122. JULI VALLMITJANA

 

Juli Vallmitjana Colomines nació en 1873 en una calle desaparecida de la vieja Barcelona, la calle Graciamat, fue orfebre platero, pintor, narrador, novelista y dramaturgo.

Era hijo de Federico Vallmitjana y Josefa Colomines. Su padre había fundado, en 1860, la empresa familiar "Platería y Metales Vallmitjana", un taller de orfebrería y de estampación de medallas, en la calle Asturias de Gràcia. El oficio lo heredó Juli y lo ejerció a lo largo de toda su vida, participando en la Exposición de Belles Arts i Indústries de 1892 -donde conseguió una medalla- y en la de 1894. Pero su voluntad era ser pintor. Entre 1893 y 1896 estudió en la Escola de Belles Arts de Barcelona (La Llotja) y formó parte de la "colla del safrà" o de "Sant Martí" que se constituyó en 1893 hasta 1896, con los pintores: Isidre Nonell, Joaquim Mir, Ramon Pichot, Adrià Gual y Ricard Canals. Lo que caracterizaba esta pandilla era el color amarillento de sus pinturas y un interés por reflejar en sus obras el mundo de los marginados. La característica principal de la pintura de Juli Vallmitjana fue su especial coloración en tonos rojizos.

En 1895 sus padres adquirieron, a la Diputación de Lleida, los terrenos del balneario y centro termal de Caldes de Boí para su explotación; y allí que se fue en 1896 con Isidre Nonell y Ricard Canals. De aquellos valles les interesó, en gran medida, el fenómeno del cretinismo, una forma de hipotiroidismo fruto de la endogamia producida por el aislamiento que sufrían los habitantes de los valles pirenaicos. Durante tres meses, su amigo Nonell dibujó tipos afectados de cretinismo, que al volver, expuso en Barcelona y más tarde en París. Juli Vallmitjana influido por el fenómeno escribió las narraciones "Coses vistes i coses imaginades: recull de narracions", que fueron publicadas en 1906. Un conjunto de impresiones emotivas dónde no se encuentra ni crítica ni denuncia de las condiciones de vida del tipo de gente que retrata sino, en todo caso, un cierto rechazo de aquella gente que se enorgullece de su perversión y embrutecimiento moral. En esta obra, Juli Vallmitjana exuda un tradicionalismo con preferencia por el dibujo descriptivo de la realidad. Pero debido al suicidio en 1897 de su padre o por su indecisión personal -propia de su carácter introvertido y depresivo- abandonó la pintura, empezó a escribir y en 1899 participó en las tertulias modernistas del emblemático local "Els Quatre Gats" de Barcelona. Se casó con Anna Maria Vallés Ribó que le ayudó a llevar el taller de orfebrería, después nació su primera hija Federica y en 1903 nació su segundo hijo, David.

Empezó a frecuentar con sus amigos el barrio chino barcelonés y los ambientes marginados y de bajos fondos de los gitanos de Montjuïc, sirviendo de guía a Nonell y a Picasso, y pronto manifestó un interés personal por la realidad social y humana que allí se vivía. De todos estos chicos de casa buena que visitaban los barrios bajos, Juli Vallmitjana fue el único que acabó conviviendo de verdad, trascendiendo la curiosidad por la mala vida y empapándose de un mundo que a la vez que lo seducía, le estremecía. Allí, pues, encontró la inspiración para su obra escrita, un retrato tan profundo en que a menudo se hace difícil separar lo que es crónica de lo que es ficción.
Juli Vallmitjana era de la opinión que a la vez que se hacía obra literaria o artística también se hacía obra de redención (enseñar a los perdidos que van errados, para que así busquen y encuentren el camino de la verdad y al resto de la gente enseñar los caminos por los cuales te hará ir la mala vida, enmascarados de imágenes seductoras del vicio que traidoramente se ofrecerán). Pero en el caso del teatro, este objetivo moral se minimizó por su propia estructura dramática.

 


Retrato de juventud de Juli Vallmitjana.

Foto Joan Ducros

 

