163. EPISTOLARIO ÍNTIMO

 

 

Transcribo integramente el artículo de Francesc Foguet y Boreu, biógrafo de Margarita Xirgu y miembro del Grup de Recerca en Arts Escèniques-Universitat Autònoma de Barcelona, aparecido en la publicación “Itaca. Revista de Filología ISSN 2172-5500”:

Margarita Xirgu se dedicó en cuerpo y alma al teatro. Su biografía lo demuestra con creces, hasta el punto que hace pensar que no vivía para nada más. En cierto modo, esto era así. Pero el epistolario xirguano -en buena parte inédito- irradía luz sobre algunas de las parcelas íntimas de la vida de la actriz, tan difíciles de conocer en una personalidad que se mostraba muy celosa de su intimidad y que, coherentemente, distinguía con nitidez la esfera privada de la pública. Ni que sea de forma parcial, la correspondencia que envía a destinatarios de su entorno familiar o profesional, nos hace algo má límpida la privacidad, de forma que es lógico que haya sido utilizada limitadamente en las biografías aparecidas hasta ahora sobre la actriz (RODRIGO: 2005; FOGUET: 2010).

La colección epistolar de Xirgu no tan sólo tiene un gran valor autobiográfico por cartografiar mejor el mito, sino que también ilumina algunos aspectos desconocidos de su intensa consagración al teatro y constituye un valioso documento para la historia escénica del siglo XX. Pese a que las relaciones epistolares entre intérpretes y dramaturgos debían de ser habituales en la época de los grandes divos, se conserva muy poca documentación de los intérpretes catalanes más destacados del siglo XIX o del XX (las trazas de su colega Enric Borràs son, de hecho, todavía más difíciles de reseguir). Los intérpretes europeos no tienen tampoco demasiada fortuna documental, pero al menos se han conservado series de epistolarios más o menos incompletas, ponemos por caso, de los tres referentes internacionales de juventud de Xirgu: la francesa Sarah Bernhardt, la italiana Eleonora Duse y la española María Guerrero.

En el caso de Xirgu, el volumen de cartas que se han salvado del poder destructor del tiempo resulta considerable, todo y que seguro es fragmentario y que nos encontramos,  hechas las cuentas, delante de la punta del iceberg de la correspondencia que realmente debió de escribir la actriz durante su vida. ¿Dónde están las cartas que con toda probabilidad remitió a los amigos Rafael Alberti, Alejandro Casona, Alberto Closas, María Teresa León, Santiago Ontañón o Cipriano de Rivas Cherif, por indicar algunos de los nombres mas flagrantes? Sea cómo sea, del  interés documental del epistolario que se ha conservado, podemos deducir todavía otra evidencia: nos ayuda en profundizar en la red de conocidos y en las relaciones que Xirgu tejió en varios períodos de su odisea familiar y profesional.

A grosso modo, la correspondencia dirigida a la familia (su hermano Miquel Xirgu y Subirà; sus sobrinos Margarita, Miquel y Roser Xirgu y Rico, y su sobrino nieto Xavier Rius y Xirgu, entre los más destacados) nos documenta sobre la vida doméstica de la actriz y permite construir un puente entre los interlocutores para aumentar el calor familiar. En cambio, las cartas escritas a sus amigos dramaturgos (Federico García Lorca, Eduardo Marquina, Apel·les Mestres, Joaquin Montaner, Narcís Oller, Miguel de Unamuno) nos facilitan indagar mucho mejor sobre su manera de concebir el  oficio: los intereses artísticos, las preferencias literarias, su idea de la escenificación, etcétera.

Es obvio que Xirgu no escribe cartas con una pretensión literaria. Ella misma reconoce en algún momento que no tiene habilidad para escribir y que su estilo es sencillo y claro. No estamos, pues, delante del epistolario de un escritor, ni delante de <<literatura secundaria>>. Se trata de unas misivas de cariz privado -llenas de anacolutos, elípsis y sobreentendidos- escritas por una mujer de formación autodidacta, de una gran voracidad lectora. Su valor es fundamentalmente histórico, documental, no literario. No aspiraban, en definitiva, a la posteridad. Pero hace falta hacer dos matices. Por una parte, las cartas que intercambia con sus amigos dramaturgos si que tienen una relación directa con una obra más substancial, o sea, con su actividad escénica, por más que esta pertenezca al reino de lo efímero. De otra, las cartas que escribió en plena vejez destilan una cierta voluntad de permanencia, de dejar un testimonio -digamos- moral para sus descendientes.

