como Jan el hijo y Estela Castro como María la esposa de Jan.

 


Margarita Xirgu, Ramón Otero y Maruja Santullo interpretando "El malentendido" en 1952.

Foto CIDDAE Teatro Solís


Para encarnar los temas que le obsesionaban, se sirvió alternativamente de dos formas de arte: el relato y el drama, reservando por lo general el tema de la voluntad de potencia a su teatro y a sus relatos el de la lucha de los oprimidos, a los que les está prohibida la rebelión violenta. La objetividad de Camus no tiende a crear la ilusión de lo real, por la razón de que, lo que está en discusión en sus obras es justamente lo real; lo que trata es de hacer sentir la incoherencia de nuestro mundo, correspondiendo al lector o al espectador el proporcionar la respuesta a la pregunta que sugiere un cuadro presentado sin comentarios.
Asumió la dirección de la publicación clandestina "Combat" desde 1945 hasta 1947, cuando Pascal Pia fue llamado a ocupar otras funciones en la Resistencia contra los alemanes. A pesar de la militancia partisana de Camus durante la Ocupación Alemana en Francia, entre mayo de 1940 y diciembre de 1944, de su conciencia social y de su postura revolucionaria -evidenciada en algunos de sus artículos de carácter político publicados en "Combat"- nunca se negó a asumir el carácter burgués de su existencia y su pensamiento. Camus fue incapaz de aceptar los crímenes y horrores del estalinismo y la posición medrosa y acomodaticia de buena parte de la izquierda francesa y especialmente del propio Sartre, que intentó amortiguar la gravedad de los mismos, cuestionando incluso la veracidad de tales imputaciones. Familiarizado con la clandestinidad y el peligro gracias a su participación militante en las filas de la Resistence, es injusto atribuir al conservadurismo y mucho menos a la cobardía, las actitudes políticas de Camus criticadas por la izquierda francesa. El considerar como ingenua esta concepción de la política como inseparable de los valores morales tradicionales encarnados en términos como verdad, justicia y fraternidad; ya dice mucho de la perversión del pensamiento occidental.

 

Francine Faure y Albert Camus con sus gemelos: Catherine (en brazos de su mamá) y Jean (en brazos de su papá) en el invierno de 1945-1946.

Foto Mael Monnier

 

En 1946 viajó a los Estados Unidos. En 1947 denunció las masacres de Madagascar y publicó, el 10 de junio, otra de sus obras más significativas, la novela "La peste" que supuso un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir, se impuso a la noción del absurdo. "La peste" es a la vez una obra realista y alegórica, y una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra y de sus terrores más agobiantes. Sirviéndose de una alegoría harto evidente, en la que una epidemia muestra como somos todos, no sólo víctimas sino asimismo cómplices. En esta obra, busca la definición de una moral práctica, que consiste en ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así mejor limitar el daño, o sea ayudar a vivir y a luchar por la vida. <<La salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática... Lo que me interesa es su salud>>. "El extranjero" y "La peste" son excepcionalmente vividas, hasta el punto que logran hacer del mismo, uno de los personajes de la trama.