En el año 1906 publicó la narración "Fent memòria". La fecha de aparición de las primeras obras escritas de Juli Vallmitjana, no sólo coincide más o menos exactamente con la aparición del Noucentisme promovido por Eugeni d'Ors bajo el patrocinio de la Lliga Regionalista, sino con el inicio de un periodo de propuestas y peticiones catalanistas en qué la fijación del idioma era una proclama compartida que pasaba por fundamentar con solidez la lengua a venir, más allá de los calcos castellanos y de la escasa ciencia de las tentativas previas, que provocó tanto el progresivo descrédito de la graciosa generación modernista, castigada por bohemia, confusa y sediciosa, como la exaltación intransigente de una Barcelona civilizada en qué la miseria y la inmundícia ciudadanas no parecían existir. Juli Vallmitjana, no obstante esto, resistió las embestidas sin inmutarse porque tenía suficientes problemas personales a la hora de compaginar la escritura con la profesión de orfebre, en un conflicto que le indujo a firmar con el segundo apellido, J. V. Colomines, algunos de sus primeros libros. <<Forma, demanen els buits de cervell; forma, demanen els ineptes fracassats per inèrcia cerebral. ¿Què els quedaria en aquests, si no fos allò que ells en diuen forma? Són com un tros d'arbre corcat que per entre ses fibres no hi passa saó>>. Son palabras de Vallmitjana en contra de los jóvenes noucentistas que en 1906 se empezaban a abrir paso, muchos de ellos hacia algún cargo de la Diputación. En 1906 Juli Vallmitjana publicó el libro de narraciones "Veient i escoltant".
También en el año 1906 participó en un homenaje a Émile Zola y con Rafael Moragas promovió la representación de la obra de este autor "Teresa Raquin", traduciendo ambos la obra al catalán. Siete días antes del estreno de "Teresa Raquin", Eulàlia Guitart, que interpretaba el papel de la protagonista, se vio obligada a abandonar. Por qué? Versión oficial: la actriz sufrió una hemoptisis, un vómito de sangre, igual como el que tuvo Margarita Xirgu en Breda el verano de 1905. Versión oficiosa: la dama no quería desnudarse en escena ( en la obra, Teresa, casada ya con su cómplice, se saca el vestido de boda y se queda en corsé y enaguas). Era el fracaso del proyecto, pero alguien sugirió: <<...en el carrer Santa Rosa hi ha un grup d'aficionats on actua una noia que promet...>>. Hablaban de Margarita Xirgu. Vallmitjana y Moragas no se lo pensaron dos veces: al día siguiente, domingo, se plantaron en el teatrillo de la calle Santa Rosa. Representaban "María del Carmen" de Josep Feliu Codina, protagonizada por aquella jovencita. Cuando se acabó la función, Vallmitjana y Moragas expusieron a la joven el objeto de su visita: les hacía falta una actriz para representar el papel principal de "Teresa Raquin". Margarita se resistió: <<Ja veuran -les dijo-. Jo no sóc res més que una aficionada. Faig de galonera... Naturalment que m'agradaria molt treballar en un escenari com el Cercle de Propietaris de Gràcia... Vostès no s'ho creuran... Els estic molt agraïda, però no m'atreveixo. Una cosa és treballar amb aficionats... I si quedo malament davant dels senyors de Barcelona que pujaran a Gràcia. I vindran als Propietaris? No, no... Els ho agraeixo de tot cor, però no puc... tinc massa por>>. Vallmitjana y Moragas insistieron. Sabían muy bien que si aceptaba, salvaban el estreno. Le enseñaron la obra. Ella exclamó: <<Però, si això és llarguíssim!>>. Y, tras una pausa, preguntó por el nombre de la protagonista. Margarita no se decidió. Había deseado una oportunidad así, aunque todo era demasiado apresurado y el papel hacía mucho respeto. Deberá desistir el ofrecimiento. Se atemorizó todavía más cuando Vallmitjana y Moragas, todo desmereciendo el arte de la diplomacia, le comentaron que el cónsul de Francia había prometido su asistencia al estreno y que el crítico Emili Tintorero, de la revista "Joventut", había escrito una conferencia expresamente para el homenaje a Zola. <<Pobra de mi! Però si jo, senyors, no sóc més que una aficionada... Però si jo no en sé, de fer comèdies>> exclamó Margarita. Los ojos de Margarita brillaban impresionados. Como que el vestuario iba a cargo de cada actor, preguntó si se necesitaban muchos vestidos para representar la obra. No, sólo un vestido negro, una falda y una blusa. Es todo lo que tiene. Vallmitjana le ofreció cuatro duros de sueldo para el estreno. <<Però, Déu meu, si jo no m'atreveixo...>>, volvió a gemir. Lo redondearon a cinco. No, no es por el dinero: si no fuera porque lo necesitaba por sobrevivir, no le interesaba. Hasta entonces, sólo había actuado en sociedades de barrio. El resto de días, haciendo galones, ganaba un jornal de cuatro pesetas, y los domingos, en el teatro le ofrecían diez. "Teresa Raquin" se estrenó el 4 de octubre de 1906. A los 18 años, Margarita Xirgu entró al teatro semiprofesional por la puerta grande, este era el rol que un par de años antes había interpretado con enorme éxito Eleonora Duse. El público se puso en pie y le dedicó una gran ovación. La prensa dio su aprobación, coincidiendo que su actuación en "Teresa Raquin" era admirable. La "Revista Europa" fue la primera en marcar uno de los rasgos que la caracterizaron, el periodista redactaba: <<El que més em va impressionar va ser la seva veu, dolça, suau, càlida, esquinçadora segons l'escena, sempre harmoniosa, sense arravataments declamatoris>>.
Por influencia de su amigo poeta Josep Plana Dorca (1856-1913) Juli Vallmitjana entró en contacto con el misticismo y la ideología de fraternidad y armonía universal provenientes de la India, inherentes a la doctrina teosófica. Sus creencias espirituales se reflejaron en parte de su obra, en general como testigo de la marginación y de los marginados de la sociedad barcelonesa y concretamente, con respecto al pensamiento teosófico, en su primera obra teatral, el drama en tres actos "Els oposats" publicada en 1906, cuando ya tenía 33 años, y firmada con su segundo apellido, J. V. Colomines.

 


Retrato de Juli Vallmitjana.

Foto Enciclopedia Catalana

 

