150. GOETHE

 

Johann Wolfgang von Goethe nació el 28 de agosto de 1749, en Frankfurt am Main, Hesse, Alemania, fue poeta, novelista, dramaturgo y científico.

Era hijo de Johann Caspar Goethe, abogado y consejero imperial que se retiró de la vida pública y educó él mismo a sus hijos bajo la máxima de no perder el tiempo en lo más mínimo, y de Katharina Elisabeth Textor, hija de un antiguo burgomaestre de Frankfurt. Estas vinculaciones familiares le pusieron en contacto desde el principio con el patriciado urbano y la vida política. De inteligencia superdotada, y provisto de una enorme y enfermiza curiosidad, hizo prácticamente de todo y llegó a acumular una omnímoda o completa cultura. Primeramente estudió lenguas, aunque sus inclinaciones fueron por el arte y nunca, a lo largo de toda su vida, dejó de cultivar el dibujo; al tiempo que escribía sus primeros poemas además de interesarse por otras ramas del conocimiento como: la geología, la química, la medicina y, la literatura incentivado por su madre. Sus inicios se enmarcan dentro de un lirismo idealista y romántico, plasmado en sus "canciones” (“lieder") de gran factura armónica y alusiones populares.

Goethe estudió Derecho en Leipzig en 1765, allí conoció los escritos de Winckelmann sobre arte y cultura griegas. En 1767 estrenó su primera comedia en verso y en un acto “Capricho de enamorados” (“Die laune des verliebten”) un homenaje a la amada de turno y en 1768 estrenó el drama en verso “Los cómplices” (“Die mitschuldigen”), pero una grave enfermedad le obligó a dejar los estudios de Derecho en Leipzig y volver a Frankfurt. Katharina von Klettenberg, amiga de su madre y miembro del movimiento de reforma luterano conocido como pietismo, le cuidó y le introdujo en el misticismo pietista, que ponía su énfasis en el sentimiento dentro de la confesión protestante. Goethe en esta época estudió filosofía ocultista, astrología y alquímia y compuso poemas.

Retomó los estudios en 1770 en Estrasburgo y los concluyó al año siguiente, consiguiendo la licenciatura en leyes y durante los siguientes cuatro años practicó como abogado con su padre. Además profundizó en los estudios de música, arte, anatomía y química. Los años en Estrasburgo fueron muy importantes para él: conoció a Friederike Brion la hija de un pastor religioso de la ciudad de Sesenheim, que le inspiró más tarde la mayoría de sus personajes femeninos incluyendo el de Gretchen en su drama poético “Fausto”, y trabó amistad con el teólogo y teórico del arte y la literatura Johann Gottfried von Herder. Herder le introdujo en la poesía popular alemana, le descubrió el universo de Shakespeare, le liberó definitivamente del neoclasicismo francés que prevalecía en la Alemania de la época incluidas las tres unidades dramáticas -lugar, tiempo y espacio- que la escuela teatral francesa había adoptado del antiguo teatro griego, y le llevó a desconfiar de la razón de la Aufklärung alemana. Colaboró con Herder y otros intelectuales, en 1772 en la redacción del manifiesto del movimiento ”Tempestad e Ímpetu” (“Sturm und Drang”), considerado el precursor del romanticismo en Alemania, elaborando el panfleto “Sobre el estilo y el arte alemán”. Se trataba de un grupo juvenil e intelectual  que presentaba, como programa, de una parte la revisión de la literatura medieval germánica, para incorporarla a las letras vigentes, y de otra parte la inclinación a la gran revolución del sentimiento, el romanticismo.  En “Sobre el estilo y el arte alemán” se reivindicó con dos ensayos la poesía de James MacPherson (Ossian) y la de William Shakespeare, en cuyas obras las unidades clásicas se sustituyen por el placer de la expresión directa de las emociones. Goethe entabló amistad también con el escritor Christoph Martin Wieland.