Publicó el ensayo "Cartas a un amigo alemán" (Lettres à un ami allemand) en 1948, inspirado en los problemas que había planteado la guerra. El 27 de octubre de este mismo año, estrenó en el Teatro Marigny el drama "Estado de sitio" (L'état de siège). La música fue de Arthur Honegger; Balthus se encargó del vestuario y la escenografía, la dirección estuvo a cargo de Jean-Louis Barrault y entre los actores se hallaban el mismo Barrault, Madelaine Renaud, Maria Casares y Marcel Marceau. En la obra, combinó todas las formas de expresión dramática, desde el monólogo lírico, hasta el teatro colectivo, pasando por la pantomima, el simple diálogo, la farsa y los coros. La acción transcurre en un Cádiz mítico, habitado por un pueblo pintoresco, simpático y resignadamente sometido al arbitrio de los opresores; sobre la ciudad cae el azote de la Peste y de la Muerte, dos poderes de vieja estirpe apocalíptica que simbolizan en este caso la sujeción de los hombres a la tiranía de la razón y que deberán retirarse gracias al empuje, cada vez más fuerte, de los vientos llegados del mar. Aunque no es una adaptación teatral de "La peste", los ecos de su célebre novela, publicada el año anterior, resuenan inequívocamente en su nudo argumental. Fue también en 1948 cuando el anarquista Andre Prudhommeaux lo presentó, por primera vez al movimiento libertario, en una reunión del Círculo de Estudiantes Anarquistas, como simpatizante familiarizado con el pensamiento anarquista. Camus escribió a partir de entonces en publicaciones anarquistas, siendo articulista de "Le Libertaire" (precursor inmediato de "Le Monde Libertaire"), "Le Révolution Proletarienne" y "Solidaridad Obrera" de la CNT. En 1949 hizo una llamada en favor de los comunistas griegos condenados a muerte. En diciembre de 1949 se estrenó en el Théâtre Hébertot su drama "Los justos" (Les justes), en el que reprodujo un episodio verídico de la Rusia zarista de 1905, donde un grupo de socialistas revolucionarios llevaron a cabo un atentado contra el tío del zar, el conde Sergei, creyendo contribuir con ello a la derrota de la tiranía. Los actos reproducen las jornadas previas al asesinato y las reacciones del comando una vez alcanzado su objetivo. Desde los primeros parlamentos, Camus va trazando dos perfiles distintos entre quienes se muestran partidarios del asesinato. El de quienes actúan como reacción a su propia experiencia personal -detención y tortura en las cárceles zaristas, muerte de correligionarios, represión brutal e indiscriminada- y quienes lo hacen con el propósito de liberar al pueblo ruso de la tiranía, de franquear el paso a una vida mejor a través de un crimen. La frontera entre ambos queda establecida cuando, antes del primer intento de arrojar la bomba contra el conde, los terroristas hablan de la proximidad física de la víctima, incluso de su mirada, como uno de los principales obstáculos para perpetrar el crimen. A continuación, Camus pone en escena uno de los episodios más famosos de la obra: la renuncia de los terroristas a asesinar al conde por el hecho de ir acompañado por unos niños, que podrían resultar muertos. Stepan, el revolucionario por venganza, no aprueba la decisión de Kaliayev, el revolucionario por amor al pueblo ruso. Para el primero, el programa político de la revolución está por encima de los sufrimientos que provoca; para el segundo, en cambio, la revolución acabará despertando el odio si no respeta la vida de los inocentes. Este rumbo de razonamiento se prolongará hasta después de la muerte del conde Sergei y Kaliayev será detenido. La capacidad de Camus para captar los matices alcanzó su plenitud cuando coloca al asesino frente a la viuda del asesinado. El bucle de "Los justos" se cierra tal vez en esta escena, cuando Kaliayev pretende convencer a la condesa, de que su acción contribuiría a que Rusia se sacudiese la tiranía; mientras que la condesa, por su parte, le responde que es al hombre, al marido, al padre, a quien han dado muerte. Si los revolucionarios pudiesen verlo así, reclamarían el perdón. Pero si reclamasen el perdón, replica Kalaiyev, dejarían de percibirse a sí mismos como revolucionarios y pasarían a engrosar las filas de los simples y vulgares asesinos. Por esta razón el verdadero revolucionario está condenado al sacrificio, a la inmolación, y no pretende ahorrar su vida con ninguna excusa. Ni siquiera con la de la revolución, según defiende Stepan.

En 1950 publicó la colección de artículos periodísticos "Actuelles I" y el ensayo "El minotauro o el alto de Orán" (Le minotaure ou la halte d'Oran). En este mismo año terminó el idilio con la actriz María Casares, al sufrir un nuevo episodio de tuberculosis que le obligó a guardar convalecencia en Grasse. En 1951 publicó su ensayo "El hombre rebelde" (L'homme révolté) en el que establece algo así como una línea de resistencia a la historia. <<No sólo se vive de lucha y de odio. No siempre se muere con las armas en la mano. Existe la historia y existe otra cosa: la simple felicidad... la belleza>>. A la desmedida de nuestra Europa, Camus opuso el sentido de la medida que nos ofreció Grecia, <<que nada llevó hasta lo extremo, ni lo sagrado, ni la razón, porque nada negó, ni la razón ni lo sagrado>>. En este ensayo denuncia la lógica estéril de una revuelta que sólo deifica la revuelta para mejor llegar al terror. <<En el universo puramente histórico que han elegido, revuelta y revolución desembocan en el mismo dilema: o la policía o la locura>>. Así se opuso terminantemente a los partidarios de las empresas ambiciosas que transportan lo absoluto en la historia y la religión en la política. Su actitud fue más modesta e infinitamente más humana: <<En su mayor esfuerzo, el hombre no puede proponerse más que disminuir aritméticamente el dolor del mundo... Pero, el porqué de Dimitri Karakov continuará resonando: el arte y la revuelta sólo morirán con el último hombre>>.

 

Retrato de Albert Camus.