En los años 1907 y 1908 colaboró en la revista "Enciclopèdia Catalana". Al principio se sintió atraído por Eugeni d'Ors pero pronto abandonó la prosa simbolista para buscar una expresión más directa, basada en el apunte. Así es como en 1907 publicó, con sul segundo apellido J.V. Colomines, el conjunto de ensayos y narraciones de casos y ejemplos de padecimientos infantiles ilustrados por su amigo J. Martrus "Com comencem a patir: llibre de criatures". El pintor J. Martrus insólitamente hacía de maestro a los hijos de Juli Vallmitjana, que por deseo suyo no iban a la escuela y recibían la educación en casa.
El extraño libro de Xenius "La muerte de Isidro Nonell. Seguida de otras arbitrariedades y de la oración a Madona Blanca María" figuraba ya entre sus preferidos. El libro tiene la extrañeza de que se publicó en 1905 e Isidre Nonell murió en 1911. En 1907 se publicó la primera novela de Juli Vallmitjana "De la ciutat vella", donde se exalta la vida comunitaria de los más humildes en contraposición al interés y al egoísmo del mundo artístico barcelonés de finales del XIX: pintores, galeristas y críticos del momento, especialmente la Sala Parés; y dedicó una invectiva particularmente violenta a sus parientes escultores, August y Venanci Vallmitjana. A pesar de la pasión que sentía por la pintura, Juli Vallmitjana se sentía mal entre artistas. La novela es una reconstrucción autobiográfica donde explica como, de joven, su alter ego Fermí asistía en el barrio chino a partidas de cartas con engaño y como anotaba disimuladamente los gestos de la víctima y de las mariposas, en vistas a un retrato psicológico.
Cuando Juli Vallmitjana se atrevió con la novela, adoptó un estilo fragmentario e irregular, a base de cuadros y estampas, breves instantáneas que se ordenan temáticamente o que trazan el arco temporal de la ascensión y caída de personajes del submundo. A través de esta estructura difusa captó la realidad de la ciudad moderna, el azar que determina encuentros y desencuentros, y las pasiones que empujan a los menos afortunados al desequilibrio y a la destrucción. Su narrativa no tiene una unidad de estilo sino que experimenta con varios registros y formatos. La mayoría de sus novelas y relatos parten de observaciones directas.
En 1908 colaboró en la revista "El Pelleter" y publicó su segunda novela "Sota Montjuïc" dónde hace un retrato de la vida miserable de los barrios pobres de la Barcelona de los inicios de siglo XX. La novela se sitúa precisamente en Montjuïc, el espacio que va desde la volta d'en Cirés y el barrio de les Drassanes a las planes del Llobregat, dónde coexiste una diversísima fauna humana, que se las apaña por vivir sin trabajar, en convivencia más bien conflictiva con obreros, trabajadores y labradores. Es una verdadera descripción de la Barcelona pobre (ladrones, putas, estafadores, macarras, pedigueños de todos los estilos y técnicas, y pobres en general y de toda clase) más bestias, verídicas y bellas. Los últimos capítulos de la novela se adentran en el peculiar mundo de los gitanos catalanes, que Juli Vallmitjana conocía como si los hubiera parido. Uno de los muchos personajes secundarios, uno de los rateros, es el Nas-Ratat, es decir, el mismo nombre, o el mismo ladrón, que aparece en "Un film" de Víctor Català unos diez o doce años después. Los dramas urbanos de Juli Vallmitjana son de las cosas más crudas de la literatura catalana, si dejamos aparte los dramas rurales de Víctor Català. Más que penetrar mucho en cada personaje, su gracia es cómo, mostrar solo algunas acciones y, sobre todo, el habla, nos hace revivir todo al arremolinamiento ambiental de los barrios pobres de por allá la calle Trenta Claus, la violencia latente, el hambre, el sexo, el cálculo constante con qué funcionan los que no tienen nada. De este mundo, misteriosamente, Juli Vallmitjana lo sabía todo: en una azotea dónde viven mezclados toda clase de pobres, <<els esguerrats voluntaris sempre es barallaven per qüestions d'amor>>. Pero hace falta hacer notar también que bien pronto se perfila el nuevo narrador, el escritor-observador que sustituye, de manera definitiva, la mirada menos idealizada por una mirada humana, implicada, que en su incisión procura abarcar el número máximo de dimensiones y de magnitudes. El hecho de describir la realidad cruda de los bajos fondos, y hacerlo, además, sin ningún miedo de denunciar las actitudes indiferentes y de hipocresía de la ciudadanía exitosa y bienpensante, llevó a Juli Vallmitjana al más clamoroso de los silenciamentos como escritor y como intelectual. La circunstancia no podía sino agravarse cuando empezó a tratar el mundo, las costumbres y la realidad de la comunidad gitana. En este momento, a la hipocresía circundante se añadía la xenofobia y el racismo. En las páginas de "Sota Montjuïc" se descubren costumbres ancestrales de los gitanos, expresiones y ciertas curiosidades, pero sobre todo hace conocer un paisaje humano, particular y diverso como todos los paisajes humanos del mundo, que no dispone de formas ni de medios para esquivar la tragedia a todos sus efectos. Un paisaje en qué la amistad, la familia y la fraternidad son intrínsecas y que se manifiestan una y otra vez a través de los personajes, pero que a la vez alimenta la sangre, el odio y el asesinato: un paisaje abominable, en definitiva. "Sota Montjuïc" es, en este orden de cosas, un documento valiosísimo para el trajín de la historia reciente de una ciudad que fue olímpica, fue forumera y es turística, pero que continúa flácida a la hora de encarrilar progresos colectivos y que continúa agresiva en afianzarse en las dinámicas de la ocultación de cara a un único beneficio, perfectamente indigerible, de la opulencia y el despecho.
La otra gran novela de Juli Vallmitjana es "La Xava" publicada en 1910, quizás su mejor novela. La Xava, la protagonista es una jovencita, hija de la Gravada y el Botxinet, que como sus padres se debe ganar la vida como puede. Ella, robando algodón en el muelle. Los padres, prostituyéndose en burdeles miserables la una, robando el otro y escondiéndose en cuartos miserables en las azoteas o en cuevas del Morrot. "La Xava", el álias de la Roseta, es la historia d'una chica que debe cuidar a su hermana pequeña, que pasa de niña a adulta sin pasar por la adolescencia, con un destino marcado por el ambiente del barrio, la huella familiar y los conocimientos de la calle. Está abocada, con catorce años, directamente a ejercer la profesión más antigua como la de su madre; por muchos intentos que ella hace por rehuirlo. Con la muerte de la madre a manos del padre que le pega constantemente, y la huida de éste con la hermana a Francia, la Xava (apodo con la que la conocen el gremio de las prostitutas) busca la felicidad casándose con Rafel, pero éste la abandona, habiéndola dejado antes embarazada. La Xava, que se ha buscado la vida en diferentes "casas", tiene ya muchos problemas de salud y el hijo nace con dificultades, no pudiendo evitar su muerte en los primeros meses de vida. Es poco después que aparece Fermí, un pintor que sacará lo mejor de ella, y una vez mejorada su salud, hará olvidar a la Xava el mundo de la prostitución y miseria en el que había vivido. De nuevo el personaje de Fermí será su alter ego.