En 1773 estrenó el drama “Godofredo de Berlichingen” (“Götz von Berlichingen mit der eisernen hand“) con 24 años. La obra, de temática histórica e inspirada en las obras de Shakespeare, es una adaptación de la historia de un caballero alemán que se hizo bandido en el siglo XVI. Fue una obra revolucionaria, en la que el héroe, caballero del cinquecentto, se atreve a enfrentarse al emperador y a la misma iglesia en la primera parte del siglo XVI. “Godofredo de Berlichingen” tuvo enormes consecuencias en la historia literaria alemana, preconizando así la juvenil rebeldía de Schiller quien posteriormente escribiría “Los bandidos”. Goethe abandonó definitivamente el estilo rococó de sus comienzos y escribió varias obras que iniciaban una nueva poética, entre ellas “Canciones de Sesenheim” ("Lieder von Sesenheim"), poesías líricas de tono sencillo y espontáneo, y “Sobre la arquitectura alemana” ("Auf der deutschen architektur”), himno en prosa dedicado al arquitecto de la catedral de Estrasburgo y que inauguró el culto al genio.

Goethe en 1774 publicó su novela, en parte epistolar, “Werther” o “Las desventuras del joven Werther” (“Die leiden des jungen Werthers”) concebida ya a mediados de 1772 al trasladarse a Wetzlar, sede del Tribunal Imperial, como practicante de abogado de su tribunal y al enamorarse de la inspiradora del personaje de Carlota: Charlotte Buff, la novia y prometida de su colega, por esa época también jurista practicante Johann Christian Kestner. Concomitantemente, un joven jurista atormentado por un amor no correspondido, se suicidó utilizando una pistola prestada por Kestner. Estos dramáticos hechos hicieron que Goethe abandonara finalmente Wetzlar. “Las desventuras del joven Werther” tuvo un éxito tan grande y representó tan bien en la figura del protagonista, el desencanto de las jóvenes generaciones, que suscitó una epidemia de suicidios adolescentes en el país y constituyó la novela paradigmática del nuevo movimiento que estaba naciendo en Alemania, el romanticismo. Apuntó ya las claves que se repitieron en el romanticismo alemán, como el culto a: la naturaleza, el apasionamiento, la búsqueda de una vida ideal aunque indefinida,... La trama es muy sencilla: Werther, un joven apasionado y sentimental, abandona su ciudad para retirarse a una aldea, donde vive tranquilo, dedicado a la pintura y a la lectura. En un baile conoce a Lotte, que ya está comprometida con Albert. Bailan juntos y Werther se enamora de ella perdidamente aún sabiendo que ella está ya prometida a Albert, que se encuentra de viaje. Albert representa el orden, la frialdad, la clase social alta de la época. Aprovechando la ausencia de éste, Werther visita con frecuencia a la joven. Cuando Albert vuelve, traba amistad con Werther. Éste, aún dudando de los sentimientos de Werther, le permite continuar viendo a Lotte. El amor que siente Werther va en aumento cada día que pasa, y se acrecienta mucho más  cuando adivina que Lotte, arrastrada por la fuerza de su pasión, se siente atraída también hacía él. Werther decide que alguno de los tres ha de morir, y ése será él. Visita a Lotte el domingo antes de Nochebuena. Lotte le pide que le lea su traducción de Ossian y se echan a llorar porqué ven su propio infortunio en el destino de esos nobles héroes. Entonces es cuando Werther, desesperado, se atreve a besar a Lotte y se despiden con un: <<¡Adiós para siempre!>>. Lotte intuye la idea de Werther. Éste, manda al criado para pedir prestadas las pistolas de Albert para su viaje, que Lotte le entrega temblando. Werther se suicida y es descubierto por su criado, quien avisa al médico y a Albert. Al enterarse de la desgracia, Lotte se desmaya. Expira a las doce del mediodía. Esta obra fue la primera novela representativa de la literatura alemana moderna y se convirtió en el modelo de muchísimas narraciones del "entusiasmo", el resultado fatal de un gusto por los absolutos, ya sea en amor, arte o pensamiento, que se escribieron a imitación suya en Alemania, Francia y por todas partes.

