142. APEL·LES MESTRES y OÑÓS

 

Apel·les Mestres y Oñós nació en Barcelona, cerca de la catedral, el 29 de octubre de 1854, fue un artista polifacético dedicado al dibujo, a la poesía, fue autor de teatro y compositor de música, hizo ilustración gráfica y traducciones, fue coleccionista y un amante de la jardinería.
Apel·les Mestres nació en el corazón de la Barcelona medieval, en una casa con jardín situada entre la Catedral y el Palau del Bisbe. Su padre era el continuador de una tradición de hasta cinco antepasados arquitectos, los últimos de los cuales se habían dedicado, desde el siglo XVIII, a la conservación de la Catedral de Barcelona. Josep Oriol Mestres y Esplugas (1815-1895) también fue el arquitecto del Gran Teatro del Liceo, el encargado de derrumbar las murallas de Barcelona en 1859, y de construir las primeras casas del Ensanche. Fue el arquitecto del Palau Samà, del Banco de Barcelona, de la casa de los marqueses de Comillas en Caldes d'Estrac, y el autor del desaparecido Salón de los Camps Eliseos de Barcelona, una de las primeras construcciones de estructura metálica, en el que hoy es el Paseo de Gràcia. Era miembro académico de Bellas Artes de San Fernando, y había publicado diversas obras de arquitectura. Su madre, Elionor Oñós y Salvat, era una señora de educación refinada y dotada para tocar el piano. Su hermano mayor Arístides (1850-1899), murió joven, dejando también obra escrita.
Apel·les, en aquella casa del callejón de Sant Felip Neri, también convivía con su abuela Josefa Salvat de Oñós que ejerció una enorme influencia sobre él, puesto que aparte de inculcarle el sentido del orden y del ahorro con sus cuentos, dichos, canciones, tradiciones y fábulas estimuló vivamente la prodigiosa imaginación de su nieto. Esta estimación le llevó a nombrar a su abuela como Reina de los Juegos Florales en 1883. Con todo, los hechos que más marcaron al Apel·les Mestres niño, fueron los paseos en solitario por dentro de la catedral, un mundo de gárgolas y esculturas medievales. También tuvieron su papel los capiteles góticos y otros elementos arquitectónicos que su padre adquiría de los escombros y que se repartían por su jardín. Un jardín que había sido un viejo cementerio, donde los huesos humanos afloraban con facilidad. También es de remarcar, sus estancias en Cervelló y Torelló, durante unos meses, cuando la familia huía de la epidemia de peste amarilla.

 


Retrato de infancia de Apel·les Mestres.

Foto Gaudi all Gaudi

 

A los cuatro años Apel·les fue al colegio francés de la calle d'en Bot, y acabado el bachillerato, a los catorce en 1868, entró en la Escola de Belles Arts de la Llotja. Fue alumno de Antoni Caba, de Lluís Rigalt, y de Claudi Lorenzale. Con Lluís Rigalt, profesor de paisaje, se entendía bastante bien. Por el contrario, no mantenía demasiada afinidad con Claudi Lorenzale, puesto que este priorizaba la copia académica de los modelos en yeso, y no valoraba los apuntes que Apel·les tomaba en todo momento del natural. En 1868 Apel·les ya participó en las tertulias del Continental, del café Suizo. A partir de 1870 la familia Mestres pasó a vivir a la Gran Vía de Barcelona, entre Layetana y Llúria, en el núm. 302 según la antigua numeración, entonces casi en medio de campos. Poco después, en 1872, la casa dónde había nacido fue derrumbada. Como excursionista Apel·les recorrió toda Cataluña, y Valencia en 1873. Empezó, en 1874, un álbum de dibujos titulado "Llibre verd" ("Libro verde"), una clase de dietario con apuntes del natural con impresiones, retratos, actitudes humanas, indumentarias, detalles arquitectónicos, paisajes rurales,... En el año 1875 publicó el primer libro de poemas, titulado "Avant!" ("¡Adelante!"). En 1876 le otorgaron el premio extraordinario de los Juegos Florales de Barcelona por sus poemas "Faules" ("Fábulas") y este mismo año publicó el libro de poemas "Microcosmos" en "La Renaixença". En tanto que -como cronista de su tiempo- también en 1876, dos años después de la muerte de Anselmo Clavé por quien sentía una gran admiración, publicó "Clavé, sa vida ses obres" ("Clavé, su vida sus obras"), convirtiéndose así en su primer biógrafo.

En 1877 empezó a colaborar en revistas catalanas como "La Llumenera de Nueva York", dónde editó su primera historieta conocida hasta ahora. En esta época empezó a dibujar para la revista "La Campana de Gràcia", publicación de ideología republicana, donde sustituyó a su amigo Tomás Padró como dibujante de caricaturas, chistes, sátiras políticas e incluso renovó la cabecera. Bien pronto se convirtió en un reconocido ilustrador, con participaciones en docenas de libros, diarios y revistas satíricas como "La Publicitat", "El Liberal" o "L'Esquella de la Torratxa" revista satírica dónde empezó a firmar con el anagrama compuesto por sus iniciales que tanto le identificaron.

Son de destacar sus estancias veraniegas en Caldetes, a caballo de las décadas de 1880 y 1890. En 1882 reunió en el libro "Cuentos vivos", las tres primeras historietas más o menos largas, dibujadas y escritas por un autor a nivel español. Parece que fue influido por Wilhelm Busch. Durante los primeros años de su experiencia literaria, Apel·les Mestres consolidó un estilo propio que dejó atrás el Romanticismo becqueriano de juventud y abrazó con fuerza el Naturalismo. "L'Avenç" fue el canal a través del cual, como poeta, hizo pública la nueva estética, que encontró en el paisaje el ambiente ideal para describir el drama de la vida y la muerte de los elementos de la naturaleza. El año 1883 fue el de la transformación definitiva de la estética naturalista de Apel·les Mestres. Siguiendo la tradición de las fábulas, neutralizó el componente moralizador, humanizó los elementos de la naturaleza, y propuso un panteísmo primitivo, íntimo y extremamente ingenuo, donde el punto de vista poético se desliza hacia un Naturalismo muy personal, nuevo del todo en la literatura catalana: coincidiendo con el punto de vista de la naturaleza, que ve animados sus elementos, provocando el distanciamiento radical del yo del autor. El Naturalismo de Apel·les Mestres se basa en una estética de la naturaleza, de la naturalidad y del distanciamiento técnico; una estrategia gracias a la cual no priva al lector de la experiencia subjetiva y del sentimiento íntimo. Generacionalmente se inscribe entre los escritores del Renacimiento, pero su concepto de arte total y valoración de la naturaleza hace que se le considere un innovador y un iniciador del Modernismo. Justo es decir, que el personaje, hijo del Renacimiento, era del todo reticente a geminar la ele a la hora de escribir su nombre, que escribía simplemente como Apeles Mestres.

