162. JOAN PUIG I FERRETER

 

 

Joan Puig y Ferreter nació en La Selva del Camp, el 5 de febrero de 1882, fue autor de poesía, teatro y novela; y también se dedicó al periodismo y a la política.


Hijo natural de un rico terrateniente, pasó su niñez y adolescencia con su madre en casa de unos tíos, que gozaban de buena posición social, puesto que su padre nunca lo reconoció como hijo legítimo. Estudió bachillerato en Reus, donde se integró a los quince años en el círculo literario de Josep Aladern. En 1899, a los 17 años, cometió un intento de suicidio a causa de un amor frustrado. En 1901 se trasladó a Barcelona, donde empezó estudios de Farmacia, que posteriormente abandonaría, y ejerció ocupaciones de tipología diversa, al mismo tiempo que se introdujo en el sector más anárquico del movimiento modernista.


En verano de 1903 marchó a Francia, concretamente a la Borgoña, acompañado de una institutriz francesa con la cual mantenía relaciones, y dónde pasó más de un año en una situación de vagabundeo y miseria. La irregular raíz familiar y la experiencia en tierras francesas -que posteriormente recogió en su crónica “Caminos de Francia” en 1934- se reflejaron insistentemente en su producción literaria, que inició al volver a Barcelona, el año 1904, con el drama de pasiones “Diàlegs dramàtics (Diálogos dramáticos)”, complementados dos años más tarde con “Diàlegs imaginaris (Diálogos imaginarios)”, que preludian su obra teatral desarrollada en dos etapas. Al publicar “Diálogos dramáticos” introdujo la figura literaria del vagabundo, tan recurrente en su obra posterior. La obra está firmada en Villaines-en-Duesmois y muestra ya algunos de los temas que preocupan al joven Puig y Ferreter: la necesidad de hacer de la vida una creación personal y la fuerza del sexo en aquello que tiene de más primario y sensual. Los cinco diálogos que integran el volumen utilizan elementos comunes en la técnica teatral -cuatro de ellos se ciñen estrictamente a la forma de diálogo, es decir entre dos personajes- y debaten posiciones enfrentadas sobre la vida, el amor o el destino personal. Por ejemplo, en "El vianant i el pagès (El viandante y el payés)", el viandante dice: "Si no tengo quien me quiera no tengo quien me esclavice, si nadie me cuida nadie me molesta, si no tengo patria, ni casa, ni familia, no tengo deberes, soy hombre libre”. En "Ànima feble (Alma débil)", Ventura dice a su madre: "Siempre que he sufrido he encontrado más consejo en la soledad que no  comunicando mis dolores a otros." Y en otro momento, afirma: "Yo creo una cosa: no hay más que una medida para los hombres: la del gozo. Quien más siente la alegria de la vida, aquel que vive plenamente sin que el dolor le amargue la existencia, aquel es el hombre. Quien sabe conquistar la alegria suprema, aquel es el héroe. ¿Qué es todo lo demás?". El drama “Diálogos dramáticos” recibió duras críticas, puesto que entre sus contemporáneos fue considerado como una continuación de elucubraciones pseudofilosóficas y teóricas, antes  que textos de contenido teatral.

 

 

                  Joan Puig i Ferreter leyendo rodeado de sus amigos.

                                   Foto Escriptors Catalans

 

También en 1904 Puig y Ferreter estrenó, en el Teatro de les Arts de Barcelona, el drama de pasiones “La dama alegre” que fue acusado de inmoral y con el que Puig y Ferreter se incluye en la línea renovadora y original de los dramaturgos de la generación modernista, que rompen con la tradición del teatro de la Renaixença, en la doble vertiente culta y popular, introduciendo las corrientes y los métodos de los grandes escritores del momento, y asentando las bases textuales para una renovación más amplia del hecho teatral. “La dama alegre” tiene 1 personaje femenino y 7 personajes masculinos. El desparpajo de la protagonista -causa principal de las acusaciones de inmoralidad- una dama francesa con la que Puig y Ferreter mantuvo relaciones durante su viaje por Francia y que da el tono a la obra, topa primero con la amargura del marido que se sabe burlado y después estalla en drama con el hijo que ha vuelto tras cinco años de estar en un internado y le reprocha que lo envió allá, sólo por sacárselo de encima. Enmedio, todavía, el amor ingenuo del mozo Filó se ve pretérito al noviazgo convencional, en una persecución casi goldoniana, de los diversos pretendientes maduros de la dama. Y finalmente, un doble desenlace imprevisible, extraño: el hijo y el amante que se marchan y la dama queda atrapada, pero sintiéndose culpable, en la telaraña de pretendientes que ha propiciado. No es extraño que escandalizara ni tampoco que, hasta cierto punto, desconcertara. “La dama alegre” no se asemejaba a ningún precedente, y fue una innovación de manera evidente. Puig y Ferreter se inició en uno de los grupos de la "bohemia negra" modernista, muy alejada de la "bohemia dorada" de Rusiñol.

                                           

Retrato de Joan Puig i Ferreter.

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El año 1905 volvió a marchar a Francia en compañía de Antoni Isern y este mismo año estrenó, en el Teatro Romea de Barcelona, el drama de pasiones “El noi mimat (El chico mimado)”, un esquech con un personaje masculino y dos personajes femeninos. El engaño mutuo a qué se someten la señora Homs y su hijo Quimet, nos remite a los juegos de malentendidos y engaños típicos de la comedia y nos plantea una visión menos trágica de estas relaciones familiares. Se trata de un intento lo suficiente estimable de plantear la comedia de ambiente burgués a partir del comportamiento abiertamente cínico de tres personajes, adelantándose al que será la comedia burguesa de la década siguiente y se puede encontrar el punto de partida de alguna de las comedias puig-y-ferreterianas de la segunda etapa teatral. En el mismo año, tras las aventuras por Francia, estrenó el drama de pasiones “La bagassa (Boires de ciutat) La holgazanasa (Nieblas de ciudad)” obra hoy perdida, que seguía el modelo establecido por Máximo Gorki, y por lo tanto formaba parte del denominado teatro de ideas.

 

 

   

  Retrato de Joan Puig i Ferreter

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Puig y Ferreter en 1906 estrenó, en el Teatro Romea, el drama de pasiones “Diàlegs imaginaris (Diálogos imaginarios)”, que complementa “Diálogos dramáticos” y dónde incorpora la figura demiúrgica del poeta como educador de masas, como ser mesiánico y salvador de la sociedad, i en el que se percibe claramente la influencia de Nietzsche y del Modernismo regeneracionista más anarquizante, ya que es sólo un individuo quien puede salvar la sociedad. El poeta, para cumplir su función redentora, se ha de enfrentar con la masa social. Este es el enfrentamiento "Poeta/Artista-Sociedad" al estilo de Ibsen: es el artista que critica los males de su propia sociedad para poderlos solucionar. Para Puig y Ferreter, el poeta, que disfruta de una posición privilegiada como ser sensible, debe tomar su inspiración de la vida misma. Delante de la realidad, que es negativa, el poeta ha de acometer la tarea de transformarla en poesía verdadera y sincera. Prácticamente toda la obra de Puig y Ferreter es un intento de creación de verdad y belleza que se basa en la realidad, pero que no pretende retratarla en sus aspectos más banales, puesto que no hizo realismo. En definitiva, se inspira en la realidad, pero la mitifica y la transforma. “Diálogos imaginarios” incluye tanto algunos textos de retórica teórica -sobre todo "Les veus imaginàries (Las voces imaginarias)", "La il·lusió del poeta (La ilusión del poeta)" y el “Epíleg (Epílogo)"- como algunos breves cuadros próximos al idilio o a la situación dramática pura; al fin y al cabo en la línea más próxima al Simbolismo que ya había remarcado en el volumen anterior de diálogos. En "Las voces imaginarias" -un diálogo entre el poeta, la multitud y varias voces- la multitud dice: "¡Poeta! ¡No hagas una obra dolorosa! Sentimos nosotros el dolor de la vida lo suficiente en cada uno de nuestros hogares. Desvela la alegría de tu ser, crea dichosamente [...] No es haciéndonos sentir tu propio dolor que cumples tu misión sobre la tierra [...] ¿Quien no trae dentro de si mismo más de una ilusión muerta? No por esto debemos pasar nuestra vida llorando". Este mismo año también estrenó el drama de pasiones “Arrels mortes (Raíces muertas)” con 5 personajes femeninos y 3 de masculinos. Contiene una historia de madre soltera e hijo no reconocido, con los dilemas del protagonista masculino, antiguo corruptor de la chica caída en desgracia, respeto a su obligación moral de redimirla, casándose e incluso reconociendo un hijo que no es suyo. El descubrimiento por parte de los protagonistas que ya no queda nada de su antigua relación, que su antiguo amor tiene las raíces muertas, frustrará la acción noble y generosa a qué el estaba dispuesto y hará que ella asuma sus nuevas circunstancias con valentía. Pero cuando la madre del chico, instigadora de este descubrimiento, crea haber triunfado será víctima de su propia estrategia: también en el amor entre madre y hijo hay raíces muertas, y el chico decide irse a descubrir mundo. Como dice el personaje Claudi: “Los padres hacéis igual que los pájaros; querríais cortar las alas a vuestros hijos así que empiezan a saber volar”. Con las obras que estrenó entre 1904 y 1906, Puig y Ferreter se incluye en el grupo de dramaturgos más innovadores y originales de la generación modernista, que rompen con la tradición del teatro de la Renaixença y que introducen las corrientes literarias de los autores teatrales europeos de aquel momento. En 1907 estrenó el drama de pasiones  “Sepulcres (Sepulcros)”.

 

 

Ejemplar de “La Escena Catalana” del 15 de junio de 1907, con fotografía de Joan Puig i Ferreter.