 La confidencialidad que se establece con los diversos lectores privados de las cartas -a veces únicos, a veces múltiples- también presenta un abanico de graduaciones diferentes en relación con el estatus de privacidad o intimidad. El destinatario determina, ni que decir tiene, la tensión emocional, el grado de profundización en los temas privados e, incluso, el registro adoptado. De las series de cartas dirigidas a personas próximas del ámbito íntimo, las más reservadas son las que escribe a su hermano Miquel Xirgu y Subirà y, muy especialmente, a su ahijada Margarita Xirgu y Rico o, en otro nivel, a sus amigas Alícia Rodríguez y Natalia Valenzuela. Entre los dramaturgos con que se cartea, destaca el tono cordial -y a veces desenfadado, irónico o seductor- de las cartas que escribió a Joaquin Montaner y Castaño, un poeta extremeño afincado en Barcelona, del cual la actriz estrena “El hijo del diablo” (1927) y las traducciones al castellano de “El estudiante de Vic” (1928), de Josep Mª. de Sagarra, y “Las ratas” (1928), de Henri-René Lenormand.

Naturalmente, Xirgu tampoco es la misma en 1912 que en 1969, fechas extremas que abraza la correspondencia conservada. Este alcance temporal tan amplio deja entrever una evolución lógica de la actriz catalana como escritora de cartas. Con el decurso del tiempo, las epístolas de Xirgu evidencian una progresiva emergencia de un yo cada vez más subjetivo, más propenso a la introspección y, en paralelo, toman un carácter más y más narrativo. De manera gradual, sus misivas abandonan la función pragmática de los primeros años y, atendiendo a la distancia de tiempos y espacios, cuanto más va más imperiosos, se recrean en la escritura, fijan un ritmo narrativo, unas constantes temáticas, unas expectativas de recepción, etcétera.

En resumidas cuentas, el carácter polimórfico del epistolario se ve condicionado decididamente por las circunstancias biográficas de la emisora. De joven, Xirgu vivió absorbida por el teatro, con muy poco tiempo para escribir. El estilo de las primeras cartas es directo, bastante coloquial y funcional. Con el paso de los años, la regularidad de las misivas se acentúa y el estilo va tomando más cuerpo, más densidad. En plena senectud, con todo el día por delante, Xirgu escribe epístolas más extensas, más iterativas, más reflexivas, más personales e, incluso, más irónicas, en qué a menudo monóloga sobre el sentido de la vida (<<“vanidad de vanidades y todo vanidad”. No somos nada>>, le suelta a su sobrina Margarita, desde Punta Ballena, el 13 de febrero de 1960). Las cartas de los últimos tiempos redondean un tono y definen un estilo.

 

LA EMERGENCIA DE UN YO


Como cualquier discurso de <<representación del yo>>, las cartas conservadas de Xirgu desgranan desde datos biográficos o detalles de la vida cotidiana hasta trazas de la psicología. Nos brindan una visión interiorizada del yo, una versión más o menos espontánea, pero en todo caso personal e intransferible, de una determinada realidad, sea del ámbito familiar o del teatral, que se proyecta en el marco de una circunstancia histórica. Algunas de las cartas más reveladoras de la conciencia de formar parte de una coyuntura histórica son, por ejemplo, la que envía a su hermano desde Madrid, el 15 de abril de 1931, que empieza con un clarividente: <<Ya tenemos República. ¿Sabrán los hombres defenderla?>>; la que remitió a su amiga Cristina Costa, desde Buenos Aires, el 6 de noviembre de 1937, en la que le manifiesta su desolación por la guerra (<<mi único pensamiento está en Espana>>), o, aún, la que dirige a su ahijada Margarita, el 24 de agosto de 1965, en que mira de tranquilizarla sobre la grave crisis económica por la cual pasa el Uruguay.