Es un retrato de la bajeza humana: la madre que roba a la propia hija, el marido que pega la mujer hasta la muerte, el cornudo que mata a la adúltera, el vagabundo que viola a la borracha, el ladron que engaña a los compañeros de pandilla, el chico mayor que se aprovecha de los pequeños, la vecina que ataca a otra vecina, los rateros que intentan arrastrar una pesada leona (una caja fuerte) robada de una casa adinerada, la fiesta de los maricones en el sótano del prostíbulo de la Madrileña, el intento de robo en un piso;... y de personajes que parecen sacados de "La parada de los monstruos": la puta ciega, la holgazana mutilada, el deshollador de gatos -un personaje de "Sota Montjuïc", Tarregada-, la mujer gruesa que no sale de casa, el esgarrado pedigüeño, el niño con hidrocefalia, l'abogado travestido,... Algunos pasajes, como la escena de la Xava arrastrándose por las calles, recuerdan a los clásicos del cine expresionista alemán. Sólo alguien que lo haya visto lo puede explicar así. Los apodos no tienen desperdicio: el Pinxa, el Marrà, la Gravada, la Pepa Pudenta, la Mossega Ventres, la Morros de Vaca, l'Espanta, la Pigada, la Mora, el Titella, el Mala Gente,... El hilo conductor de la novela es el seguimiento de un periodo de la vida de la protagonista, la Xava, y un seguido de decisiones y acciones que deberá tomar para sobrevivir en un barrio dominado por delincuentes, ladrones, chulos, pobres, traperos y prostitutas y dónde vive de primera mano la miseria, la violencia, el hambre, el desamor, la prostitución y la tristeza. Es a través d'ella que se nos introduce en el escenario de la novela, los barrios de sota Montjuïc (zona de Can Tunis, el port, les Drassanes i el Raval del Paral·lel) y de la part baixa del Raval en aquella época (el nombre de Barri Xino es posterior) y da a conocer los personajes que, en mayor o menor medida, tendrán influencia en ella. Esto no supone, sin embargo, un aislamiento de la historia de la Xava, pero si ayuda a que el lector nunca se pierda y acabe relacionando las diferentes historias secundarias con la de la protagonista, complementándola. Conocía pues, Juli Vallmitjana, a la gente que vivía en Barcelona. Por eso es por lo que, a veces, se permite el lujo de dar su opinión, como cuando habla de la patria: <<Oh país indiferent, com caus! Pàtria meva, com dorms el son d'aquella mare ubriagada que té els seus fills abandonats! Ta indiferència, tard o d'hora, et farà abaixar la cara avergonyida>>. También se deja ver a él mismo, en las últimas escenas de la novela: <<En Fermí era un dibuixant que dibuixava molt malament>>.

Los personajes de "La Xava" es el inframundo, el lumpen de los lumpens, las capas más bajas de la sociedad, de las que la sociedad huye. Bajo suyo no hay nada más. Y quien querría escribir sobre ellos? Nadie. El lenguaje es crudo, directo sin tapujos. Insultos a tuerto y derecho. Hoy en día, sin un diccionario al lado (el libro está lleno de notas a pie de página), no podríamos seguir muchos apartados de la novela; especialmente en los diálogos. La prosa es matusera, pero ágil, creíble; a veces de una gran fuerza narrativa, casi poética, especialmente cuando describe paisajes o ambientes. Es el testigo radical de una Barcelona escondida durante demasiado tiempo, de una literatura catalana arrinconada desde los ámbitos sociales y académicos y de una lengua silenciada: <<Vaig al poleio: acabo d'escarbar un parluco. És de là. Té, pinxera: tralla i tot>>, dice el Hospici. <<La tralla és xunga; no val un bul>> le responde el Morata. <<Sí, però del parluco me n'adinyaran tres jalates>>, concluye el Hospici y como dice uno de los personajes de la obra: <<Pinxera a raderacs. És pasma. Pirent! Xalem a forata. Sté, sté>>. Juli Vallmitjana a base de convivir con los habitantes de su universo literario, se los acabó haciendo suyos. Hace falta destacar dos elementos de "La Xava". Por una parte, el retrato constante que hace el autor, mediante las descripciones de las calles, edificios o portales y de la vestimenta de los personajes, así como los colores y los ambientes, donde se puede observar su afición por la pintura, puesto que de cada espacio te puedes hacer una imagen en la cabeza, con minucioso detalle. Por otra parte, la narración omnisciente que explica la historia, y los diálogos entre los diferentes personajes, unos diálogos frescos y ligeros que crean un ritmo rápido y sitúan en todo momento al lector en la acción, y un lenguaje mestizo, con argots específicos (el de los ladrones: xorcs, xivel, atany o topo), castellanismos o palabras del caló (como ?alar o ?amància).
Como Nonell con sus gitanas, Juli Vallmitjana supo prescindir del trazo de ángulos rectos, de los dibujos de campo de los antropólogos. Se había puesto a prueba con los pinceles y sabe captar con mano de maestro las descripciones y los detalles del rebolcón en la cama de la Gravada i la Pepa, por ejemplo, que destilan un hedor de sábanas sucias y cuerpos sudados como sólo desprenden los cuadros de Toulouse Lautrec. Y borda el lenguaje en los diálogos, frescos y creíbles, memoria de un catalán que pocos otros escritores quisieron dejar escrito. Parece como si Juli Vallmitjana se interesara sólo por los escenarios y los diálogos, pero es innegable que hay una moralidad escondida. Como narrador omnipresente quiere explicar ante el lector el comportamiento de sus personajes. A él también le repele tanta suciedad, tanto vacío. Juli Vallmitjana habló del Barri Xino desde dentro, nunca como un turista o como uno de los numerosos escritores de la zona alta que lo recrearon en sus obras. Se adelantó a los Jean Genet, Francis Carco, Pierre Mac Orlan, Henry Miller, Josep Maria de Sagarra, André Pieyre de Mandiargues o Juan Goytisolo y ofreció un retrato preciso del mundo de los chulos, de los pobres, de las prostitutas, de los enfermos, de los traperos y de los ladrones junto a la gente del barrio, de las familias y de los gitanos, tanto los del Raval como los de Can Tunis, de Montjuïc, de Gràcia, de Hostafrancs, del carrer de la Cera y de las playas del Poblenou y de la Barceloneta.
"La Xava" fue editada, la primer vez, por la librería "L'Avenç" de la Rambla de Catalunya en 1910, la obra fue duramente criticada por los defensores de la moral y de las buenas palabras. Del mismo modo que la sociedad bienpensante catalana acogió fríamente los cuadros de gitanas que pintaba Isidre Nonell, la literatura de Juli Vallmitjana fue considerada de mal gusto por escoger sus protagonistas entre las clases populares más humildes de la ciudad y adoptar su lenguaje: un catalán de calle, rico en modismos, expresiones argóticas y salpimentado con la alegría verbal del caló de los gitanos barceloneses. La reedición de la novela por el sello "Edicions 1984" a cargo a Enric Casasses, y la publicación de "Sota Montjuïc" que coeditaron "Edicions 1984" y *Arola "" al cuidado de Albert Mestres y Francesc Foguet, han sido un espléndido acontecimiento.
En 1910 nació su tercer hijo Abel y se publicó su conferencia "Criminalitat típica local", donde esbozó una descripción no solo de la gente de mal vivir sino también de sus formas de delinquir. Su enfoque va a caballo de la indignación y la piedad por los individuos viciosos y depravados, en una actitud que se podría denominar regeneradora. En la obra hay una especie de diccionario de rateros y de gente de la mala vida, como con las artes de robar: anar pel brinca, pel gaspà, pel suenyo,... Según Juli Vallmitjana, a la gente de la vida de entonces, que así se denominaban a los ladrones y a las putas, les entusiasmaba <<el cinematògraf, quan projectava pel·lícules de crims i robos>> y sus lecturas predilectas eran <<descripcions de robos i assassinats>>. Por lo tanto, más de un valiente debió leer al mismo Vallmitjana. Sabía lo qué tenía entre manos. También en 1910 publicó como piezas cortas: el diálogo de ambiente gitano "Jambus" y el diálogo "L'abella perduda"..