 


Retrato de juventud de Apel·les Mestres.

Foto Gaudi all Gaudi

 

Su lenguaje sencillo y espontáneo, reprodució los movimientos más libres de la realidad y facilitó el camino a Joan Maragall, Santiago Rusiñol y el de sus amigos. Apel·les Mestres elaboró dos tipos de discurso, uno en el que recogió las emociones más hondas y que apunta a un principio de simbolismo y otro, para los poemas narrativos y más tarde para las piezas de teatro, sacado directamente de la realidad. Poco a poco se fue formando la compleja personalidad del artista, gran lector, políglota, viajero empedernido, hombre de ideas republicanas y pensamiento liberal, agnóstico, darwinista y positivista. Ya se cuajaba en él, el hombre polifacético en qué había de convertirse. Su carrera teatral se inició con el estreno, en el año 1883, de "La nit al bosc" ("La noche al bosque") con música de Josep Rodoreda. Este mismo año ganó la Flor Natural de los Juegos Florales de Barcelona con el poema "La cigala i la formiga" ("La cigarra y la hormiga"). En 1884 ganó la Viola de los Juegos Florales de Barcelona con el poema "Los dos cresos" y el mismo año publicó el libro de poemas "L'ànima enamorada" ("El alma enamorada") en "La Academia".

 


Retrato de Apel·les Mestres de 1884, a los 30 años de edad.

Foto Wikipedia

 


En 1885 Apel·les Mestres es casó con Laura Radenez, dama francesa de París y de espíritu refinado, entonces viuda de Auguste Roché con quien no había tenido descendencia. Del matrimonio Mestres tampoco nació ningún hijo. Laura, también dotada de sentido artístico, apoyó en todo momento a su marido, y renunció a sus propias creaciones con tal de no restarle protagonismo. Laura, en treinta y cinco años de matrimonio fue en todo momento, musa, consejera y compañera ideal de Apel·les Mestres.

De los viajes de Apel·les Mestres se pueden destacar sus estancias en Suiza desde el verano de 1887, en compañía del inefable Pompeu Gener, "Peius", un personaje singularísimo de quien se podría hacer una película sólo contando las anécdotas que de él se explican. En Suiza coincidió con Valentí Almirall y entró en contacto con el federalismo helvético, la poesía intimista de Heinrich Heine y las historietas gráficas de Rodolphe Topffer. También es de destacar su estancia en la Mancha para documentarse antes de ilustrar un "Don Quijote", o el viaje a Polanco a efectos de ilustrar "El sabor de la tierruca de Pereda". En 1888 ganó el premio de los Juegos Florales disidentes con los poemas "Margaridó" llenos de dulzura que no fueron publicados hasta 1890. Apel·les Mestres se convirtió en dibujante, poeta, excursionista, coleccionista, y músico. Produciéndose la excepcional circunstancia de sobresalir en todos los campos que cultivó.

En 1889 publicó los libros de poemas "Idil·lis" ("Idilios") y "Cants íntims" ("Cantos "íntimos") llenos de paz como es "Dalt de la Jungfrau" ("Arriba del Jungfrau"). Como excursionista recorrió Mallorca en 1890 y numerosos puntos de España, en especial Andalucía en varias ocasiones. En 1891 publicó el libro de poemas "La garba" y estrenó el poema lírico-dramático "Gaziel: Els sense cor" ("Gaziel: Los sin corazón") que fue publicado en 1906 y en el que combatió el Novecentismo. Apel·les Mestres concebía el libro como objeto de arte global, que le permitía escribir poemas, ilustrarlos, poner música, tener cuidado de la calidad del papel, del color de la cubierta, de la distribución de la masa impresa dentro el blanco de la página, de las filigranas de las orlas, de las letras, y del diseño del atado del libro. Ilustró gran cantidad de libros entre los que destaca su libro de poemas "Vobiscum" de 1892 con ilustraciones de espíritu medieval de influencia prerafaelita e imitación de las características de un incunable, y por este libro se le considera un precursor de los modernistas y el impulsor del diseño editorial. También en 1892 estrenó el idilio en tres actos y un epílogo "L'estiuet de Sant Martí" que Margarita Xirgu también representó en junio de 1913, en su primera gira americana como "El veranillo de San Martín". La obra, un drama realista, se premió en 1891 pero no se publicó hasta 1912 en Barcelona, por Salvador Bonavia. En 1893 publicó el libro de poemas "Odes serenes" ("Odas serenas").

 


Foto de juventud de Margarita Xirgu.

 

A partir de 1894 se agravaron los problemas de salud que arrastraba Apel·les Mestres, y se temió por su vida. Los médicos de la época poco aclararon sus afecciones, las calificaron de neurastenia con dolores neurálgicos, ataques de hígado, anemia y pseudoangina de pecho. Sea cómo sea, lo cierto es que su salud tanto física como anímica quedó muy malograda. En 1895 publicó el libro de narrativa breve "Tradicions" ("Tradiciones") y en 1896 llegó a destruir algunos de sus trabajos inéditos. A partir de este año hizo el chiste diario en "La Publicitat". En "l'Avenç", revista portavoz del Modernismo laico y de las corrientes de vanguardia, colaboró con autores importantes del Naturalismo cómo: Narcís Oller, Josep Yxart, Joan Sardà Lloret entre otros. También colaboró en revistas no catalanas cómo: "Granizada" publicación fundamental en la obra gráfica del autor, "La Ilustración", "La Tomasa", "El Globo", "La Honorata", "La Semana Cómica", "La Velada", "El Siglo", "El Gato Negro", "Madrid Cómico", "Blanco y Negro", "Hojas Selectas", "La Campana Catalana",... También en 1895 tradujo "Intermezzo" del escritor suizo Heinrich Heine. Después, ya en 1897, Apel·les Mestres estrenó el drama "La flor de la vall" ("La flor del valle") con música de Joan Goula.