En 1774 también publicó el drama amoroso, la tragedia en cinco actos “Clavijo” (“Clavigo”) inspirada en las “Memorias de Beaumarchais”, en las que el escritor francés relató su enfrentamiento con el ilustrado José Clavijo y Fajardo en la corte de Madrid. José Clavijo, nacido en Lanzarote en 1726, fundador del semanario “El Pensador”, publicista, traductor y escritor, trabajó en lo que sería después el Museo de Historia Natural en Madrid.  Combatió incansablemente contra los viejos tópicos españoles y se le acusó de anticlerical por su oposición a los autos sacramentales, a cuya desaparición contribuyó. Fue oficial del Archivo del Reino, prometió matrimonio a Lisette, hermana de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais, futuro autor de “Las bodas de Fígaro” y “El barbero de Sevilla” y no cumplió su palabra. Clavijo se fue varias veces a la cama con Lisette. Allí le prometió en dos ocasiones que se casarían tan pronto recibiera el empleo de oficial del Archivo del Estado. Sin embargo, en 1763, recibió el cargo y se negó a pasar por el altar, con gran disgusto de su amante. Estalló un escándalo que el francés utilizó personal y políticamente a su favor. Beaumarchais tuvo que volver a su país, al rechazar una generosa oferta real de un empleo en Luisiana, relacionado con unos canarios que iban a ser embarcados con ese destino. Lisette también regresó a Francia y no quiso casarse con un amigo de su familia. Ingresó en el convento de las Dames de la Croix, en Róye, al norte de París, cerca de Amiens. Aquí finaliza la historia romántica y comienza la literaria, no menos real: Pierre Augustine Caron de Beaumarchais no aguantó la tentación de publicar su gran aventura española. Cuando ya todo el mundo se había olvidado en Madrid de lo sucedido y aún nadie se había enterado en París, Beaumarchais estrenó a principios de 1767 “Eugénie”, una obra teatral en la que narró lo sucedido en Madrid. Clavijo aparecía como el conde de Clarendon y Lisette como Eugénie. Él, malísimo y ella, buenísima. Además Beaumarchais terminó por escribir un resumen de su viaje a España y no resistió la tentación de publicarlo. Se trata de una descripción con un alegato permanente contra Clavijo, donde el narrador es un listo listísimo y su enemigo un malo malísimo. Lo tituló “Fragmento de mi viaje a España” y se imprimió en 1774. Su disculpa para la publicación de una historia tan íntima de su familia, fue que alguien le remitió una carta anónima donde se dejaba en muy mal lugar el nombre familiar y que pronto toda Francia quedaría mal informada del asunto si no salía alguien al paso esclareciéndolo. Así que no tuvo otra alternativa que redactar ese librito para dar a conocer lo sucedido desde su punto de vista, naturalmente. Y dio en el clavo: las ediciones se multiplicaron y las damas europeas se solidarizaron con Lisette, tanto como los muchachos lo hacían con Werther. Sin embargo, la hermana del autor no se atrevió a sacar la cabeza del convento, abochornada más por su pariente que por Clavijo. Como el mundo es un pañuelo, uno de estos libritos fue a parar a manos de un jovencito alemán, llamado Johann Wolfgang von Goethe. El mismo día que lo recibió, lo llevó a su tertulia y lo leyó en voz alta. No faltaron las risas, los aplausos y los comentarios:

<<Si yo fuera tu amante, en lugar de tu pareja -le dijo su amor de turno-, te suplicaría que convirtieras esa memoria en un drama. Y creo que hasta te quedaría bien>>.

<<Amada y pareja -contestó Goethe- pueden estar unidas en la misma persona, querida. Dentro de ocho días te leeré ese drama que me pides>>.
Goethe esa noche dio un largo rodeo para llegar a su casa, pero cuando entró en ella ya tenía en la cabeza la trama de una obra que, naturalmente, se llamaría “Clavijo”. A los ocho días, se presentó en la tertulia y leyó la pieza, dejando estupefactos a sus amigos que es, al fin y al cabo, la meta de todo el que escribe. ¿Cómo lo logró? <<Autorizado por nuestro padre Shakespeare -escribió Goethe unos años después-, ni por un momento sentí escrúpulos para traducir al pie de la letra la escena fundamental y la exposición dramática propiamente dicha. Para acabar pronto, tomé el desenlace de una balada inglesa, y así, la despaché aun antes de que llegase el viernes. Se me concederá que la lectura produce muy buen efecto>>.
Aunque matar a la novia de Clavijo parece que fue ir demasiado lejos. Hubiera bastado con meterla en un convento. Así no tendría Beaumarchais, el hermano de la difunta, la obligación de atravesar con su espada el pecho del arrepentido Clavijo, en mitad del entierro. El drama es salvado por su final dichoso: el canario agonizante le dice a su imposible cuñado que lo perdona y éste le devuelve el cumplido, mientras envaina su espada. Si “Clavijo” ha seguido contando con el afecto del público y el respeto de la crítica es porque en este drama juvenil -que algunos han denominado tragedia burguesa- Goethe puso mucho de sí mismo: de sus anhelos, de sus desgarros sentimentales, de sus dudas y de sus ambiciones intelectuales. Para el primer centenario de la muerte de Goethe, el 22 de marzo de 1932 la Compañía Dramática de Margarita Xirgu, con Margarita como protagonista, le rindió homenaje con una representación de "Clavijo". Antes de la función, Fernando de los Ríos, gran conocedor de Goethe, disertó sobre su obra y tras la escenificación de "Clavijo", Margarita Xirgu recitó al poeta en castellano y en catalán.