Como cualquier otro epistolario, el de Xirgu no deja de ser una comunicación indirecta y no inmediata (RIERA: 1989, 147), una clase de diálogo aplazado, desigual, con un interlocutor ausente (BOU: 1993, 230). De todas maneras, <<lo importante es tener con quien cambiar impresiones y afectos>>, declara a su sobrina Margarita, desde Punta Ballena, el 30 de junio de 1960. La finalidad de este intercambio puede ir desde lo más pragmático o empírico hasta lo más sentimental y hasta existencial, pero siempre parte de un yo. En la medida que la autora de las cartas es también la protagonista principal, y en la medida que escribe sobre hechos de su vida, sobre ella misma, hay elementos que nos acercan al género autobiográfico. De aquí viene el valor que otorgábamos hace poco al epistolario xirguano. Pues, sin contar con los recuerdos o comentarios que remarca en algunas entrevistas de más profundidad, o sin contar con algún escaso escrito como el de la conferencia <<De mi experiencia en el teatro>>, que Xirgu leyó en el paraninfo de la Universidad de Montevideo en 1951 (FOGUET: 2002), no disponemos de ninguna otra documentación privada (ni memorias, ni dietarios) que nos ayude a reconstruir la biografía.(*143)

En unas cuántas cartas de senectud, Xirgu se deja vencer por la nostalgia y hace confidencias sorprendentes de su experiencia autobiográfica, una especie de autoanálisis del pasado, no tanto para hacer memoria, sino para resituarse en el presente, en el tiempo de la escritura. Algunas de las páginas del epistolario xirguano, escritas en unos momentos de calma, de inactividad, se acercan al relato retrospectivo de la propia existencia, en que se pone el acento en la vida individual, en la personalidad (BOU: 1993, 47). Un botón de muestra. A su amiga Alícia Rodríguez, le escribe desde el Parque del Plata (Uruguay): <<Quizá porqué soy vieja, puedo renunciar a todo y repartirme el papel que nunca he representado: el de la mujer sencilla>> (4-II-1952). O, a su ahijada Margarita, le confiesa: <<Cada día me gusta más la soledad, será porque mi actividad me rodeo siempre de gente>> (17-VII-1963).

¿Hasta qué punto Xirgu era sincera en sus confesiones íntimas? Como lectores, es difícil de esclarecer el grado de veracidad, si bien aquí no valen los criterios del pacto autobiográfico, sino de la mutua franqueza entre el remitente y el destinatario, puesto que la credibilidad es tácita. Sólo un ejemplo. Una de las cartas mas lacerantes es la que escribe, desde Méjico, a su amiga badalonense Cristina Costa, el 28 de junio de 1936, a raíz de la muerte de Josep Arnall y Melero, el primer marido de la actriz, el 22 de marzo de aquel año en La Habana. Xirgu expresa el dolor por la desgracia sufrida y su estado de ánimo profundamente perturbado (<<Mi ánimo está tan quebrantado que no sé cómo tengo fuerza para seguir trabajando. El afecto de mis buenos amigos hace que sea menos dolorosa mi soledad>>). Pues bien, resulta improcedente especular sobre la relación sentimental -que nos consta no era para hacer volar cohetes (FOGUET: 2010, 51-53 y193-194)- entre marido y mujer, puesto que la réplica en las cartas de pésame también es un subgénero epistolar con sus propias convenciones.(*144)

No se puede olvidar tampoco que se trata de un epistolario femenino, en el que la escritura es muy espontánea y emocional. Nos deja atisbar una mujer con mucho carácter, pragmática y resolutiva, que no quiere recrearse excesivamente en la nostalgia y que se aferra a su fe. En una carta fechada en Montevideo el 1 de mayo de 1953, reclama al hermano que no tenga ninguna tentación en convertir la casa badalonense en un museo con los objetos de valor que había dejado. Sobre sus convicciones religiosas, el epistolario corrobora efectivamente las anécdotas a que se remitían. Como católica practicante, Xirgu invoca a menudo el nombre de Dios o expresa el deseo de que la familia no se desvie del camino cristiano, y también se escandaliza del materialismo desbocado de la sociedad coetánea y del hecho que algunos periódicos uruguayos escriban Dios en minúscula. Un detalle curioso de su práctica religiosa es la gran veneración que sentía por la Virgen de Montserrat, uno de los lugares simbólicos de Catalunya que añoraba más.

Del grueso del epistolario familiar o amical, es en las cartas de la edad senil, mucho más extensas, allí dónde Xirgu empieza a emplear estrategias de literaturización en torno a dos ejes básicos, que se convierten en sendos leitmotivs obsesivos: la constatación del envejecimiento -vinculado a menudo con la salud siempre precaria de la actriz, que se acentúa con la edad- y la idea del regreso a la patria, ya remarcada, además de las biografías que hemos citado más arriba, por Antonina Rodrigo (1989) y especialmente por Manuel Aznar Soler (2000).