En 1898 dejó de escribir y se recluyó, con su esposa, en una torre del passatge Permanyer de Barcelona. Durante años, Apel·les Mestres se dedicó en solitario a sus plantas y a componer canciones que guardaba en un cajón, por el hecho que no trascendieran al público: "¡Canciones que nadie siente y flores que no han de ser vistas!" Le causaba una sensación entre la satisfacción íntima y la duda, un estado de ánimo especial que supo expresar en el poema "Les dues" ("Las dos") publicado en el "Llibre d'hores" ("Libro d'horas"), en 1899. En 1900 perdió la visión de un ojo, a pesar de todo, todavía debía producir algunos de sus dibujos más remarcables. Este mismo año le publicaron el libro "Poemes de mar" ("Poemas de mar"). En 1901 cambiaron de casa dentro del mismo passatge Permanyer y este mismo año estrenó la dramatización del lírico "La Rosons" con música de Enric Morera quien le presionó junto con otros compositores, como Amadeu Vives y Enric Granados, a desarrollar los componentes teatrales que contenían los idilios y los poemas narrativos, realizando una abundante producción dramática con la cual obtuvo algunos de sus grandes éxitos populares. Este mismo año estrenó "Monòlegs" ("Monólogos").

Apel·les Mestres estrenó el 23 de febrer de 1901, en el Teatro Tívoli de Barcelona, dónde entonces se había instalado la entidad Teatre Líric Català, el drama lírico en un acto "Picarol" con música de Enric Granados, peró la obra la definieron los autores como “balada lírica”, mucho más adecuado, dado que no és ningún drama. La obra está basada en el poema “El cuc i l’estrella” del mismo Apel·les Mestres.

En 1902 le publicaron el libro de poemas "En miseria" y se estrenó el monólogo extravagante "Enredos de familia" en el almanaque de "L'Esquella de la Torratxa".

En 1903, después de estrenarle el drama "Follet" ("Duende") y el idilio dramático o marina en un acto "La barca" con música de Enric Morera, encontró al fin su vivienda ideal, una torre ochocentista en el núm. 14 del mismo passatge Permanyer, dónde vivió dedicado a cuidar del jardín lleno de hortensias que tenía en la azotea (el cual le valió el título de rey de las hortensias), y dónde celebraba en los primeros años numerosas reuniones literarias y musicales con un grupo de artistas modernistas, sobre los cuales ejerció una fuerte influencia. A consecuencia de sus dolencias, Apel·les Mestres vivió un largo espacio de tiempo recluido en su casa.

 

La casa de Apel·les Mestres en el passatge Permanyer.

Foto Arts i Lletres

 

Con el tiempo, el acomodo de esta inapetencia a salir de casa, hizo que la reclusión se alargara casi catorce años seguidos. La pasión de Apel·les Mestres por las plantas venía de lejos. De muy pequeño ya se interesó por el jardín de su "casa vieja", dónde su abuela lo inició en el conocimiento de las flores y cactus. Más adelante, amplió conocimientos durante sus numerosas excursiones, donde disfrutaba especialmente hablando y aprendiendo con la gente del campo. De mayor, ya en el passatge Permanyer, convirtió el espacio de aquella casa unifamiliar, incluido la azotea, en un gran jardín. Una palmera daba un aire ochocentista al edificio que tenía la fachada engalanada con flores d'una extensa buganvília. Apel·les Mestres, vestido con un sombrero de paja y regadera en mano, cada día cuidaba de aquel mundo. Sobre todo durante los años que permaneció recluido, la azotea se convirtió en su universo, un microcosmos particular que satisfacía todas sus necesidades de relación con la naturaleza. En aquellos años, con mucha fuerza de voluntad, Apel·les Mestres llevó una vida metódica. Se levantaba a las seis de la mañana, dedicaba tres horas a su jardín (de siete a diez), hacía gimnasia y tomaba su ducha de agua fría y atendía la correspondencia. Tras la comida hacía la siesta, y pasados los años de reclusión, destinaba un rato a pasear. Rutina que ya no abandonaría nunca jamás. Aquella casa se convirtió en un auténtico jardín botánico, un centro de coleccionismo, y un punto de encuentro de intelectuales. En su azotea había flores variadas que servían para ornar los jarrones que siempre presidían los aposentos de la casa. También había cactus, y una zona con plantas aromáticas que él denominaba "la perfumería". Había incluso árboles, se podían ver pinos, robles, encinas o higueras. Una vez al año plantaba trigo en un pequeño espacio simbólico, y llegada la época lo segaba. Apel·les Mestres, de espíritu naturalista, se podía pasar horas contemplando aquel mundo vegetal que le era fuente de inspiración, dibujándolo u observando la vida de sus insectos, no en vano había sido calificado como "el poeta de los pequeños vivos". Había llegado a criar orugas de la ruda y el hinojo, que se transformaban en mariposas rey. No obstante, sus animalitos preferidos, a los que consideraba inteligentes y domesticables, eran las arañas de jardín, como la araña de cruz que retrató en la obra "Liliana" publicada en 1907. El propio Apel·les reflexionaba que habría podido escribir un tratado con sus observaciones sobre las arañas, puesto que como estudioso había descubierto algunos de sus secretos. Tanto era así, que las arañas, acostumbradas a su presencia, se dejaban tocar. Sus amigos referían el caso de haber visto arañas tejiendo, siguiendo las órdenes de Apel·les Mestres, probablemente, el poeta conocía tan bien los movimientos de la araña que se divertía haciendo creer a sus amigos que era capaz de dirigir la voluntad del animal. La más gran deferencia que podían recibir sus visitas, era ser invitados a subir a la azotea, honor reservado a los amigos de más confianza.

 


Retrato de Apel·les Mestres con su mujer Laura Radenez.