Foto Britannica

 

Albert Camus afirmó: <<Quise primero expresar la negación bajo tres formas, la novelística: "El extranjero", la dramática: "Calígula" y "El malentendido", y la ideológica: "El mito de Sísifo". Después quise expresar en segundo lugar lo positivo, también bajo tres formas, la novelesca: "La peste", la dramática: "Estado de sitio" y "Los justos", y la ideológica: "El hombre rebelde". Entreveía ya para un tercer lugar, el tema del amor>>. Su ruptura con la izquierda comunista y con Jean-Paul Sartre tuvo lugar en 1952 tras la publicación en "Les Temps Modernes" del artículo que éste encargó a Francis Jeanson, donde reprochaba a Camus que su rebeldía era "deliberadamente estética" y que presentaba sumisión a los valores burgueses. También en 1952 dimitió de la Unesco por admitir en su seno a la España franquista. Camus, junto a los anarquistas, expresó su apoyo a la revuelta de Alemania Oriental de 1953, en la que los obreros realizaron una huelga general contra el aumento de las normas productivas y la baja de los salarios reales. En 1953 tradujo y adaptó para el teatro: la comedia "Los espíritus" (Les esprits) de Pierre de Larivey, "La devoción a la cruz" (La dévotion à la croix) de Pedro Calderón de la Barca que presentó en junio en el Festival de Angers y en octubre proyectó llevar a la escena "Los poseídos" (Les possédés) la adaptación de la novela de Dostoïevski. También pensó en adaptar "El burlador de Sevilla" de Tirso de Molina y "El mágico prodigioso", de Calderón de la Barca. Este mismo año se publicaron las crónicas periodísticas "Actuelles II".
En la primavera de 1954 se publicó su relato "El verano" (L'été) y en octubre viajó a los Países Bajos. El 1 de noviembre de 1954 el Frente de Liberación Nacional argelina pasó al ataque, muriendo civiles árabes y franceses. En marzo de 1955 estrenó en el Théâtre La Bruyère la adaptación de la obra de Dino Buzzati "Un caso interesante" (Un cas intéressant) y en el mes de abril viajó por primera vez a Grecia. Entre mayo de 1955 y febrero de 1956 escribió en "L'express" las crónicas periodísticas sobre la crisis argelina, que más tarde se publicaron como "Actuelles III". En el mes de marzo de 1956 publicó su insólita novela "La caída" (La chute) que tomó forma de monólogo y en la que sintetizó el moralismo consciente de los monstruos que es capaz de engendrar por sí mismo, el onanismo moral, que la tradición permite bautizar como fariseísmo. El equilibrio entre libertad y justicia como eje de las inquietudes éticas de la Modernidad constituye el tema central, a nivel histórico-social e individual. Camus expresó en la obra, una vez más, su nostalgia de la inocencia y de la comunión entre seres, en un mundo en el que cada uno sueña con el poder, donde el diálogo es reemplazado por el comunicado y el abogado reconoce que es culpable pero invita a los otros a reconocer que también son culpables. En esta obra expresó su sensibilidad a la ironía y al humor, haciendo que el verbo y el ritmo hicieran soñar con la sátira del "Neveu de Rameau" de Denis Diderot. Todas las novelas de Camus a excepción de "La caída" -cuya trama tiene lugar en Ámsterdam y donde París es mencionado únicamente de pasada como contexto geográfico de la génesis del conflicto existencial que el personaje central luego elaborará en un genial monólogo- se desarrollan en ciudades argelies y la población indígena de las mismas, los árabes, apenas son diferenciables del propio paisaje. El 22 de septiembre de 1956 se estrenó con éxito de público y crítica su adaptación de la obra de Faulkner "Requiem para una monja" (Requiem pour une nonne).
Fue miembro de la Fédération Anarchiste, apoyándolos en 1956 primero a favor del levantamiento de los trabajadores en Poznan, Polonia, y luego, contra la represión soviética en Hungría. En 1956 en Argel, Camus lanzó su "Llamamiento a la tregua civil", en el que pidió a los intelectuales que protestaran en la O.N.U. para conseguir una tregua civil en Argelia y en el que pidió a los combatientes del movimiento independentista argelino y al ejército francés -enfrentados en una cruelísima guerra sin cuartel que tuvo lugar entre 1954 y 1962- el respeto y la protección sin condiciones para la población civil. Mientras leía su texto, afuera, una turba heterogénea lo injuriaba, y pedía su muerte a gritos. Para él, en aquella guerra, su lealtad y su amor por Francia, no le impedía el cabal conocimiento de la injusticia que vivía el pueblo argelino, depauperado y humillado, como tampoco podía impedir su amor por Argelia y que se reconociera deudor de una lengua, una cultura y una sensibilidad política y social indisolublemente unidas a Francia. Camus tenía una pobre comprensión de la situación de los árabes argelinos; para él, como para muchos otros pied-noirs, Argelia era tan francesa como cualquier otra provincia y no la concebía en absoluto como una colonia; al igual que la propia Francia no la veía como una potencia imperialista. En su momento, Camus se abstuvo de hacer cualquier referencia al conflicto franco-argelí, debido a que su madre seguía residiendo en Argel y habría sido blanco fácil de la ira de cualquiera de los bandos confrontados, en una de las más sangrientas guerras independendientistas de toda la Historia occidental.
Tres hechos significativos marcaron a su generación, la guerra mundial, la propia guerra de Argelia y el existencialismo como motor impulsor de lo cultural. En 1957 publicó su colección de relatos "El exilio y el reino" (L'exil et le royaume), en la que en uno de ellos "La esposa infiel" (L'épouse infidèle) describió el paisaje argelino y en otro "Reflexiones sobre la pena de muerte" (Réflexions sur la peine capitale) hizo un alegato contra la pena capital, en colaboración con Arthur Koestler. En junio de este mismo año se representó en el Festival de Angers su adaptación de la obra de Lope de Vega "El caballero de Olmedo" (Chevalier d'Olmedo).