Juli Vallmitjana publicó en 1911 las impresiones escénicas "La tasca: la taverna" y "Aires de mar". En abril del mismo año se estrenó en el Teatre Romea de Barcelona su impresión escénica en un acto, de ambiente no gitano y con la acción situada en una carboneria, "El corb" dónde se reflejan sus creencias espirituales -con respecto al pensamiento teosófico- y con un valor histórico y humano muy especial: las relaciones entre el espiritismo y el movimiento obrero catalán de comienzos del siglo XX, aliñado con inquietantes intervenciones de la locura, de la subnormalidad, de la magia, de la muerte, todo sobre el fondo de la escasez de la comida y del vivir de cada día. Es la la primera obra en que los protagonistas encarnan el bien, pero restan incomprendidos por aquellos a quienes quieren redimir, y la segunda en la que el protagonista hace frente a un ambiente familiar hostil y a sus creencias espiritualistas. "El corb" es una pequeña obra maestra de teatro, tan buena o mejor que el poema de Edgar Allan Poe del mismo título. También en 1911 publicó la impresión escénica "L'espanta" y la pieza corta "Entre gitanos".
La fuerza de los personajes de las primeras novelas y su lenguaje peculiar -con gran presencia del léxico caló- se encuentran en la obra "Els zin-calós (Els gitanos)", estrenada el 16 de enero de 1911 en el Teatro Principal de Barcelona por Margarita Xirgu en el papel de la Xivet y donde Juli Vallmitjana consiguió el éxito más importante como dramaturgo. Margarita Xirgu representó varías veces la obra, entre otras una el 12 de julio de 1911 en el Teatro Zorrilla de Badalona con la compañía que encabezaba con Enric Giménez. Juli Vallmitjana, al fin y al cabo, como bien definía Prudenci Bertrana, disfrutaba de <<la sabiduria de l'instint>> y pintaba <<amb escenes, com un altre pinta amb colors>>.



Margarita Xirgu interpretando "Els zin-calós".

Archivo Xavier Rius Xirgu



Margarita Xirgu y Maria Morera en "Els zin-calós" en el 1911.


A continuación su teatro se vuelve menos personal, más costumbrista y menos naturalista. Sus personajes se volverán más estilizados e idealizados. Este cambio de orientación se empezó a manifestar en el drama en cuatro actos "Muntanyes blanques", estrenada el 9 de diciembre de 1911, en el Teatro Principal, de nuevo por Margarita Xirgu protagonizando el papel de Floreia con música de J. Cumells Ribó y en la que la Xirgu hizo una escena arrancada del natural con quien tiempo más tarde seria su segundo marido, Miguel Ortín. La acción pasa en los Pirineos. Entonces, el teatro debe distraer, no encaparrar al público. Basta de pasiones y conflictos trágicos, se debe dar paso a las comedias amables, más del gusto burgués. La crítica la acogió bien, pese a señalar flagrantes deficiencias técnicas.

 


Una escena de la representación del drama "Muntanyes blanques".

Foto Escriptors Catalans


Margarita Xirgu caracterizada de Floreia en el estreno de "Muntanyes blanques".

Foto: Fondo Margarita Xirgu de l'Institut del Teatre de la Diputació de Barcelona

 