Foto Escriptors Catalans

 

Apel·les Mestres, ante una conversación sobre plantas, no había ningún trabajo lo suficiente importante o urgente por impedirla. Nada hacía más ilusión al poeta que recibir de las visitas un esqueje de alguna variedad rara, o algún insecto poco común. Pero, la auténtica fama de horticultor se la ganó con el cultivo de las hortensias. Perfeccionista en todas las vertientes de su vida, Apel·les Mestres descubrió el secreto de su cultivo. Cambió radicalmente los parámetros que habían regido hasta entonces. Según él, las hortensias se debían cultivar a pleno solo y con una poda discreta. Su meticulosidad llegaba al extremo de regarlas a la una de la noche. La prueba de su éxito serían las hortensias gigantescas que conseguió, cuyas fotos, acompañadas de artículos, hicieron la vuelta al mundo publicadas en revistas internacionales. Los conocimientos amplios que le había dado la experiencia, le permitieron escribir unos "Consells elementals de jardineria" ("Consejos elementales de jardinería").


Retrato de Apel·les Mestres con una hortensia cultivada por él.

Foto Arts i Lletres


En 1904 le publicaron el libro de poemas "Poemes d'amor" ("Poemas de amor"). Como wagneriano, formó parte de la delegación catalana del Patronatverein de Bayreuth, delegación presidida y representada por Joaquim Marsillach; este patronato del festival de Bayreuth había sido creado por Richard Wagner para sufragar el coste del estreno de "Parsifal".

En 1906 publicó el libro de memorias "Records i fantasies" ("Recuerdos y fantasías"). Apel·les Mestres todo y haber participado con temprana edad en las tertulias del café de las Delicias en la Plaça del Teatre, era poco amigo de las reuniones en locales públicos y de las cenas de amigos, prefería el encuentro en la intimidad. Entre sus innumerables amigos se pueden citar: Alexandre de Riquer, Roca y Roca, Jacinto Verdaguer a quien intentó ayudar en sus horas difíciles, Lluís Masriera, Pellicer, Granados, Mir, Joaquim Renart, Ramon Garriga y un larguísimo etc. En la casa del passatge Permanyer trabajó intensamente. Escribió sentado en su despacho, y dibujó de pie en un pupitre de madera torneada, diseñado por él mismo. Toda la casa se convirtió en un museo ecléctico, especialmente el taller, donde destacaba la presencia de un esqueleto humano articulado que llevaba un sombrero con una pluma de faisán, elemento que le sirvió de modelo en numerosas ocasiones. En 1906 también estrenó la marina en un acto "Sirena", representada a continuación, este mismo año, por Margarita Xirgu con el grupo de aficionados teatrales "Gent Nova" de Badalona. Este mismo año Apel·les Mestres estrenó la comedia en un acto "Pierrot lo lladre: País de vana" ("Pierrot el ladrón: País de vana").

 


Foto de Apel·les Mestres con Laura, en el jardín.

Foto Arts i Lletres

 

Positivista, agnóstico y anticlerical, conservó, no obstante, un cierto espíritu franciscano y de respeto con las creencias. Como escritor cultivó poesía, teatro y prosa que a menudo fusionó en su obra. Con las ilustraciones, tanto de los propios libros como de encargos, logró el reconocimiento de crítica y público. Concibió el libro como objeto de arte global y por esto el libro de poemas "Liliana" publicado en 1907 es considerado una obra cumbre del Modernismo bibliófilo y dónde la técnica realista se sirve de la fantasía con una mitificación de la naturaleza, personificada a través de duendes del bosque. "Liliana" es la obra cumbre de Apel·les Mestres, una obra de madurez donde derrochó toda su experiencia y personalidad. Tras varios años de gestación, hizo conocer su obra capital, su publicación más modernista, una obra total, concebida, desde su espíritu prerafaelita, hasta el más ínfimo detalle. El texto poético de la obra es de formato muy libre, en el que se integran estrofas de formas y métricas diferentes que transmiten la ambientación más adecuada en cada canto. Si bien el origen de "Liliana", según el propio autor, se encuentra en el poema "Abril" (publicado en 1911), se puede pensar que se debe en buena parte, a los años que Apel·les Mestres quedó recluido, entre la enfermedad y su propia voluntad, en su casa del passatge Permanyer de Barcelona. Durante aquellos años, a partir de antiguos apuntes y recuerdos, y observando su jardín, el poeta elaboró esta bella historia. Casualidad o no, sólo después de ser publicada, decidió volver a la vida pública y presentarse de nuevo en los juegos florales. El poema se desarrolla a partir de la maldad del hombre que, abusando de lo que la naturaleza le da, la destruye. Así, el bosque necesita, para defenderse, a los viejos gnomos que lo protegen. Con el tiempo, los duendes se interesan más por los diamantes que encuentran en la tierra, y sólo son tres los que todavía están dispuestos a defender el paraíso. Entonces, en un paraje misterioso, el gorg de les nadales, aparece Liliana, una bella mujer de agua que los hace caer en el amor, de forma que olvidan su deber con la naturaleza. Al cabo de cierto tiempo, Flor-de-lino, un silf venido de la llanura, se lleva volando a Liliana. Los tres duendes, desvelados de aquel sueño, se deprimen, hasta que reaccionan atacando a un cazador que había entrado en el bosque, cosa que consiguen ayudados por las avispas. Detrás de este argumento aparentemente sencillo, Apel·les Mestres escribió, con su rico lenguaje, un poema de gran profundidad, dónde medita poéticamente sobre la relación del hombre con la naturaleza (adelantándose a los movimientos ecologistas) y se plantea la moralidad del impulso vital que mueve el alma de todo artista, el intento de lograr la belleza absoluta e inalcanzable. Reflexiona sobre el amor y la soledad, y tiene el acierto de crear un modelo, que partiendo de su mundo interior, se puede aplicar al conjunto de la sociedad, un modelo que va desde su propio microcosmos hasta una cosmovisión universalista de la vida, el equilibrio entre el derecho a ser y la capacidad de destruir, la dualidad entre belleza y crueldad, magia y realidad, siempre con el trasfondo de la búsqueda de la felicidad. "Liliana" es una gran metáfora que sintetiza los ideales y las prevenciones más arraigadas de Apel·les Mestres y que, por lo tanto, gira alrededor de dos ejes, no siempre bien fundidos. O, al menos, bien fundidos poéticamente. Uno, filosófico y moral, sobre la maldad del hombre, que sirve de marco o de contrapunto, y otro, fantástico o mítico, el de la historia de Liliana.