 



            Retrato del joven Goethe.

        Foto Word Press

 

El estreno del drama en cinco actos y siete cuadros "Clavijo" traducida por Ramón M ª Tenreiro, y con decorados y figurines de vestuario de Salvador Bartolozzi se hizo en el Teatro Español de Madrid, con Margarita Xirgu en el papel de María de Beaumarchais, Alfonso Muñoz en el de Clavijo y Pedro López Lagar en el de Caron de Beaumarchais. En la trama de la obra, Clavijo, caballero español, abandona a su prometida María, días antes de su boda, por lo que el hermano de ésta, Caron de Beaumarchais, decide vengar la afrenta. Clavijo, después de prometer una rectificación, intenta encarcelar a su cuñado, mientras María muere de tisis. Ante el cadáver de la joven se baten Clavijo y Beaumarchais, muriendo el primero, desesperado y arrepentido, a los pies de la chica.

 

Representación de "Clavijo" por la Compañía Dramática de Margarita Xirgu, en 1932.

Foto libro "Rivas Cherif, Margarita Xirgu y el teatro de la II República"

 

En 1774, aún en Frankfurt, Goethe anunció su compromiso matrimonial con Lili  Schönemann, la hija de un banquero de Frankfurt, aunque rompió el noviazgo en otoño de 1775, debido a las incompatibilidades sociales y al estilo de vida de las respectivas familias. Este mismo año publicó el drama “Stella”, mientras intentaba abrir en Frankfurt, con poca fortuna, un bufete de abogado por lo que no dudó en aceptar la invitación a la Corte de Weimar del duque Carlos Augusto, heredero del ducado de Sajonia-Weimar, y marchó hacia allá, a su capital, prácticamente huyendo de dos cosas, de la abogacía y de su compromiso sentimental. Entró, pues, al servicio del heredero Carlos Augusto y fijó su residencia en Weimar ya hasta su muerte. Las tareas que éste le encomendó le hicieron abandonar prácticamente la literatura durante casi diez años. Allí Anna Amalia, madre de Carlos Augusto, que había empezado a crear un círculo de intelectuales con el preceptor de su hijo, Wieland, lo amplió al incluir en él a Goethe y posteriormente a Herder y Friedrich von Schiller; fugazmente pasaron también por allí Jakob Michael Reinhold Lenz y Friedrich Maximilian Klinger. Desde entonces el refugio de Goethe fue la naturaleza, en la que se inspiraron muchos de sus poemas líricos, como “En el lago” (“Auf dem see”).

Por otra parte, siguió profundizando en el estudio del teatro de William Shakespeare y de Pedro Calderón de la Barca, algunas de cuyas obras (por ejemplo la comedia dramática compuesta en 1629 “El príncipe constante”) hizo representar con éxito, como encargado del Teatro en la Corte de Weimar. Las lecturas teatrales de estos autores ampliaron notablemente los horizontes de su espíritu. Le dominó además el entusiasmo ante la falsa poesía céltica de Ossian y escribió un famoso monólogo del gran dios del romanticismo, “Prometeo” (“Prometheus”) que personificó el genio rebelde de los creadores y del que se sintió justamente orgulloso.

Goethe pasó de ser consejero secreto de legación en 1776 a consejero privado en 1779 y finalmente se convirtió en una especie de ministro supremo. En 1782 fue añadida la partícula von a su apellido por el mismo duque Carlos Augusto, pese a las protestas de la nobleza al formar parte de la corte, con el cargo de ministro de Finanzas. Ingresó en la masonería el 11 de febrero de 1783, aunque según el escritor masónico Lorenzo Frau Abrines, la fecha de su ingreso fue anterior, el 23 de junio de 1780, dentro de la efímera logia Amalia, que abatió columnas dos años después. Inició, también en esa época, sus investigaciones científicas en mineralogía, geología, química y osteología, disciplina ésta última en que descubrió el hueso intermaxilar en marzo de 1784, cuya existencia demostró común a todos los vertebrados y que puso una de las primeras piedras en la teoría de la evolución del hombre, aunque en esto se le adelantó por muy poco un anatomista francés, lo que le supuso una gran frustración.

