160. FREDERIC SOLER (SERAFÍ PITARRA)

 

 

Frederic Soler y Hubert, conocido también por el pseudónimo de Serafí Pitarra, aun cuando también empleó los de Jaume Giralt, Simón Oller o Miguel Fernández de Soto, nació en la calle Cremat Gran de Barcelona, un ramal de la calle Montcada tocando al actual Museo Picasso, el 9 de octubre de 1839 y fue dramaturgo, poeta y empresario teatral.

Hijo de un carpintero del barrio de la Ribera de Barcelona, quedó huérfano de madre -de familia maonesa, relojera y bien culta- a los tres años cuando daba a luz a su hermana. Tras dos años, su padre es casó de nuevo y parece ser que su madrastra no lo quería demasiado. El pequeño Frederic fue a una escuela que había en el actual Pati Llimona.

En la carpintería del padre, el pequeño Frederic Soler, aprovechando trozos de madera, construyó un teatrito, unas figuras y representó sus primeras escenas. También dibujó y construyó sombras chinescas. Él y sus amigos pasaron muchas horas representando y jugando con el teatrito y las sombras. Quizás, pues, debía a la profesión paterna su obsesión por el teatro, que ya no le abandonará en toda su vida. Los domingos por la tarde, hacían teatro en su casa e invitaban amigos y amigas. Un día que representaban una obra escrita por el mismo Frederic titulada “L’estudiant màgic (El estudiante mágico)”, cuando un actor dijo: «Que surti l’ànima del senyor Libori!», es creó tal pánico y rebomborio en la sala... que su familia le prohibió hacer más teatro en casa.

Cuando sólo tenía 9 años, murió su padre y fue adoptado por su tío materno, Carles Hubert, que tenía una relojería en la calle Escudillers. Cambió también de maestro y el nuevo le dedicó mucha atención porque vio en Frederic un chico listo con un futuro brillante. A los 14 años dejó la escuela y entró en la relojería del tío como aprendiz. Seguramente Frederic habría sido relojero, un buen relojero, si no hubiera tenido aquella gran afición por el teatro. A Frederic le gustaba mucho ir al teatro, leer sobre todo dramas y comedias, y escribir versos. Desde los 12 años, formaba parte de una compañía d’aficionados, que hacían representaciones en pequeños teatros y casas particulares.


A los quince años, en 1854, debutó como actor en una compañía de aficionados, y se fue haciendo popular en los círculos artísticos como actor, cómico y poeta. La primera obra de Frederic Soler, la sátira “Per un casament (Por una boda)”, la acabó en 1856. Bernat De las Casas, propietario de los jardines y Teatro Tívoli, s’enteró de lo que hacía y escribía Frederic, y lo protegió y lo orientó. En casa de este señor se representó “Por una cinta carmesí”, todavía escrita en castellano, como era corriente en aquella época, cuando Soler tenía sólo 17 años. Le siguió, una sátira implacable de los dramas históricos y parodia de una obra en castellano de 1860 de su amigo Antoni Altadill, hecha con un lenguaje vulgar y atrevido: el drama histórico en un acto y en verso “Don Jaume el Conqueridor (Don Jaime el Conquistador)” -sólo los catalanes se rien de sus propios mitos- y obtuvo un gran éxito aunque sólo fue representada en círculos estrictamente privados por su contenido vulgar y satírico. En el mismo año y como continuación de la anterior obra, aunque menos exitosa, estrenó “L'engendrament de don Jaume (El engendramiento de don Jaime)” parodia de un fragmento de nuestra historia, que Frederic Soler situó en un prostíbulo del siglo pasado, retratado con un costumbrismo agudo y despiadado. Un detalle revelador es que los autores de aquellos años firmaban con su nombre la producción en castellano y, en cambio con alguna excepción, dejaban en el anonimato o firmaban con pseudónimo las obras catalanas y bilingües, que ellos mismos consideraban meramente un fin de fiesta, un entretenimiento sin más trascendencia. Frederic Soler también estrenó por entonces la sátira procaz “Les temptacions de Sant Antoni (Las tentaciones de San Antonio)”. En esta época hizo amistad con personajes que más tarde destacarían, como el político Valentí Almirall, Eduardo Vidal y Valenciano, Conrado Roure y Gonzalo Serradara. En 1857 Frederic Soler publicó el libro de poemas, tanto satíricos como cultos, “Gra i palla (Grano y paja)”.

Fue entonces cuando empezó a utilizar el pseudónimo que lo hizo famoso, Serafí Pitarra. En la trastienda de la relojería empezaron a hacerse reuniones informales de jóvenes escritores y artistas de la época. Entre ellos se encontraban Anselm Clavé y Valentí Almirall. José Zorrilla, gran amigo de Pitarra, fijó allí su residencia durante cuatro años. Serafí Pitarra tuvo una gran habilidad para las parodias. Cuando veía o leía una obra, se le ocurría hacer otra imitando la primera pero con sentido del humor, como burlándose, con el fin de dar risa al público. En 1863 se enamoró de Albina, la hija del señor de las Casas que tenía negocios importantes en el ramo del espectáculo, y en el de los terrenos, en el Paseo de Gràcia, y este mismo año Frederic Soler estrenó “El sagristà de Sant Roc (El sacristán de San Roque)” en el que se mostró contrario a la República y abogó por la Restauración.


             

Reunión en la trastienda de la relojería, con los contertulianos habituales. De pie: Eduard Aulés, Federic Passarell, Tomás Padró, el escenógrafo Moragas y Josep Lluís Pellicer. Sentados y de frente: Josep Roca y Roca, Valentí Almirall, Antoni Altadill, Frederic Soler, Josep Maria Arnau, Josep Feliu y Codina, Albert Llanas y Dámaso Calvet.