Muchas de sus piezas líricas y dramáticas fueron musicadas por compositores como Enric Granados, Amadeu Vives, Enric Morera, Josep Rodoreda, ... Este mismo año de 1907, estrenó la dramatización de cuentos y fábulas "En Joan de l'ós: conte a la vora del foc" ("Juan del oso: cuento cerca del fuego"), musicado por Enric Morera y que tuvo 64 representaciones.

 


Apel·les Mestres en su estudio.

Foto Arts i Lletres


Apel·les Mestres vivió los cambios sociales y urbanísticos de la ciudad, manteniendo siempre las raíces culturales de su tierra. Impulsó las artes gráficas en Cataluña, reivindicando la categoría artística de la figura, poco considerada socialmente, del dibujante. La obra gráfica de Apel·les Mestres es una referencia obligada para conocer los orígenes del cómico español. El año 1908 fue investido con el título de Mestre en Gai Saber, al ganar tres premios extraordinarios de los Juegos Florales. Este mismo año estrenó el monólogo "Un malalt" ("Un enfermo"). Su teatro, de filiación modernista, alternó elementos simbolistas y positivistas, y, en parte, fue producido más allá de los límites cronológicos del movimiento, por lo cual constituye un hecho aislado su comedia en tres actos "La presentalla" estrenada en 1908.

El final de la reclusión de Apel·les Mestres fue sonada. Un día de julio de 1908 decidió aceptar el ofrecimiento de Ramon Casas, y acompañado de su esposa, Riquer y Utrillo, dieron una vuelta en el flamante coche de Ramon Casas, por varios lugares de Barcelona, especialmente por el Parque Güell dónde el poeta se reencontró con la naturaleza. A partir de aquel día retomó sus salidas con regularidad. La vista, fue un factor determinante en su vida. En 1908 también publicó el libro de poemas "La perera" ("El peral") y el de narrativa breve "Contes bosquetans" ("Cuentos del bosque"). En 1909 estrenó "L'honor; entre cel i terra" ("El honor; entre el cielo y la tierra") y el idilio dramático en un acto y en verso "La senyoreta" ("La señorita"). En 1910 estrenó la trilogía "La rondalla de l'amor" ("La rondalla del amor") una de sus piezas más brillantes y significativas, y este mismo año estrenó también la fantasía lírica-dramática en un acto "La presó de xauxa" ("La prisión de xauxa"). En 1911 publicó el poema cíclico "Abril" y estrenó el idilio dramático en un acto "Ceguera".

 


Uno de los retratos que Ramon Casas hizo de Apel·les Mestres.

Foto Arts i Lletres


En 1912 tuvo que abandonar el dibujo a causa de una afección en la vista. Apel·les Mestres fue un gran coleccionista. Guardaba con veneración todo lo que le caía entre las manos. Reunía objetos tan diversos como composiciones poéticas sobre la Madre de Dios, estampas, hierros antiguos, pareados, antiguas décimas y felicitaciones de Navidad, elementos arquitectónicos, baldosas, restos arqueológicos, misales antiguos, juguetes populares antiguos, estampas, o insectos disecados, entre otras cosas. Muy considerable fue su colección de objetos y grabados de arte oriental, una de las pioneras de Cataluña. Su máxima pasión, pese a su agnosticismo, fue coleccionar epifanías y todo lo que estaba relacionado con el nacimiento de Jesús y la adoración de los Reyes Magos. Ya su padre había sido un importante coleccionista de figuras de pesebre, que en aquella época firmaban los mejores escultores. Reunió cerca de 7.000 epifanías, y llegó a ser un experto en el tema de la adoración de los Reyes Magos, sobre lo que escribió un extensa monografía en La "Ilustración Artística" en 1912. Este mismo año estrenó el drama "L'avi Xena" ("El abuelo Xena") y el monólogo "El Parenostre" ("El Padrenuestro"). También glosó sus recuerdos en "La casa vella" ("La casa vieja"), una de sus obras más exitosas, donde evocó, con nostalgia y precisión, la casa dónde nació, ilustrada con unos maravillosos dibujos a pluma.

El 8 de diciembre de 1913, Margarita Xirgu escribió una carta a Apel · les Mestres donde se constata su predisposición para participar en los festivales benéficos que solían hacerse en la escena catalana del momento. También, dado que es escrita cinco meses antes de debutar en Madrid, revela cómo se preparaba para dar el salto a la escena española. Es un paso importantísimo para su proyección internacional, que acaba siendo una autentica inmersión lingüística.

Sr. D. Apeles Mestres.

Distinguido amigo: He recibido su carta y después de contestar al sebo cariñoso saludo, debo manifestarli lo siguiente: tengo verdaderos deseos de complacer á las señoras de la Junta de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, tomando parte en el festival que preparan, pero como ja'ls indiqué, me encuentro, no diré imposibilitada de hacerlo, pero si expuesta á que de un día á otro, me llame mi representante de Madrid para que vaya personalmente, para ultimar todo lo referente á mi campaña artística, que pienso realizar á Madrid. En caso de que sea llamada, antes del día en que tiene de celebrarse el festival, con muy grave, me veré privada de complaurels como yo deseo. Ahora, si ese día Sochi á Barcelona, tomaré parte en la función, leyendo su hermosa poesía: «Lo gitano quien juega á dados con la Reyna», del volumen de "Baladas", que considero de gran afecto y por la que siento especial predilección.
Queda como siempre admiradora del poeta y cariñosa por el amigo, la que es de usted f.f.q.b.s.m


Barcelona 8 Diciembre 1913
SI C / Bailén 66 bajos segunda

 

En 1913 publicó "Poesies" ("Poesías") en "La Il·lustració Catalana" y estrenó la tragedia aristofanesca "Justicia!" dónde dirigió su sarcasmo directamente contra Eugeni de Ors y en 1914 estrenó la rondalla del bosque en tres actos "La viola d'or" ("La viola de oro"). El mismo día de su sexagésimo aniversario -en 1914- perdió repentinamente, casi por completo, la visión del otro ojo, proclamando con toda flema a su mujer que había acabado de morir un dibujante denominado Apel·les Mestres. Este hecho lo condujo a dejar de dibujar y prácticamente de escribir y sólo dedicarse a la producción teatral y a la composición de canciones.