Las cartas de Goethe a Charlotte von Stein, esposa de un oficial de la corte de Weimar y mujer de gran encanto y talento, dan fe de esta época de su vida, envuelta en todo tipo de encargos y gestiones para reformar el muy pequeño y humilde estado de Weimar. La actividad política de Goethe y su amistad con Charlotte von Stein, influyeron en una nueva evolución literaria que le llevó a escribir obras más clásicas y serenas, abandonando los postulados individualistas y románticos del “Sturm und Drang”. Merced a Goethe, Weimar se convirtió en el auténtico centro cultural de Alemania; allí compuso poemas inspirados por Charlotte, entre los que se encuentran la lírica “Canción nocturna del caminante” (“Wandrers nachtlied") y la balada “El rey de los elfos” ("Der könig der elfen").

 

 

Goethe en la campiña romana, en 1786. Óleo pintado por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.

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En 1787 escribió una primera versión del drama en prosa, del que había hecho anteriormente una versión en verso yámbico, “Ifigenia en Táuride” (“Iphigenie auf Tauris”) de gran influencia griega, que luego rescribiría en verso. A continuación empezó la redacción de sus obras más ambiciosas, como “Egmont”, obra en la que, junto a una trama sentimental y amorosa, se ensalzan la libertad y la justicia, y el drama poético “Fausto” (“Faust”), que luego revisó a fondo tras la profunda impresión que recibió en su trascendental viaje a Italia, que duró desde 1786 hasta 1788, y que le hizo cambiar su desequilibrada estética romántica por el equilibrio clásico. El viaje empezó en Venecia, donde compuso sus “Epigramas venecianos” (“Venezianische epigramme”) acabados en 1790 y entre los cuales hay algunas  meditaciones profundas sobre la contemporánea Revolución francesa o el significado de la vida y de la cultura. La postura política de Goethe fue sin embargo conservadora: <<Prefiero la injusticia al desorden>> escribió. Eso le supuso algunos recelos por parte de otros artistas a los que no les importaba en lo más mínimo no acordarse de su contexto social, como por ejemplo Beethoven. El viaje a España y más tarde a Italia surtió el efecto de cambiar la mentalidad de Goethe hacia un más profundo clasicismo, alejado del romanticismo radical que gustaba del exotismo de los paisajes y de los pueblos alejados culturalmente. Goethe renegó de la estética del romanticismo y se identificó con el equilibro clásico grecolatino, lo que puso fin a su tormentosa vida interior. Fue esa la revelación del clasicismo, verdadera raíz con la que podía identificarse la cultura alemana. El viaje por Italia terminó en Roma, donde estudió la cultura grecolatina a fondo, después de un corto viaje por Nápoles y Sicilia. De esta época es su poemario “Elegías romanas” (“Römische elegien”) terminadas en 1790 y que Schiller publicó en su periódico en 1795. Se suele calificar esta etapa de Goethe como clásica, si bien cabe destacar también su correspondencia con el movimiento realista burgués.

Sin embargo, a su regreso a Weimar en 1788, encontró una gran oposición a su nueva estética; es más, se formó un cierto escándalo cuando llegó a divulgarse que desde ese mismo año vivía amancebado con una jovencita, Christiane Vulpius (1765-1816), que le dio al año siguiente un hijo, Julius August Walther von Goethe (1789-1830). En aquella época de desconocimiento, cuatro abortos sucesivos posteriores inducieron a creer que entre ambos había incompatibilidad de grupos sanguíneos. Goethe no legitimó a su único hijo hasta el año 1800. En 1789 estrenó el drama “La selva negra” ("Der schwarze dschungel") y en 1790 el drama “Torcuato Tasso” (“Torquato Tasso”) de clara influencia griega.