                                           Foto Rest. Pitarra

 

En 1864 publicó una leyenda romántica del siglo XI, el poema satírico “L'últim trencalós  (El último rompehuesos)” y el poema en cuatro platos “¡La mort de la paloma!” (¡La muerte de la paloma!)”. El 24 de febrero de este mismo año se estrenó, en el Teatro del Odeón de la Plaza de Sant Agustí de Barcelona, la primera obra de Serafí Pitarra en un escenario -pseudónimo que ya había hecho circular dentro los circuitos de los talleres y de las sociedades particulares- la gatada -como él lo calificaba- o parodia en dos actos y en verso con música de Joan Sariols “L'esquella de la Torratxa (La campana de la Torratxa)” que había ya sido estrenada privadamente por una entidad privada, la Sociedad Melpómene. Es una parodia y crítica contra el caciquismo, donde el conflicto es bien entendedor. Todos los intereses que giran en torno a las elecciones en una pequeña villa, toda la falacia de los personajes que intervienen, resultan inmediatos. “L'esquella de la Torratxa” es una denuncia llena de escepticismo, pero perfectamente válida, cuando menos como toque de atención ante moderaciones demasiado fáciles. La fecha de este estreno es el inicio de las representaciones teatrales en catalán y desde entonces Frederic Soler, bien Serafí Pitarra, ha sido considerado el fundador del teatro catalán. La obra, parodia del drama histórico "La campana de la Almudaina" de Joan Palou y Coll.  Consiguió un éxito tanto rotundo, que hizo que la Llibreria Espanyola publicara una colección con seis de los cuadros de costumbres de Pitarra, bajo el título de “Singlots poètics” (Hipos poéticos)”, hechos con catalán de calle, el catalán que hablaba el pueblo, pleno de viveza, de gracia y a veces también de grosería -cosa que le retrayeron sus detractores- por oposición al catalán encarcarado y arqueológico que pretendían recuperar los poetas de los Juegos Florales. Son de este año la gatada en dos actos y en verso “Ous del dia!” (¡Huevos del día!)” que parodiaba lo obra “Flor de un día” de Camprodón; la gatada en dos actos y en verso “La vaquera de la piga rossa (La vaquera de la peca rubia)” que parodiaba “La vaquera de Finojosa” de Luis de Eguílaz; la gatada en un acto y en verso “La venjança de la Tana (La venganza de la Tana)”; y “Les temptacions de Sant Antoni (Las tentaciones de San Antonio)”.


También en 1864 representó en círculos privados “La botifarra de la llibertat (La morcilla de la libertad)” en la que Pere, Pau y Ambròs son prisioneros de los moros, que los quieren matar. Oyen que el general español ha perdido un dedo en la batalla y que el emperador moro daría lo que fuera por tenerlo, y comérselo. Ambròs lleva una morcilla, y tiene la idea de decirle que es el dedo del general. Les da la libertad y les carga de dinero. Le siguió el estreno de la gatada en un acto y en verso “Les píndoles de Holloway, o la pau d'Espanya (Las píldoras de Holloway, o la paz de España)”, que junto con “La morcilla de la libertad”, las dos critican el triunfalismo que provocó entre la burguesía la Guerra de África (1859-1860) con la campaña del general Prim y los voluntarios catalanes, parodiando la obra de Ferrer y Fernández entusiasta de la guerra. La última obra se basa en unas píldoras para ir de vientre. Ambròs, que es asistente del general Quim (Prim) cuando Muley (hermano del emperador de la morcilla) va a hacer tratos de paz que no llegan a ninguna parte, pone unas dentro el café. Lo envían a la guerra, vuelve victorioso y Muley viene a firmar la paz sin condiciones y le explica que ha perdido porque ha tenido que pararse en un rincón a hacer sus faenas y los soldados se han pensado que se moría y se han asustado. Contiene también una parodia de Calderón de la Barca: [...] Naix lo burro i quan les mosques / li van a picar el trasero / a cops de cua amb salero / els xafa a totes les closques; / per més que sigui a les fosques / les mata i queda venjat / deixant d'eix modo provat / que la picor no li agrada / i jo amb causa més sagrada / m'haig de quedar humiliat. En el mismo año Serafí Pitarra estrenó la sátira y comedia en dos actos y en verso “Liceistes i cruzados”, que atacaba a los partidarios del Liceo y la os del Principal, por lo tanto, dos sectores bien concretos de la sociedad barcelonesa. De nuevo, una vez más sobre un escenario, estrenó la gatada caballeresca en dos actos y en verso “Lo cantador (El cantante)”, escrito en colaboración con Pau Bunyegas (Conrad Roure), parodiando otro drama romántico famoso “El trovador” de 1836 de Antonio García Gutiérrez. El 22 de diciembre de 1864 estrenó con libreto suyo, en el Teatro del Odeón de Barcelona, el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “El punt de les dones (El punto de las mujeres)”. Frederic Soler, sin embargo, se dio cuenta que el género paródico podía acabar cansando a su público y alternó bien pronto las parodias con piezas costumbristas, verdaderos cuadros de costumbres dramatizadas, centrados mayoritariamente en Barcelona, que retrataban las clases que él más conocía: las menestrales.