Concebía el teatro como un espectáculo total con texto, música, movimiento y plástica e incluso, llegó a realizar el diseño del vestuario de obras propias como la leyenda en dos actos o el cuento cerca del fuego "Nit de reis" ("Noche de reyes") con música de Enric Morera, estrenada este año de 1915, y que tuvo 135 representaciones. En 1915 consiguió una nueva englantina de los Juegos Florales con "Àtila: Flors de sang" ("Atila: Flores de sangre"), poemas compuestos al estallar la primera guerra mundial entre los cuales se debe destacar los fragmentos de: "La cançó del invadits" ("La canción de los invadidos") más conocida por "No passareu!" ("No pasaréis!"), que la población republicana popularizó durante la guerra civil:

"No passareu! I si passeu
serà damunt d'un clap de cendra:
les nostres vides les prendreu,
nostre esperit no l'heu de prendre.
Més no serà! Per més que feu,
No passareu!.

En 1916 estrenó la marina en un acto "La barca dels afligits" ("La barca de los afligidos"), en 1917 publicó la narración "L'espasa: Cançó de gesta" ("La espada: Canción de gesta") y en 1919 también publicó un estudio sobre el escenógrafo Salvador Alarma.

Margarita Xirgu escribe una carta a Apel · les Mestres el 7 de noviembre de 1920, redactada en castellano-incluso en la correspondencia privada, la Xirgu opta por escribir en castellano, aunque los destinatarios sean catalanes: es la auténtica inmersión lingüística de Margarita en la escena española-donde se justifica por desestimar el estreno de su obra "Nido de águilas", una pieza escrita-probablemente-entre el 2 de enero de 1914 y el 25 de agosto de 1915, y editada dos años más tarde, donde se describe, en términos muy parecidos a los del 98 español, la ruina de un marcas, orgulloso de su linaje, que acaba suicidándose. A pesar de que la Xirgu durante su etapa catalana había interpretado algunas piezas de este dramaturgo, en 1920 ya estaba plenamente integrada en la escena española. Su relación con el teatro catalán, aparte de estrenar o presentar sus éxitos en Barcelona, ??donde tenía un público fiel, se limitaba a revisitar de vez en cuando algunas de las obras más conocidas de Àngel Guimerà, Ignasi Iglésias y Santiago Rusiñol, entre otros. También demuestra la carta cómo Margarita Xirgu asumió pronto las funciones directivas que, en las compañías de la época, tomaba el primer actor: la elección del repertorio y la selección de los intérpretes, sobre todo. Es evidente que, desde muy pronto y en la medida de sus posibilidades, Margarita Xirgu ejerció el dominio sobre el repertorio que interpretaba y modela su travesía artística de acuerdo con sus gustos teatrales. La decisión de Margarita Xirgu de dejar la escena catalana genera una polémica muy similar a la que suscita, a principios de siglo, el paso de Enric Borràs al teatro español. Las voces más críticas lo consideraron una traición, una deserción imperdonable, como si los actores tránsfugas hubieran vendido por dinero. Sin embargo, en aquellos momentos, la escena catalana vivía una crisis generalizada: no disponía de una sede fija que programara teatro catalán, los empresarios no emprendían iniciativas ambiciosas artísticamente, la formación de los intérpretes profesionales era muy deficitaria y, entre otros factores , la modernización de la dramaturgia catalana parecía truncada.

Bilbao 7 Noviembre 1920
Sr. D. Apeles Mestres

Mi ilustre amigo. Le pido mil perdones por no haber escritas a usted antes dandole Deducción de la impresión de la lectura que supe obra titulada "Nido de aguilas" me produjó Cuando la Ley. La obra me pareció muy bella y Muy Interesante, pero considero de gran importancia para quitar el éxito la comedia que la interprete un gran actor como Enrique Borras ó Francisco Morano acostumbrados á interpretar personajes como "El alcalde de Zalamea" y "El abuelo". El primer actor que yo tengo en la actualidad, que se Alfonso Muñoz, es muy joven (?). Por esta razón siento en el alma no poder estrenar apoyo obra como sería mi deseo y esperando mejor ocasión para corresponder a apo ofrecimiento, quedo de usted buena amiga y entusiasta admiradora.

El año 1920, después de una larga enfermedad, murió su estimada esposa Laura, a la cual dedicó dos libros: "In memoriam" con retratos que le había hecho durante los treinta y cuatro años de matrimonio y que se publicó el mismo año y el libro de poemas "Semprevives" ("Siemprevivas") publicado en 1922. Por circunstancias de la vida, su agonía coincidió con la visita del mariscal Jofre, en representación del presidente de la República Francesa, con tal de distinguir a Apel·les Mestres con la Cruz de la Legión de Honor, por su poema "No pasaréis" y por su actuación en favor de los aliados durante la guerra, en contra de la opinión de un sector de intelectuales novecentistes que junto con la Lliga Regionalista propugnaban una posición neutral de no injerencia. Apel·les Mestres, a la muerte de su mujer empezó el "Llibre Gris" ("Libro Gris") que continuaría hasta 1934. En 1921 estrenó el poema dramático "Mascarada".
Gracias, tanto a su constante actividad polifacética como su longevidad, Apel·les Mestres fue la personalidad más prolífica de su época, y pese a abarcar campos tan diversos, destacó en todos ellos, sobresaliendo especialmente en el dibujo. Apel·les Mestres se veía a sí mismo formando parte de la naturaleza en un plano de igualdad. Alguien le había definido acertadamente como un franciscano laico. Definición que el propio poeta encontraba justa, y él mismo añadía: <<Hermano sol, hermana luna, hermanas estrellas, hermanos árboles, hermanos pájaros, hermanos campos de trigo, hermanas olas buenas o furiosas, hermano todo aquello que vive, florece, perfuma, canta... Yo os saludo!>>. Apel·les Mestres, que era miembro de Les Bones Lletres de Barcelona, en los últimos años empujado por su soledad, aceptó algunos homenajes que hasta entonces nunca había buscado ni aceptado, a excepción de uno que se le había rendido en 1890 en el Centre Català. Entre ellos se debe citar el homenaje de 1922 a iniciativa de l'Orfeó Gracienc.