Foto Escriptors Catalans

 

Margarita Xirgu el 22 de marzo de 1908 estrenó, en el Teatro Romea, el drama de pasiones y de ideas en tres actos "Aigües encantades (Aguas encantadas)", escrita el año anterior en el Molí de Batistó, en Alcover, por Joan Puig y Ferreter. La Xirgu interpretó el papel de Cecília, en su segunda temporada en el Romea y se reveló como una trágica de primera en las escenas vibrantes del tercer acto. Jaume Borràs interpretó el papel de Pere Amat y dirigió la obra. Su autor, Joan Puig y Ferreter, fue uno de los principales autores del Modernismo catalán. El Modernismo era un movimiento artístico y cultural que, en Catalunya, pretendía transformar la cultura del país. Consistía en hacerla más moderna, europea y nacional. Los modernistas consideraban al arte una actividad superior, incluso mística, y rechazaban la burguesía y la sociedad industrial de la cual eran hijos. Por lo tanto, el conflicto surgió en la diferente manera de ver la vida entre los modernistas y el resto de la sociedad de aquellos tiempos. El título (“Aguas  encantadas”) se refiere a unos pozos que hay cerca del pueblo dónde hay agua subterránea que según una leyenda está encantada y sería sacrilegio utilizarla. Sobre la utilización de esta fuente rica en agua, surgen todos los problemas y discusiones que enfrentarán la religión y la tradicionalidad con el saber y la ciencia, y a la vez separa claramente las clases sociales en dos partes: los ricos irán en contra del progreso y los pobres a favor (aparte de la masa que forma el pueblo, que al no tener cultura es conformista y tradicionalista, aparte de demasiada devota con el catolicismo). También deja en la estacada la penosa situación de la figura de la mujer que en aquella época se consideraba siempre en segundo lugar respeto al hombre, pues la mujer no tenía ni derecho ni voto y sólo servía para limpiar, criar los hijos,... con todos los tópicos machistas pertinentes. La estructura de “Aguas encantadas” es muy sencilla, puesto que consta de sólo tres actos dónde se separan claramente la introducción de la obra en el primero, el cuerpo de la misma en el segundo y el desarrollo en el tercero. Los personajes principales de la obra son básicamente cuatro: Cecília, el Forastero, Amat y el Padre. En total hay 4 personajes femeninos, 9 de masculinos y comparsa, a saber:


-Pere Amat: esposo de Juliana y padre de Cecília. Es un propietario rural. Firme, autoritario, orgulloso y partidario de la religión católica. Está en el bando de Padre Gregori junto con Joan, amigo y compañero. Es muy estricto con su hija.


-Juliana: esposa de Amat y madre de Cecília. Mujer de media edad. Partidaria de la iglesia y sus creencias, pero ante su hija y con los conflictos que hay con su marido, intenta calmar las cosas siendo algo más neutral. Sólo se preocupa por las cosas de casa apartándose de los asuntos del pueblo.


-Cecília: hija de Amat y Juliana. Chica magra y pálida, muy nerviosa, morena y pequeña. Tiene las ideas muy claras y es capaz de todo para llevarlas a cabo. Está totalmente en contra de las ideas que tiene la iglesia y esto le comporta todos los enfrentamientos que tiene con sus padres. Es partidaria del forastero, por esto al final se va con él.


-Vergés: maestro del pueblo. No se ve claramente de qué bando está pero al final se decanta por el bando de Cecília, puesto que él la quiere y haría lo qué fuera por ella. Se podría decir que es como Juliana que es un poco neutral. Ni religioso ni ateo.


-Padre Gregori: el rector del pueblo. Todo lo justifica con la religión. Tiene mucha fe en Dios y no cree en otro cosa que en él.


-Forastero: amigo de Cecília. Ingeniero y viajante. Hombre con ideas claras, no es religioso y cree en una solución “no religiosa” por la falta de agua que hay. Valiente, calmado, brioso y realista. Mantiene una posición cientifista.

 

-Joan Gatell: el alcalde del pueblo que hacia el final abrirá los ojos y se decantará por el bando del forastero. Es religioso. Marido de Trinidad y amigo de Amat. No es tan radical como Amat y más tarde será totalmente diferente que él, en el aspecto de las ideas. Adopta un papel de moderador justo en la conversación en casa de Romanill. Es justo y respetuoso, y sabe hacerse entender.


-Trinidad: esposa de Joan Gatell. Muy religiosa, amiga de Juliana y está de acuerdo con el rector en todo aquello que dice.


-Romanill: hombre alto y bien hecho. Pastor de ovejas. Tiene unos firmes ideales republicanos y los defenderá aunque se le ponga todo el pueblo en contra. Está a favor, no de hacer lo que dice el forastero, cuando menos de escuchar lo que quiere decir el ingeniero y de hacer reformas.


-Bráulia: esposa de Romanill. Mujer pequeñita. No interviene demasiado en la obra. No tiene un papel demasiado importante.

 

-Señor Vicenç: veterinario del pueblo. Republicano y partidario del forastero.


-Bartomeu: hombre de media edad, con barba y que siempre ríe francamente. Es un jornalero republicano, amigo de Manso. Partidario del forastero.


-Manso: hombre de media edad, rubio, dichoso, con bigote; la bebida le ha envejecido y degenerado. Es un personaje con escasa economía que es carlista por el hecho que su padre luchó en la guerra carlista y porque siempre se ha sido carlista en su casa, pero no se considera religioso. En un principio apoya al forastero, pero al final sucumbe a la creencia de que la lluvia es un milagro

 

Los personajes positivos principales son:

-Cecília es una persona inconformista, no quiere quedarse en el pueblo. Rechaza las creencias religiosas y tiene las ideas muy claras. Desde la conciencia acaba tomando una decisión que la individualiza respeto al resto de la sociedad. Es un personaje vitalista y regeneracionista.

-El Forastero es un personaje atrevido, de características muy parecidas a Cecília. Sus vías de conocimiento son racionales, científicas y emocionales. Es un verdadero héroe, capaz de establecer una relación profunda y completa con el mundo que le rodea. Es amigo de Cecília, la conoció en la ciudad donde ella estudiaba.


Los personajes principales con valores negativos son:

-Pere Amat es una persona autoritaria, machista, muy hecha a la antigua. Es creyente, pero a su manera, y totalmente tradicional, puesto que está muy interesado para que las tradiciones se mantengan. Es propietario rural y un tirano.

-El Padre es un personaje muy influyente en el pueblo. Tiene un gran dominio del habla oral, a menudo habla de forma metafórica y es totalmente manipulador. Hará todo lo posible para que la gente se ponga en contra del forastero y dirá que la lluvia es un milagro para que no se lo crean. Para él, no hay puntos intermedios, y maneja el bien y el mal según sus intereses. El rector también es un hombre con dinero y es contrario a los cambios.

Puig y Ferreter intenta difundir sus ideas y su forma de pensar, reflejando la lucha de la libertad de una persona ante la masa. Los personajes principales luchan contra la ignorancia de la gente. Intenta retratar la sociedad de la época y las actitudes que se deberán cambiar. Se manifiesta una lucha entre los ideales modernos y la tradición. En la obra, aparecen las aguas muertas, mitificadas por la leyenda religiosa que las considera como milagrosas gracias a la acción de las personas que irán tomando posturas bien definidas ante este elemento: la del grupo de personas que piensa que estas aguas podrían salvar un pueblo montañero de la sequía crónica que sufre (postura científica y progresista) o la de las personas que piensan que estas aguas son sagradas y que, por lo tanto, no pueden ser objeto de ninguna manipulación, deben quedar tal y como están, muertas, estancadas, puesto que la solución a la sequía debe venir de la voluntad de Dios (postura tradicional, ingenua, oscurantista, inmobilista). Por lo tanto, aparece el enfrentamiento entre aquellos que defienden el progreso (en la obra son tanto los intelectuales como los marginados de la sociedad, el Forastero, Cecília, Romanill, el veterinario, el republicano Bartomeu, el carlista Manso) y la masa social sin ideas, pero guiada por los intereses de las fuerzas dominantes (la oligarquía religiosa y política, representada por el cura, el alcalde y el cacique). Entre estas dos posturas bascularán otros personajes: unos lo harán negativamente, puesto que no serán capaces de deshacerse del peso de la tradición, como es el caso del maestro Vergés, pero otros lo harán positivamente, porque empezarán a verlo claro gracias al sacrificio de los héroes. Rodeando los dos bandos está el pueblo anónimo, la masa social, condicionada por unas creencias seculares que los oligarcas tienen interés en mantener, puesto que les permiten perpetuar su explotación del pueblo. Y cuando el forastero, Cecília y sus colaboradores intentan explicar los proyectos de progreso que pueden salvar el pueblo de la sequía, el pueblo se opone, porque estas nuevas ideas de progreso atentan contra lo que han creído tradicionalmente. Puig y Ferreter considera que el pueblo no es culpable de su ignorancia, deja claro que los culpables son los oligarcas, las "fuerzas vivas" del pueblo: el rector (que está especialmente en contra de las ideas defendidas por el bando progresista, puesto que el tema que se debate tiene que ver con la religión, o mejor dicho, con la superstición religiosa), el alcalde y el cacique. Puig y Ferreter conocía perfectamente el problema que retrata en su obra. No sólo había vivido el enfrentamiento entre la tradición inmobilista y el poder, sino también la influencia asfixiante y esterilizante de la superstición religiosa. Además, el autor provenía del medio rural (la obra está ambientada en "un pueblo de la provincia de Tarragona, alejado de la capital, en la parte alta de la montaña"). Por lo tanto, conocía muy bien cómo actuaban las clases dominantes. En este punto Puig y Ferreter se ajusta a sus ideas sobre la realidad y la vida: hace falta que el poeta (el artista, el escritor) conozca la realidad para describirla sin faltar a la realidad. No es gratuito que este enfrentamiento entre tradición y progreso se dé en un medio rural. Hace falta tener en cuenta que la obra se escribe en un momento muy concreto de la historia catalana: el momento de la aparición de un mundo urbano más desarrollado y progresista que choca con la inmovilidad y el atraso del mundo rural. No es casualidad que los personajes que personifican el progreso (el Forastero, Cecília, el mismo maestro Vergés) provengan o se hayan formado en la ciudad, mientras que el mundo que no los entiende y los rechaza es rural. Se observa pues, otro enfrentamiento en la obra: la oposición mundo rural/mundo urbano. Cuando Cecília habla de la necesidad de una cruzada, de una lucha colectiva formada por los jóvenes con tal que hagan evolucionar las ideas del pueblo, explica que deben ser personas que provengan de este mundo urbano más evolucionado. Esta oposición o enfrentamiento está históricamente documentado: los jóvenes artistas de comarcas emigraban a Barcelona para poder expresar libremente su arte y sus ideas de progreso.