A partir del 1950, Xirgu alude a menudo en las cartas al hermano a la sensación de sentirse envejecida, aunque continué llevando a término, sin desfallecer, una actividad escénica muy intensa. Cuando tiene justo 62 años, le dice: <<soy viejita, sólo me salva el ánimo que hasta ahora sigue igual>>(23-III-1950) o, con 65 años, <<ya me siento abuela de tantos, que me da asco>>(9-IV-1953). Con un punto de ternura, también insiste en alguna de las cartas a su sobrina Margarita: <<para la juventud que no me ha conocido joven, mejor que no me conozca, estoy muy viejecita, pero para mis sobrinos nietos una yaya más que los quiere como si estuviera a su lado>> (4-V-1954), o <<ya estoy muy viejecita, con el pelo blanco y algunos kilos más que cuando partí>> (29-I-1955). Aun así, como confiesa también a su ahijada, no se encontraría a gusto sentada en una poltrona, <<haciendo el papel de vieja, que es el que me va ahora>> (20-X-1956). Con 75 años acabados de cumplir, Xirgu admite a su amiga Natalia Valenzuela que efectivamente ha envejecido, pero le advierte que tiene cuidado de si misma <<para ver si consigo cumplir muchos más>> (6-VIII-1963).

La reiteración del deseo de volver se convierte en una trampa, una ilusión o un espejismo. Una autojustificación, según como se mire. En las últimas cartas al hermano de comienzo de los cincuenta, este leitmotiv del regreso presenta un elemento dramático, dado que la actriz se exclama en términos así: <<el corazon me dice: ¡basta de América, basta, basta!>> (11-VI-1953); <<tengo momentos en que borraría un continente>> (27-VII-1953) o <<van transcurriendo los meses y los años y aquí seguimos, sin haber decidido nada definitivo>> (9-III-1954). La obstinación por el regreso llega incluso a desbancar, en algunos momentos, el gran tema omnipresente del epistolario: el del teatro. Xirgu se entrega, como no había hecho nunca antes, a una vida más <<contemplativa>> o <<monacal>>, más reposada, que le permite complacerse en la evocación, la añoranza y la nostalgia. En las cartas a su sobrina Margarita, le asegura que ha llegado al límite, que no puede aplazar más el reencuentro con la familia y con la tierra. <<No puedo más, la tristeza me invade en todo momento>>, le escribe el 10 de agosto de 1954. El sentimiento de nostalgia se agrava todavía más con la ampliación de la familia y, al fin, deriva hacia una cierta melancolía causada por el recuerdo de los seres queridos.

La idea del regreso a la patria va muy ligada también a la esperanza de volver a ver a la numerosa familia de los Xirgu, que con los años de exilio no ha hecho sino crecer. Las misivas revelan una remitente empecinada en mantener los lazos consanguíneos hasta el punto de entonar un elogio continuado del núcleo familiar y un llanto sobre la imposibilidad de un regreso constantemente prorrogado. En las cartas familiares, desde 1951 hasta la vigilia de su muerte, el 25 de abril de 1969, la insistencia en lamentar que las circunstancias los mantienen lejos de la familia es proporcional a las ganas de ver a los grandes y pequeños, de tenerlos cerca, de abrazarlos y de disfrutar de su compañía y afecto. Xirgu no pierde nunca la esperanza que algún día podrá reencontrar toda la familia, hacia la cual siente el orgullo de saber que es trabajadora, hecha a si misma, y que -aunque los nuevos tiempos empiezan a erosionar la institución- se mantiene unida. En las festividades o en las ceremonias más señaladas, no olvida de recordar a toda la parentela que siempre los tiene presente y de desearles la máxima felicidad, salud y bienestar.

La correspondencia familiar de Xirgu relativa a los últimos veinte años abasta todo un argumentario -a veces, como hemos dicho, autojustificativo- alrededor de la imposibilidad del retorno. Se aducen razones económicas, impedimentos políticos, compromisos laborales, lazos con amistades contraídos, problemas de salud, arraigo en el Uruguay, etcétera. Entre estas motivaciones, además de las económicas -el gasto de la casa de Punta Ballena, el goce de una pensión como jubilados o el encarecimiento de la vida en el Uruguay-, vale la pena destacar la eventualidad que su regreso fuera instrumentalizado por el regimén franquista, tal y como Xirgu expone en dos cartas a su ahijada:

Me detiene la publicidad que temo darán a mi regreso. Quiero volver sin comentarios y eso es muy difícil (27-XI-1958).