Pero en 1912 volvió a escribir sobre el ambiente gitano y estrenó el breve monólogo de 10 páginas "En Tarregada", un personaje que ya aparece en algunas de sus obras anteriores y que es un gran poema, una poderosa e inborrable lección idiomática, un buen retrato del pobre desgraciado (que seguro existió) y una gran pieza de teatro de la crudeza o de la crueldad, por la vía de la palabra, y de la sabiduría rara del autor, que es un dramaturgo muy especial. Juli Vallmitjana describe excepcionalmente la crudeza de la vida sórdida, las costumbres y el habla de los gitanos. La fuerza expresiva, de una gran vigoría, a la hora de presentar los diversos personajes es enriquecida por la aportación del vocabulario caló. Todo lo que Vallmitjana escribe cuando hace hablar los personajes es de primera fila mundial, va a misa aunque sea negra. Es una de las piezas más exitosas de Juli Vallmitjana, que enlaza con el teatro del absurdo. También en 1912 estrenó el cuadro de costumbres gitanas "La gitana verge". Le siguieron en 1913 la pieza "El casament d'en Tarregada" y la comedia en tres actos de ambiente no gitano "La gran diadema". Este mismo año publicó un trabajo periodístico como coordinador del número 1789 de la publicación "L'Esquella de la Torratxa", dedicado a los barrios bajos de Barcelona. Vallmitjana hizo que el resultado reflejara en cantidad suficiente el propósito de su obra. Se nota el conocimiento profundo, la comprensión e, incluso, la justificación de todos los actos de los marginados; repite con obstinación la acusación a la sociedad de las leyes y de la fuerza que, en el mejor de los casos, esquiva la realidad de los pobres ignorándola, y que , si hace falta, aplica acciones crueles, fatales, a menudo irreversibles, contra este estorbo que, en definitiva, es el culo de la caldera de hombres y de mujeres honrados.
Que la obra de Juli Vallmitjana no está escrita a medias tintas, se puede constatar tanto analizando los argumentos como los personajes, analizando la riqueza lingüística de los textos y fijándonos en la estructura formal. Hace falta, pero, mirar el conjunto. Sólo de este modo se puede entender qué representan las tenebrosas excursiones a los suburbios de la ciudad y a los otros lugares dónde hay seres que sufren; sólo de este modo se puede comprender y valorar el alcance de la gran acusación a los lectores, a los espectadores y a toda la sociedad de los "respetables", puesto que las obras de Juli Vallmitjana, por la difícil manera peculiar de subsistir sus personajes en la vida real, por la intención que mueve al autor y por la manera de trabajar que éste practica, en el conjunto de la obra en cuestión, dependen las unas de las otras, más de lo que parece al primer vistazo. El estercolero humano donde Vallmitjana lee no se ve enseguida que se mira, es engañoso, es una ilusión óptica y sentimental, que hará falta contemplar una y otra vez, antes de ver las personas y la cruda realidad de sus problemas. Son personas individualistas por necesidad, que, muchas veces, se deben perjudicar los unos a los otros, que nunca llevarán a término -ni pensarán- una acción conjunta contra el pequeño dios-sociedad, al cual temen por triste experiencia. Esta pobre gente viven a saltos, no de manera continuada. Viven sin poner a las cosas ni a las personas, aficiones que cuestan de arrancar. En la obra de Juli Vallmitjana aparece constantemente la muerte, como contrapunto, que soluciona problemas a los indigentes; la muerte -temerosa- no es tan cruel como lo son para ellos tantos momentos de la vida, y es implacable, para todos por igual.

Durante 1915 volvió a tener una época productiva y estrenó el diálogo "Prop de l'ombra". En el año 1916 Juli Vallmitjana estrenó en el Gran Teatre del Liceu el drama lírico en un acto "Tassarba" con música de Enric Morera. La ópera narra la historia de amor de la gitana Tassarba y el malhechor Gerinel, protegido inicialmente por la madre de la protagonista. La obra parece un antecedente del teatro de Federico García Lorca. Esta obra consiguió un gran éxito y lo animó a continuar en la producción de nuevos dramas centrados en gitanos. En 1917 estrenó el cuadro de costumbres gitanas en un acto único y dieciocho escenas "Rují" una nueva versión de "La gitana verge" de 1912. La pieza tiene lugar en un patio que bien podría ser de Hostafrancs, un Hostafrancs hecho de barracas y pozos dónde se oye cantar y tocar guitarras en los patios. Pero en este escenario el canto no es inocente. Se ve que el Sargantana <<canta per a camelar la moçota rebregada per tots els gitanos romandinats i fins pels busnós>>. La mozata es la Rují y enseguida se ve a venir que esto ha de acabar en una desgracia, y con esta tensión se tragan los diálogos, se entiende incluso el caló que Juli Vallmitjana recoge con pasión costumbrista. Uno levanta la voz con cuatro inconveniencias, el otro lo oye, y de ganas de bronca en malentendido, y de malentendido en malentendido, se inflama el orgullo, se excita el honor y ya se planifican venganzas. El Murillo reprocha al Sargantana que le ha dejado la hija plantada y que, lo que es más grave, va <<d'aquí i d'allà xivatant que ja no's podria casar>>, y mal pensados cómo somos ya suponemos por qué. Y él que no, que quiere a la Rují y es con ella con quien se quiere casar. Y entonces se plantea que el Sargantana haga en público el juramento. El lío es gordo y moviliza el barrio en peso, que cada cual mete baza aun cuando de hecho nadie sabe nada, pero <<és per lo que he sentit a dir>>, van diciendo. La escena del juramento es para verla: la Esperança, gitana vieja, pide al Sargantana si está decidido, y él: <<Jo vull anar amb el front ben alt per tot arreu on hi hagi gent de la nostra>>. Y jura. Y todo el mundo pide que se pase del juramento al hecho y el Sargantana se case con la Rují allá mismo. Y entonces esperan que el pañuelo legitime el casamiento. Todos esperan con el ay en el corazón, hasta que llega la hora de cantar y bailar, y hasta que el Murillo deja la rencilla y se suma a la fiesta.
El 15 de marzo de 1918 Juli Vallmitjana estrenó en el Teatre Còmic de Barcelona el drama en tres actos de ambiente gitano "La mala vida". El actor Enric Borràs interpretó a Grapa. La crítica ya la consideró una obra bien concebida, bien desarrollada y bien escrita y no una mera sucesión de escenas pintorescas y efectivas sin hilación y, aun cuando toca un ambiente escabroso y revulsivo, no trasciende al público nada desagradable ni con respecto a la situación ni con respecto al lenguaje, cosa que la crítica definió como de exquisita sensibilidad, que no hacía sentir más que piedad por aquella gente. En esta apreciación se empieza a atisbar un cambio con respecto a la suavización y adecuación a los gustos y conciencias burgueses. El crítico de La "Vanguardia" Josep Massó Torrents escribía al respecto, el 22 de mayo de 1918: <<El escritor que no sabía escribir, que excitaba la risa con sus libros primeros, por su esfuerzo y su fe ha seguido su camino ascendente. Y la hora de su triunfo, tan lleno de fructíferas esperanzas de obras mejores aún, ha de ser un motivo de júbilo para los buenos catalanes que esperan tanto de los futuros trabajos de Julio Vallmitjana, el piadoso artista de la miseria ciudadana>>.