Mientras que en la obra se encuentran varios conflictos que afectan a la colectividad (tradición, religión, inmovilismo/progreso), también se encuentra un conflicto individual, la revuelta personal de Cecília, que es el personaje que vertebra toda la obra. La rebelión que inicia Cecília tiene un doble sentido. Por un lado, se enfrenta con su padre, el cacique Amat, que podría entenderse como un enfrentamiento generacional entre padre y hija, contra un control casi absoluto de su vida por parte de la figura paterna. Es, pues, un enfrentamiento personal, individual. Pero la necesidad de independencia que experimenta Cecília está provocada porque ha ido adquiriendo, con su formación como maestra, una conciencia ideológica: a medida que va entendiendo la necesidad de un cambio, de un progreso científico que libere la masa social de la ignorancia y del peso de la tradición, se da cuenta de su inferioridad y de su sumisión. Y es en este momento que el enfrentamiento con el padre toma otro carácter: Cecília ya no se subleva sólo contra la figura paterna controladora, sino contra la figura del cacique que éste representa, contra el hombre que personaliza todo aquello contra lo que ella lucha (inmovilismo, tradición, ignorancia, orden social por mantener el control del pueblo, fanatismo religioso...). Por lo tanto, Cecília vive un doble enfrentamiento concretado contra la misma persona: enfrentamiento familiar y enfrentamiento social. Esto hace de Cecília un personaje nuevo dentro del conjunto de la obra de Puig y Ferrater. Hasta aquel momento, las mujeres de sus obras eran damas apasionadas, sensuales, que sólo pretendían la satisfacción de sus deseos y sentimientos, y que querían dominar a los hombres a partir del uso de sus encantos; o bien aparece la mujer arrastrada por un destino trágico. Cecília es el único personaje femenino de su primera época teatral, capaz de mantener una actitud racional, que margina sus sentimientos (no acepta las atenciones del maestro Vergés y sólo siente por el forastero una admiración profesional). No se trata de un personaje deshumanizado y sin sentimientos, pero sí que es el primer personaje femenino moderno de Puig y Ferreter. El último conflicto que refleja la obra es el machismo evidente por parte de Pere Amat, que minimiza y desprecia a su mujer de forma continuada. Ella es Juliana, que lo acepta y se resigna hasta que Cecília le ayuda a ver que no puede seguir así. Quizás no es un conflicto muy evidente pero vale la pena remarcarlo aun cuando sea hacia el final y quede algo en el aire.

El maestro Vergés es el caso contrario a Cecília, puesto que al revés de ella debería decantarse hacia la posición del forastero por su amplia cultura, pero sus ligaduras con las autoridades no le permiten dicho espaldarazo. El caso de Manso podría ser la representación de la rendición o más bien el fracaso de los defensores del forastero por culpa de una casualidad en forma de lluvia la cual denominan milagro. Manso se sitúa en el bando de los conservadores por que cree en el milagro. Por último se han de analizar las masas del pueblo, que se comportan como un niño pequeño sin razonar basando sus decantaciones hacia una idea o hacia otra por las supersticiones y miedo a lo desconocido, por lo tanto defenderán la postura tradicional, aunque sientan curiosidad hacia las ideas del forastero así como por el forastero en sí mismo. También se debe destacar el pensamiento del forastero ante la naturaleza. Todo y poderla controlar parcialmente con sus conocimientos científicos la eleva por encima de estos maravillándose con ella. El forastero viene a decir que las aguas sagradas de la virgen no están muertas, sino que pueden dar mucho beneficio al pueblo. Los poderes fácticos, más que el alcalde, los amos (los padres de ella), el cura..., lo satanizan y le echan el pueblo encima. Justamente han hecho una procesión para pedir agua y llueve: hay un linchamiento. Cecília parte con él. Lo que Puig y Ferreter pretende con todas sus obras es moralizar, hacer pensar, y en el caso de “Aguas encantadas” nos enfrenta la tradicionalidad, ignorancia y fanatismo irracional de la gente de pueblo contra el razonamiento de una sola persona ilustrada como ingeniero. Al final el ingeniero es expulso del pueblo a pedradas por hereje, pero el autor deja bien claro que en este caso no gana la verdad, la razón y la justicia, habiendo cedido el pueblo a favor de la técnica y la sabiduria que el forastero les podía haber dado, sino que tiene más peso la religión fanática y la tradición.

 

                                                     

                                        


"Aigües encantades" del año 1908, la obra de teatro con mayor proyección de Joan Puig i Ferreter.

                                            Font: Biblioteca de Catalunya

 

 

“Aguas encantadas” es, sobre todo, un alegato políticosocial individualista, una obra comprometida en qué se muestra claramente el enfrentamiento entre el individuo y su sociedad, en la lucha por denunciar muchas circunstancias que están frenando el progreso y la educación de esta sociedad. Puig y Ferreter condena una realidad y muestra la necesidad de una acción revolucionaria que libere al hombre de todo aquello que lo mantiene atado al pasado, en el caso concreto de la obra, la tradición, la religión y las fuerzas políticas oligárquicas. “Aguas encantadas” formaría parte, pues, de un Modernismo regeneracionista rezagado, tardío. La obra combate el oscurantismo religioso y el caciquismo, dos formas que se protegen la una a la otra y que mantienen frenada a la sociedad rural. Es una obra Ibseniana. A parte de los enfrentamientos que retrata la obra, hay otro que es clave: el enfrentamiento entre individuo/sociedad: un solo hombre, el forastero, llega al pueblo con tal de llevar las ideas de progreso que pueden salvarlo de la sequía. Aparece la idea de un ser superior capaz de hacer cambiar su sociedad, de guiar la masa al cambio y a la modernidad. Pero esta masa social, que no tiene ideas propias, lo rechaza y lo margina. Todos los estudiosos han hecho notar la indudable influencia de la obra del dramaturgo noruego Henrik Ibsen en “Aguas encantadas”. En concreto, la obra de Ibsen que serviría de modelo a “Aguas encantadas” es “Un enemigo del pueblo”. Las coincidencias entre ambas obras van más allá de la simple inspiración de una en la otra. No se puede decir que Puig y Ferreter plagiara la obra del autor noruego, pero sí que es cierto que hace una adaptación casera, comprensible para el pueblo catalán. Las dos obras tienen que ver con el agua: las de un balneario en “Un enemigo del pueblo” y las de unos pozos milagrosos en “Aguas encantadas”. Hay toda una serie de identidades entre los personajes de las dos obras:


-La figura del doctor Stockmann tendrá su paralelo en el forastero. Los dos hombres, con una formación científica y técnica, por lo tanto, progresista (uno es médico, el otro es ingeniero), toman la iniciativa para conseguir el progreso de sus pueblos respectivos.


-La figura de Cecília compartiría algunos aspectos del personaje del doctor Stockmann y también del personaje de Kitty, la hija del doctor. Las dos mujeres son el elemento femenino que están junto al protagonista hasta el último momento, que le ayuda y le anima.

-La postura indefinida y titubeante del maestro Vergés tendría que ver con la de los periodistas Hovstad y Billing, indecisos entre sus creencias favorables a la modernidad y al progreso y la conveniencia de someterse a las imposiciones de las autoridades. Vergés no puede tomar una postura radicalmente encontrada con la oligarquía del pueblo, porque como maestro su trabajo depende de quienes gobiernan.


-Otro personaje que tiene su paralelo en la obra de Ibsen es el pastor Romanill, hombre independiente que hospeda al forastero en su casa cuando le hace falta un lugar para hablar con el pueblo. Un personaje similar en “Un enemigo del pueblo” es el marinero Horster, que cede su casa al Dr. Stockmann para que haga una asamblea.


El conflicto que muestra “Aguas encantadas” estalla en el si de una familia, la de los Amat, terratenientes y caciques del pueblo. En la obra de Ibsen, el conflicto se vive entre dos hermanos, Thomas y Peter Stockmann. En una se enfrentan padre y hija, en la otra, dos hermanos. Por encima de todas estas identificaciones, lo que sobre todo recoge Puig y Ferreter de la obra de Ibsen es una idea y una actitud: el enfrentamiento entre un individuo (Stockmann-Kitty/Forastero-Cecília) contra una sociedad inmobilista a la que le parece un pecado intentar mejorar cualquier cosa que se aparte de las bases tradicionales de su funcionamiento, aunque estas sean caducas. Ibsen fue uno de los autores europeos que se convirtieron en modelos para los regeneracionistas catalanes. Se le identificó con el "teatro de ideas" a partir del estreno de su obra “Un enemigo del pueblo”. A partir del 1893, Ibsen se convirtió en el modelo del Modernismo de ideología anarquista, puesto que era el hombre que había dado forma artística a la idea de liberación de la tradición y del inmovilismo, cosa que el resto de la masa social consideraba una utopía. Lo que es indudable es que el teatro de Ibsen tuvo un gran impacto social por las ideas que defendía: progreso, modernidad, enfrentamiento con la tradición, siempre desde iniciativas individuales (enfrentamiento individuo/sociedad), de aquí su éxito entre el Modernismo anarquizante. “Aguas encantadas” nos muestra dos modos bastantes similares pero a la vez diferentes de ver la vida. El primero es el vitalismo, que es la fidelidad a unas convicciones, la voluntad de sacrificarse por la comunidad y el convencimiento que el acto heroíco, tiene valor por si mismo aunque sea estéril. Y considerar la vida como valor supremo. El segundo es el regeneracionismo, que se oponía al conservadurismo de la burguesía. Se sentían capaces de transformar la sociedad de una manera objetiva, documentada y científica. Intentaron, a partir del arte, regenerar las masas incultas. Querían cambiar la sociedad a través del arte. Y, en la obra, por la vía del conocimiento social y científico.