En 1865 estrenó la gatada caballeresca en dos actos y en verso “El castell del tres dragons ( El castillo de los tres dragones ) ”, en la cual, mediante la parodia, desmitificó la figura clásica del héroe medieval que tanto gustaba a los modernistas. Este mismo año estrenó la pieza en un acto y en verso “Un barret de rialles (Un sombrero de risas)”, la gatada en un acto y en verso “Lo boig de les campanilles (El loco de las campanillas) ”, la comedia en dos actos y en verso “Les carbasses de Monroig (Las calabazas de Monroig)”, y el juguete en dos actos y en verso “Un mercat de Calaf (Un mercado de Calaf)“. Por octubre de aquel mismo año, el Teatro del Odeón anunció la formación de una sección catalana creada por su empresario, Joaquim Dimas, el primer actor León Fontova y el mismo Serafí Pitarra: la Sección La Gata, una compañía teatral creada expresamente para representar obras en catalán, y por lo tanto algunas obras suyas. En este marco, se estrenaron hasta 1866 una veintena de piezas denominadas gatadas por él, que firmó siempre con el pseudónimo de Serafí Pitarra. Tuvo el mérito indiscutible de escribir en catalán cuando el teatro que se hacía antes de él, era en castellano. Sea por humildad o por timidez, Pitarra nunca salió a saludar, cuando al acabar la representación, el público reclamaba su presencia. Quizás por la misma razón, firmó sus obras con pseudónimo. Esta época, cuando popularizó el pseudónimo de Pitarra, se inserta en la tradición catalana de humor y de sainete. Pero rompe los moldes, con una visión clarísima de la sátira y de la parodia, ofreciendo obras de bastante valía. El teatro de Frederic Soler es un teatro supeditado al efectismo. El autor investigaba la aprobación de su público por vía de la sorpresa, y seguía los estrenos desde la concha del apuntador, y desde allí lo enmendaba según las reacciones que escuchaba. Se le puede reprochar una básica falta de ambición; o el hecho que su ambición se aplicara sobre objetivos inmediatos. Algunos textos, además, presentan escenas inoportunas, monólogos desaforados que no vienen a tono, y que serían escritos para poder utilizar los dotes histriónicos de un actor determinado, sin tener en cuenta lo que sufría el conjunto. La palabra "pitarrismo", bien acuñado, ha designado el mal gusto literario, el sin tacto. Las generaciones posteriores han sido muy duras en juzgar la obra dramática de Frederic Soler. Y hace falta admitir que no faltan razones para emplear esta dureza; los graves defectos del teatro de Soler gravitaron sobre sus contemporáneos, tanto por la admiración que despertaron sus éxitos, como por sus exigencias en cuanto que más tarde como empresario imponía sin miramientos su gusto. También en 1866 representó de nuevo con el mismo escaso éxito “Joan Fivaller”, estrenada ya el 11 de abril de 1864 en el Teatro del Odeón, un drama histórico en tres actos que pasó sin pena ni gloria.


Las obras satíricas de Frederic Soler son una provocación continua a la moral burguesa imperante de aquel momento, cosa que le causó más de un problema. Soler, temiendo que los escándalos no acabaran repercutiendo en el éxito de público, decidió derivar su teatro hacia el drama de ambientación rural, desvinculándose así, de la etiqueta de humorista con la cual inició su primera etapa como dramaturgo. Con este cambio, los eruditos de la época empezaron a otorgarle prestigio, mantuvo el público popular y a la vez, se ganó el público burgués, que hasta entonces había despreciado. El 6 de abril de 1866 estrenó firmando ya con su nombre de Frederic Soler, en el Teatro del Odeon de Barcelona, la primera obra con su nuevo estilo, el drama en tres actos y en verso “Les joies de la Roser (Las joyas de la Rosario)”, cuando tenía sólo 27 años, teniendo más éxito que con las parodias y que lo convierte en el máximo representante del teatro romántico catalán. La obra está basada en una de las guerras civiles españolas de entonces, pero tuvo mucho que ver la población gerundense de Hostalric (comarca de la Selva), puesto que fue allá, bien a orillas de la fuente del mas Bosom (antigua masía no muy lejos del castillo, documentada en el siglo XVI, y transformada hoy en un restaurante, igual que aquella antigua relojería del Barrio Gótico barcelonés), donde Soler se inspiró para escribir esta obra, considerada como el fundamento del teatro catalán de la Renaixença. Años más tarde, los hostalriquenses dedicaron un emotivo homenaje a Frederic Soler y Hubert, que es recordado en una placa que hay a la villa.

Durante este periodo, la obra de Soler hizo un giro hacia el conservadurismo. La verdadera importancia de Frederic Soler, aparte del valor intrínseco de algunas de sus obras, descansa en el hecho de haber sabido interesar las masas populares en nuestras letras, puesto que la poesía floralesca no les había podido interesar, por estar demasiado apartada de donde se encontraban sus gustos. Hace falta reconocer también a Frederic Soler el mérito de haber creado prácticamente de la nada la escena catalana, preparando así el terreno para la posterior aparición de Àngel Guimerà y de otros dramaturgos que irían surgiendo después. Con el estreno y el gran éxito de “Les joies de la Roser”, el teatro catalán incorporó plenamente y con naturalidad la preceptiva del drama histórico; lo hizo pero, con un gran retraso, y esto lo coloca en una situación anacrónica en relación con la evolución de las dramaturgias europeas importantes, sobre todo la francesa, que tan a menudo le sirve de espejo. Esta situación, que se puede calificar de anómala, el teatro catalán no la podrá superar del todo hasta la última década del siglo, con la asunción del Modernismo. Las presiones porque Frederic Soler aplicara su talento a obras más ambiciosas y se entendía con esta calificación: el drama histórico y el melodrama " lacrimógeno- debieron ser continuas entre 1865 y 1866. Con esta obra, Frederic Soler inauguró, además, una tradición duradera: “el drama de costumbres verdaderamente catalanas", caracterizado por una acción que transcurre temporalmente en una edad ya pasada de la nación pero con una interpretación extrapolable a su siglo, y especialmente en escenarios de la Catalunya interior. Las representaciones teatrales anunciadas en las carteleras de la prensa diaria ochocentista, no se limitaban a una representación en tres, cuatro o, incluso, cinco actos, siempre en castellano -aunque el asunto o el autor fueran catalanes-, sino que constaban, además, de una sinfonía inicial, un baile y una o dos piezas cortas -sainetes-, que rellenaban este plato principal que era la obra, original o adaptada, en castellano. Es en estas piezas cortas, secundarias, casi siempre anónimas y que, antes de los años sesenta, eran mayoritariamente también castellanas, que se advierte, a partir del éxito de los sainetes de Frederic Soler y de sus compañeros de generación, una presencia más importante del uso del catalán. Para estrenar “Les joies de la Roser”, Frederic Soler cambió el nombre de la compañía catalana, que pasó a decirse Teatre Catalá, para evitar cualquier relación con las obras festivas que, hasta entonces, había escenificado la Sección de la Gata. Soler, que había aprendido los recursos del drama romántico parodiándolos, ahora los aplicaba en la confección de sus dramas. La crítica se le rindió inmediatamente. El público tardó algo más a reaccionar. “Les joies de la Roser” no logró nunca el éxito de público que habían conocido las parodias, pero el costumbrismo presente en la obra le daba una frescura que los dramas castellanos no habían respirado nunca. Fue la fuerza de su costumbrismo, presente ya en las sátiras y en las parodias que le habían hecho triunfar y, también, ahora, en sus dramas, el que permitió a Frederic Soler salir bien en la misma empresa en qué, años antes, con “Joan Fivaller” había fracasado. En el momento del estreno de “Les joies de la Roser” hay dos cambios, el uno cuantitativo y el otro cualitativo, a remarcar: desde el estreno de “L'esquella de la Torratxa”, la presencia de teatro catalán en los teatros de Barcelona se había multiplicado por nueve en sólo "dos temporadas, y el plato fuerte de la representación pasaba a ser un drama o una comedia en catalán. El giro de la situación de la literatura dramática catalana no se había producido, es obvio, en virtud de las calidades de un hombre solo, Frederic Soler, sino que era fruto del esfuerzo de toda una generación de autores que, en sólo dos años, habían abastecido de la nada un repertorio de obras catalanas lo suficiente amplio para mantener las dos compañías catalanas que, de una manera estable, funcionaban en Barcelona. Paralelamente, los actores catalanes habían tenido que adaptarse a hacer teatro en su lengua y los empresarios teatrales, e igualmente los libreros y los editores, habían debido dar su voto de confianza a la literatura dramática catalana y lo hicieron, no por motivos patrióticos sino puramente comerciales. El factor clave, pero, era el público: Frederic Soler y sus compañeros de generación habían encontrado, sin proponérselo, la manera que un sector de la sociedad catalana se identificara con sus obras. La menestralia primero y, más tarde, la burguesía se veían retratadas y, en una etapa inmediatamente posterior, idealizadas a las producciones costumbristas de esta primera generación de dramaturgos catalanes; y si alguna vez eran satirizadas, era siempre a través del cedazo de la parodia, conservadora de clase y eficazmente distanciadora.