Si no fueran tan comentados mis pasos, hace ya mucho tiempo que estaría con todos vosotros, pero no me es posible pasar solo como señora de Ortin como es mi deseo, está la otra (29-V-1962).

Llega un momento, cuando ya tiene casi setenta años, que Xirgu reconoce a su sobrina preferida que no se ve con corazón de ir y volver de Europa y que, en todo caso, el regreso debería ser definitivo. La atracción de la familia y la nostalgia de la tierra eran muy fuertes para la actriz catalana, pero el tiempo había hecho que, pese a que siempre intentara no arraigarse en los lugares de acogida, se sintiera bastante establecida en el  Uruguay: había tejido relaciones y proyectos profesionales y, en resumidas cuentas, se sentía en deuda con la generosidad del país. En una carta a su amiga Natalia Valenzuela, fechada en Buenos Aires el 7 de agosto de 1958, le explica las dificultades de tomar la decisión:

Salí en enero del año 1936, es hora ya de pensar en el regreso, pero... Nos hemos edificado una casa para nuestro descanso. Disfruto de mi jubilación en Uruguay. Estas gentes de aquí nos quieren, ya te darías cuenta por los señores Curotto [Angel Curotto i Alícia Rodríguez], todo ello y compromisos de trabajo, hacen que se vaya alejando la fecha del regreso. Pero no por falta de cariño a la tierra y a la familia.

Una vez instalados en Punta Ballena, Xirgu tiene la sensación de que la vida se la lleva, que el hecho de disponer de una relativa buena salud y de una actividad todavía considerable se convierte en un regalo de Dios, del cual tampoco se puede abusar. Con apenas setenta años, Xirgu se deleita -como confiesa a su sobrina Margarita- en el placer de la lectura o en la audición de música, y se complace en dejar fluir los días, contemplar el paisaje o disfrutar de la soledad del refugio de Punta Ballena. Se muestra ya cansada del trajín de una actividad teatral incesante, si bien no puede resistir la tentación de aceptar buena parte de los proyectos que todavía le ofrecen. Con 76 años comenta irónicamente, en una carta a su sobrina Roser Xirgu y su marido Vicens Rius, del 4 de agosto de 1964, que es <<una magnífica edad para hacer vida contemplativa>>, especialmente en un lugar tranquilo como Punta Ballena, lejos de la ciudad, de los teatros, de los cines: <<se ve que nuestros cuerpos estaban hartos de ficción, hoy la naturaleza nos gusta más>>.

Por otra parte, en este <<tiempo del regreso aplazado>>, la conciencia sobre el poder de la escritura -de aquello que permanece- se hace más lacerante. Preocupada por la fugacidad del teatro, Xirgu pone de manifiesto la necesidad de dejar un cierto <<testimoniaje moral>>. Consciente de que los tiempos han cambiado, que la condición de la mujer no es la misma, apostilla a su ahijada Margarita que la modernidad reclama una mujer más preparada e independiente, y también aplaude que procure que sus hijos rehúyan la ociosidad y se valgan por si mismos. Desde una óptica moral, más bien escéptica y distanciada, Xirgu se lamenta del consumismo y de la especulación desbocada de la era de la Coca-cola en que, como dice sardónicamente a su sobrina predilecta, <<el chimpancé impera en todas partes>> (26-V-1964). Se lamenta, asimismo, de la confrontación política entre países que aboca a nuevas guerras o a la deshumanización progresiva: <<estamos en la era espacial: lo terrestre no importa y el hombre menos>> (17-IX-1968). Sin esconder la perplejidad y la sorpresa ante los cambios producidos por la modernidad, algunas cartas familiares valoran con agrado que se acorten las distancias con el perfeccionamiento de los medios de transporte (<<ya no hay distancias. Pronto iremos a la luna. Pienso tomar pasaje…>>, escribe a su sobrina Margarita, desde Montevideo, el 28 de junio de 1961), pero al mismo tiempo se queja que la televisión, todo y ser un invento magnífico, hace programas muy malos y, a su entender, es nociva para viejos y niños.