 

La historia está explicada empleando sobre todo diálogos y son los personajes los que  explican todos los sucesos. Las descripciones de los personajes son más bien descripciones de acciones que hacen los otros personajes o que han hecho y la opinión del hablante sobre el personaje se denota, aparte de por lo que dice de él, por los adjetivos que usa (“Si, ya lo veo, se ha dejado emocionar, como siempre.”) (“La pobre gente busca consuelo...”). Además la obra utiliza:


Onomatopeyas: al ser una obra de teatro salen muchas onomatopeyas, y el hecho de que sean diálogos entre gente de pueblo caracterizados como un poco payeses, potencia su aparición. (“Bah...!”) (“Oh...!”)

 

Comparaciones: a lo largo de la obra se encuentran infinidad de comparaciones sobre todo con elementos de la naturaleza. (“como un pájaro lúgubre que no se acuerda más de su nido”) (“Este hombre me lo llevo yo por mi cuenta, como el pastor que toma la oveja enferma”)

Metáforas: al igual que las comparaciones, el texto está lleno de ellas y también hacen referencia a la naturaleza. (“¡Mientras la tempestad no renueve nuestros aires!”)


Desórdenes sintácticos: la obra esta constituida de forma que disfrute de una cierta rima, por esto se hacen necesarios algunos desórdenes sintácticos para conservar la rima. (“Este hombre me lo llevo yo por mi cuenta, como el pastor que toma la oveja enferma”)

Joan Puig y Ferreter pronunció una conferencia en el Teatro Novetats, el 8 de noviembre de 1908, días antes de estrenar en el mismo local, el drama “La dama enamorada”, titulada “L'Art dramàtica i la vida (El arte dramático y la vida)”, donde expuso sus ideas sobre el teatro y la función social del artista: "¿Hay nada tan complejo, inmoral y falto de fin como la realidad? Pues bien el poeta hace de la realidad una obra bella, armónica, humana y moral. ¿Cómo? Tomando la esencia y no la apariencia”. En la conferencia se puede encontrar la explicación del porqué de “Aguas encantadas” y como retoma las ideas de “Diálogos imaginarios”. Para Puig y Ferreter, el autor dramático (se podría decir que el artista en general) es un poeta de la vida y de la verdad que tiene la función, a través de su obra, de educar al público (influencia de Nietzsche, postura regeneracionista). Para poderlo hacer, le hace falta vivir intensamente, conocer la realidad que le rodea, dejarse traer por sus impulsos y tener siempre en cuenta qué es la problemática de su época (no se puede evadir de la realidad). Una vez conozca bien la realidad y haya vivido las experiencias necesarias, podrá meditar, concentrarse y, por lo tanto, crear. Y deberá crear obras que se inspiren en la realidad, pero que la hacen más poética, menos vulgar (por lo tanto, no practicó la estética realista o naturalista). El autor, como poeta de la vida, debe pensar en los problemas personales y colectivos, pero en esta creación ha de estar presente la poesía, el sentimiento.

 

Este mismo año Puig y Ferreter estrenó el drama de pasiones y de ideas “La dama enamorada”, que pasó de cinco actos a tres para el estreno, tal y como le había recomendado Maragall, y en el qué retrató un nuevo tipo de mujer, que vuelve a ser una literaturización, a partir de una experiencia autobiográfica, de sus amores con Madame de Thevenot, unos amores difíciles debido a los celos del hijo de ella y de la imposibilidad de conseguir la estabilidad emocional y sentimental, rompiendo con la tradición de la Renaixença. Acaba trágicamente, es un amor castigado. Con este último drama, Puig y Ferreter consigue un equilibrio exacto entre la temática amorosa, que une en una misma llamarada las vidas de Lluïsa y Abel, y el destino personal de este último: el anhelo de independencia, de fidelidad a la propia aventura, llevará Abel a romper las ligaduras con Lluïsa y a retomar su camino por senderos siempre nuevos y siempre inciertos. "La dama enamorada” cómo dijo Adrià Gual, constituyó un triunfo para Puig y Ferreter tanto como para sus intérpretes, que todos invirtieron un esfuerzo merecidísimo y acertado. Su sostenimiento en la cartelera, durante un buen número de días, significó un esfuerzo y un gran combate interno, porque la obra fue rehusada por los puristas aburguesados y, además el público siempre inadvertido y mal guiado por la crítica, no respondió a sus calidades.

En 1909 se publicaron sus traducciones “Els menestrals (Los menestrales)” de Máximo Gorki y “El mercader de Venecia” de William Shakespeare. Siguiendo con el teatro de ideas que exaltaba el regeneracionismo y la vitalidad, publicó, también este año, el drama sobre la marginación social “Drama d'humils (Drama de humildes)”, un esquech con 2 personajes masculinos y 6 personajes femeninos. Editada en julio, poco antes de la Semana Trágica -los acontecimientos sucedidos en Barcelona y otras localidades catalanas, entre el 25 de julio y el 2 de agosto de 1909- quizás por esto no se llegó a estrenar. Pertenece al teatro más social de Puig y Ferreter, y recoge las congojas de una familia obrera ante la agonía de una de las hijas de la casa, que muere consumida, gastada por el trabajo y la mala alimentación, ante la impotencia de aquellos humildes que deben reprimir, cómo pueden, su revuelta ante tanta injusticia.

Puig y Ferreter en 1911, mientras hacía la carrera de Filosofía y Letras, entró a trabajar de redactor nocturno en "La Vanguardia", en la sección internacional, y estuvo hasta que lo sacaron en 1920, por su participación en la huelga que paralizó el periódico durante meses. En 1912 estrenó, en el Teatro Eldorado de Barcelona, el drama de pasiones “El gran Aleix”, escrito en 1910 y en el que retrata la figura del protagonista, un ser vitalista y pasional, gran seductor, "donjuanesco", popular entre todos los hombres y mujeres, que despierta la admiración de todo el mundo menos de su propia mujer, Sofia, que finalmente por el odio que la mordisquea, provoca la muerte del "Gran Aleix". Este mismo año, publicó la traducción de ”El domini de les tenebres (El dominio de las tinieblas)” de León Tolstoi y estrenó una tragedia en verso situada en el siglo XVII, “La innocent (La inocente)”, un esquech poético en verso blanco, con un personaje femenino y 9 de masculinos. La pieza está ambientada entre nobles y en un castillo, recoge la muerte sucesiva de tres miembros de la misma familia, un caballero que descubre que ha violado a su propia hermana, para vengar que el esposo de ella había estado con su mujer, y la sucesiva muerte del padre al enterarse del violador de su hija y finalmente el suicidio de ésta. En el mismo año Puig y Ferreter también estrenó su último drama de pasiones “Desamor” que plantea de forma melodramática el conflicto generacional entre padre y hijo. En 1913 finalizó la carrera y se licenció en Filosofía y Letras.

Los referentes ideológicos y estéticos de la obra de Puig y Ferreter hasta entonces fueron Máximo Gorki, Johann Wolfgang Goethe, Henrik Ibsen, Friedrich Nietzsche y los novelistas rusos. De ellos aprendió la creación de carácteres vigorosos, especialmente los femeninos -las damas Marta, Lluïsa e Isaura, Cecília-, la pintura precisa de ambientes y acciones y un estilo audaz. Pero el contexto social de estos años fue bastante tenso, los conflictos entre trabajadores y obreros se intensificaron y el recuerdo de la Semana Trágica de 1909 era todavía patente. Al fin y al cabo hizo que el espectador buscara en los escenarios teatrales un medio de evasión, y los empresarios, así como los actores, inquirieron obras sencillas y divertidas. Así pues, Puig y Ferreter debió ceder y adaptarse a las necesidades del nuevo público, mayoritariamente burgués: se imponía la alta comedia, el poema dramático y el teatro poético y sentimental. Así acabó su primera etapa de teatro, empezada en 1904. La segunda etapa de teatro de Puig y Ferreter, es de un teatro ligero y sentimental o amoroso. En 1914 estrenó la comedia “La dolça Agnès (La dulce Agnés)” que no se editó nunca. Giraba en torno al nacimiento del autor. En concreto, trataba de un hecho real, de la seducción de su propia madre por parte de su cuñado.

 

 

                                          


Portada de la publicación “El Teatre Català” con fotografía de Joan Puig i Ferreter.

                                                Foto Escriptors Catalans

 

 

 

A partir del año 1916, Puig y Ferreter empezó a plantearse su futuro como autor dramático, puesto que vio cómo fracasaban sus obras. Decidió cambiar sus planteamientos estéticos, cambio que reflejó lo que se estaba produciendo en la literatura catalana debido al paso de la generación modernista a la del grupo novecentista. Este cambio se produce en la obra “Dos diàlegs (Dos diálogos)”, dónde ya no se pueden encontrar manifestaciones sobre temas políticos o sobre cuestiones sociales. Sobre todo, en esta obra se hace evidente el miedo y el desconcierto de Puig y Ferreter ante la emergencia de una nueva generación de escritores, los novecentistas, generación que ya no es la suya y que tiende a arrinconarlo. En 1917 Puig y Ferreter estrenó la comedia “La senyora Isabel (La señora Isabel)” que pretendió divertir sin problemas.