El 30 de julio de 1866, estrenó, en el Teatro de Varietats de Barcelona, el drama histórico de ambientación medieval en tres actos y en verso catalán “O rei o res! (¡O rey o nada!)”, sobre el desgraciado Conde de Urgell. Este mismo año se casó con Albina, la hija del rector de la Universitat de Barcelona, Antoni Bergnes de las Casas, hombre influyente en la ciudad. Con Albina tuvieron dos hijos y constituyeron un matrimonio feliz. También en este mismo año, Soler disolvió la Sociedad La Gata y estrenó el juguete en un acto y en verso  “Coses de l'oncle (Cosas del tío)”, el drama de costumbre en tres actos y en verso “Les modes (Las modas)”, en colaboración con Enric Carreras el gran disparate o parodia de la tragedia griega en dos actos y en verso “Els herois i les grandeses (Los héroes y las grandezas)”, el cuadro de costumbres en un acto y en verso “En Joan Doneta” y la pieza “L'africana (La africana)”.

 

En 1867 Soler creó una nueva sociedad denominada "Teatre Catalá" en el Teatro Romea, de la cual fue empresario y director artístico hasta su muerte. El 3 de octubre de este año, estrenó, como no en el Teatro Romea, el drama en tres actos y en verso “La rosa blanca” dónde profundiza en el surco abierto por las comedias de costumbres. Durante este año publicó los libros de poesías “Contes de l'avi (Cuentos del abuelo)” y “Contes de la vora del foc (Cuentos cerca del fuego)” y estrenó la comedia urbana y de costumbres domésticas bilingüe catalán-castellano en un acto y en verso “Palots i ganxos (Palotes y ganchos)”, y la comedia en tres actos y en verso “La urbanitat (La urbanidad)”. El 10 de febrero de 1868 estrenó, en el Teatro del Odeon, la comedia en dos actos y en verso “La sabateta al balcó (El zapatito al balcón)”, el 8 de octubre, en el Teatro Romea, la comedia en tres actos y en verso “Les francesilles (Las francesillas)” y la 1 de diciembre, también en el Teatro Romea, la ópera cómica en tres actos y en verso “L'últim rei de Magnòlia (El último rey de Magnólia)” escrito a raíz de la Revolución de Septiembre, y que fue el único teatro político escrito por Frederic Soler durante este periodo.


En 1869 estrenó todas las obras en el Teatro Romea: el 9 de marzo el drama en tres actos y en verso “Les papallones (Las mariposas)”, el 2 de abril el drama en cuatro actos y en verso “Les heures del mas (Las hiedras de la masía)” en el que ya aparece la necesidad de volver los ojos hacia la reivindicación de las particularidades nacionales, del hogar, de la familia, y de los valores solariegos, y que consiguió mucho éxito y se tradujo al castellano; el 15 de abril el cuadro en dos actos y en verso “Els pescadors de Sant Pol (Los pescadores de Sant Paul)” ; el 20 de abril el cuadro en dos actos y en verso “Lo pla de la Boqueria o Lo rovell de l'ou (El pla de la Boqueria o la yema del huevo)”; el 26 de abril el proverbio en dos actos y en verso “Si us plau per força (Por favor a la fuerza)”; el 7 septiembre la comedia urbana y de costumbres domésticas en tres actos y verso “La bala de vidre (La bala de vidrio)”; y el 12 de noviembre la comedia en un acto y en verso “Els càntirs de Vilafranca (Los cántaros de Vilafranca)”. El 24 de marzo de 1870 estrenó, en el Teatro Romea, el drama en tres actos y en verso “El collaret de perles (El collar de perlas)” y el 15 de diciembre, también en el Romea, estrenó la comedia urbana y de costumbres domésticas en tres actos y en verso “Els egoistes (Los egoístas)”. Este mismo año, también estrenó el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “Doña Guadalupe”, el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “La festa del barri (La fiesta del barrio)” y en colaboración con Josep Sierra el cuadro de costumbres “La Rambla de les flors (La Rambla de las flores)”.

 


                                

                                               Retrato de Frederic Soler.