La mejor obra dramática de Goethe es sin duda el “Fausto” (“Faust”), que ha pasado a ser una obra clásica de la literatura universal. La primera versión del drama original  “Fausto” (“Urfaust), estuvo ya acabada en 1773. Pero Goethe la siguió retocando hasta 1790 en que la convirtió en “Fausto. Un fragmento” (”Faust. Ein Fragment”); en abril de 1806 la completó, pero las guerras napoleónicas demoraron dos años su publicación hasta 1808; la segunda parte sólo sería publicada hasta 1833, un año después de su fallecimiento. Fue pues una obra en la que trabajó casi toda su existencia, al haberla comenzado en 1773 y que, paradójicamente, se convirtió en póstuma. La primera parte de esta compleja tragedia se articula en torno a dos centros fundamentales; el primero es la historia de cómo Fausto, fatigado de la vida y decepcionado de la ciencia, hace un pacto con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma; el segundo es la historia de amor entre Fausto y Gretchen, que Mefistófeles manipula de forma que Fausto llegue al homicidio -mata al hermano de su amada- y Gretchen tenga un embarazo indeseado, que le conduce primero al infanticidio y luego a ser ejecutada por asesinar a su hijo. La historia de Fausto se inspira, como muchas leyendas, en hechos ciertos. Existió un tal Johann Faust que nació hacia 1490 en el sur de Alemania y se doctoró en la Universidad de Heidelberg en 1509. Tras dejar la universidad, emprendió una vida de aventuras marcada por una huida constante a causa de las múltiples acusaciones de brujería que se le hicieron, dejando una biblioteca que incluía libros de medicina, matemáticas y magia negra. Esta pintoresca vida dio origen a una leyenda popular, aprovechada por autores de piezas de títeres y marionetas, y sirvió además para inspirar leyendas populares. El primer libro sobre este mito se editó en 1587 por parte de Johannes Spiess, quien, en su prólogo, advirtió que había omitido referir fórmulas mágicas para evitar que quienes tuvieran el libro fueran acusados de brujería. Otros libros y libretos teatrales trataron el tema del pacto con el diablo para lograr el dominio sobre la naturaleza, en el teatro de títeres de los siglos XVI y XVII, la historia se cerraba siempre con los demonios llevándose a Fausto, pero Goethe alteró este argumento haciendo que se salvara Gretchen al final de la primera parte, anticipando la salvación de Fausto al término de la segunda, cuando los demonios que quieren llevarse su alma tienen que retirarse ante la  llegada de una legión de ángeles. Además Goethe cambió el impulso que mueve a Fausto: el deseo que lo acercaba a la brujería no es codicia, maldad o vagancia, sino el ansia de saber, el deseo de grandeza, de plenitud, de totalidad. En las dos versiones de su complejo y grandioso “Fausto” se encuentra el último mito o moraleja que fue capaz de engendrar la cultura europea, el de cómo la grandeza intelectual y la sed omnímoda de saber pueden, sin embargo, engendrar la miseria moral y espiritual.

 



          Retrato de Goethe

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En 1790 publicó sus “Epigramas venecianos” (“Venezianische epigramme”) iniciados en 1786 y su ensayo “La metamorfosis de las plantas” (“Versuch die metamorphose der pflanzen zu erklären”) en el que presenta todas las estructuras vegetales como variaciones de la hoja, entendida como una estructura ideal. Goethe comienza con los cotiledones, a los que considera hojas imperfectas. Estos últimos, bajo la influencia generativa y cada vez más refinada de la savia, se metamorfosean en los sépalos, los pétalos, los estambres y los pistilos. Todos los órganos florales de las plantas son variaciones de una forma original de donde se derivan, por metamorfosis. De este modo, todos los órganos vegetales se conciben como apéndices idénticos, variedades de un apéndice vegetal abstracto, que difieren entre sí por su forma y grado de expansión. Sus ideas acerca de las plantas, la morfología y homología animal, fueron desarrolladas por diversos naturalistas decimonónicos, entre ellos Charles Darwin. El pensamiento científico de Goethe, como el literario, es también muy original. Aunque a menudo ha sido considerado como uno de los representantes más destacados de la “naturphilosophie”, en realidad su producción científica se sitúa a caballo entre el romanticismo y el clasicismo, desmarcándose, por ejemplo, de los excesos especulativos de Schelling.