 


Juli Vallmitjana y el actor Enric Borràs.

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La producción literaria de Vallmitjana, sin embargo, no es uniforme con respecto a su planteamiento. En la década de los años 20 se producirá un cambio significativo en su orientación y estilo. Así, en la primera época se muestra poco hecho a las convenciones literarias. El rechazo de las técnicas de composición y de estructuración dramática que esto conlleva se suavizará en una segunda época. En este primer periodo creativo, pues, Vallmitjana pretende remover la conciencia del lector/público y, a la vez, romper la indiferencia y el conformismo de la sociedad hacia aquella realidad: el autor es un visionario que tiene por misión hacer ver al mundo la verdad, por cruda y desagradable que sea. El narrador se mostrará omnipresente a lo largo de su obra y le dará coherencia. No obstante, no hay mal sin bien y no hay crueldad sin piedad: la expiación es posible. El determinismo que pretende imponer la sociedad es algo antinatural. Juli Vallmitjana apuesta abiertamente por la regeneración. Este dualismo hombre/bestia bebe de la fuente de la teosofía. El momento álgido de su producción literaria de calidad, fue la segunda década del siglo XX, especialmente con respecto a la obra dramática. En 1922 estrenó el drama en tres actos "A l'ombra de Montjuïc".

 


Programa de "A l'ombra de Montjuïc".

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A partir de 1923 su teatro se decantó por una temática más de cariz social y político, como se puede ver en la comedia dramática en tres actos "La Costa Brava", que tiene una trama sentimental ambientada en una pequeña comunidad marinera dónde una cooperativa de pescadores lucha por sacarse el dogal del propietario de las barcas. Pero a su público le costó seguirla y las subsiguientes pruebas no ayudaron en absoluto a su buena recepción. A continuación estrenó la comedia en tres actos "El barander: L'alcalde" de cariz social y político y el drama en tres actos "Cants d'Orient".

 

Retrato de madurez de Juli Vallmitjana.

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En 1924 estrenó la pieza "La nova dèria o la fal·lera de senyor Jaume" una parodia de aquellos que pierden el oremus por el fútbol y en lugar de concebirlo como una práctica deportiva y lúdica, lo transforman en rivalidad enfermiza. En el mismo año también estrenó la comedia "En un racó de món" y que fue representada alguna que otra vez pero al final perdida, donde un joven elegante y rico desatinará a un tranquilo pueblo hasta que no marche. Finalmente en este año, o según otras fuentes en el anterior, estrenó el ensayo de comedia en dos actos "Don Pau dels consells". Le sigue la publicación en 1925 -otras fuentes aseguran que se produce en 1906 y otras en 1917- del conjunto de 9 narraciones "De la raça que es perd", uno de los elementos de las cuales es el humor, como recurso que le permite distanciarse del mundo que retrata, atenuando su crudeza. La obra ha sido reeditada recientemente por "Edicions 1984" en el año 2005. Los paisajes que Juli Vallmitjana describe con minuciosidad en estos cuentos están llenos de vida. El título responde al cambio de costumbres de los gitanos que se sedentarizan, perdiendo parte de su forma tradicional de vida. El mundo marginal que pinta en sus narraciones le aporta unos valores que la sociedad del momento no le ofrecía, es un testigo directo de una parte muy concreta de la sociedad barcelonesa, a quien da la palabra. Algunos de los cuentos que forman parte de este libro parecen elaborados siguiendo la técnica del moderno reportaje periodístico o de la encuesta antropológica. En "De la raça que es perd" tienen cabida desde una leyenda heroica hasta la narración dialogada próxima al cuadro teatral, al apunte instantáneo, al relato oral de los viejos gitanos. En su prólogo escribió como buen autor autodidacta que abordó el mundo sin tradición literaria: <<Aleshores vaig donar una ullada al llibre de la realitat, que és allí on estudio>> y en la introducción explicó que: <<tant en el caló dels gitanos catalans i castellans com en l'argot de la murrialla, hem preferit habituar-nos a la parla viscuda (...), quedar-nos amb el punt de vista pintoresc, ja fent-ne teatre, novel·les...>>. El primer cuento "La baralla amb Barrabàs", es perfecto desde las ocho as del título. Juli Vallmitjana es un autodidacta porque todo lo ha aprendido de los otros, pero no de los otros escritores sino de los otros, en este caso concreto de unos gitanos asustados y de un fulano que debe ser uno de los magos del qué hablan els Dimonis de Verdaguer. El segundo, "De casori", es una perla de construcción y de gracia: el comienzo es un hartón de risa. Aquí habríamos querido que Juli Vallmitjana todavía hiciera de pintor y retratara con el pincel el niño que aparece cuando los gitanos van acudiendo a la fiesta del casamiento: <<Ara arribava un gitanet descalç, sense altra roba que el tapés que una americana bruta, portant dessota el braç un pa dels grans>>. El tercero, "El rosari de calaveres", es como su título una comitragedia, sobre un hilo de argumento sencillo y bien trenzado. El cuarto "La festa del porc" es una de las páginas sublimes de la literatura, el sublime obtenido de elementos feos y hasta asquerosos, pero la sensación final es de música de las esferas y de armonía humana. Así empieza: <<Feia pocs dies que en un femer dels suburbis de la ciutat, prop de la muntanya on hi ha un castell, s'havia mort un porc dels molts que allí criaven aprofitant les escombraries que de la ciutat recollien>>. El quinto, "Noces de fugitiva", que se inicia con un retrato de la gitana Malena, es un cuento vivaz y divertido y a la vez un poema de amor áspero y bello, duro y dulce. Un recuerdo de familia teje, sobre una exigua anécdota, un precioso y divertido idilio, pleno de amor y de griterío. El sexto cuento, "En plena natura", está recorrido por una piedad modernista que no es ablandamiento sino al contrario: el calor y la bondad humana del relato, o de su autor, que nos acompañará por siempre más. El séptimo cuento "D'altre temps" tiene otro estilo, más elevado, es el único que nos trae a otra época, y muestra hasta qué punto Juli Vallmitjana no tiene miedo de la belleza. El penúltimo cuento es "La valentia", cómico y terrible. Poe no imaginó nada así. Es un documento interesantísimo sobre la concepción gitana (o no) de la humanidad. La última obra cumbre es triste, "En Patracs". Da risa, derrama alegría, irradía luminosidad, pero es triste. Un momento genial y muy bonito es el sueño de Patracs cuando duerme la mona.
Juli Vallmitjana en 1927 estrenó el drama en tres actos "La caravana perduda" y en 1928 escribió la pieza "Gitanos", inédita hasta que Francesc Foguet Boreu la encontró manuscrita en la biblioteca del Institut del Teatre de Barcelona. Según el cuidador: <<El procés d'edició del teatre de Vallmitjana, llarg i lent, laboriós, ha permès de descobrir que la seva obra, desigual i imperfecta, però d'una originalitat fora de modes, presenta una gran varietat i riquesa de gèneres i de temes. Respon, a més a més, a una voluntat decidida, també obstinada, de triomfar professionalment en l'escena catalana, per superar les limitacions evidents d'abordar temes incòmodes i de fer-ho des d'una clara intenció d'estil, sense gaires artificis retòrics ni filtres morals>>. Y continúa: <<La data de les estrenes, la varietat dels seus textos proven que, en un període molt breu de temps, del 1907 al 1929, tot just vint-i-dos anys, Vallmitjana es va fer un nom popular i un públic fidel, mentre que la crítica, sovint, no acabava d'entendre el perquè d'aquelles provatures>>.