 

LA OMNIPRESENCIA  DEL TEATRO



Como era previsible, el epistolario de Xirgu corrobora la importancia absorbente que tuvo el teatro en su vida pública y privada. Con cuarenta años, con una trayectoria plenamente consolidada en la escena profesional española, Xirgu se lamenta a su amigo dramaturgo Joaquin Montaner que deba vivir esclavizada por el teatro, trabajando de lo lindo para mantener la celebridad mudable en los escenarios españoles: <Hay que estar en la brecha para triunfar […], desgraciado del que se duerme sobre sus laureles>> (3-IX-1928). El epistolario testimonia su consagración aclaparadora en la escena hasta el extremo que, en momentos dolorosos como por ejemplo la muerte del primer marido (1936), la del dramaturgo y amigo Federico García Lorca (1936) o la de su hermano Miquel (1954), Xirgu se debatió entre el sentimiento de pena, tristeza y desconsuelo y las responsabilidades profesionales imperiosas que acaban convirtiéndose en una escapatoria para poder tirar adelante. A su sobrina Margarita, por ejemplo, le escribe desde Montevideo, el 10 de agosto de 1954, pocos días tras la muerte del hermano:

Comprendo todo lo que estais pasando. Solo el tiempo traerá un poco de consuelo a nuestro espíritu. Se me hace muy difícil resignarme. Ni el mismo trabajo que hemos tenido este mes pasado me ha hecho reaccionar. El 6 del corriente dí Macbeth, compromiso contraído hace tiempo. Cumplí con mi deber; pero me ha sido muy difícil y duro para mi ponerme ante el público en el estado de ánimo en que me hallo; había que hacerlo, estaban los decorados y los trajes hechos y la compañia; en fin, lo de siempre en el teatro. Pero no puedo más, la tristeza me invade en todo momento.

A través de las confesiones que hace en algunas cartas se puede fijar la imagen que la actriz se autoconstruía como profesional de la escena en sus diversas facetas: intérprete, directora de escena y pedagoga teatral. Examinémoslo sumariamente. En calidad de actriz, y en sintonía con lo que subraya en la conferencia <<De mi experiencia en el teatro>> (1951) que hemos mencionado más arriba, es toda una muestra de humildad profesional el hecho de que Xirgu considere una osadía el interpretar Hamlet -con 73 años, cuando se cumplían más de cincuenta de dedicación al teatro- por razón de la complejidad del personaje:

¿Creerás -manifesta a su sobrina favorita- que muchas veces antes de empezar la representación de Hamlet me entraban ganas de dirigir la palabra al público y pedirles perdón por el atrevimiento de representarlo? Su estudio es tan complejo que apasiona, pero es muy difícil (24-III-1961).

Aunque recibiera el asentimiento del público y de la crítica por la interpretación de personajes difíciles, Xirgu confesaba a su sobrino nieto Xavier Rius -con el propósito, naturalmente, de contagiarle el espíritu de superación- que nunca quedaba lo suficiente satisfecha de su trabajo, <<porque conocía lo insondable del personaje y la dificultad de poder y saber transmitirlo al público>> (23-IV-1968). Así como en sus interpretaciones Xirgu se entregaba con los cinco sentidos, también se entusiasmaba con las obras que dirigía, talmente como apunta ella misma a su amiga Alícia Rodríguez en sendas misivas:

Tu sabes que pongo mucho entusiasmo en lo que dirijo y más cuando hay un buen intérprete (20-V-1957). Mis actuaciones son como tu sabes, y sabes también que pongo mi alma en ellas (24-VI-1958).

El epistolario confirma también la evidencia que, en cuanto a directora de escena, Xirgu tenía mucho cuidado en la escenificación de las obras: elegía un repertorio de calidad, se documentaba muy bien para hacer los montajes, se rodeaba de los mejores colaboradores, ultimaba los preparativos hasta el último detalle, etcétera. Verbigracia: la meticulosidad extrema en la puesta en escena d’”El abanico”, de Carlo Goldoni, estrenada en 1953 en el Teatro Solís de Montevideo y representada de nuevo en 1956 en el Teatro Cervantes de Buenos Aires, en los dos casos por la Comedia Nacional del Uruguay, tal y como demuestran varias cartas escritas al hermano, en que le explica punto a punto la concepción del espectáculo (9-IV-1953, 1-V-1953 y 11-VINO-1953). Como empresaria, especialmente en los años veinte y treinta, Xirgu expone a menudo en las epístolas al hermano su preocupación sobre los resultados económicos de las obras que, si eran positivos, garantizaban su permanencia en la cartelera.