También, en 922, realizó la primera publicación de canciones en la vida musical catalana, con letra y música propias que le hicieron recuperar una gran popularidad. Músicos y profesionales, le armonizaban las canciones que él mismo improvisaba al piano. Después las popularizaron y grabaron Emili Vendrell y Conchita Badía, entre otros. La tarea de Apel·les Mestres en estos años es la de fabricante de libretos para la tenaz experiencia lírica en catalán que lo vincula a músicos tan significativos como Rodoreda, Morera o Granados. Su ademán musical se acerca más, al de Antoni Nicolau, contemporáneo director de orquesta y compositor que mantuvo una actitud en defensa del academicismo ante el vanguardismo de los modernistas. Este mismo año Apel·les Mestres publicó el libro de poemas "Tardanies" y estrenó el poema heroico-cómico "L'última guerra" ("La última guerra").
Apel·les Mestres en 1923 fue nombrado miembro de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi. En 1924 publicó el libro de poemas "Apeles Mestres: poesies" ("Apeles Mestres: poesías") y estrenó "La verge decapitada" ("La virgen decapitada"), las marinas en un acto "¡A l'aigua!" ("A la agua!") y "La noia" ("La "chica"). En 1925 publicó el insólito libro de poemas "Poesia xinesa" ("Poesía china"), una biografía sobre los principales poetas chinos, fruto de un viaje muy anterior al Japón. Este mismo año estrenó "Teatre íntim: L'home dels arsos. Blanc sobre blanc" ("Teatro íntimo: El hombre de las ramas. Blanco sobre blanco") y recibió un homenaje celebrado en el Palau de la Música. En 1926 estrenó la marina en un acto "La gropada" y la pieza también en un acto "Tres i no res" ("Tres y nada más"). A partir de este año fue el presidente de los Juegos Florales de la ciudad de Barcelona. Durante los últimos años de su vida, gracias a sus apuntes y a su prodigiosa memoria, dejó unos cuántos libros que testimonian numerosas anécdotas de los principales personajes de su época, tanto del mundo de la política, de la música, como de las artes en general. Entre estos libros de anécdotas y recuerdos cabe destacar "Volves musicales" ("Flocos musicales"), una historia y crítica musical publicada en 1926. Prueba de su constante interés por el tema popular, prologó este mismo año el libro "El Penedès- Folklore..." de F. Bové.
En 1927 publicó el libro de poemas "Marines" ("Marinas") y estrenó la marina en un acto "La barca vella" ("La barca vieja"), el drama en tres actos "Niu d'àligues" ("Nido de águilas") y la pieza "Una vegada era un rei" ("Una vez era un rey"). En 1928 estrenó la comedia en dos actos "Els fariseus" ("Los fariseos"). Apel·les Mestres fue una persona de una gran versatilidad y amplio interés. A sus facetas más conocidas de poeta, dibujante, escritor, jardinero o músico, hace falta añadir otras actividades que también vivió con intensidad durante su vida: coleccionista, excursionista, folklorista, biógrafo, articulista, cronista de su época, y ocasionalmente conferenciante, jurado artístico, o traductor. Como amante de las excursiones hizo una interesante exposición en 1929 en el Centre Excursionista de Catalunya, acompañada de una conferencia sobre el tema. Como folklorista, estimulado por los cuentos y fábulas que durante su infancia le explicaban su abuela y las criadas, desde muy joven, también se sintió interesado en recoger directamente de la gente del campo y de los pescadores, expresiones y dichos populares que después se reflejarían en el rico lenguaje de sus escritos. Como prueba, el año 1894 en una carta a mossén Cinto Verdaguer había mencionado haber recogido 120 tradiciones catalanas e interesarse por la tradición del romero. En sus narraciones también están presentes los recuerdos personales y las vivencias con sus compañeros ilustradores, o historias cotidianas que reflejan la sociedad de la época. Los títulos principales son: "Història viscuda" ("Historia vivida") unas semblanzas, anécdotas y recuerdos publicados en 1929 y "Vist i sentit" (Bons mots i mals mots) ("Visto y sentido") (Buenas palabras y malas palabras"), un anecdotario publicado póstumamente en 1987.
Apel·les Mestres publicó en 1930 el libro de poemas "Montserratines" y acabó la antología colectiva de narrativa breve "Records de Barcelona" ("Recuerdos de Barcelona") (1870-1930) que se publicó póstumamente en 1979, mientras salía al público su disco "Cançó de taverna. Sant Sebastià" ("Canción de taverna. San Sebastián"). Sus canciones, como "A la taverna d'en Mallol" ("En la tasca de Mallol"), tuvieron una gran popularidad, que se prolongó hasta fechas más recientes en versiones de Núria Feliu o Xavier Ribalta. También cabe destacar su creación de "l'Himne a Catalunya" ("El himno a Cataluña"). En 1931 recibió un homenaje a iniciativa del Cercle Artístic y también llegó a hacer de jurado en concursos de horticultura. Su fama se desperdigó por todo el mundo, cuando este año el rosista Pere Dot dio el nombre de Apel·les Mestres a una variedad de rosa amarilla que era capaz de florecer en climas fríos. También se le dedicó una variedad de crisantemos, y algunas flores de otras especies. Honores que el venerable poeta apreció incluso más que las distinciones literarias. Apel·les Mestres aseguraba que la naturaleza era insuperable, y que no cambiaría ninguno de sus dibujos, poemas o canciones, por una flor natural. En 1933 publicó el libro "Llegendes i tradicions del Montseny" ("Leyendas y tradiciones del Montseny") que mereció el premio del segundo concurso del Llegendari Popular Català.

 


Retrato de Apel·les Mestres en sus últimos años.

Foto Escriptors catalans

 

En el año 1934, los actos oficiales de un homenaje programado para Apel·les Mestres, fueron suspendidos a causa de los incidentes revolucionarios que tuvieron lugar en Cataluña bajo el régimen de excepción desde el seis de octubre de 1934 hasta el dos de enero de 1935. Este último año estrenó su última comedia en dos actos "Una vegada era un príncep" ("Era una vez un príncipe"). El 10 de noviembre de 1935, Apel·les Mestres recibió la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona, y, por subscripción popular, fue entregado un busto de bronce suyo del escultor Víctor Moreno al Museo Nacional. El mismo año se descubrió una placa conmemorativa suya en la calle de la Pietat esquina a la calle del Bisbe, obra de F. Marino.