En 1918 estrenó la comedia burguesa “Si n'era una minyona (Si era una criada)” y la comedia de carácter ligero, sentimental y amoroso “Gueridó y Francina” en la que quiso hacer una cosa tierna, apasionada y elegante al mismo tiempo, pero la comedia le quedó en los dedos; no conseguió llevarla al escenario, lo que la llevó a morir sin pena ni gloria. De nuevo en crisis, se dedicó a la narrativa publicando “La novela de Esther”. El año 1919 estrenó la comedia burguesa  “El gran enlluernament (El gran deslumbramiento)” dónde plantea la oposición frontal entre el hombre de empresa y el artista. Ahora, la balanza se decantará a favor del empresario y mecenas enfrente del joven artista, un escultor. Este hombre de empresa es un artista que ha renunciado a su vocación para convertirse en hombre de empresa en un momento en qué el país necesita más creadores de riqueza industrial que no creadores de belleza. Puig y Ferreter es un temperamento demasiado vital para recluirse en los límites convencionales y estrechos de la alta comedia, para interesarse en los problemas estrictos de la burguesía -él, hombre de campo, que siente la tierra como una presencia telúrica- sin aportar problemas subjetivos, impulsos primarios, incapaces de convivir con la impuesta civilidad de la nueva fauna de personajes teatrales. Así, Joan Puig y Ferreter fue uno de los dramaturgos que con mayor grado acusó los términos de la crisis de aquellos años; sus intentos para adecuarse en las nuevas características dramáticas no acababan de tener éxito y, a la vez, el freno que aplicó para hacer menos acusados sus planteamientos modernistas, restó vigor a los dramas que ensayó dentro las formas que hasta entonces le habían sido usuales, y a las que no renunció. Es evidente, pues, que Puig y Ferreter se alejó del ideal modernista, pero esto no le reportó tampoco ningún éxito teatral.


Además de sus colaboraciones en la prensa a lo largo de su vida, Puig y Ferreter trabajó en el periodismo como fuente de ingresos. De “La Vanguardia”, después de nueve años, lo sacaron en 1920 por su participación en la huelga que la paralizó durante meses. El diario incluyó a Puig y Ferreter en una lista negra implacable y dejó de mencionar su nombre durante años, debiendo de hacer malabarismos inauditos en numerosas ocasiones. Incluso el rencor de “La Vanguadia” no se desvaneció hasta medio siglo después, cuando “Nova Terra” reeditó su novela “Servitud. Memòries d'un periodista (Servidumbre. Memorias de un periodista)” en 1973. En 1921 estrenó las comedias “Les ales de fang (Las alas de barro)” y en el Teatro Goya “La dama de l'amor feréstec (La dama del amor lúgubre)” dónde describe una mujer enérgica, sensual, pasional, perversa, dominadora e, incluso cruel, en un teatro de pasiones caracterizado por el realismo y por el gran relieve psicológico de los personajes.

 
Tras un par de años en “El Día Gráfico”, Puig y Ferreter pasó a “La Tribuna” en mayo de 1922, con un hartón del trabajo de redacción nocturna, pero mejorando su sueldo y sus condiciones laborales. Allí estabilizó la presencia diaria de su pseudónimo “Juan de Siena". Posteriormente fue director de la revista “Mar i Cel”, que sólo duró unos meses, y volvió a “La Tribuna” como director, dónde estuvo un total de 2 años. En 1922 estrenó la comedia burguesa “L'escola dels promesos (La escuela de los prometidos)” y en 1923 estrenó, en el Teatro Romea, la farsa burguesa en un acto, con la qué cerró casi definitivamente su producción teatral, “Un home genial (Un hombre genial)” una pieza menor que está a caballo entre la concesión a los gustos del público y sus intereses e ideas como autor dramático. El hombre genial no es más que el empresario, un individuo bajo de techo, mezquino, que lleva el teatro según sus intereses inmediatos. Cristòfol Folldringant, el empresario, se expresa así: "¿Qué haremos de estos jóvenes poetas, pensadores filósofos? En su vida harán una obra que llegue a los cincuenta. Todo son símbolos, lirismos, filosofía y otros galindainas. Bah, bah, bah! La gente se aburre con todo esto". Se dice que Cristòfol Folldringant fue una réplica cruel y caricaturada del empresario Josep Canals.


Desengañado del teatro, que consideraba que se había convertido en una industria pensada sólo para la distracción del público, Puig y Ferreter abandonó su actividad teatral el año 1924 y empezó su carrera como novelista, un género que ya había iniciado con “La novela de Esther” en 1918 y que le reportó más prestigio. Así pues, en 1924 publicó la novela “L'home que tenia més d'una vida (El hombre que tenía más de una vida)”, que el año siguiente consiguió el Premio "La Novel·la d'Ara" y la novela “El crim de Pere Darnell (El crimen de Pere Darnell)”. Ya en 1925 publicó las novelas “Les facècies de l'amor (Las facécias del amor)” y “El cas de Joan Anglora. Els quatre embriacs. Les tres gemmes de l'aventurer (El caso de Joan Anglora. Los cuatro ebrios. Las tres gemas del aventurero)”. En 1926 publicó la novela “Els tres al·lucinats (Los tres alucinados)”, escrita en treinta y siete días y sus noches, y en la que culmina su narrativa de aquellos años, una extensa obra donde trató nuevamente el tema dovstoievskiano de la relación entre amos y esclavos, y dónde de lo contrario se intuyen las características fundamentales de su estilo en prosa: el psicologismo, los materiales autobiográficos o el individualismo, características que lo llevaran a distanciarse ciertamente de los ideales novecentistas. En esta obra describe a Margalef, una figura singular, que piensa haber establecido contactos con el mundo siempre misterioso del más allá y al sensual Vilaret -el espíritu y la carne, de hecho- con una lucha final de los dos, una lucha a muerte, en la cual Margalef es vencido. Este mismo año, en marzo, también publicó la novela que fusionó realidad y ficción y mostró una visión crítica del periodismo barcelonés de los años veinte, “Servitud, memòries d'un periodista (Servidumbre, memorias de un periodista)”, un reflejo de su experiencia como periodista. Joan Puig y Ferreter consolidaba su todavía reciente dedicación a la narrativa, a la vez que contribuía a la normalización del género novelístico en las letras catalanas del momento. También, ponía en solfa, vengándose, uno de los periodos más oscuros y serviles de su autobiografía inmediata. En el contexto del dominio y control casi absoluto del panorama literario que imponían los novecentistas a partir de 1910-12, los novelistas del Modernismo -hasta un clásico viviente como Narcís  Oller- irán enmudeciendo, entre la imposibilidad de publicar, los ataques continuados a su obra anterior y el desconcierto delante de los nuevos modelos literarios. En “Servidumbre, memorias de un periodista” relata su actuación en “La Vanguardia”, desde antes de 1914 hasta la muerte de Santos Oliver, y disfrazando con nombres supuestos a los redactores, directores y propietario: La Llanterna (La Vanguardia), Don Hilarió (Conde de Godó), Rojals (Puig y Ferreter), Rodalins (Rodríguez Codolà), Perera (Pomés), Director (M. Sants Oliver), Trias (Opisso), Riu (Priu), Vicens (Llorens), Galindó (Pou de Barros), Rubio (Moreno), Estopa (Escofet), Prunera (Nogueras Oller), Veguer (Màrius Verdaguer), Dolcet (Alegret), uno que duerme en el sofà (Baget), Ametlleret (Oliver),... "Servidumbre” es una amplia galería de tipos, a menudo definidos con cuatro trazos escuetos y precisos, vistos desde una óptica irónica en la mayoría de los casos, aun cuando abundan el sarcasmo en otros, la simpatía en unos pocos y la sincera admiración y amor en uno de ellos. Este es el retrato del director, el único personaje de quien no remeda el nombre. El retrato que hace en la novela, siempre desde un gran respeto, dibuja el conflicto de un hombre quizás demasiado débil y plegadizo, pero esencialmente íntegro e intelectualmente superior. En el terreno de las simpatías, el personaje que se lleva las siguientes preferencias de Puig y Ferreter -o, si se quiere, de su heterónimo, Andreu Rojales- es el señor Perera, su superior inmediato, un pobre hombre que hacía treinta años que estaba en el mismo lugar traduciendo telegramas del francés y que es, lógicamente, su introductor en el mundo del periódico. A medio camino entre la simpatía y una cierta desconfianza hay el retrato de Veguer, bajo el cual se esconde la personalidad de Màrius Verdaguer. También respira mucha bonhomia el retrato de Riu. Ligeramente más despectivos son los retratos de Dolcet, Galindó o Estopa. El retrato acentúa la caricatura con el pretencioso Rodalins, eterno crítico de arte y censor interno del periódico. Las características van acentuándose en aspectos peyorativos con personajes como el regente de la imprenta, Vicens, un pariente pobre de los amos, o el tenebroso Rubio, el administrador. El retrato más esperpéntico, pero, es el del propietario, Don Hilarió, que quiere corresponder a Ramon Godó y Lallana, el miembro de esta familia que fue ennoblecido con el título de conde.