Como prueban las cartas al hermano, la Xirgu pedagoga se consagra plenamente en la preparación de las clases, los exámenes, los ensayos, las escenificaciones con los alumnos, etcétera. Confirmando su fama de exigente (RODRIGO: 1991, 64), sigue el ejemplo del Conservatorio de París, pese a que sabe muy bien que el Uruguay no es Francia, y trabaja con los estudiantes un repertorio de calidad que redunde en su formación. En alguna ocasión, se muestra muy preocupada por sacar el máximo de rendimiento de los estudiantes (<<los alumnos son muchos y dan mucho que hacer; si se les descuida, no se saca ningún partido de ellos>> [20-VIII-1952]) o por su futuro profesional, sin dejar de enorgullecerse (<<los alumnos son buenos como personas, como artistas discretos, pero los que van saliendo cortan el bacalao con los mejores>> [8-VI-1954]). Como profesora, procura mantener viva la ilusión, pero es consciente de que, acabados los tres años de estudio, las salidas son limitadas en Montevideo y que quizás deberán trasladarse a trabajar en Buenos Aires.

Por otra parte, Xirgu acostumbraba a mantener una correspondencia muy intensa -así lo podemos deducir del extenso epistolario- con los dramaturgos que estrenaba con más asiduidad: les rogaba que terminaran a tiempo la obra, les invitaba a dar el visto bueno a la escenificación del texto, les tranquilizaba sobre los preparativos del estreno, les comunicaba enseguida las incidencias que se hubieran producido o, entre otras cuestiones, les reclamaba nuevas piezas para renovar el repertorio.

Del conjunto de cartas dirigidas a este colectivo, la serie más completa es la que envía a Joaquin Montaner, entre 1927 y 1932, dada a conocer inicialmente por Jose Tarín-Iglesias (1969) y, más tarde, de manera parcial, por Josep Maria Balcells (1984, 1986a y 1986b). Con un grado de confianza notable, Xirgu habla mucho de las interioridades del mundo del teatro: se complace en cotillear sobre el ambiente teatral del Madrid de la época y de algunos de sus protagonistas, como por ejemplo Jacinto Benavente, Federico García Lorca o Rafael Alberti (es sorprendente, por ejemplo, su comentario homófobo sobre Lorca y los aplazamientos que le da inicialmente para el estreno de sus textos); muestra sin ambigüedad la tirantez profesional con Enric Borràs o la rivalidad abierta con la actriz Lola Membrives; le comenta con una fina ironía crítica algunas de las obras que ha leído; le mantiene al corriente sobre el patético desencuentro con Benavente, que no quiere que se convierta en una segunda parte del asunto Guimerà-Guerrero; le explica con detalle los éxitos o fracasos de las obras que representa o, entre otros aspectos, le patentiza la dificultad de contentar al público madrileño, dado que <<lo que quieren los intelectuales que yo represente, no lo quiere ver el público y lo que está al alcance de los cerebros de las criadas, lo protestan los intelectuales y parte del público que acude a mis estrenos>> (7-XII-1928) y, también, el temor que tiene por el atrevimiento de “Fermín Galán”, de Rafael Alberti, que hizo conocer en 1931, con una acogida crítica adversa: <<¿No decían que Lorca y Alberti eran los mejores poetas de las vanguardias?. ¿En que quedamos?>> (3-VI-1931).

                                               

 

                          

                                                Margarita Xirgu en 1927

 

 

Si en unas cuántas cartas a Montaner, Xirgu ejerce de soi-disant crítica teatral de las obras que estrena, en los años de senectud se permite algunos juicios estéticos que son muy raros en el conjunto de su correspondencia. Veamos algunos ejemplos. En una carta a Eduardo Marquina, escrita en La Coruña el 20 de julio de 1921, Xirgu valida su simpatía por el teatro poético: <<si los poetas no levantan el teatro, el gusto estragado y pervertido del público lo llevara a la vergüenza y a la ruina>> (AMOROS: 2005, 345). En el exilio, Xirgu expresa al hermano, en una carta fechada en Montevideo el 10 d’octubre de 1952, el interés por el teatro existencialista de Jean-Paul Sartre, aunque no compartiera el <<credo>>: <<con Camus, son los dos escritores franceses que más me gustan. Lástima que hagan una filosofía tan desesperadamente negra>>. Al joven Xavier Rius, en fin, le alienta a leer textos de teatro de todos los tiempos, porqué encontrará <<el Universo entero y los sentimientos humanos>> más atemporales, pero también los autores modernos: <<más metafísicos y psicoanalíticos>> (22-X-1968), algunos de los cuales confiesa que le gustan mucho. Seis meses antes de morir, Xirgu mantiene, pues, la fidelidad a los orígenes: continúa interesándose por un tipo de teatro que había singularizado su repertorio de más riesgo estético e ideológico.