                                                Foto Escriptors Catalan

 

El 23 de enero de 1871 Frederic Soler estrenó, en el Teatro Romea, el juguete en dos actos y en verso “La casaca i la casulla o sia Un ciri trencat (El sayo y la casulla o sea Un cirio roto)”; el 28 de septiembre, también en el Romea, la comedia en tres actos y en verso “El vicari d'Olot (El vicario de Olot)”; y el 17 de octubre la comedia en un acto y en verso “Café y copa”. Son también de este mismo año los estrenos de la comedia en tres actos y verso “Els polítics de gambeto (Los políticos de gambeto)”; el drama en tres actos y en verso ”El rector de Vallfogona”; la balada en dos actos y en verso “A posta de sol”; y el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “Els estudiants de Cervera” (Los estudiantes de Cervera)”.


En 1872 estrenó la comedia en tres actos y en verso “El ángel de la guarda” que se tradujo al castellano y el drama en tres actos y en verso ”La dida” con mucho éxito de público y crítica y que también se tradujo al castellano. En esta obra se plantea crudamente la prioridad del clan por encima de la del individuo. Todo lleva hacia un discurso claramente pairalista y conservador, un discurso que la burguesía catalana abrazó con fervor. Con el drama jurídico, Frederic Soler dispondrá del mejor instrumento para reivindicar esta clase de discurso. El tema central es siempre la transmisión de los bienes familiares y el mantenimiento de unas costumbres, hechas leyes, genuinamente catalanas que configuran un derecho civil propio, defendido tanto por los sectores catalanes más conservadores como por los hombres del Centre Catalá. Trata, en una palabra, de integrar los valores conservadores de la Catalunya rural, especialmente el Carlismo, en un código de catalanidad lo suficiente amplio, y superar las divergencias que, como la guerra había demostrado, podían llevar al desastre. En “La dida” convierte los mitos comunes del hogar y la de clases enteras, como el hacendado, en una señal de identidad para la burguesía catalana y en una fuerza homogeneizadora. Dónde Frederic Soler realiza una aportación más personal es en el drama rural. Sus personajes más vigorosos y convincentes se pasean en este tipo de piezas. Los ingredientes que utiliza son diversos: por un lado una idealización de la familia rural catalana, la poseedora de la tierra, con unos usos y unas costumbres específicas que derivan de la Edad Media, el tiempo de esplendor nacional; por otro lado una anécdota enrevesada, en la cual flota siempre un secreto que sólo uno o dos personajes conocen, y que encuriosea al espectador. La anécdota tiene trazas de melodrama, con pinceladas cómicas que descargan y que ayudan a preparar el final. Convencido de que el público había madurado lo suficiente para encajar el tratamiento de asuntos serios en lengua catalana, Frederic Soler ya no se paró ante ningún género.


En 1872 estrenó la comedia en un acto y en verso “Por carta de mes” y el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “La fira de Sant Genís (La feria de San Ginés)”. También cultivó la poesía, tanto la satírica como la culta, y tras unos años de infortunio  ganó los Juegos Florales, ganando la Flor Natural con “Lo baster de la ardilla” que se publicó este mismo año. Antes Soler había ya ganado la Englantina con “Sibil·la i El mantell de la reina (Sibila y El manto de la reina)”. En 1873 Frederic Soler en colaboración con Manuel Lasarte estrenaron el drama en tres actos y en verso “La creu de la masia (La cruz de la masía)” que se tradujo al castellano; le siguió el paso que ha pasado en dos actos y en verso “El moro Benani”, una obra satírica. Este mismo año Soler publicó en prosa, en “La Reniaxença”, el folletín “L'any trenta-cinc (El año treinta y cinco)”, y en la Biblioteca Catalana la prosa “Narraciones” y además una obra en castellano titulada “La batalla de la vida”. En 1874 publicó el cuento oriental “Un viatge a orient: Un barret blanc  (Un viaje a oriente: Un sombrero blanco)”. El Soler maduro perdió el desparpajo del Soler joven, que estaba seguro de si mismo, y se convirtió en un hombre a la defensiva, en un hombre desconfiado. Se puede decir que Soler, una vez hubo triunfado, no fue un hombre generoso. Soler tenía una intuición dramática fenomenal, sabía dar verosimilitud a las anécdotas más inverosímiles, retratar un personaje lanzándole una sola frase. Sí, claro está que sus insuficiencias fueron también enormes. Pero no todas le son imputables. Si no partía de cero, como muchas veces se ha pretendido, es cierto que no contaba detrás suyo con una tradición que le sirviera de apoyo para el cometido que quiso emprender. Y Soler no poseía una formación que le permitiera asimilar a otras dramaturgias, era un autodidacta que nunca llegó a formarse del todo. El 16 de abril de este año estrenó, en el Teatro Romea, el drama histórico de ambientación medieval en tres actos y en verso “El ferrer de tall (El herrero de corte)” que pronto se tradujo al castellano. Cuando Margarita Xirgu y Enrique Borràs todavía hacían tándem artístico, fruto de la fusión de sus dos compañías, el 20 de junio de 1934, los dos actores participaron en la sesión extraordinaria organizada por la Asociación de la Prensa de Badalona, en qué se representó "Samuel" de Josep Navarro y Costabella, por la Compañía de Enric Lluelles, en el Teatro Zorrilla. Acompañada de Borràs, Margarita leyó poemas de Ignasi Iglesias ["La pomera vella (El manzano viejo)]" i "Els llenyataires (Los leñadores)"], de Joan Maragall ("La sardana") y de Frederic Soler ("La balada del ferrer de tall"). Su presencia endomingaba todavía más la fiesta de la prensa, uno de los acontecimientos artísticos más remarcables de la ciudad. Los entreactos fueron amenizados por el Quintet Badalona, que acompañó a Raquel Meller en el recital de canciones; la sala fue perfumada por la casa Ariel, y el vestíbulo disfrutó de los adornos de la jardinería Tramunts. Un mes más tarde, el 17 de julio de 1934, la Compañía Xirgu-Borràs, volvió a Badalona para reponer "El ferrer de tall" de Frederic Soler, en la segunda sesión de los Amigos del Teatro de Badalona celebrada en el Zorrilla. La crítica badalonense se mostró unánimemente elogiosa con su hija adoptiva:  <<Margarida Xirgu estigué com mai, desempenyant el rol de la baronessa, en féu una creació inigualable>> ("Sol Ixent"); <<el que més sobresortí de l'execució de l'obra fou Margarida Xirgu en la interpretació de la baronessa, on ens mostrà les grans qualitats artístiques que posseeix>> ("Amunt"); <<Margarida Xirgu donà un relleu i vigorositat extraordinària al paper de baronessa, ple de vida, fent vibrar d'emoció davant del seu art inimitable>> ("El Eco de Badalona"). El crítico Sebastià Gasch, el 19 de julio de 1934, lamentó, en un artículo demoledor, que la Xirgu se limitara a renovar el teatro español y dejara ir a la deriva el catalán: ... I cada any, en aquest temps, ens fa la gracia de caritat de representar coses tan noves com “Mar i Cel”, “Maria Rosa”, “Terra baixa”, “El místic”, “Els vells”, “El ferrer de tall”, que, segons diuen les gasetilles, "serán puestas en escena, representándose por los dos colosos del teatro, Xirgu i Borràs, en lengua nativa".