Una vertiente suya muy característica, fue la ilustración de álbumes y colecciones de cromos (como los "Proverbios en acción", que hacían publicidad del chocolate Amatller). En tanto que dibujante, en suma, la producción de Apel·les Mestres resulta literalmente oceánica, puesto que se ha llegado a hablar que fue de cuarenta mil dibujos. Como músico fue autor de más de cien canciones. También fueron innumerables sus poemas, epigramas, canciones, últimas baladas,...

La vida de Apel·les Mestres transcurrió entre la popularidad y la incomprensión. Demasiado joven para los románticos, demasiado mayor para los modernistas. Poco modernista para las generaciones más jóvenes, y demasiado modernista para los novecentistas. Figura clave de la transición, nació para enlazar dos siglos, y pese a su posición incómoda, supo producir una obra de gran calidad partiendo del Realismo y del Eclecticismo. Su espíritu culto y refinado se expresaba de forma sencilla y natural, sin dejarse llevar nunca por las manifestaciones más extremadas de las diferentes modas, con su creatividad y originalidad supo explorar caminos nuevos que después otros pudieron desarrollar.

Casi ciego ya del todo, el último deseo que expresó Apel·les Mestres antes de morir, fue que le ayudaran a subir a la azotea. Murió en su casa, la madrugada del 19 de julio de 1936, a la edad de 81 -casi 82 años- cuando empezaban los tiroteos por las calles de Barcelona que se transformarían después en la guerra civil. La noticia de su muerte no tuvo ningún eco en la prensa, ni en la radio, a causa de los acontecimientos que en los siguientes días se produjeron en todo el país. Fue enterrado en el cementerio nou de Montjuic. Tras su muerte, un ciprés plantado por él en un tiesto de su casa, continuó viviendo en el jardín de Can Cuní de Samalús, donde hacía vida su buen amigo el padre Ramon Garriga. En el poema "Codicil" publicado en "Vobiscum" en 1892, Apel·les Mestres había expresado el deseo de morir en verano, y así fue. Si bien, con su finísimo sentido de la ironía, también había profetizado que el día de su muerte caerían rayos y truenos. Casi lo acertó, pero, en su última hora el destino le reservaba un final irónico. Si Apel·les Mestres se había destacado como pacifista, murió no el día que caían rayos y truenos, sino el día que resonaban cañones y disparos, mientras Barcelona era atacada por las tropas fascistas. Si había vivido los últimos años criticado por los novecentistas, y había sido acusado de anticlerical, murió en compañía de dos de sus mejores amigos, el cura Ramon Garriga y el novecentista Joaquim Renart. Si Apel·les Mestres era un personaje estimado y popular, y un gran amante de las flores, a causa de la guerra, fue enterrado sin ningún cortejo, en la más absoluta soledad, y sin ni una sola flor.

El año 1938 se inauguró un monumento con un medallón de mármol en la Font de Racó, al pie del Tibidabo de Barcelona, con la dedicatória: "A Apel·les Mestres, el amigo de los niños, de las flores y de los pájaros". Las letras catalanas lo recuerdan con la convocatoria de un premio de literatura ilustrada que lleva su nombre.

El hecho que Apel·les Mestres no se especializara en una actividad específica ha dificultado, en parte, su reconocimiento artístico. La recuperación histórica de Apel·les Mestres en todo su conjunto, se debe especialmente al profesor Joaquim Molas. En total llegó a estrenar unas sesenta obras, desde la adaptación de leyendas medievales hasta piezas ambientadas en Cataluña. Apel·les Mestres, que fue, a un mismo tiempo, poeta, dibujante, compositor, jardinero y coleccionista de objetos de arte, intentó realizar el modelo de artista puro y, más en concreto, del artista que, como un nuevo rey Midas, transforma en arte todo lo que toca. Y, por lo tanto, probó de hacer una síntesis de todas las formas de expresión que tenía a su alcance y, a la vez, convirtió la síntesis en una verdadera religión, y el artista, en una clase de sacerdote que oficia en medio de la indiferencia general. Así promovió una verdadera revolución en el mundo del libro, primero incorporando el dibujo en sus trabajos poéticos no como simple apoyo gráfico sino como forma paralela de expresión y, en segundo lugar, imaginando el libro como un objeto artístico válido por él mismo. El Apel·les Mestres dibujante tiene un doble papel: por un lado el de su importantísima aportación personal de creador, con lo que significó como ilustrador destacado de la tendencia ecléctica propia de su tiempo, como gran figura del Esteticismo. Pero por otra parte, aquel Apel·les Mestres adquiere también una dimensión singular por el papel que representó profesionalmente como reivindicador, de palabra y de obra, del valor artístico de la tarea del dibujante, con la cual él, aparte de todas sus otras dedicaciones, se sentía plenamente identificado.

A título póstumo se publicaron, en 1948, sus libros de narrativa breve "Tots els contes d'Apel·les Mestres" ("Todos los cuentos de Apel·les Mestres") y "Llibre de lectura" ("Libro de lectura"). A partir de 1954 apareció su discografía: "Camí de la font" ("Camino de la fuente") este mismo año, "Cançons per a infants" ("Canciones para niños") y "Emili Vendrell" en 1961, "Minuet" en 1964, "El inolvidable Emilio Vendrell" en 1966, "Cants íntims d'Apel·les Mestres" ("Cantos íntimos de Apel·les Mestres") en 1989, "Cançons del nostre país" ("Canciones de nuestro país") en 1995, "Conxita Badia: paraules i cançons" ("Conchita Badía: palabras y canciones") en 1998, "Liliana" en 2002 y "Les 29 cançons infantils" ("Las 29 canciones infantiles") en 2004. También a título póstumo se publicó, en 1982, el libro "Teatro modernista" ("Teatre modernista") sobre su dramaturgia.

 

Algunos textos han sido extraídos de de "Apel·les Mestres": Viquipèdia, Escriptors catalans, y Gaudí i el Modernisme a Catalunya.

 

XAVIER RIUS XIRGU


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