Goethe publicó en 1792 el tratado “Aportes a la óptica” (“Beiträge zur optik”). En 1794, entabló una fecunda amistad con el dramaturgo Friedrich von Schiller, con años de rica correspondencia epistolar hasta la muerte de éste en 1805, y de colaboración entre ambos, que fueron publicadas en revistas y otros medios. Goethe estableció un enorme  lazo amistoso con Schiller, hasta el punto que algunos pasajes del “Fausto” se corrigieron bajo sugerencia suya. Lo curioso del caso es que ambos autores no se profesaban en un principio ninguna simpatía, y a pesar de eso, Goethe no puso objeción a la hora de proponer a Schiller como catedrático de historia en la Universidad de Jena. Posteriormente una copiosa correspondencia entre ambos llegaría a convertirlos en inmejorables amigos. Por esta época, las obligaciones de Goethe con el duque Carlos Augusto cesaron, tan sólo quedó a cargo de la dirección del Teatro Ducal de Weimar hasta 1813 y se dedicó casi por entero a la literatura y a la redacción de obras científicas. En 1795 Schiller publicó su poemario “Elegías romanas” (“Römische elegien”) iniciadas en 1787 y este mismo año, se publicó su novela breve “Conversaciones de emigrados alemanes” ("Gespräche des deutschen emigrieren") en la que su pensamiento se hallaba por completo imbuido del equilibrio y armonía del clasicismo y veía el ser como una totalidad orgánica a partir de la filosofía de Kant. En 1796  Schiller también le imprimió la novela “Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister” (“Wilhelm Meisters Lehrjahre”), que fue una novela de formación que influiría notablemente en la literatura alemana posterior, y que Goethe revisó en 1821 para su definitiva publicación en 1829. En 1797 publicó su poema “La novia de Corinto” ("Die freundin von Corinth") y en 1798 su novela o idílio épico en verso “Hernán y Dorotea” (“Hermann und Dorothea”) también impreso por Schiller. En 1799 publicó  su drama “La hija natural“ (“Die natürliche tochter”)  de nuevo imbuido del equilibrio y armonía del clasicismo.

 



      Retrato de Goethe.

       Foto Word Press

 

La muerte de Schiller en 1805 y una grave enfermedad, hicieron de Goethe un personaje cada vez más encerrado en sí mismo y atento únicamente a su obra. Con Christiane Vulpius se casó en 1806 después de una larga vida de concubinato y quizá para acallar a quienes criticaban su estilo de vida. Era una oscura amante -oscura debido a su condición social-, con la que ya había tenido cuatro hijos de los que murieron todos menos uno. Aun siendo la esposa oficial, escaso relieve tuvo en su vida y, desde luego, nunca se convirtió en heroína de ficción. Entre el gran público, sus amores románticos han contribuido a crear una leyenda que le aleja un poco de la auténtica realidad de los hechos. Bien, sí que los tuvo, y fueron amores decisorios e importantísimos para Goethe la mayoría de las veces. Christiane fue su oculto “reposo del guerrero”, mientras él se dedicaba a cortejar a las amadas ideales. Murió, relativamente joven, alcoholizada, enfermedad de la que también fallecería August, el único hijo de Goethe a los 40 años. El honor de ser la esposa del insigne poeta, nunca la eximió de haber llevado una existencia mal vista por la sociedad de su época antes y después de un matrimonio nada feliz. La lista de las mujeres en la vida de Goethe es muy extensa, llegando hasta alcanzar su ancianidad, pero de entre todas destacan: Friederike Brion, quien le serviría de modelo para algunos de sus personajes femeninos, entre ellos la Margarita de “Fausto”; Charlotte Buff inspiradora de la Carlota del “Werther”, al convertirse en su amor imposible -por cierto, que escribir la novela le sirvió a Goethe para evitar su propio suicidio-; Charlotte von Stein, el gran amor de su vida, siete años mayor que él, casada, y madre de numerosa prole; Bettina von Armin; y Ulrike von Lewetzon, su última pasión amorosa en la vejez y que se traduciría en la “Elegía llamada de Marienbad” (“Marienbader elegie”) publicada en 1823 y perteneciente a una trilogía poemática. La lista de las mujeres en la vida de Goethe fue muy extensa. Si en “Don Juan” el amor es un accidente, en Goethe el donjuanismo es un accidente, el “Fausto” y el “Werther” fueron un antidonjuan.

 



    “Wartburg con un monje y una monja” pintado por Goethe, el 14 de diciembre de 1807.