 

Puig y Ferreter en 1927 publicó la novela “Una mica d'amor (Un poco de amor)” que fue galardonada con el Premio “Concepció Rabell”. En 1928 fundó en Badalona, Edicions Proa, de la mano de Josep Queralt y de Marcel·lí Antic, a sugerencia de Pompeu Fabra y bajo la dirección literaria del mismo Puig i Ferreter, en la Biblioteca “A tot vent”. Este mismo año publicó la mezcla entre novela, memorias y ensayo “Vida interior d'un escriptor  (Vida interior de un escritor)” dónde dio curso a sus ideas modernistas, exponiendo lo que quería que fuera su obra, como él mismo dijo: <<El arte, en mí, será una purgación. Una confesión>>. En 1929 publicó y editó en la Biblioteca "A tot vent" la novela “El cercle màgic (El círculo mágico)”, que trata de la búsqueda de los orígenes y la revuelta contra el encarcaramiento de la sociedad hipócrita, sólidamente establecida. La obra ganó, con escándalo, la primera convocatoria del Premio Joan Crexells. Janet Masdéu, personaje principal de “El círculo mágico”, es el mismo Puig y Ferreter, que tuvo cuidado de crearse en esta novela una familia ficticia que él, en realidad, no tuvo nunca; con todo, las figuras de Joan Masdéu y Teresa -sus padres-, del tío Hipólito, de Rosalía, son extraídas de la observación psicológica aguda de Puig y Ferreter sobre tipos humanos que existen en todos los pueblos de Catalunya. Es una de sus novelas más importantes, aunque alternen pasajes de altísima construcción literaria con otros mediocres e incluso vulgares. En la trama, Hipòlit vuelve de América de pronto, después de treinta años, y va a casa de su hermano (la casa solariega, de hecho es de los dos, puesto que el padre ha muerto sin testar). La mujer y la cuñada del hermano, suponen que vuelve pobre y lo maltratan; él, ofendido, les dice que vuelve rico y completo: esta mentira se volverá gorda y gorda dentro de la casa (a partir de aquí lo tratan como un señor, y ya hacen planes con su dinero, puesto que sólo tienen deudas, porque él no ha sabido llevar la tierra) y en el pueblo hasta el cura ya le pide dinero para pagar una campana nueva. En este periodo Puig y Ferreter colaboró con artículos sobre literatura, arte, teatro y temas cotidianos en "La Publicitat" durante 3 años, también en "L'Horitzó" y en "El Diluvio". Con estos artículos trató las cuestiones teatrales que más le interesaban: el teatro de vanguardia y su viabilidad, la polémica sobre el mundo de la comedia, o el Teatro de Arte.

 
A partir de la proclamación de la II República, en 1931, se dedicó a la política en las filas de Esquerra Republicana de Catalunya. Fue elegido Diputado, el 28 de junio de este año, en el Congreso de Diputados de las Cortes españolas con 101.084 votos por la circunscripción de Barcelona, jurando el cargo el 14 de agosto hasta el 9 de octubre de 1933 y como profesión constó la de profesor. Paralelamente fue Diputado también en el Parlament de Catalunya. Recorrió toda Catalunya como conferenciante y propagandista, y propuso al Ayuntamiento de Barcelona la creación de un proyecto nuevo en Catalunya con tal de acercar el teatro a la clase obrera: un "Teatro del pueblo". Esta dedicación le alejó parcialmente de la literatura, aunque en 1932 dirigió la publicación "La Campana de Gràcia".

 

 

 

                                    

 

                              Joan Puig i Ferreter dando un míting                         

     Foto Escriptors Catalans

 

Emprendió otra vez la literatura el año 1934 con “Camins de França (Caminos de Francia)” considerada su obra más importante y que ya había publicado fragmentos en la "Revista de Catalunya". Integra dos partes extensas: la primera, "Oratge i tenebra (Tiempo y tiniebla)", narra la difícil formación de Puig y Ferreter, mientras que la segunda, "Llibertat i poesia (Libertad y poesía)", incorpora la figura de un vagabundo, Josep, que lo acompañará en su vagabundeo por tierras francesas y que acontecerá muy influyente en su vida y obra. “Caminos de Francia” es una crónica puntual y sintomática de determinados ambientes y tendencias del gran movimiento cultural que caracteriza la última década del siglo XIX y la primera del siglo XX, denominado Modernismo con una etiqueta que a menudo no refleja la diversidad ni las tensiones de los fenómenos que lo integran. Puig y Ferreter, que fue un personaje característico del momento y que se mantuvo fiel hasta su muerte en los postulados esenciales del momento, describe este mundo y a él mismo, con una cierta distancia e ironía, que nunca llega, pero, a la abjuración. El dominio que demuestra Puig i Ferreter en las páginas de esta obra es el resultado de su intensa actividad narrativa de los años 1924-1930, a lo largo de la cual consigue un estilo directo, contundente, con una intuición lingüística excepcional, bien alejada del preciosismo de los estilistas más característicos del Novecentismo. Suicida frustrado, la evasión era también una muerte, una manera de deshacerse de todo el lastre del pasado, y a la vez una resurrección, la purificación para una vida nueva. Las ideas de la época, el individualismo, el anarquismo romántico, flotante entonces en el ambiente, debían ser un adobo excelente para nutrir sus propósitos. En su evasión no lo guía, ningún propósito concreto. Es impelido por ideales y sentimientos contradictorios. Tan pronto significa para él como una renuncia a su primitiva vocación de artista, un afán de vivir las aventuras que el arte no podía ofrecerle sino en sueños, como un deseo impreciso, poco formulado, al principio, de extraer una lección, una experiencia que madurara su temperamento, que lo haga más comprensivo y lúcido como artista. Poco a poco es de esta idea de la que más se enamora. Ninguna experiencia no le dolerá si puede aumentar su conocimiento del hombre, en provecho de su arte de escritor. Quiere llegar así al fondo del dolor, de la miseria humana. ¿Hasta dónde, pero, es cierto que consigue liberarse de toda ley moral? La experiencia a qué se entrega ¿es realmente tan revolucionaria como en dramatizarla supone? No: Puig y Ferreter no se libera de las leyes morales. Puede tener el impulso, pero sigue siendo un pequeño burgués, prisionero de su educación, de la moral clásica. Él mismo a ratos lo conviene lúcidamente. El deseo de hacer que la literatura catalana vaya muy de acuerdo con la hora de Europa, nos ha traído a menudo, forzando la nota, a ver repetirse en pequeño, en Catalunya, los grandes fenómenos que nos deslumbran desde fuera. Por ser muy europeos, renunciaban, individualmente y colectivamente, al que más estima un escritor, un artista, especialmente desde el romanticismo acá: la personalidad. Algunos que no han podido ser nunca ellos mismos, han sido sucesivamente considerados como dobles de creadores, una buena contradicción. Puig y Ferreter, que fue por un momento Ibsen, ha sido después Dostoievski. ¿Se quiere nada más poco serio? como decía Domènec Guansé.


Un interesante pasaje de esta obra es: “La vida del hombre m’apassionava més que no pas els seus escrits. O, més ben dit, tot era una mateixa cosa, tot era vida en l’obra de Goethe, el mestre! I allò que hauria volgut imitar era no pas l’obra de ningú, sinó el procediment de crear-la amb la vida pròpia i la que es regira al nostre entorn”... “I va arribar Nietzsche! De primer antuvi només coneixíem els fragments traduïts per Maragall o em plauen passos quiets i vellutats: vull passos que ressonin amb dringats esperons passos que parlin. Jo sabia tot el cant de memòria. Davallant de les nostres excursions pels faldars del Tibidabo i Vallvidrera, els meus amics m’incitaven a recitar-lo, i jo els llançava amb forta veu damunt la ciutat, com una imprecació als jueus de tota mena, als covards i hipòcrites que hi pul·lulen. En dir aquests versos: Oh, sensuals hipòcrites! us manca la innocència del desig!... I aquests altres: Vostre ideal mentit empesta l’aire: pro encar que prenyat sembli, com la lluna, no parireu cap sol... tots els companys, en un cor estentori, fèiem el cant esdevingut un crit de lluita i una bandera de rebel·lió contra un munt de coses de la nostra ciutat, de la nostra gent, de la nostra política i de les nostres lletres, car ens sentíem enemics jurats de molts aspectes de Barcelona i de Catalunya. De vegades el cant nietzschià sorgia espontàniament dels llavis de tots en treure el cap per dalt de la collada i veure, de sobte, la lluna plena, vermella, enrogir la mar darrera les fondàries de Sant Martí. Barcelona s’ornava de perles i robins dintre la fosca, i apareixia com és, llagotera, voluble i dolça. Llavors l’amenaçàvem, li cridàvem dicteris o li dèiem: Ets una cortesana que et vens al més pinxo!, i engegàvem el crit acusador als flonjos barcelonins:  També vosaltres estimeu la terra, però hi ha vergonya en vostre amor. Era un crit contra el barcelonisme pintoresc, contra la literatura mansoia i casolana, contra el folklore i el floralisme; una apel·lació al lliure examen, a l’inquietament de les consciències. Condició indispensable, bàsica de l’heroisme és, segons Carlyle, la sinceritat, la veritat amb un mateix i amb els homes i les coses. Menyspreàvem folklorisme, tipisme, pintoresc local i tota la literatura de fer bonic. Ens rèiem del catalanisme de cintetes i llacets barrats, sense res de profund a dintre. Volíem ésser realistes, universals i, sobretot, verídics. Havíem fet nostra la dita de Nietzsche: <<Cal escriure amb sang>>. La nostra Bíblia era, com he dit, “Els herois”, de Carlyle, i agafàvem les coses pel costat heroic. Volíem donar tota la nostra mesura, no estalviar-nos gens, lliurar-nos en cos i ànima al nostre ideal, a risc de la salut, del benestar. No ens espantava la pobresa, i ho hem demostrat. Què era l’art per a nosaltres? Un combat, el més noble dels combats per apoderar-nos de la bellesa del món i oferir-la als homes. No publicàvem res, no volíem ésser una bandera ni una banderola de res. Què volíem, doncs? Viure per a sentir molt i per a poder expressar un dia allò que hauríem sentit”.