También en 1874, Frederic Soler representó el cuadro de costumbres en dos actos y en verso “Lo sagristà de Sant Roc (El sacristán de San Roque)” ya estrenado en 1863. En 1875 ganó en dos ocasiones los Jocs Florals, la Flor Natural con “La cançó dels ocells (La canción de los pájaros)” y la Englantina con “Els companys de Sertori (Los compañeros de Sertorio)” y  fue investido Maestro en Gai Saber. Publicó también “Poesías catalanas” con prólogo de su suegro, Antoni Bergnes de las Casas. El 18 noviembre de este año estrenó, en el Teatro Romea, el cuadro de costumbres en un acto y en verso “El jardín del general”, además de estrenar en este mismo año en colaboración con Josep Feliu y Codina, el drama en tres actos y en verso “La filla del marxant (La hija del marchante)”. El 3 de enero de 1876 estrenó, en el Teatro Romea, la comedia rural en tres actos y en verso “Lo didot”, el 4 de abril, también en el Romea, estrenó el drama histórico en cuatro actos y en verso “El plor de la madrastra (El llanto de la madrastra)” dónde cantó las grandezas de las Españas y el regreso a una fuerte monarquía. Además, estrenó el cuadro dramático en un acto y en verso “A la vora del mar (A orillas del mar)” y el drama histórico en tres actos y en verso “Els segadors (Los segadores)”, finalmente el 7 de diciembre estrenó, en el Teatre Catalá instalado en el Teatro Romea, la comedia en un acto y en verso “Cura de moro”. En 1877 estrenó la comedia en tres actos y en verso  “L'hostal de la farigola (El hostal del tomillo)”, la comedia en un acto y en verso “Lo ret de la Sila (El reto de la Sila) ” y la comedia rural en tres actos y en verso ““Senyora i majora” basada en la familia y las prerrogativas de herederos y pubillas.

El 8 de enero de 1878, estrenó, en el Teatro Romea, el drama rural en tres actos y en verso “El contramaestre”, más adelante estrenó la comedia de costumbres en dos actos y en verso “La campana de Sant Llop (La campana de San Lobo)”, la comedia en tres actos y en verso “La cua de palla (La cola de paja)” y el drama en tres actos y en verso “La falç  (La hoz)”. En 1879 volvió a ganar los Jocs Florals de Barcelona con poemas de la comedia en tres actos y en verso “El dir de la gent (El decir de la gente)” que se estrenó, en el Teatro Romea, el 9 de noviembre de 1880. También en 1879 estrenó el cuadro dramático en un acto y en verso “Les dues reines (Las dos reinas)” y el 8 de diciembre en colaboración con Josep Feliu y Codina y Joan Molas y Casas estrenó, en el Teatro Romea, la comedia en 3 actos y en verso “La mà de l'anglès (La mano del inglés)”. Los intentos de renovación que Frederic Soler hizo a partir de “El dir de la gent”, que entroncan directamente con su línea más espontánea y fresca -la de los cuadros de costumbres-, habrían podido suponer toda otra cosa. No lo consiguió porque la revolución temática no fue seguida de una auténtica renovación formal. Querer llevar a la escena personajes de clase mediana o alta, situados en época coetánea, y hacerlos hablar en verso, un verso relleno de hipérbatos y antítesis imposibles en una conversación normal, fue un error que ni su público más fiel le perdonó. En 1880 en el I Congrés Catalanista pronunció un brillante y redondo discurso. Este mismo año en colaboración con Joan Molas y Casas estrenó la comedia en cuatro actos y cuadros en verso ”El rústico Bertoldo” y el 23 de marzo estrenó, en el Teatro Romea, el drama en 3 actos y en verso “El forn del rei (El horno del rey)”.