NOTAS

(*143) En una carta a su ahijada Margarita, fechada en Montevideo el 28 de febrero de 1956, Xirgu apunta irónicamente la posibilidad de escribir un libro: <<en el teatro, entre burlas y varas, los nombres repercuten y los cuentos y anécdotas inacabables de contar. Cuando pueda, escribiré mi libro>>.


(*144) A parte de las fotografías conservadas, una de los pocos datos documentales sobre la relación íntima de Xirgu con Arnall es la postal autógrafa de felicitación por su aniversario que la actriz dirige a su prometido, el 6 de mayo de 1909: <<Avui compleixes vint-i-un anys: avui i sempre, et desitjo de tot cor que en puguis complir molts mes i, si pot ser, que dintre dos anys puguem celebrar aquest dia plegats i estimant-nos forca>>. En la cara de la postal -una fotografía de ella misma-, rubrica: <<No t'olvidarà mai>>. Se casan el 22 de septiembre de 1910.

BIBLIOGRAFÍA (*145)

 

AMOROS, Andres (2005) (ed.): Cartas a Eduardo Marquina, Madrid, Castalia.

AZNAR SOLER, Manuel (2000): <<Teatro y retorno a través de un epistolario inédito de Margarita Xirgu>>, Manuel AZNAR SOLER (ed.), Las literaturas del exilio republicano de 1939. Actas del II Congreso Internacional (Bellaterra, 1999), vol.1, Sant Cugat del Valles, Associació d’Idees/GEXEL, p.291-315.

BALCELLS, Josep Maria (1984): <<Una altra Xirgu, tant si us plau com si no us plau>>, El País, Quadern de Cultura (9-XII), p.1-2.-(1986a): <<Cartas de Margarita Xirgu sobre Lorca y Alberti>>, Cuadernos Hispanoamericanos, núm.433-436 (julio-agosto), p.195-198.(1986b): <<Cartas inéditas de Margarita Xirgu sobre Benavente>>, Universitas Tarraconensis, núm.10, p.39-47.

BOU, Enric (1993): Papers privats. Assaig sobre les formes literàries autobiogràfiques, Barcelona, Edicions 62.

 FOGUET, Francesc (2002): <<Conferencia inèdita de Margarida Xirgu>>, Assaig de Teatre, núm.35 (diciembre), p.161-171.-(2010): Margarida Xirgu, cartografia d’un mite, Badalona, Museu de Badalona.

 RIERA, Carme (1989): <<Grandeza y miseria de la epístola>>,

MAYORAL, Marina (coord.), El oficio de narrar, Madrid, Catedra-Ministerio de Cultura, p.147-158.

RODRIGO, Antonina (1989): <<Margarita Xirgu en el exilio>>, Cuadernos Hispanoamericanos, núm.473-474, p.143-157.-(1991): <<Margarita Xirgu: su labor pedagógica y teatral en el exilio>>,

SANCHEZ ALBORNOZ, Nicolás (ed.), El destierro español en América. Un trasvase cultural, Madrid, Sociedad Estatal Quinto Centenario-Instituto de Cooperación Iberoamericana, p.61-68.-(2005): Margarita Xirgu, Barcelona, Flor del Viento.

TARÍN-IGLESIAS, José (1969): <<Un epistolario de Margarita Xirgu>>, ABC (29-06), p.37.

(*145) Las cartas que hemos citado en este artículo se encuentran depositadas en el Archivo Histórico de la Ciudad de Badalona (Cristina Costa), Archivo familiar Xavier Rius Xirgu (Jacinto Benavente, Xavier Rius Xirgu, Roser Xirgu Rico, Miquel Xirgu Subirà, Natalia Valenzuela), Archivo personal de Laura Prat (Margarida Xirgu Rico), Biblioteca Nacional de Catalunya (Josep Arnall), Institut del Teatre de Barcelona (Joaquin Montaner) y Museo y Centro de Documentación de la Asociación General de Autores del Uruguay (Alícia Rodríguez).

 

 XAVIER RIUS XIRGU

 

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