Cultivó desde obras en formato de sainete hasta melodramas rurales. Muchas de las obras tienen una muchedumbre de personajes, entre veinte y treinta; tienen un argumento delgado, sencillo, y con este punto de partida hace un drama de dos horas con muchas peripecias (trifulcas, persecuciones...), con muchísima vida. En 1929 Juli Vallmitjana estrenó la comedia en tres actos "La bruixa blava" que destaca por la fuerza y la ambición y porque sale del Vallmitjana tópico, al situarse fuera de los ambientes de gitanos y de los bajos fondos de Barcelona.
A partir de 1930, Juli Vallmitjana dejó de publicar, aun cuando siguió escribiendo. En aquellos años sufrió algunos episodios de depresión que lo hicieron ingresar en el Institut Pere Mata de Reus. Pese a esto, en la última parte de su vida vivió de forma acomodada, retirado en una torre de Sant Gervasi en Barcelona, gracias al taller de orfebrería que había fundado su padre y que se había ido consolidando, en gran parte gracias a su mujer Anna Maria Vallés Ribó. En los últimos años de su vida abandonó el teatro y escribió narraciones, la mayoría inéditas hasta hace poco. En 1932 escribió la novela "Albí" inédita hasta el 2007, que trata de la historia de un niño abandonado en un pueblo cerca del mar y que explica su vida. La obra, dedicada a su mujer, es un canto al amor, a la cordura, a la bondad y a las dificultades de hacerse mayor, pero también a la vida difícil de los pescadores temerosos de no poder alimentar a los suyos y de sus familias temerosas de perderlos en el mar. Entre 1931 y 1933 escribió la obra llena de referencias autobiográficas "Lletres al meu fill David" donde el padre revive y explica el decurso de su vida, a su primogénito. La obra permite reconstruir las tensiones entre Juli Vallmitjana que lleva una vida acomodada gracias a los ingresos del taller de orfebreria con una esposa diligente que se hace cargo del negocio y que le permite liberar el tiempo necesario para escribir, y un ser torturado por fobias, manías y frustraciones, desclasado y en guerra con el mundo.

Juli Vallmitjana no fue un autor libresco, pero la biblioteca familiar, que se ha conservado, contó con obras de referencia de la historia del pueblo gitano. Los últimos días de su vida escribió un libro de cuentos que terminó poco antes de morir. Juli Vallmitjana murió el 5 de enero de 1937, a la edad de 64 años, en la Clínica Rabassa de Barcelona por una infección postoperatoria tras una intervención de próstata. En 1961 murió su mujer Anna Maria Vallés Ribó, en 1974 su tercer hijo Abel a la edad de 64 años, en 1982 su primera hija Federica y en 1985 a la edad de 82 años su segundo hijo y primogénito de la familia, David, a quien nombró en el título de su última obra.

Enric Casasses, publicó, no hace demasiado, todo el teatro de Juli Vallmitjana: veintiséis piezas en dos volúmenes, al cuidado de Francesc Foguet y Albert Mestres. La presentación del teatro completo de Vallmitjana coincide con la conmemoración del centenario de la publicación de su primera obra teatral "Els oposats", que en 1906 el autor firmó con su segundo apellido, J. V. Colomines. Francesc Foguet y Albert Mestres consideran que la obra de Vallmitjana se debe situar entre los clásicos contemporáneos catalanes. Para Mestres, Juli Vallmitjana hizo una literatura de ruptura, de vanguardia, sin continuidad (nadie siguió su huella), y es esta una de las razones del olvido en qué ha sido tenido durante décadas. Hasta hace poco la dramaturgia de Vallmitjana solamente se encontraba, y ¡todavía!, en viejas librerías. Más allá de su época, este teatro no se ha representado nunca, a parte de una propuesta a base de escenas y monólogos de Juli Vallmitjana, trabajada por Francesc Castells y dirigida por Joan Castells, en los años setenta. En el el barrio gitano de Gràcia se celebra periódicamente un Congreso Juli Vallmitjana.


Algunos textos han sido extraídos de "Juli Vallmitjana: Escriptors Catalans y Wikipedia".


XAVIER RIUS XIRGU

 

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