 


Albert Camus y sus hijos: Catherine y Jean, en junio de 1957, en el Festival de Angers.

Foto Mael Monnier

 

Albert Camus en diciembre de 1957, a la edad de 44 años, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por: <<el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy>>. El mérito inmenso de Albert Camus fue haber sabido expresar magníficamente la sensibilidad trágica de aquella época con una sobriedad clásica y haberlo testimoniado sin traicionar su arte jamás. Su voz, levantada siempre contra toda injusticia, es sin duda alguna una de las más puras y nobles de este tiempo. <<Debemos servir al mismo tiempo -afirmó en una ocasión- el dolor y la belleza>>. Por eso, este hombre que amó la soledad no cesó de afirmar su intransigente fidelidad a las causas justas, aunque aparezcan provisionalmente como causas perdidas, subiendo incluso a los estrados públicos para gritar con pasión contra todos los sistemas totalitarios, contra todos los progresos innocuos, contra las represiones, contra las infamias de la razón de Estado, contra la pena de muerte.

 


De izquierda a dercha: Michel Gallimard, la anfitriona Jytte Bonnier, Albert Camus y el editor danés Otto Lindhardt, en Estocolmo en diciembre de 1957.

Foto Mael Monnier

 

En 1958 se publicaron: "El discurso de Suecia" (Discours de Suède) que hizo en la entrega del Premio Nobel de Literatura el año anterior y el conjunto de artículos periodísticos "Actuelles III". Este mismo año compró con el dinero del Premio Nobel una casa en Lourmarin en el macizo de Lubéron, cerca de Aviñón. Ya había estado antes en Lourmarin, en varias ocasiones a partir de 1946, cuando fue a encontrarse con Bosco, y pasó varias vacaciones allí no lejos de L'Isle-sur-le-Sorgue, donde vivía su amigo René Char. Camus adquirió una casa de dos plantas con contraventanas azules y tejas romanas de terracota al estilo de la región, con un hermoso balcón abierto al campo. El caso es que Camus fue a Lourmarin por indicación de su antiguo profesor de filosofía en Argel, que había residido como becario en el castillo de dicha localidad, la "Villa Médicis" propiedad de la Fondation Laurent-Vibert. En 1929 Bosco ya se había alojado allí, gracias a la citada Fundación. En Lourmarin, Camus solía almorzar con su amigo Jules Roy en el restaurante del Hôtel Ollier, utilizando un seudónimo para ir de incógnito y escapar así a la curiosidad de los turistas. Monsieur Terrasse, lo llamaba la dueña. No solía beber vino, sino café, y, eso sí, fumaba Gauloises. En 1959 se estrenó "Los poseídos" su adaptación de la novela de Dostoïevski e inició los pasos para crear su propia compañía teatral.