 

Puig y Ferreter afirmó: “En este libro no describo demasiado el paisaje, porque siempre me ha parecido que esto es trabajo de pintores y no de escritores, y que para cada artista el paisaje se resuelve de forma diferente: el músico en música, el poeta en poesía, y en mí se me resolvía en un estallido de visiones interiores, o en una excitación dulce de pensamientos y sentimientos. Yo, entonces, el paisaje lo creaba más que lo veía, para mí era un estimulante de la imaginación como la música y los perfumes”. La estancia en “El Día Gráfico” le dio materia para un segundo título narrativo, basado en su experiencia periodística, la novela breve “On són els pobres!... i altres històries de Nadal (Dónde son los pobres!... y otras historias de Navidad”, publicada en 1934.

 


                                   Retrato de Joan Puig i Ferreter

                                                 Foto Escriptors Catalans

 

 

El 11 de diciembre de 1935 publicó en el número 295 de "El Diluvio", el artículo "La passió al teatre (La pasión al teatro)", dónde dijo: “Al teatro catalán le asusta la tragedia y aún más el drama dónde estalla la pasión, que es el precio del teatro que ahora se hace en el mundo. Sin desairar la carcajada, tan sana, hace falta volver a nuestro teatro, el drama y la pasión que son su vida y su poesía y aquello que ha conmovido y ha hecho volar a todos los públicos del mundo". Cuando empezó la Guerra Civil, en 1936, fue nombrado Conseller de Asistencia Social de la Generalitat de Catalunya, cargo que ocupó poco tiempo. Fue enviado a París como negociador para comprar material bélico para la República y fue acusado de quedarse dinero y ya no volvió a Catalunya. Este escándalo, que él siempre negó, lo marginó dentro del grupo de los exiliados catalanes. Este mismo año publicó “Anna darrera la cortina (Anna detrás la cortina)”, que será su última pieza dramática y que insinuó una nueva etapa teatral, de ecos psicologistas, que el trágico desenlace de la Guerra Civil impedió continuar para siempre más. También tradujo entonces “Peer Gynt” de Ibsen incorporando a la cultura catalana, como antes ya lo había hecho, nombres tan fundamentales como William Shakespeare, Marcel Proust o León Tólstoi. También publicó, en Ediciones Proa en tres volúmenes, la novela “La farsa y la quimera” con treinta y cuatro personajes, una historia amorosa y de moralidad incluida. Los volúmenes son: 1r “Els quimèrics (Losquiméricos)”, 2n “La farsa rústica” y 3r “El somni de foc (El sueño de fuego)”. En esta obra Antoni Ardèvol quiere volver a la Moixera con su madre tras haber hecho estudios y haber vivido años en Barcelona; lo habían vendido todo al marchar porque la madre no pensaba volver. Es, quizás, el amor en Maria-Mercè, la colegiala, que lo hace volver; ella vive en un internado de monjas para muchachas de casa buena; su padre ha ido a vivir por el mundo con una mujer de quien se ha enamorado locamente; hace años Ardèvol y Maria-Mercè habían estado  enamorados -por carta, a través de la reja del colegio- pero él lo había dejado correr. En el pueblo, Ardèvol, encuentra una pandilla de quiméricos enamorados de Maria-Mercè a través de la reja. Un día el padre, muerta la mujer que le había hecho partir, vuelve a Barcelona, viejo y cansado y hace venir a su hija. Al cabo de poco vuelven juntos al pueblo. Los farsantes del pueble -cacique, alcalde, juez y demás gente de orden- se divierten enviando cartas firmadas como M.M. a los quiméricos citándolos en algún lugar por la noche; una de estas citaciones casi acaba con un muerto. No les basta esto, y a través de Malivern, amigo de la marquesa de Gatellar, dueña de la posada donde se hospedan Maria-Mercè y su padre, organizan un baile en casa de la marquesa dónde son invitados todos los pretendientes de Maria-Mercè. Ella ya no quiere a Ardèvol, ni al farmaceútico, que era el pretendiente que querían las monjas para ella, pero de golpe se enamora de Cornioler, un abrandado que ha sido fraile y que le echaron por sus ideas de reformar la orden y la iglesia. Mientras están besándose escuchan que alguien ha muerto a Arbolí, el secretario y verdadero cacique del pueblo. Arbolí se salva de la muerte y acusan injustamente a un anarquista que le había proferido amenazas. Un tal Felip quiere hacerlo con M.M. y ante su negativa, la mata. Otro pretendiente de ella, al saberlo, se deja morir de inanición. El moixerin burgués, el veterinario y el desvagado son quienes han creado el espíritu singular de este pueblo. Ellos lo han llevado en política, lo han administrado, lo han guiado nadie sabe hacia dónde. A la moral le han infiltrado un bálsamo de quietud, de fijeza y, a la vez, un sueño o delirio de grandeza estático y una ilusión de personalidad. En los más realistas, el moixerinismo se convierte en farsa alocada. En los ardientes, soñadores y concentrados, en una confusa quimera que a menudo los hace delirar. Aun así ¿qué ha hecho la Moixera para tener esta idea de superioridad? Nunca se ha distinguido por ninguna acción heroica. Las palabras libertad y patria la dejan indiferente. Cerrada en su localismo, ha encontrado el secreto de vivir sin ideales. Esta novela es la historia de los hombres que el historiador ignorará y que, sin ella, no dejarían rastro de su paso por el mundo. El hombre siempre ha sufrido de un mal grave. Cuando una mujer lo ha querido se piensa que, en el fondo, lo querrá toda la vida. Es preciso anotar que la Moixera se dividía en dos clases de hombres: los quiméricos y los farsantes. Después se dijo que también así se dividía la humanidad. Entre estas dos clases de hombres hay la gente normal que vegeta o trabaja bien, cumple sus deberes familiares y ciudadanos con  buen orden, y es la gente perfectamente civil que no hace ajetreo en balde. Su idea, pero, tenía el atrevimiento de insinuar que Barcelona y Catalunya eran una Moixera a lo grande dónde el embuste y el delirio de grandezas hacían estragos nada menos que en su pueblo, y dónde la incapacidad de encajar con la realidad era demasiado general y evidente.

 

A partir del 1938 y hasta su muerte, compuso en el exilio el ciclo novelístico “El pelegrí apassionat (El peregrino apasionado)” en 12 volúmenes (editados, mayoritariamente, de manera póstuma, entre 1952 y 1977) donde retrató a la Catalunya de su época y dónde detrás de muchos de los más de doscientos personajes, se esconden personas reales y conocidas de la literatura y la política catalanas. A lo largo de los últimos años de su vida, con una delicada salud, se dedicó a la corrección y edición del mencionado ciclo en Ediciones Proa, la cual retomó su actividad en Perpiñán bajo su patrocinio. En esta obra aboca la experiencia personal, en un intento sin precedentes de síntesis, justificación y liberación. El hilo conductor de “El peregrino apasionado” son las aventuras, preferentemente políticas y amorosas, de Janet Masdéu a través de una autobiografía de análisis íntimo e implacable. Puig y Ferreter, egocéntrico, maldiestro, ingenuo, pero enardecido por una voluntad de hierro, quiso dar una visión completa de toda un época, la de la Catalunya de su tiempo. Se trata, efectivamente, de una novela en clave, y bajo los nombres de Benigne, Gentil, Comparet, Llavaneres, etc., se revelan los de Plàcid Vidal, Ventura Gassol, Companys, Ferran Canyameras, por citar únicamente ejemplos bien diversificados. Puig y Ferreter escribió “El peregrino apasionado” para denunciar el espejismo que él mismo había sufrido y que, según él, era un vicio del país. El libro acontece una crítica del encantamiento colectivo de los catalanes. Pero, paralelamente al itinerario de purgación y perfeccionamiento de Janet, que se cierra con una muerte ejemplar, adelanta el de Puig y Ferreter, el de este a través de su obra.


 

                               

                                Joan Puig i Ferreter en el exilio.          

                                             Foto Escriptors Catalans

 

 

 

Joan Puig y Ferreter escribió también poesías de cariz breve y secundario, en las que hay siempre la señal de un esfuerzo para contener la lírica pujanza sentida, para rehuir la imagen brillante y toda gracia inútil. Es una poesía áspera y sin la finura de un trabajo de lima, arisca en las armonías verbales que no sean preñadas de verdad. En el exilio, escribió de nuevo poesía: cien sonetos todavía inéditos, donde el poeta dialogó con Dante sobre el gran escándalo de su vida. Entre 1942 y 1952 escribió el dietario “Diari d'un escriptor. Ressonàncies (Diario de un escritor. Resonancias)”, que cómo explica él mismo, esta novelita fue escrita a toda prisa para sacarse un dinero al haber quedado sin el sueldo de Diputado tras los hechos del 6 de octubre. Aprovechó un episodio real que tenía previsto incorporar en una novela más amplia, titulada “L'omnipotent (El omnipotente)”, que debía poner en solfa sus vivencias en aquel diario, propiedad del inefable industrial y político lerrouxista Josep Pich y Pon.