Frederic Soler estrenó en 1881 el drama en tres actos y en verso “El cèrcol de foc (El cerco de fuego)” dónde los temas tratados fueron de una rabiosa actualidad, pero se presentaron con la misma estética carrinclona que el drama romántico más azucarado. En aquellos tiempos ganó el Premio Especial del Bisbe de Barcelona con la poesía “La bandera de Santa Eulàlia”, el Premio Diputación de Lleida de poesía con “La batalla de Ilerda” y el Premio Corona de Plata en el cretámen de la Sociedad "Julia Romea" con “El libro de honor” que es estrenó dos años más tarde. En 1882 fue el encargado de presidir los Jocs Florals y el 25 de abril estrenó, en el Teatro Romea, el poema dramático en tres actos y en verso precedidos de un proemio “La banda de bastardía” dónde en una ambientación medieval, el conflicto de las remences es rápidamente desterrado en beneficio de los elementos fantásticos, y más tarde estrenó el drama en cuatro actos y en verso “El timbal del Bruch”. A partir de la Restauración, los elementos melodramáticos y fantásticos invadieron los dramas históricos solerianos y el poco discurso político que le quedaba es desterrado ante el miedo de comprometerse. En 1883 estrenó  “Lo bram del ruc (El rebuzno del burro)” y el 2 de octubre en colaboración con Manuel Mata y Maneja estrenó, en el Teatro Romea, la tragedia en tres actos y en verso “El libro del honor”. En 1884 estrenó en colaboración con con Josep Martí y Folguera, la comedia en tres actos y verso “El primer amor” y el 21 de octubre, en el Teatro Romea, la comedia en 4 actos  “Un bon partit o Lo trinc de l'or (Un buen partido o El trinque del oro)” en el que Frederic Soler hizo el ensayo de sustituir el verso por la prosa, y el resultado fue absolutamente otro. El lenguaje corre de una manera fluida y natural, sin retóricas. La trama es enredada, pero verosímil y, por primer vez, Frederic Soler no recurre a un manantiales ex machina para resolverla, sino que, en la línea de la mejor comedia psicológica, hace que los personajes la resuelvan por ellos mismos. Este intento de introducir la comedia sociológica y psicológica en nuestro país, fue abortado inmediatamente por la crítica. Se le censuraba un acercamiento a la realidad para el que el teatro catalán no estaba hecho y se le invitó, desde “La Vanguardia”, a continuar dedicándose al "Género para el que Dios le ha llamado", que era tanto como condenarlo a continuar encasillado en los dramas de costumbres. Frederic Soler introdujo inmediatamente modificaciones en la obra, que, de todas maneras, no pasó de las once representaciones. Las presiones de la crítica volvían a hacer efecto en un ánimo tan sensible cono el de Soler. El camino que abandonaba esta vez habría podido suponer  para el teatro catalán, la adopción de la comedia sociológica de corte realista en boga en los países vecinos y una decidida renovación teatral a que, desgraciadamente, hubo de esperar todavía unos cuántos años. En 1884 ganó el Premio de teatro de la Sociedad "El Círculo" de Reus con el drama “Batalla de reinas” que estrenaría en 1887.

 

                                         

                            Retrato de Frederic Soler.

                                  Foto Blogspot

 

El 29 de enero de 1885, Frederic Soler estrenó, en el Teatro Romea, la pieza  “Sota terra (Bajo tierra)”, y el 15 de octubre en colaboración con Josep Martí Folguera, como no también en el Teatro Romea, el drama en tres actos y en verso “La ratlla dreta (La raya derecha)” en el que los temas se presentan con la misma estética que el drama romántico más azucarado. Aun cuando en los inicios simpatizó con la Revolución de Septiembre, pronto se decantó hacia posiciones más conservadoras, y recibió con conformidad el advenimiento de la Restauración. De todas maneras, no abdicó de su catalanismo liberal y en 1885 fue uno de los fundadores del Centre Catalá y un asiduo animador suyo. El 22 de febrero de 1886, representó, en el Teatro Romea, el drama histórico de ambientación medieval en tres actos y en verso catalán “O rei o res (O rey o nada)”, ya estrenado el 30 de julio de 1866 en el Teatro de Varietats de Barcelona. El 15 de abril de este año estrenó, en el Teatro Romea, el drama rural en tres actos y en verso “Lo pubill”; el 2 de mayo en colaboración con Joan Molas y Casas representó una vez más, en el Teatro Romea, la obra “El rústico Bertoldo”; el 21 de mayo, en el Teatro Romea, la balada en tres actos y en prosa “Lo lliri d'aigua (El lirio de agua)”; y el 7 de octubre, en el Teatro Romea, la comedia rural en tres actos y en prosa “L'hereuet o la desbancada (El herederito o la desbancada)” y finalmente estrenó un intento de aproximación al realismo con “Les modes (Las modas)”, una adaptación de una obra francesa. También en 1886 publicó con prólogo de Valentí Almirall el libro de poemas “Nits de lluna (Noches de luna)” en el que demostró que como poeta, era un versificador hábil y provocativo.


Frederic Soler el 25 de enero de 1887 estrenó, en el Teatro Romea, el drama histórico de ambientación medieval en tres actos y verso “ Batalla de reinas” por el cual recibió, entre otros galardones, el Premio de la Reina regente a lo mejor obra estrenada en el Estado y un premio extraordinario de Real Academia de la Lengua Española. La obra se una sarta de inversemblanzas aliñadas con golpes de efecto precisos y truculentos, como la trampa encima del torrente. Casi de manera imperceptible, Margarita Xirgu fue tomando posición en sus actuaciones con "Gente Nueva" de Badalona durante la temporada 1906-1907. El 30 de septiembre, colaboró en la reposición de "Batalla de reinas" de Frederic Soler, que inauguró la nueva temporada teatral de la sección dramática del centro catalanista badalonense. La <<distinguida actriz>>, tal y como se la denominaba ya en la prensa local, obtuvo un éxito notable. El 1 de marzo de 1887 Frederic Soler estrenó, en el Teatro Romea, el cuadro de costumbres en un acto y en verso “La vivor de l'estornell (La viveza del estornino)”; el 31 de marzo en colaboración con Josep Martí Folguera y también en el Romea, estrenó el drama en tres actos y en verso “100.000 duros”; el 8 de mayo en colaboración con Josep Feliu y Codina y Joan Molas y Casas estrenó, en el Teatro Romea, la comedia humorística en cuatro actos y en verso “Bertoldino”; el 11 de octubre, en el Romea, la tragicomèdia en cuatro actos y en verso “La bruixa (La bruja)”; el 29 de noviembre en colaboración con Josep Martí Folguera estrenó, en el Teatro Romea, la obra “La pena de mort (La pena de muerte)”. En 1888 estrenó el drama en tres actos y en verso “Lo consell de Vic o El veguer de Vic” y la pieza en un acto y en verso “La última corona”.