El domingo 4 de enero de 1960, Albert Camus se dispuso a regresar a París tras pasar las Navidades con su familia en la finca de Lourmarin, en la Provenza. Su esposa, Francine, y sus dos hijos, Catherine y Jean, habían regresado en tren el día anterior. En un principio, Camus tenía previsto acompañarles, pero a última hora decidió viajar en coche con los Gallimard: Michel Gallimard su editor y amigo, su mujer Jeanine, y su hija Anouchka. Michel Gallimard era un loco de los coches y se acababa de comprar un Facel Vega 3B, un modelo provisto de un motor Chrysler de 253 Cv. A Camus no le entusiasmaban los coches y menos aún correr, pero aceptó viajar con su amigo, el cual le propuso pasar la noche en Thoissey (a 16 kilómetros de Mâcon), en el "Chapon Fin", en cuyo restaurante se comía muy bien y donde la patrona, la señora Paul Blanc, tenía prevista una pequeña fiesta para celebrar el 18 cumpleaños de Anouchka. Pero tuvieron un terrible accidente cerca de Sens y Petit Villeblevin, en un lugar llamado el "Grand Frossard" entre Champigny-sur-Yvonee y Villeneuve-la-Guyad, en Montereau. El coche que conducía Gallimard se salió de la calzada (había llovido y ésta estaba mojada). El vehículo fue a chocar con un árbol, uno de esos plátanos que escoltan tantas carreteras francesas en la realidad y en las películas, y Camus, que viajaba en el asiento trasero derecho, se partió el cuello y murió instantáneamente. Fue enterrado en el cementerio de Lourmarin.

 

Retrato del coche accidentado en que murió Albert Camus, el 4 de enero de 1960.

Foto Mael Monnier


Falleció a los 46 años en un accidente automovilístico, tan absurdo como ese transfondo de la condición humana que tan magistralmente fue capaz de integrar en un sistema discursivo de dificultosa categorización, respecto a cualquiera de las propuestas filosóficas de su época, absurdo como solo pueden ser la existencia humana y su terrible corolario: la muerte. Imprudente como le es propio, la muerte sorprendió a Camus mientras trabajaba en la que sería su última obra, la novela de carácter autobiográfico "El primer hombre" (Le prémiere homme), que fue publicada póstumamente inconclusa, por su hija en 1994.
Toda la obra de Camus -breve pero densa- osciló entre el amor y la ansiedad, entre "el mar y las prisiones", según frase suya. Contrastes pues de felicidad y de miseria, de alegría y de angustia, entre los que se debatió para intentar arrancar al tiempo, al sufrimiento y a la muerte ese fruto dorado del tiempo que es la vida humana. Todo cuanto escribió tendió a denunciar la absurdidad del mundo y a buscar desesperadamente el sentido de la vida y en su variada obra desarrolló un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana. La carrera de Camus es pues la de psicólogo y de moralista. Con una reserva y una sobriedad totalmente clásicas, concedió un primer lugar a las ideas y se negó a sacrificarse a la magia del estilo, que fue neutro, impersonal, lleno de anotaciones secas y monótonas, pero inseparables del clima del absurdo. Albert Camus, más que un filósofo y literato, más, inclusive que un intelectual, fue un hombre de su época, un humanista al estilo francés, comparable a Rosseau y a Voltaire y, sin embargo, mucho más cercano a nuestros afectos por haber protagonizado como hombre los conflictos desgarradores de su tiempo, incluyendo su toma de posición, de incuestionable condena, respecto a las revelaciones sobre los crímenes del estalinismo, sobre la independencia argelina y sobre la generación de movimientos fundamentalistas, en la dialéctica demencial que ha caracterizado el desarrollo de las sociedades del Cercano y Medio Oriente. La profunda mirada que Camus lanzó sobre la moral de los años de la guerra y la posguerra, las angustias contenidas de sus personajes y el desencanto, han hecho de este escritor uno de los más importantes en la Filosofía y la Literatura occidentales del siglo XX.

En 1963 y 1965 se publicaron con el título de "Cuadernos" (Carnets) sus notas periodísticas escritas respectivamente entre 1935-1942 y entre 1942-1951. El resto de los escritos de Camus para "Combat" y para "Les Temps Modernes", así como sus trabajos periodísticos, entre los que resalta su artículo a propósito de la detonación de la bomba atómica en Hiroshima, se publicaron también en diferentes colecciones. En 1971 la Editorial Gallimard publicó inconcluso el relato "La muerte feliz" (La mort heureuse) y su hija, Catherine, publicó "Albert Camus, solitario, solidario" (Albert Camus, solitaire, solidaire), un álbum de fotos y recuerdos familiares.

 

Algunos textos han sido extraídos de "Albert Camus": Wikipedia, Carlos M. Pineda, Mael Monnier y Antonio Rivero Taravillo.

 


XAVIER RIUS XIRGU


 

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