 
Puig y Ferreter en el “Diario de un escritor. Resonancias” explica: "En fin, volvemos a la primera etapa de dónde nacía “Servidumbre”. Yo veía los periodistas de Don Hilarió muy inferiores al obrero, al artesano, al menestral. Gente fracasada casi toda, ruinas de una muerta aspiración intelectual, derrotas de escritores, de artistas, la mayor parte. (Quizás en nuestra tierra los periodistas se reclutan entre esta gente). ¿Pero por qué tantas pretensiones, tantos humos de superioridad? Yo, estando en “La Vanguardia”, me había casado -con ciento veinticinco pesetas al mes!- y de este hecho me sentía caído, exiliado y condenado al punto que me hacía lástima yo mismo y sólo aspiraba a salir de aquellos limbos. Y he aquí que en mi entorno veía ruinas llenas de orgullo, de petulancia, de humos, que por el hecho de escribir en un diario y por un miserable sueldo, se creían dioses del Olimpo. Aparte los canallas, los cretinos, los escaladores y traficantes, que en periodismo pululan como en su elemento. No lo pude aguantar más y hice “Servidumbre”, con la persona calibanesca de Don Hilarió por centro (Caliban con la fuerza de sus millones, con todas las miserias del cuerpo o del espíritu), rodeado de Ariels desalados o enfangados. Sólo exceptué a Agustí Calvet (Gaziel), porque me pareció de otra raza, y a Miquel dels Sants Oliver atribuí un papel superior de inteligencia sacrificada al dinero, como así fue". Con esta nota sobre Gaziel, precisamente quien lo echo del periódico, se ve que el móvil de la novela no es la venganza personal; de hecho Gaziel no es mencionado en la novela (dónde no figura la muerte de M. Sants Oliver durante la huelga). Agustí Calvet, Gaziel, todavía encuentra que Puig y Ferreter hizo corto: "Lo cierto es, pero, que Puig y Ferreter, de la misa, sabía a penas la introducción, porque se puede decir que no había pasado de los entrantes de la casa. Soy yo -y hoy en día bien seguro que nadie más- quien podría decir verídicamente qué había y qué pasaba, por haber habido de estarme muchos años, dejando la flor de mi vida. Y si contara lo que sé, una parte sólo, la gente no se lo creería. ¡Como se cuenta de Sófocles, todavía en plenitud de fuerzas he renunciado al amor, y mi obra gana en vigor y frescura, pero cuanto me ha costado! Y como ciertos días huiría de esta soledad del campo, de esta vida exclusivamente intelectual para ir a hacer el loco como lo hacía todavía medio año atrás como un apasionado fuerte y fresco"... "Los tres alucinados” no tuvieron segunda versión. El editor llevaba prisa en publicar el cuaderno semanal y yo urgencia en cobrarlo por necesidad. La obra fue escrita en treinta y siete días y sus noches. Hacia el final el alucinado era yo, tanto me había excitado en un trabajo de creación que durante los días mencionados me tuvo a penas sin salir de casa, vibrante, deslumbrado"... "Estimo mucho “La farsa y la quimera”. Con sus treinta y cuatro personajes, casi todos vivos, y la originalidad de la historia (yo no recuerdo haber leído nada que se le asemeje por el hallazgo del motivo inicial), pienso que es la novela más novela de las mías, la más amplia, puesto que no la más intensa ni más perfecta"... "Las grandes invenciones novelescas, o novelísticas, en sus momentos más inspirados, son como la poesía y nos sumergen en una fascinación que la historia, la biografía raramente lo conseguirán. Es la confluencia de lo fantástico y lo real, de la vida del hombre y de la concentración del pensamiento creador que transfigura la vida en algo más intenso, más profundo de lo que ve el hombre ordinariamente. De aquí el hechizo de la novela y su poder sobre la gente, universalmente sentido y reconocido"... "En ninguna parte yo no me había pintado mejor ni conocido más exactamente que en Joan-Antoni Margalef de “Los tres alucinados”, que es un personaje inventado de pies a cabeza, cosa que prueba el misterio de la creación artística y el hecho que el autor no se pinta cuando así lo quiere, más bien cuando crea absolutamente, sin copia ni imitación de él o de otro, esto es, que en la verdadera creación poética aparece lo más profundo del creador, con entera libertad"... "Leo a Spinoza. Sensación de que me deja paz, dulzura, conformidad con el mundo, el hombre. (La llama tranquila de un luz de aceite). Shopenhauer excita la inteligencia. No hablo de Nietzsche que abrasa demoníacamente, trasiega, revoluciona. Spinoza calma la inteligencia y el corazón. Comprendo que Goethe se lo hiciera suyo más que ningún otro filósofo a los cuales no estimaba"... "El público, el empresario, los comediantes, pesan demasiado materialmente sobre el pensamiento, las intenciones, la voluntad del autor y hacen que lo bueno, en el teatro escasee tanto. En el teatro hace falta pensar en gustar, en triunfar inmediatamente y a menudo los autores no reparan en los medios”... “Y abracé la novela con mucho calor porque me permitía ser más yo mismo, como en el prólogo de “La farsa y la quimera” apunté"... "Cuando tras unos años de silencio volví al teatro, confieso que fue con el deseo de gustar, de tener éxito, además de ganar dinero, pero, para lo cual, no tuve lo suficiente habilidad ni malicia ni talento”... “Los que me trajeron a la novela fueron Dostoiewski y Edgar Poe. Me di cuenta que en la novela cabía tanto pensamiento, vida interior y exterior, situaciones, carácter, dramatismo, poesía, reflexiones, meditación, mundo moral e ideal, en una palabra, además de la realidad exterior, y creación de caracteres, invención de hechos, diálogos profundos, en fin, cuando vi que en torno a una historia el autor podía poner todo su mundo poético, intelectual y moral"... "Es cuando el teatro se limita a contar una anécdota cómica, dramática, aun trágica que el teatro está limitado, como en tantos autores modernos dónde la técnica sabia, a menudo, sustituye la pujanza de la creación poética, visionaria de los grandes dramaturgos de todos los tiempos"... "Realmente, en la novela, no es el drama, no es la historia de un hecho, lo que más cuenta. Es la larga profundización de los personajes y su vitalidad, su verdad permanente en el exterior y el interior. Es el hecho de llegar a la esencia del hombre en lo individual y lo general".


De 1943 dijo: “Como me habrán servido estos años de emigración. Ya hace siete. Era el 36 cuando partí. ¿Viviré los suficientes años por aprovechar las experiencias de Francia? ¿Y ya sin estas, mi obra de hoy seria lo que es? No dolerme de nada, no quejarme de nada, aceptarlo todo como bienvenido, pues de todo se puede hacer un buen uso. Aun, la soledad y monotonía de aquí, aceptada de buen grado, ha acabado por serme favorable. Hoy ignoro la irritación y el enojo"... "¿Ni que murieras junto con la mujer y los hijos, no morirías solo? ¿Pero ya en vida, si llegamos al fondo de la verdad, los espíritus no están solos? Quizás sólo nos hacemos compañía por el cuerpo, por lo material: toda vida es una unidad misteriosa e incomunicable. Sólo el amor nos crea la ilusión -pura ilusión- de la comunicación con otro ser y por esto el amor es tan importante"... "No olvidar nunca que mi fuerza no está en el estilo. Si quisiera ser un estilista, seria mediocre. Ser claro, sencillo, directo, para mí es suficiente. Deseo ser rico de otras cosas que de formas y palabras"... "Quería hacer otra novela sobre el periodismo. He estado en cuatro periódicos. En "La Vanguardia", nuevo años. Dos en "El Día Gráfico”. Dos en "La Tribuna". Dos o tres En "La Publicitat" (pero aquí sólo tenía un pie, sólo era colaborador). Estos quince o dieciséis años de periodismo barcelonés, qué galería de hombres tarados, suficientes, ignorantes, infelices, malvados, pequeños, mezquinos y, en resumen, curiosos y representativos de un estamento, no me han permitido conocer!"... "En la segunda etapa, en "El Día Gráfico", la experiencia ya no nueva fue más profunda. Me encontraba en un mundo peor, más tarado, más insolvente y miserable. Aquí la mentira, farsa, y ruineza de la democracia triunfaba. Quería hacer yo la segunda parte de la vida de periodista, de Andreu Rojales con estos elementos. Sería una novela titulada “El omnipotente”. Manuel de Montoliu llegó al fondo de la cosa con su crítica de “Dónde son los pobres?...”, narración extraída del mundo de "El Día Gráfico", al decir que eran las notas para una obra, y no la obra que yo había dado”... "Cansado de once años de trabajar por la noche, entré a trabajar de día en "La Tribuna", dónde por primera vez estuve considerado, respetado y hasta querido".


De 1947 dijo: "Rechazada la idea de Dios [...] Un pesimismo fuerte, noble, humano en lo posible, me parece la única salida, es decir, la aceptación humana sin desesperación, sin disolución del espíritu, sin perversión material. Es el gran coraje individual, opuesto a la inconsciencia alegre o destructora de la multitud". Entre 1952 y 1954 Puig y Ferreter fue Ministro de Justicia del gobierno republicano en el exilio.

 

                                    

                                        Retrato de Joan Puig i Ferreter.

Foto Escriptors Catalans

 

 

Todo y ser un importante dramaturgo del Modernismo y después un gran renovador de las técnicas narrativas, a menudo ha sido olvidado por el público y por los estudiosos de la literatura catalana. Joan Puig y Ferreter desarrolló una dramaturgia bastante singular que combinaba el teatro de ideas, el de pasión y la comedia burguesa. Con personajes de una gran fuerza, contribuyó a renovar el teatro catalán del comienzos del siglo XX. Su obra y sus ideas quedan, absolutamente, fuera del Novecentismo. Y al contrario, en muchos aspectos, puede ser alineado entre las supervivencias del Modernismo: de hecho, es un modernista rezagado. Los personajes de Puig y Ferreter se caracterizan, en general, por una psicología torturada, aberrante, en constante desequilibrio, y por una ideología grandilocuente, ambiciosa en los problemas que afronta y patética; son, además, gente arisca o crispada, ruedamundos, exhumas o adolescentes sin remedio; el narrador los somete a dramas violentos y a aventuras mezquinas o fantásticas.

 

Murió en París, en febrero de 1956, y el conjunto de su producción literaria no ha sido totalmente reconocido. No obstando, desde los inicios del siglo vigente, su obra empieza a ser rebuscada y valorada. A título póstumo en 1981 se publicaron sus “Memòries polítiques (Memorias políticas)” y en 1982 sus “Textos sobre teatre (Textos sobre teatro)”, dos obras suyas no editadas todavía.

 


Algunos textos han sido extraídos de “Joan Puig i Ferreter”: Guillem-Jordi Graells i Escriptors Catalans.

 

 

XAVIER RIUS XIRGU

 

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