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En 1808 Goethe publicó su drama “Fausto, primera parte”, obra que no paraba de corregir y ampliar y de hondo calado filosófico. En ella el protagonista emprende una búsqueda agónica y comprometida de la perfección, nunca lograda, que le procurará el castigo. La absolución final otorga sin embargo un punto de optimismo. Este mismo año tuvo lugar un hecho importante en su vida, la entrevista, en Erfurt, con Napoleón I cuando el ejército francés ocupaba parte del territorio prusiano en el marco de las guerras napoleónicas. En 1809 apareció su novela de madurez “Las afinidades electivas” (“Die wahlverwandtschaften”), obra psicológica sobre la vida conyugal y que se dice inspirada por su amor a Minna Herzlieb. Goethe no abandonó completamente su pretensión de labrarse una carrera científica y en 1810 publicó su ensayo “Teoría de los colores” (“Zur farbenlehre”) en el que intentó refutar, con poca fortuna, la teoría de los colores de Newton. En el primer volumen de esta obra se halla la que es sin duda la primera historia comprensiva de la ciencia. Movido por sus recuerdos, inició en 1811 su obra más autobiográfica, publicada en varias entregas, “Poesía y verdad” ("Dichtung und wahrheit"), que abarca sólo hasta 1775 y termina en 1831. En dicha obra se extiende en comentar especialmente la frase de Spinoza -en el que encontró consuelo al desequilibrio romántico que le embargaba-: <<Quien bien ama a Dios, no debe exigir que Dios le ame a él>>.

Goethe en 1816 publicó el diario de su viaje por Italia “Viajes italianos” (“Italienische reise”) y en 1819 su poemario “Diván de oriente y occidente” (“West-östlicher diwan”) donde se deja sentir algo el influjo de la poesía oriental. En 1821 revisó la novela “Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister” (“Wilhelm Meisters Lehrjahre”) y en 1822 publicó su ensayo “Campaña de Francia” (“Kampagne in Frankreich”) un relato de experiencias que recogió en las batallas prusianas contra Francia, siguiendo al duque Carlos Augusto.  Goethe disfrutó ya en vida, de fama, respeto, prestigio y admiración. Por ello, fueron muchos los jóvenes de su época que quisieron conocerlo en persona. Delacroix le retrató en una litografía, en 1827, junto con 17 ilustraciones de “Fausto”. Por otra parte, su secretario, Eckermann, anotaba cuidadosamente sus conversaciones con él a lo largo de los años y escribió el relato “Conversaciones con Goethe”, donde aparecen reflejadas las opiniones que en sus últimos años sostuvo sobre esas visitas y también sobre todo lo divino y lo humano.

En 1829 publicó, por fin, su novela “Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister” (“Wilhelm Meisters Lehrjahre”) y en 1830 Goethe compuso un poema titulado “Para la fiesta de San Juan” (“Für den heiliger Johann urlaub") en ocasión de celebrarse su cincuentenario como miembro de la masonería, aunque debido a su avanzada edad de 81 años no pudo asistir al homenaje. A su condición de masón y a su paso por la masonería, así como a otras aficiones que al parecer cultivó, se le atribuye influencia en su obra, especialmente en “Fausto”. En 1832 publicó su poema dramático “Fausto, segunda parte” y en 1833 apareció la segunda parte de su autobiografía “Poesía y verdad, parte II” (“Dichtung und wahrheit”).

Goethe murió en Weimar ,Turingia, en Alemania el 22 de marzo de 1832, a la edad de 82 años. Además de  poeta, novelista, dramaturgo y científico fue asimismo jurista, botánico, zoólogo, dibujante, pintor, físico, crítico literario y filósofo. Se relacionó con la alta aristocracia y conoció a personajes notables, como Napoleón Bonaparte, Ludwig van Beethoven, Friedrich von Schiller y Arthur Schopenhauer. En palabras de George Eliot fue: <<El más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra>>. Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. La poesía de Goethe expresa una nueva concepción de las relaciones de la humanidad con la naturaleza, la historia y la sociedad; sus dramas y sus novelas reflejan un profundo conocimiento de la individualidad humana. Su apellido da nombre al Goethe-Institut, organismo encargado de difundir la cultura alemana en todo el mundo.

 



Monumento a Goethe, tras su restauración en 2007, situado en la plaza Goethe de Frankfurt.

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Algunos textos han sido extraídos de “Goethe”: Wikipedia y Biografías y Vidas.

 

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

álbum de fotos

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