Como suele pasar, con los años su creatividad decayó. Los años finales de su vida fueron tristes para una persona a quien el teatro catalán debe tanto. Surgió la gran figura del teatro catalán, Àngel Guimerà, a quien Frederic Soler conocía y admiraba. Guimerà había escrito “Rey y monje”, y Soler estrenó el 1889 la leyenda dramática en tres actos “El monje negro”. Algunos críticos vieron similitudes y llegaron a hablar de plagio de Soler a Guimerà, cuando no se trata más que de algunas coincidencias. Los últimos años vivió amargado por el miedo de perder público, e intentó incorporarse a las corrientes nuevas,  imitando el estilo de Echegaray o probando de emular los éxitos del joven Àngel Guimerà, sin demasiada fortuna como en el poema dramático “Judas de Kerioth” de 1889, donde se extraviaba por las vías de dramas místicos que le trajeron más deshonor que alegrías. Más adelante, Frederic Soler, que envidiaba el talento del joven Àngel Guimerà y sus éxitos emergentes, se opuso a estrenar en el Teatro Romea alguna de las obras de su rival. También en 1889 estrenó el drama histórico en tres actos y en verso “La rondalla de l'infern (La fábula del infierno)” y la comedia en tres actos y en verso “La carta de navegar”. En 1890 estrenó dos obras, la comedia en dos actos y en verso “Lo teatre per dins (El teatro por dentro)” y la comedia en un acto y en verso “La dona i la ballarina (La mujer y la bailarina)”.


                                 Retrato de Frederic Soler.

                                      Foto Wikipedia

 

En 1891 estrenó una versión de “Els pastorets”, el drama sacro en cinco actos “El bressol de Jesús o en Garrofa i en Pallanga (La cuna de Jesús o Algarroba y Pallanga”, y el drama “La mort d'en Fontova (La muerte de Fontova”. En 1892 estrenó el drama trágico en tres actos y verso “Barba-roja” y el 11 de noviembre de este año, en el Romea, “L'infern a casa (El infierno en casa ”. En 1893 publicó el poema dramático “Jesús” que coincidió también en el tiempo con “Jesús de Nazaret” de Guimerà. La obra <>de Soler se puso en el índice de los libros prohibidos... Al fin y al cabo polémicas malévolas que entristecen los últimos años del gran Pitarra. También en 1893 estrenó el drama en tres actos y en verso “Les claus de Girona (Las llaves de Girona” imitando el estilo de Echegaray y de Guimerà, y la tragicomedia en tres actos y en verso  “Or Oro”. En 1894 estrenó la comedia en un acto y en verso “La mosca al nas (La mosca en la nariz ”.


Mucha -muchísima, mejor dicho- gente ignora que Serafí Pitarra es el autor de un par de frases célebres, las cuales, después de más de un siglo de haberlas inventado, han conseguido llegar hasta los nuestras días bien frescas. Tan frescas aún, que casi nadie sabe qué las motivó y qué quieren significar. Estas dos frases célebres son "Paga que es gata" y "Tants caps, tants barrets (Tantas cabezas, tantos sombreros)", que querían decir que cada cual debía pagar la parte correspondiente del gasto hecho en un bar o restaurante, fuera hombre (con sombrero) o mujer. Con respecto a la primera frase, algunos, desde hace años, la relacionan con las prostitutas, dado que como es sabido, hace falta pagar por recibir los favores de una "gata". Y por lo que respeta a la segunda, usada a veces por Josep Pla en sus escritos redactados en castellano, y también algunos desde hace años, la relacionan con el hecho que cada individuo o "individua" tiene una forma distinta de pensar y obrar.


El teatro de Frederic Soler es un teatro supeditado al efectismo y buscaba la aprobación de su público. Soler ha provisto el primer corpus dramático que ha calado a fondo en este país, puesto que sus dramas y comedias hace más de un siglo que se representan, teniendo seguidores del drama romántico como Josep Feliu y Codina. Una buena parte de l’éxito de su teatro se debe a que el público veía encima de la escena una serie de conflictos humanos, planteados con toda la malicia, tales como el amor, el patriotismo, la infidelidad, y que todo esto lo podía oir en su lengua. Una cosa parecida ocurrió cuando se estrenó TV3 y pudimos oir los actores más populares hablar en catalán.


Frederic Soler murió de un ataque de corazón, el 4 de julio de 1895, amargado y sintiéndose postergado por las nuevas tendencias dramáticas, cuando todavía no había cumplido cincuenta y seis años. La capilla ardiente, instalada en el Teatro Romea, fue visitadísima. También el entierro fue muy concurrido, sólo comparable al de Verdaguer, Guimerà y otros grandes personajes catalanes. Fue el fundador del teatro catalán moderno y un autor muy prolífico puesto que a lo largo de su vida escribió más de cien obras. Las obras teatrales de Frederic Soler, junto con las de Àngel Guimerà y de Josep Maria de Sagarra, han estado de las más representadas por los grupos de teatro mateur  catalanes. En 190, gracias a una subscripción popular, se inauguró en la Rambla de Barcelona, bajando a mano izquierda en el Pla del Teatre, un monumento en honor suyo realizado por el escultor Agustí Querol y el arquitecto Pere Falqués.

 


                                       

     Monumento a Serafí Pitarra en el Pla del Teatre de la Rambla de Barcelona.    Foto Viquipèdia

 

El primero de enero de 1890, la antigua relojería dónde trabajó se convirtió en el Restaurante Cisco. Traspasado en 1953, tomó el nombre de Restaurante Sogas. El mes de mayo del 1987 fue adquirido por los hermanos Jaume y Marc Roig, bajo la dirección de los cuales funciona actualmente con el nombre recuperado de Restaurante Pitarra, en la calle de Aviñón, 56 donde se ha recuperado toda su obra y muchos de los recuerdos del poeta y dramaturgo.

 

                            

                                              Restaurante Pitarra.

                                        Foto Rest. Pitarra

 

Póstumamente, en 1896 se publicó la colección de cuentos “Dotzena de frare (Docena de fraile)” y se estrenaron en 1900 la leyenda dramática en un prólogo y dos actos “El conde Arnau”, en 1908 el drama en tres actos y en verso “El campanario de Palma” y en 1915 la pieza en un acto “Las peras a cuarto pesa”.

 

 

Algunos textos han sido extraídos de: “Frederic Soler”: Viquipèdia, Lletra A, Restaurant Pitarra i Escriptors Catalans.

 

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

 

 

 

álbum de fotos

volver

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.